El castillo de Manzanares el Real, en Madrid

Hace unos días y después de muchos años pensándolo, fui a ver de nuevo el castillo de Manzanares el Real, que tantos y tan buenos recuerdos infantiles me evoca.

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Fachada oeste del castillo de Manzanares

Esta edificación que parece salida de un cuento de caballeros y princesas se ubica al pie de la sierra de la Pedriza, a unos 45 kilómetros de Madrid, una zona que en 1368 Alfonso X el Sabio tomó bajo su dominio como realengo, de ahí la denominación de “Real de Manzanares” para acabar con el litigio que durante siglos habían tenido segovianos y madrileños, pugnando por su dominio tras su conquista a Al-Ándalus.

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Fachada sur


Y así estaba cuando en 1383 Juan I de Castilla se lo entregó, como premio por sus servicios a la Corona, a su mayordomo, don Pedro González de Mendoza, que ya tenía el señorío de Buitrago y otros dominios en Guadalajara, un territorio que después fue elevado a condado uniéndose al marquesado de Santillana y después al ducado del Infantado, cuando los Mendoza ya se habían convertido en una de las familias más poderosas e influyentes del siglo XV, grandes mecenas de las artes y la cultura, que promovieron toda una serie de edificaciones de gran importancia entre las que se encontró este castillo, uno de los mejor conservados de la península, aunque con notables intervenciones del siglo XX, y una de las últimas muestras de arquitectura militar castellana del siglo XV, iniciado como fortaleza pero reconvertido en palacio residencial.


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Detalle de la fachada sur, la única que cuenta con decoración


Su erección comenzó en 1475 bajo el patrocinio de don Diego Hurtado de Mendoza y Suarez de Figueroa, II conde del Real de Manzanares, I duque del Infantado y II Marqués de Santillana, hermano de don Pedro González de Mendoza, Cardenal de la Santa Cruz, conocido por la Historia como el “Gran Cardenal”, y quedó concluido en 1490 ya en tiempos de don Íñigo López de Mendoza y Luna, II duque del Infantado, hijo y heredero de don Diego. 


Pero su uso como residencia palaciega sólo duró hasta 1566, pues a la muerte de don Íñigo López de Mendoza y Pimentel, IV duque del Infantado, el castillo quedó deshabitado por problemas y pleitos entre los herederos de la Casa de Mendoza. Seguramente a partir del siglo XVII sus señores ya no lo visitarían más, perdido ya su valor simbólico y su funcionalidad, dejando de mantenerlo porque ya no tenía utilidad ninguna.

El castillo está construido en mampostería y sillarejo de granito salvo en zonas concretas de sillería labrada, como las saeteras, los arcos de acceso, tanto el de la barbacana como el de entrada al castillo, de gran dovelaje, los enmarques de los escasos vanos abiertos al exterior o los remates de amenas y torres.

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Acceso de la barbacana


Comenzó a levantarse adosado, por su flanco este, a la preexistente ermita románico-mudéjar de Santa María de la Nava del siglo XIII, adoptando un plan cuadrangular de castillo tipo de la época, con torres en las esquinas, habiéndose llegado en 1479, a la muerte de don Diego, a la mitad de una edificación en la que no destacaba nada novedoso y en la que se había optado por derribar la iglesia, de la que sólo quedaba en pie el ábside.


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Planta del castillo levantada por Lamperez a comienzos del
siglo XX, con la capilla a la derecha (1)

Las torres de las esquinas son cilíndricas y la del ángulo sureste, conformada como torre del homenaje, cuenta con un remate octogonal.

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Una de las torres cilíndricas
desde la barbacana

Todo el conjunto está rodeado de una barbacana cuyas saeteras llevan esculpida la cruz potenzada símbolo del Santo Sepulcro, en relación con el cardenalato de la Santa Cruz del hermano de don Diego Hurtado de Mendoza, don Pedro González de Mendoza, el Gran Cardenal.

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Barbacana desde el exterior, con las saeteras
con la cruz potenzada y la torre octogonal
del homenaje

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Barbacana desde el interior

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Detalle de la cruz potenzada
en una de las saeteras

Al hacerse cargo del patrocinio don Íñigo López de Mendoza y Luna, II duque del Infantado, parece demostrado que fue Juan Guas quien dirigió las obras, el maestro “de moda” en la época, al que don Juan Pacheco, marqués de Villena, encargaría las del Monasterio del Parral de Segovia, que también trabajó para los Reyes Católicos en construcciones tan esenciales como el Monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo, y que después trabajaría de nuevo para los Mendoza en el palacio del Infantado de Guadalajara. Lo que no está tan claro es que Guas fuera su arquitecto desde el principio.

En este sentido, se cree que las novedades estructurales, como la entrada en recodo por el interior de la barbacana, habrían sido incorporadas por Guas en esta segunda fase de construcción.

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Entrada al castillo en recodo por la barbacana

Sería también en esta segunda fase cuando se decidiría reconstruir la iglesia, quizá porque no se había obtenido el correspondiente permiso episcopal para su derribo o por influencia de ese nuevo maestro de obras al que le podría haber satisfecho el aspecto francés que ofrecía el ábside, lo único que todavía quedaba en pie.

Una vez erigido de nuevo, el templo asumió las funciones de capilla del conjunto, un castillo-palacio residencial de la Casa de Mendoza que sustituyó a la antigua fortaleza defensiva de la familia en la localidad, que quedó abandonada una vez que en 1490 quedó terminado el nuevo edificio, mucho más moderno y adaptado a las nuevas necesidades de la época.

Guas también introdujo todo un repertorio de elementos decorativos propios del mudéjar traducidos a la piedra, como la cornisa de mocárabes, un motivo que también se observa en San Juan de los Reyes en Toledo, la decoración de bolas de las torres o la recreación de la sebka de rombos musulmana, que también se observa en la fachada del palacio de Guadalajara, lo mismo que la galería cubierta que decora su frente sur, único elemento decorativo de la fachada, con arcos rebajados decorados con tracerías ojivales con dobles arcos lobulados.

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Detalles decorativos introducidos por Guas: mocárabes,
sebka de rombos, tracerías ojivales de los arcos,
bolas de las torres...

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Frente sur del castillo, rematado con la galería decorativa

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Detalle de la galería


Tras siglos de abandono, entre 1914 y 1915 la Casa del Infantado encargó una primera restauración al arquitecto Vicente Lampérez y Romea.


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Estado de ruina del castillo a
comienzos del siglo XX (1)

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Sección longitudinal levantada por Lampérez
a comienzos del siglo XX (1)

Era una época en la que lo que interesaba era el paisajismo, con los monumentos concebidos como hitos visuales pero no objetos culturales, por lo que la intención de esta intervención buscaría, más bien, restituir el aspecto externo de la fortaleza, centrándose en la barrera y en la parte alta de los muros del edificio, muy deteriorada. Aun así, también se recreó el patio interior con los criterios de restauración que en ese momento estaban vigentes, buscando respetar “el pensamiento primitivo, acomodando las renovaciones al carácter de la fábrica, y procurando que las partes antiguas y las modernas se asemejen y parezcan de la misma época” (R.O. 10 de octubre de 1850).

En las décadas de 1960 y 1970 el castillo experimentó otra importante intervención a cargo del arquitecto José Manuel González Valcárcel cuando, a instancias de la Diputación Provincial de Madrid, el edificio se convirtió en sede del Museo de los Castillos Españoles, aunque sin que la Casa del Infantado perdieran la titularidad.

En este caso la intervención se centró en el interior del edificio para poderlo abrir a las visitas, alzándose las estancias y las galerías en torno al patio teniendo en cuenta los elementos conservados para reconstruir las partes perdidas, conformándose un doble corredor porticado con dos galerías superpuestas de arcos carpaneles soportados por columnas de fuste acanalado sobre basa moldurada y rematados con capiteles octogonales decorados con motivos florales y figurados.

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Patio interior porticado

La galería superior incluyó un antepecho macizo con decoración de rosetones rematados por friso de esferas en relieve. También se instalaron los escudos de armas de los Mendoza, los Fernández de Velasco y los Álvarez de Toledo, todos vinculados familiarmente a la Casa del Infantado. Además, se rehizo la torreta que faltaba, la del ángulo nordeste.

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Detalle de la galería superior

Aunque sigue siendo propiedad de la Casa del Infantado, en la actualidad está administrado por la Comunidad de Madrid, y dentro del plan Integral de Aprovechamiento Turístico del Castillo de Manzanares el Real desarrollado por la Dirección General de Turismo, en 2005 se optó por una tercera intervención en el castillo para ampliar las salas de exposición permanente e implantar un nuevo proyecto museológico y museográfico que ha incluido la creación de un centro de interpretación, que ocupa la planta baja alrededor del patio, y la restauración de las colecciones artísticas, entre las que destaca una de tapices flamencos del siglo XVII según cartones de Rubens, armaduras y mobiliario.

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Primera sala del centro de interpretación

Todavía queda pendiente de restauración la capilla, en la que simplemente se han consolidado las ruinas, pudiéndose ver desde la galería de las cubiertas.

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Ruinas de la iglesia a comienzos
del siglo XX (1)

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Restos de la iglesia desde el adarve en la actualidad,
todavía pendiente de restauración

En el centro de interpretación se explica la historia del territorio, la de la familia Mendoza, los dos castillos del municipio y la construcción del actual. También se explica la vida cotidiana de la época, con actividades como la caza, las comidas, la danza, la religión, el homenaje vasallático… y se detallan los distintos proyectos de rehabilitación del monumento en el último siglo.

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Una de las salas del Centro de Interpretación

De nuevo en el patio, comienzan las salas rehabilitadas del castillo. El zaguán, también ubicado en la planta baja, es una estancia rectangular que da acceso a la zona palaciega y en la que destacan una escalera en piedra y cinco tapices, uno sin título de fines del siglo XVI y tres de la serie de Julio César y uno de la serie de la Vida del hombre del siglo XVII, todos de talleres de Bruselas-Brabante.

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Zaguán, con tapices de Flandes de los siglos XVI y XVII

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En torno a la galería alta se ubicaban las Salas de Aparato

Una vez en la galería alta, la Sala Santillana es la primera de las dos Salas de Aparato del castillo, montada como sala de reuniones y decorada al gusto del siglo XVII, destacando dos tapices de la serie Julio César del siglo XVII de Bruselas-Brabante y una tabla que representa al marqués de Santillana, copia del original propiedad de la Casa Ducal del Infantado, una alfombra y espejos réplicas exactas de originales del siglo XVII de las colecciones del Museo de Artes Decorativas.

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Sala Santillana

La Sala del Infantado es el gran salón palaciego del castillo, con un tapiz de Bruselas-Brabante de la serie La vida del hombre y otros objetos de mobiliario.

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Sala del Infantado

El Estrado de Damas, instalado en el Salón del Ochavo en la torre del homenaje, es una recreación de una típica estancia de tradición medieval islámica que pervive hasta el siglo XVIII en el que las damas desarrollaban su vida pública. Cuenta con otros dos tapices de la serie Julio César y una ventana mirador original de la construcción de la fortaleza en el siglo XV.

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Estrado de Damas

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Ventana mirador del Estrado de Damas

La Alcoba y el Oratorio recrean dos espacios habitualmente unidos en las viviendas nobles, con un dormitorio en el que se incluía un altar que servía como oratorio privado.

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Alcoba, con el oratorio al fondo

Y desde aquí ya se accede al adarve, la galería sur a modo de mirador y las torres, desde donde la vista se pierde alrededor de las posesiones que en su momento tuvieron en el Real de Manzanares los poderosos Mendoza.

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Vista de la Pedriza desde el adarve

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Vista desde el adarve por su flanco este

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Desde el castillo se domina un amplio territorio hacia el sur que hoy está
protagonizado por el embalse de Santillana, fruto de una primera
presa construida en 1907 y ampliada en 1969

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Museo Cerralbo

Nota:

(1) LAMPÉREZ, V., Los Mendoza en el siglo XV y el Castillo del Real de Manzanares. Discurso leído por el Sr. Vicente Lampérez y Romea, en el acto de su recepción pública; y contestación del Sr. José Ramón Mélida. Madrid, Imprenta de Bernardo Rodríguez, 1916.

Fuentes:

COOPER, E., Castillos señoriales de la Corona de Castilla, Salamanca, Junta de Castilla-León, 1991.
LAMPÉREZ, V., Los Mendoza en el siglo XV y el Castillo del Real de Manzanares. Discurso leído por el Sr. Vicente Lampérez y Romea, en el acto de su recepción pública; y contestación del Sr. José Ramón Mélida. Madrid, Imprenta de Bernardo Rodríguez, 1916.
MORENA de la, A. y AZCÁRATE, J. M., Castilla La Mancha / 2. La España Gótica. Madrid, Eds. Encuentro, 1998.
http://es.wikipedia.org/wiki/Castillo_de_Manzanares_el_Real

Y ahora ¿qué tal si compARTEs?

Comentarios

nacho san marcos ha dicho que…
Muy buen reportaje Sira... Un edificio rotundo de geometría, de escala potente, con una fantástica planta en la que se aprecia perfectamente la evolución del castillo y una obra de sillería que permite comprender todo el sistema constructivo. Me gusta la arquitectura cuando se expresa con claridad sus aspectos más básicos: función, construcción y forma. Por esta razón la adición de elementos decorativos como las bolas, las cornisas de mocárabes, los rombos, etc, de Juan Guas me resultan amanerados, artificiales y en consecuencia sobrantes.Pero es solo una opinión. Me parece perfecto ( y necesario) las fotos del paisaje que se ve desde el castillo. En estas construcciones defensivas hay una doble mirada que forma parte del análisis de proyecto. Cómo se ve el castillo desde la distancia, y lo que se ve desde él. Gracias Sira...he pasado varias veces por allí, y nunca se me ocurrió parar. Lo haré la próxima vez, con una copia de tu reportaje.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Nacho. Es curioso esto del concepto del gusto y cómo va evolucionando, pues precisamente lo que a ti te gusta de esta fortificación, es lo que Guas quiso tapar con la adición de tanta decoración. Éste es un castillo tardío y pronto pierde su función defensiva. Pero al estar en un extraordinario paraje de arraigo, además, en la familia Mendoza, en vez de dejarlo abandonado, pensaron en darle un "lavado de cara", adecuarlo a los nuevos gustos, decorarlo para convertirlo, más bien, en un palacio, de ahí el amaneramiento del que hablas. De todos modos, habría que ver cuánto hay de Guas y cuánto de las "restauraciones", aunque ese es ya otro tema. Un beso, amigo.
Xosé Luís Alonso ha dicho que…
Sira, me rindo, excelente artículo, como siempre!!! Gracias por viajar por el arte y con el arte y compartirlo con nosotros. En una futura visita me guiaré por este magnífico post. Moitos bicos atlántico!!!
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Xosé Luís. En tu próxima visita ¡me llamas y vamos juntos!, que yo vivo cerquísima. Y después ya vemos lo que hacemos y como nos damos un homenaje gastronómico ¿vale?
Xosé Luís Alonso ha dicho que…
Sira, un plan superlativo!!!
Sira Gadea ha dicho que…
Ya sabía yo que te iba a gustar, jeje.
x
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