El Colegio Mayor Fonseca de Salamanca

El Colegio Mayor de Santiago, el Zebedeo, más conocido como el Colegio Mayor Fonseca, fue fundado por el arzobispo don Alonso de Fonseca y Ulloa (1476-1534), hijo del arzobispo de Santiago don Alonso de Fonseca Acevedo y de doña María de Ulloa, hombre culto y formado para ese cargo desde su niñez, miembro del Consejo de Estado de Carlos V y con una intensa vida política y cortesana, que viajó a Italia, fue firme defensor del erasmismo en la península y un gran mecenas de las artes. Así, durante su arzobispado compostelano, fundó el Colegio de Santiago, el Alfeo y acometió importantes obras en la catedral, como el nuevo claustro, la sacristía y las capillas de San Fernando y de las Reliquias; y ya como arzobispo de Toledo contrató obras con Juan de Borgoña, Alonso de Berruguete, Alonso de Covarrubias o Diego de Siloé, y Diego de Sagredo le dedicó su Medidas del Romano, publicado en 1526 en Toledo, una obra de trascendental importancia para el desarrollo de la arquitectura en la península.

Fachada del Colegio Fonseca


Dedicatoria a don Alonso Fonseca en Medidas del Romano de Diego de Sagredo

Aunque también se le conoce como Colegio de los Irlandeses, esta acepción procede del siglo XIX, cuando el Colegio de San Patricio, fundado en Salamanca en 1542 por Felipe II  para acoger a católicos huidos de las guerras de religión en Irlanda, que desde la expulsión de los jesuitas durante el reinado de Carlos III había ocupado parte de las dependencias del Colegio Espíritu Santo, al estar éstas tan destrozadas tras la Guerra de la Independencia y la retirada de las tropas francesas, que lo habían utilizado como cuartel, no quisieron asumir los gastos de reconstrucción y se les permitió instalarse en el Fonseca, que estaba cerrado desde 1780, un periodo que se prolongó hasta pasado 1850.

Detalle de una de las esquinas del patio

La erección de colegios comenzó a tener importancia en el siglo XV y llegó a su punto más álgido en los primeros años del XVI, casi todos levantados bajo patrocinio eclesiástico, además de otros de órdenes religiosas y de la propia Corona, generando un ambiente cultural que se convirtió en base del conocido como Siglo de Oro español.

El Colegio Fonseca en Salamanca, primero pensado para acoger estudiantes sin fortuna pero con dotes de estudio, para que pudieran recibir clases en la universidad, terminó por convertirse en un gran centro de poder, uno de los cuatro Colegios Mayores de Salamanca, frente a los veinticuatro menores y los cuatro de órdenes militares, un rango que solo tenían seis colegios en toda la Corona de Castilla, dando idea de lo selecto de una institución que ejerció una enorme influencia en la Administración del Estado y en la Iglesia durante la Edad Moderna.

Patio del colegio con iluminación nocturna, viéndose también el cimborrio de la capilla

El número de colegiales en los Mayores nunca fue de más de quince durante el siglo XVI. Según los deseos del fundador, en este caso fueron doce, número de fuerte simbolismo apostólico, más un capellán.

El edificio comenzó a erigirse ha. 1521 sobre un solar cedido por el vecino convento franciscano, en 1525 logró la bula papal de Clemente VII y en 1529 ya se alojaron en él los primeros cuatro colegiales, aunque todavía quedaba mucho por hacer, fecha en la que empieza a levantarse el patio, que quedó acabado, junto con la portada, en 1534. Pero todavía quedaba rematar la iglesia, que tuvo que agrandarse para convertirse templo funerario del fundador según sus propias disposiciones testamentarias, con obras que se prolongaron hasta 1549, quedando ya sólo remates y obras menores.

Alzado sur del colegio (2)

Este Colegio fue el primero en construir una Hospedería, independiente pero adosada a él y en el que se alojaban los colegiales que habían concluido los estudios y que estaban esperando colocación en la Administración o la Iglesia.

Parte de la fachada del Colegio, con el crucero de la iglesia y, a continuación, la fachada de la hospedería

El edificio inicial de la hospedería era de planta rectangular pero en el siglo XVII comenzó una reforma integral iniciada por Juan de Setiem Güelmes y terminada por Alberto Churriguera o García de Quiñones, conformándose alrededor de un patio de dos alturas, con arcos de medio punto sobre pilastras en la primera y ventanas rectangulares en la segunda.

La fachada cuenta con tres alturas organizadas mediante pilastras adosadas, ventanas en la inferior y balcones en las dos superiores, con la portada en el centro.

Fachada de la hospedería del Fonseca

En 1822 se convirtió en hospicio y casa de socorro y en 1827 también fue arrendado a los Irlandeses. En la actualidad es un edificio multiusos de la Universidad de Salamanca.

En cuanto al Colegio, 1857, tras la aprobación de la Ley Moyano y el cierre de las facultades de Ciencias y Medicina, cuando la Diputación Provincial y el Ayuntamiento decidieron reabrirlas como colegios libres, la de Medicina tomó acomodo en el Fonseca.

En la actualidad es una residencia de postgraduados y también acoge actos culturales, con conciertos y representaciones teatrales que forman parte del programa de verano “Las Noches del Fonseca”.

El Colegio es un edificio con características conventuales, en relación con la vida colegial, que era muy similar a la de los frailes o los caballeros de una orden religiosa, todos vestidos igual y llevando una vida de devoción, sobriedad, obediencia y clausura. Así, presenta un patio central en torno al que se situaban las celdas, las dependencias de servicio y las partes nobles, incluyendo la iglesia.



Plantas del colegio en la actualidad, pudiéndose apreciar todavía la disposición original con las celdas en las crujías norte y oeste, dependencias de servicio en la crujía este y las zonas más nobles en la sur, con el zaguán en el centro, el general a la izquierda y la capilla a la derecha (2)

Fueron varios los maestros que trabajaron en su erección, siendo Juan de Álava, Diego de Siloé y Rodrigo Gil de Hontañón, los más decisivos, aunque también aparecen vinculados a la misma Alonso de Covarrubias y Luis de Vega, que darían trazas para armaduras, y Pedro de Ibarra, hijo de Juan de Álava, que remataría la decoración del claustro y también intervendría en la portada de la iglesia.

Según una carta del arzobispo Fonseca, fechada en Toledo en 1529, la traza general sería obra de Diego de Siloé, y Juan de Álava, uno de los maestro mayores de la catedral nueva y tracista e iniciador del convento dominico de San Esteban, dirigiría y ejecutaría la obra. Siloé ejecutaría las trazas siguiendo las necesidades de la institución según las instrucciones del rector del colegio, Pérez de Oliva.

De todos modos, hay autores que dan mayor protagonismo a Álava basándose en que el patio no recuerda al resto de arquitectura de Siloé, y lo mismo ocurre con la capilla respecto a lo ordenado por el arzobispo, fallecido en 1534, y que aunque en su testamento dice,

“Yten mandamos que para el dicho nuestro entierro hagan e manden hacer nuestros testamentarios lo mas bien que se pudiere junto al dicho nuestro colegio, en el sitio que mas conveniente pareciere, una iglesia de cantería, las paredes de mampuesto y los estribos y bóvedas de sillería, de la traza y forma que nos dejamos firmada de nuestro nombre e del de Diego de Siloé, maestro de cantería..."(3).

las propias características de la misma más bien señalan a Rodrigo Gil de Hontañón, que se hizo cargo de la obra en 1540 introduciendo modificaciones que incluso le causaron problemas con el Colegio, teniendo que resolverse en litigio los pagos que le adeudaban.

La fachada, elevada sobre un zócalo al que se accede por dos escalinatas flanqueadas por fustes de columnas, contrasta con la claridad compositiva, funcionalismo, intento de geometría y búsqueda de proporción de la planta, y aparece descompensada al haberse acoplado a una organización interna que precisa de luces y huecos a los que no se da unidad ni articulación, quedando invertebrada, por otro lado algo habitual en el primer renacimiento peninsular, y que para algunos autores tampoco parece cuadrar con Siloé, que viaja a Italia y que  en Andalucía ya se comporta como verdadero arquitecto “a lo romano”.

Fachada del Colegio Fonseca

Está realizada en dos tipos de aparejo: mampostería para los paramentos generales y sillería de mayor calidad para las partes nobles, incluyendo la ampliación posterior que se hace de la iglesia.
La portada está formada por dos cuerpos con columnas jónicas, con un vano adintelado en el cuerpo inferior, que ya implica el abandono del tradicional arco, y con la decoración concentrada en el superior, articulada mediante una ventana flanqueada por los escudos de Fonseca y las imágenes de los santos Ildefonso y Agustín, apoyados en ménsulas goticistas pero con veneras renacientes a modo de doseletes, y coronada por un gran medallón con la imagen del apóstol Santiago, su advocación, en la batalla de Clavijo.


Portada

Detalle de la decoración escultórica de la portada

El lado izquierdo cuenta con ventanas, balcones y ventanucos, unos adintelados, otros de arco, otros fingidos, unos con embocadura renacentista y otros a medio labrar, y a la derecha se sitúan dos arcos rasgados, todavía de perfil gótico, correspondientes a la nave de la capilla, con un desarrollo hacia la cabecera que contrasta fuertemente con el mampuesto por su excelente fábrica de buenos muros de sillería, una diferencia que podría tener una explicación en una mayor financiación para el templo.


Decoración escultórica de una de las ventanas de la izquierda

Detalle de la cuidada estereotomía de los muros de sillería del crucero de la iglesia, que contrasta con el mampuesto del resto de la fachada

La entrada da acceso a un zaguán cuadrangular con cubierta de bóveda nervada muy plana y que da paso al patio, alrededor del cual se distribuían las dependencias, con las celdas en escuadra en las crujías oeste y norte, el refectorio y las cocinas en la crujía este, y las partes más nobles en la panda de la propia fachada, la sur, recibiendo la luz de la fachada principal, con el “general”, especie de aula magna, a la izquierda del zaguán, sobre el que se ubicaba la biblioteca en la segunda planta, y capilla, abarcando las dos alturas, a la derecha.


Detalle de la bóveda nervada casi plana del zaguán

El patio se inspira en el clasicismo del orden romano pero muestra algún titubeo, sin conseguir una simetría completa, con ocho arcos por lado, lo que implica que el centro de cada crujía es un elemento sustentante, de ahí que la entrada desde el zaguán, para evitar que tuviera ese obstáculo visual, se desplazara ligeramente para hacerla coincidir con un vano.


Crujía sur, con la entrada desplazada para no coincidir con el pilar entre los arcos cuarto y quinto

Vista del patio desde el zaguán

Como las crujías están cubiertas con madera, que no generan empujes, pudo optarse por esbeltos apoyos, pilares a los que se adosan columnas casi de orden corintio en el piso bajo, sobre los que se elevan los mencionados ocho arcos de medio punto por cada panda, y pilares con columnas abalaustradas adosadas y arcos carpaneles en el piso superior. Por encima de la cornisa se ubican flameros que resaltan la estructura de apoyo de todo el patio.


Detalle de la panda norte, con cubierta plana de madera

Pandas este y sur y el cimborrio de la iglesia

Crujía superior este, con cubierta plana, abierta con arcos carpaneles y con la escalera a la izquierda

La labor escultórica aparece en los casetonados de los intradoses y los acantos de las claves y se completa con los capiteles y los medallones que ocupan las enjutas de los arcos, que se creen de Pedro de Ibarra, hijo de Juan de Álava, y que conforman una serie de “Uomini Famosi” que abarca desde personajes de la antigua Grecia hasta personajes ilustres que estuvieron en el Colegio.


Detalle de la labor escultórica en capiteles y medallones de las enjutas de los arcos

Pero, quizá lo más novedoso del patio del Fonseca sean las escaleras, un elemento fundamental en la arquitectura española del siglo XVI y que adquirió una monumentalidad sólo comparable a la de las portadas. El tipo más habitual del periodo fue el de escalera claustral de caja abierta, con arquerías similares a las de las crujías del patio al que daban servicio y con una cubrición única para los tres tramos, que discurren apoyados en las paredes de la caja, con ejemplos como el de la escalera del Hospital de Santa Cruz en Toledo. Pero esta cubrición unitaria contrastaba con la asimetría que suponía su propia estructura de tres tramos y su ubicación en una esquina del patio.

Así, aunque las escaleras del Colegio Fonseca comparten con sus contemporáneas la estructura asimétrica de tres tramos y la caja unitaria, también constituyen el primer intento de simetrización de su localización mediante la ubicación de dos de ellas con embocaduras enfrentadas en el centro de las crujías este y oeste, las laterales en relación con la entrada al patio, la crujía sur.


Detalle de una de las escaleras, de tres tramos y caja única

Embocadura de la escalera este desde el patio, ubicada en el centro de la crujía

Después del patio, el ámbito más destacado del conjunto es la capilla, con portada abierta al zaguán que se cree obra de Juan de Álava o de Ibarra, su hijo, concebida como arco de triunfo decorado con motivos de candelieri, putti, animales fantásticos, vegetales... y dos medallones con Adán y Eva en las enjutas de los arcos.


Portada de la capilla

El templo tiene planta de cruz latina con nave única de dos tramos, crucero muy desarrollado y cabecera cuadrangular. Los tramos muestran soportes fasciculados característicos de Álava que se continúan en las nervaduras de las bóvedas. A los pies de la iglesia, en el ángulo noroeste, se eleva la tribuna de músicos.


Ábside desde la nave

Cubiertas de la nave

Tribuna de los músicos a los pies de la nave

El crucero, sin embargo, muestra soportes, ménsulas, nervaduras, ventanales, proporción y luz característicos de Rodrigo Gil de Hontañón, una concepción renacentista a pesar de la solución estrellada de las bóvedas. En las enjutas de los arcos aparecen escudos del fundador y en el arranque del cimborrio corre una inscripción en alusión a la fundación.


Crucero de la capilla del Colegio Fonseca

Detalle del arranque del cimborrio

En el altar mayor se ubica un destacado retablo, de trazas renacentistas y labor pictórica de Alonso Berruguete, hijo de Pedro Berruguete, contratado en 1529, con escenas de la Vida de Cristo, y también esculturas. Se organiza mediante un trazado ortogonal de tres cuerpos y tres calles y se cree que ya estaría montado en la primera capilla, cuyo testero se ubicaría entre los pilares del crucero junto a la nave, y que después se remodeló a partir del deseo de Fonseca de ser enterrado en ese ámbito, una cabecera que sería plana, igual a la de la capilla del Colegio de Fonseca en Santiago de Compostela. El traslado a su actual emplazamiento, una vez ampliada la capilla, implicaría adaptaciones en las que se optaría por prescindir de algunas partes, creando algunos desajustes.


Retablo mayor


La calle central muestra labor escultórica, con una hornacina avenerada en el primer cuerpo, hoy vacía, y que contaría con una escultura de Santiago, bajo cuya advocación estaba el colegio, flanqueada por entrecalles con dos niños, que se cree que ocupan un espacio que no sería el original, y San Cristóbal y San Pedro arrepentido. En cuanto a las calles laterales, aparecen una Circuncisión y una Adoración de los pastores a la izquierda y una Epifanía y una Huida a Egipto a la derecha.

Primer cuerpo

El segundo cuerpo presenta el conjunto escultórico de la Piedad flanqueado por San Juan y San José de Arimatea llorando, con las representaciones pictóricas de Cristo entre los doctores y el Bautismo de Cristo en los laterales.


Segundo cuerpo

En el tercer cuerpo aparece un Calvario flanqueado por San Bartolomé y San Andrés y las tablas con Pentecostés y la Ascensión.


Tercer cuerpo
En cuanto al ático, con forma de frontón triangular, rematado con el escudo de Fonseca, cuenta con la representación del Padre Eterno.

Ático

Justo bajo el cimborrio estuvieron los restos de don Alonso Fonseca, pero a fines del siglo XVIII fueron trasladados a un arcosolio con una inscripción que recuerda la propia fundación del colegio, los cargos eclesiásticos del fundador y su fallecimiento.


Arcosolio colocado en 1793

El resto de dependencias históricas, como el “general” y la biblioteca, lamentablemente, no son visitables salvo en casos excepcionales, cuando tiene lugar algún evento abierto al públic

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Imágenes ajenas:

(1) http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/00365179755792117532268/ima0001.htm
(2) CASTRO SANTAMARÍA, A., El Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca o de Los Irlandeses, Salamanca, Eds. Universidad de Salamanca, 2003.
(3) SENDÍN CALABUIG, M., El Colegio Mayor del arzobispo Fonseca en Salamanca, Salamanca, 1977. Apéndice documental, págs. 215-216.

Fuentes:

CASTRO SANTAMARÍA, A., El Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca o de Los Irlandeses, Salamanca, Eds. Universidad de Salamanca, 2003.
NAVASCUÉS PALACIO, P. “El Colegio Mayor Fonseca y su arquitectura”. Rehabilitación Abrantes, Solís, Fonseca: tres edificios universitarios, Salamanca. Dragados y construcciones, Madrid, 1993, pp. 52-71.
NIETO, J. M. y AZOFRA, E., Inventario Artístico de bienes muebles de la Universidad de Salamanca, Salamanca, 2002.
SENDÍN CALABUIG, M., El Colegio Mayor del arzobispo Fonseca en Salamanca, Salamanca, 1977.
http://es.wikipedia.org/wiki/Colegio_Mayor_de_Santiago_el_Zebedeo
http://html.rincondelvago.com/colegio-fonseca-salamanca.html

Comentarios

Antonio Banus Pascual ha dicho que…
Genial, como siempre Viajar con el Arte. Buen día guapa
Sira Gadea ha dicho que…
Muy buen día también para ti, Antonio. Un abrazo grande.
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