La iglesia de San Benito el Real de Valladolid

Después de habernos detenido en el monasterio de San Benito y su azarosa historia, hoy nos adentramos en su grandioso templo, la parte conservada más antigua del complejo, que tras la exclaustración y las desamortizaciones del siglo XIX, primero estuvo abandonado para después ser entregado a la Venerable Orden Tercera del Carmen, convertido en iglesia parroquial regida por los carmelitas descalzos desde 1897 hasta la actualidad.

La iglesia de San Benito el Real de Valladolid desde el sotocoro

Aunque el convento se fundó a fines del siglo XIV en el alcázar real de Valladolid, utilizando la propia capilla palatina como templo del cenobio, el crecimiento de la comunidad pronto hizo necesaria la erección de una nueva iglesia, que comenzó a levantarse en 1499, siendo abad fray Pedro de Nájera, según trazas de Juan de Arandia y García de Olave, bajo la protección de los Reyes Católicos y con el patrocinio del obispo de León don Alonso de Valdivieso, presidente de la Real Chancillería. Las obras fueron a tan buen ritmo que en 1515 la iglesia ya estaba cubierta.

La cabecera de la iglesia desde la nave del Evangelio

Lo habitual era orientar las iglesias este-oeste, pero al tenerse que adaptar al espacio existente, con el convento levantado entre los muros del alcázar real, el nuevo templo cambió la orientación y optó por un eje norte-sur, conformándose como una imponente fábrica de gran espacialidad, con planta rectangular de tres naves de seis tramos y bóvedas de terceletes con grandes contrafuertes exteriores.

Planta de la iglesia de San Benito (1). Las indicaciones son mías

Muro exterior de la Epístola

Detalle de la zona absidial

Las naves concluyen en tres ábsides poligonales elevados, los dos laterales dedicados a San Marcos, el del Evangelio, y San Antonio, el de la Epístola.

Cabecera de San Benito

Detalle de la cubierta del ábside central

Ábside de San Antonio

Don Alonso de Valdivieso, patrocinador de la iglesia, dispuso su propio enterramiento en el lado del Evangelio de la capilla mayor y, aunque Isabel la Católica dio orden de que en la capilla no se ubicaran otros entierros ni otros blasones de los de los reyes fundadores, los monjes ocultaron la cédula y, fallecida la reina, cumplieron las voluntades del benefactor del convento.

Arcosolio de don Alonso de Valdivieso en el muro del Evangelio del altar mayor

Pero fue por poco tiempo, pues a comienzos del siglo XVII sus restos fueron reubicados en la capilla absidial de San Marcos, con un arcosolio con un yacente, para acoger en el suyo los del infante don Alfonso, hijo de Sancho IV y María de Molina, trasladados desde San Pablo cuando el duque de Lerma adquirió el patronato del convento para convertir su iglesia en panteón familiar.

Enterramiento de don Alonso de Valdivieso
en la capilla de San Marcos

En el altar mayor también encontró sepultura doña María de Hungría, hija de la reina doña Juana y Felipe el Hermoso, hermana de Carlos V, fallecida en Cigales (Valladolid) en 1558, trasladada a El Escorial por orden de su sobrino, Felipe II, en 1571. En el templo se conservan otros arcosolios de enterramiento, destacando los dos de la capilla absidial de San Antonio.

Arcosolios de enterramiento en la capilla absidial de San Antonio

El templo presenta coro alto a los pies que abarca el primer tramo de las tres naves.

Vista hacia los pies de la iglesia desde la zona que estaba reservada a la clausura,
separada por la reja

Sotocoro

Detalle del coro

Conserva dos capillas laterales entre los contrafuertes en el lado del Evangelio. La del licenciado Francisco Butrón cuenta con una reja pintada por Pedro de Oña en 1592 y en la actualidad es la sede canónica de la Cofradía del Santo Sepulcro, con un Crucificado de Gregorio Fernández, el Santísimo Cristo del Consuelo, que da nombre a la capilla, y un Cristo yacente y una Virgen de la Alegría del imaginero contemporáneo Miguel Ángel Tapia.

Capilla Butrón, con el Santísimo Cristo del Consuelo de Gregorio Fernández y un 
Cristo yacente de Miguel Ángel Tapia

Sin embargo, en el lado de la Epístola no desarrolla capillas, sino arcos apuntados abiertos en el muro a modo de capillas para altares y que quizá podrían haberse pensado para alojar enterramientos. Todos presentan igual estructura salvo el situado en el último tramo antes del ábside, que es un arco de medio punto casetonado enmarcado por columnas que soportan un entablamento, en una conformación ya clasicista.

Arcos apuntados abiertos en el muro de la nave de la Epístola

Arco del último tramo de la Epístola,
con una estructura clásica posterior al resto

La luminosidad de la iglesia debía ser magnífica, pero en la actualidad resulta algo oscura, con una iluminación que proviene de las ventanas de la Epístola y de los ábsides, pues las del Evangelio quedaron cegadas quizá con la construcción del anexo Patio de las Procesiones o con alguna modificación posterior de las cubiertas.

La iglesia desde la zona pública

La iglesia también conserva in situ algunas de sus rejas. En 1571 se colocó la que cubre las tres naves dividiendo el espacio en el de los pies, destinado al pueblo, y el de la cabecera, para los monjes, obra del maestro rejero Juan Tomás de Celma.

Detalle del ático de la reja que divide la iglesia en dos ámbitos

La actual fachada no es la proyectada al tiempo que se erigió la iglesia. Y es que en 1565 se produjo un derrumbamiento a los pies del templo y Rodrigo Gil de Hontañón recibió el encargo de dar la traza para su reconstrucción, incluyendo el último tramo con el coro alto y una nueva fachada que empezó a levantarse en 1575.

Así, ésta se conformó como un monumental pórtico de piedra apoyado en dos pilares de sección octogonal formando dos cuerpos cuadrados abiertos mediante grandes arcos apuntados y cubiertos en el interior mediante bóvedas de crucería.

Fachada actual de la iglesia de San Benito, con la del convento
a la izquierda

Poco después Juan de Ribero Rada prolongó los pilares octogonales y añadió un tercer cuerpo de piedra con entrepaños de ladrillo con el frente abierto mediante dos ventanas de medio punto para alojar las campanas, rematando la estructura mediante un frontispicio de aletones curvos.

Pero en 1605, con motivo de la celebración del nacimiento del futuro Felipe IV, las luminarias causaron un incendio que dejó muy maltrecha la torre-pórtico, por lo que la corona y el ayuntamiento sufragaron una reconstrucción en la que las bóvedas de crucería de Gil de Hontañón se sustituyeron por otras vaídas. Si prestamos atención a un dibujo de Ventura Pérez (ha. 1759), la fachada contaría en ese momento con un tercer cuerpo con dos ventanas de medio punto y cuerpo de la campana rematado con frontón triangular.

Dibujo de la fachada de la iglesia de San Benito
de Ventura Pérez de ha. 1759 (2)

Otra referencia de cómo sería la fachada la tenemos en el grabado de Parcerisa de 1865, en el que se aprecian dos cuerpos superiores de ladrillo que terminaron demolidos, por su estado de ruina o, quizá, por necesidades de seguridad del cuartel que se instaló en el monasterio tras las desamortizaciones.

Grabado de Francisco Javier Parcerisa de la
fachada de San Benito (3)

Fotomontaje de Juan Carlos Urueña Paredes siguiendo el grabado de Parcerisa 
del estado de la Iglesia de San Benito antes de la demolición de los dos 
cuerpos superiores de ladrillo  (4)

En la década de 2000 la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León financió la restauración de la fachada, descubriéndose el único escudo de José I Bonaparte conservado en un edificio público.

Detalle del pórtico con el escudo de José I descubierto en la última restauración

Aunque en la actualidad la iglesia luzca “un tanto desolada y fría” (gracias, Boro), como espacio sagrado de solemne importancia, San Benito recibió un magnífico amueblamiento compuesto, entre otros, por retablos en los ábsides, capillas laterales, sotocoro… del que fue despojado tras la exclaustración y las desamortizaciones del siglo XIX.

La sillería del coro bajo y el retablo mayor fueron encargados por fray Alonso del Toro en su generalato durante el primer cuarto del siglo XVI. La sillería, que ocupaba el quinto tramo de la nave central, es una impresionante obra en nogal con ensamblaje y talla del escultor Andrés de Nájera y la colaboración de Diego Siloe, Guillén de Holanda y, quizá, Alonso Berruguete, denotando influencias clasicistas mezcladas con reminiscencias medievales, sobre todo en los sitiales bajos.

Sillería del coro bajo de San Benito de Valladolid en
el 
Museo Nacional de Escultura

Y es que, como cabeza de la Congregación de San Benito en Castilla, el convento se convirtió en sede del Capítulo General que tenía lugar cada cuatro años, considerándose necesaria una obra de esta magnitud que acogiera a todos los abades en ese importante acontecimiento.

“… todos los prelados y procuradores de la Congregación determinaron pagar cada uno por su monasterio una silla alta y baja para el choro de San Benito, y que en cada silla se pongan las insignias de su monasterio y nuestro muy reverendo padre general tome cargo de las mandar luego hacer”. Actas Capitulares de 1522 (5)

La financiación corrió a cargo de cada una de las treinta y cuatro casas que en ese momento integraban la Congregación, pagando el sitial alto destinado a su abad y el bajo para su acompañante, pudiendo también decidir el personaje que querían que se representase en el respaldo, por regla general, el fundador o patrono del convento, representado en una hornacina avenerada.

Detalle de la sillería

La curiosa circunstancia del encargo hace que no exista un hilo conductor en las representaciones, con reiteraciones, como la de San Pedro para los sitiales de los monasterios de Eslonza y Montes, distintas advocaciones marianas, como en Monserrat o Valbanera, o personajes civiles, como el conde Fernán González para Arlanza, el rey García en la de Nájera o el Cid Campeador para Cardeña, figuras vinculadas como fundadores o protectores de esas casas. En total son treinta y tres sitiales más otras seis sillas no asignadas a ningún monasterio pero pensadas para la adhesión de otras abadías a la congregación y que muestran personajes relacionados con la sede de Valladolid, como Juan I, su fundador, el arcediano don Fernando de Zúñiga o San Marcos, su segundo patrono.

Las representaciones se acompañan con textos con el nombre del monasterio y el personaje elegido enmarcados en taraceas de boj con grutescos de influencia italiana y los sitiales están rematados con los escudos de armas de cada monasterio asociado.

Sitial de San Marcos con la decoración de grutescos en taracea

El único sitial policromado, en el lado de la Epístola, estaba reservado para el anfitrión, el general de San Benito, que representa, precisamente, al titular de la Orden y de la casa vallisoletana. Los dos toros afrontados en la parte de abajo hacen referencia al general de la Orden en ese momento, fray Alonso de Toro.

En cuanto a los sitiales bajos, muestran el ciclo de la Vida de la Virgen y de Cristo, desde el Abrazo ante la Puerta Dorada hasta Pentecostés.

Abrazo ante la Puerta Dorada y Anunciación

Epifanía y Circuncisión

Última Cena y Flagelación

Subida al Calvario y Crucifixión

Llanto sobre Cristo muerto y Anástasis

Resurrección y Noli me tangere

En los extremos aparecen los escudos reales de los Reyes Católicos, impulsores del proyecto unificador benedictino, y de Carlos V, en cuyo reinado se realizó esta obra.

Tras las desamortizaciones, la sillería pasó a formar parte del Museo Provincial de Bellas Artes, inaugurado en 1842 en el Colegio de Santa Cruz, que en 1933 pasó a denominarse Museo Nacional de Escultura, con sede en el Colegio de San Gregorio, donde se encuentra en la actualidad.

La sillería baja de San Benito montada en el Colegio Santa Cruz (5)

Los dos retablos del trascoro, realizados en madera con tallas de alabastro, siguieron proyectos de Alonso Berruguete y fueron realizados por Cornelis de Holanda y Juan de Cambray, dedicados a San Miguel y a San Juan Bautista, y hoy también están en el Museo Nacional de Escultura.

Planta de la iglesia con la ubicación de la sillería en el coro y los retablos
que existían alrededor (5)

Retablo de San Miguel en el Museo Nacional de Escultura

En el lado del Evangelio del coro estaba la capilla de san Juan Bautista, fundada en 1551 por doña Francisca de Villafañe para enterramiento propio y de su esposo, don Diego Osorio de Herrera, y con un retablo encargado a Juan de Juni en 1552. Cuatro de sus esculturas, de los santos Juan Bautista, María Magdalena, Elena y Jerónimo, se conservan en el Museo Nacional de Escultura. Una quinta identificada como santa Escolástica, hoy se encuentra en la iglesia del Carmen extramuros de Valladolid.

Reconstrucción del retablo de doña Francisca Villafañe (6)

En el lado de la Epístola estaba la capilla del doctor Cornejo amueblada con el conocido como retablo del Maestro de Pacully, encargado por su suegro, don Alonso Sánchez de Logroño, canciller de los Reyes Católicos para su propio enterramiento en la capilla de San Ildefonso y que el doctor hizo trasladar a este nuevo emplazamiento, donde permaneció hasta 1651, cuando se trasladó a la capilla de los Daza.

Tras las desamortizaciones sus tablas quedaron dispersas en varios museos. Las dos laterales, con los santos Leando e Isidoro, fueron al Museo Provincial y hoy se conservan en el Museo Nacional de Escultura. La central, con la Imposición de la casulla a San Ildefonso, terminó en la colección particular del anticuario Emille Pacully de París, de ahí el nombre del maestro, al que se relaciona con la escuela de Hans Memling, aunque en la actualidad no está localizada. En cuanto a las tres tablas de la predela, con un Apostolado, están repartidas entre el Museo el Prado y una colección privada madrileña.

Tablas laterales con San Leandro y San Isidoro del retablo del
Maestro de Pacully en el 
Museo Nacional de Escultura (6)

El retablo mayor también se expone, aunque desmontado, en el Museo Nacional de Escultura. Es obra de Alonso Berruguete, realizado entre 1526 y 1532 y un claro ejemplo de las influencias renacentistas y manieristas italianas en su desarrollo en la península.

Reconstrucción virtual del retablo de San Benito (6)

Los episodios bíblicos y los personajes fueron cuidadosamente elegidos por fray Alonso de Toro, abad de San Benito, para componer un mensaje doctrinal exclusivamente dirigido a los monjes de la comunidad, los únicos que lo contemplaban de cerca, pues la feligresía sólo accedía a la parte de atrás de la iglesia, separada del ámbito de los monjes por la reja. La figura central es San Benito, rodeado de escenas de la Vida de la Virgen y de Cristo, milagros de santos benedictinos, patriarcas, apóstoles, profetas y sibilas, componiendo, entre todos, una imagen de la Jerusalén CelesteLas distorsiones de las figuras no serían visibles in situ, colocadas en alturas y distancias suficientes. 

Fragmentos del primer cuerpo del retablo mayor en el montaje del museo

Calle central del segundo cuerpo del retablo mayor

Miguel Jadraque. El cardenal Tavera visitando a Alonso Berruguete. 1884. Palacio del 
Senado en depósito del Museo del Prado (7). Cuadro historicista que muestra 
una hipotética visita al taller de Alonso Berruguete, en el que se ve la escultura 
de San Sebastián que formaba parte del retablo mayor de San Benito

El Sacrificio de Abraham y el Martirio de San Sebastián,
tallas del retablo de Santo Domingo

El Museo Nacional de Escultura también conserva una escultura de la Piedad en piedra policromada de comienzos del siglo XV que se sabe que fue una donación de Juan II para la capilla de don Sancho de Rojas en la primitiva iglesia del convento.

Piedad de comienzos del siglo XV (6)

Otra de las obras en el Museo Nacional de Escultura procedente del convento es un Llanto sobre Cristo Muerto, sin que se tenga certeza de dónde estaría ubicado.

 Juan de Borgoña el Joven (atrib.). Llanto sobre Cristo muerto (ha. 1540)

Y para terminar, destacar la Alegoría de la Virgen de la Inmaculada de Juan de Roelas. Perteneciente a la colección real del Alcázar de Madrid, llegaría a San Benito durante el reinado de Carlos II como parte del nuevo amueblamiento de la sacristía tras su remodelación durante el abadiato de fray Manuel de Toledo.

Juan de Roelas. Alegoría de la Virgen Inmaculada (1616). Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Es un "lienzo parlante”, un documento esencial para entender el movimiento inmaculista de la Monarquía Hispánica, ardiente defensora del dogma de la concepción sin pecado original de la Virgen. La parte de abajo, reservada al mundo terrenal, es un ejemplo de pintura social, con un abigarrado grupo de niños, colegiales cantando, clérigos, autoridades, hombres y mujeres entrando en la catedral de Sevilla, culminación de una procesión celebrada el 29 de junio de 1615 en defensa de la Inmaculada. En la parte de arriba, la celestial, aparece la Virgen rodeada de ángeles portando las letanías marianas, profetas, santos y padres de la Iglesia defensores de la idea de la Inmaculada Concepción. Mientras, ambas zonas están unidas mediante un árbol con el emblema de la Orden franciscana, gran defensora del dogma, con el escudo real y óvalos con los nombres de santos marianistas.

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Imágenes ajenas:

(3) QUADRADO, J. Mª, Recuerdos y Bellezas de España. Valladolid, Palencia y Zamora, Madrid, 1861.
(5) ARIAS MARTÍNEZ, M., “Una aproximación al espacio coral de San Benito el Real de Valladolid”. VV.AA., Conocer Valladolid 2012/2013. VI Curso de patrimonio cultural, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, 2013, pp. 125-144.

Fuentes:

ARIAS MARTÍNEZ, M., “Una aproximación al espacio coral de San Benito el Real de Valladolid”. VV.AA., Conocer Valladolid 2012/2013. VI Curso de patrimonio cultural, Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, 2013, pp. 125-144.
EGIDO, T., “La grandeza benedictina. San Benito el Real de Valladolid”. Patrimonio. Fundación del Patrimonio histórico de Castilla y León, nº 46, enero-abril 2012, pp. 4-10.
MARTÍN MONTES, M. A.; MOREDA BLANCO, J., “Los ‘Palacios’ de san Benito el Real (Valladolid) y su ornamentación mudéjar”. En V Congreso de Arqueología Medieval Española. Actas., vol. 2, Valladolid, Junta de Castilla y León-Consejería de Educación y Cultura, 2001, pp. 931-938.
OLIVERA SERRANO, C.,  “Devociones regias y proyectos políticos: los comienzos del monasterio de san Benito el Real de Valladolid (1390-1430)”. Anuario de Estudios Medievales, 43/2, julio-diciembre 2013, pp. 799-832.
QUADRADO, J. Mª, España. Sus monumentos y artes – su naturaleza e historia. Valladolid, Palencia y Zamora, Barcelona, 1885.
SANGRADOR VITORES, M., Historia de la Muy Noble y Leal Ciudad de Valladolid desde su mas remota antigüedad hasta la muerte de Fernando VII, Tomo II, Valladolid, 1854.

Comentarios

Álvarez Sánchez V ha dicho que…
Una entrada fantástica; sólo comentar que no hay un Cristo yacente de Gregorio Fernández en San Benito, hay un crucificado (el Stmo. Cristo del Consuelo) de Gregorio Fernández y a sus pies un yacente de reciente factura de Miguel Ángel Tapia.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchísimas gracias por tu comentario y por la información que me saca del error, Álvarez Sánchez V.
enrique ha dicho que…
Soy un acérrimo defensor del modo español de situar los coros en las iglesias y catedrales, aunque reste visibilidad a la nave central.
Es una de las características más castizas de nuestra arquitectura.
Aunque en el caso que nos ocupa hoy la verdad es que la nave de la iglesia queda amplia y despejada.
Magníficos esos arcos escarzanos!!
Y magnífica la entrada!!
Boro ha dicho que…
Que ilusión que me citen. Muchas gracias. Pero es la verdad, cada vez que he entrado en esta iglesia he sentido un punto de desilusión, es tan imponente que esperas algo espectacular dentro y por tamaño lo es sin duda, pero y permíteme ponerme literario pero es como un esqueleto de ballena, le falta algo que le de vida, algo que sabemos lo que es y que tan bien nos has mostrado como siempre(por cierto si alguien es capaz de encontrar una fotografía en color en internet de la tabla central del retablo del maestro de Pacully, por favor que me diga donde).
Me ha encantado la fotografía del coro elevado, realmente aparece monumental con ese pretil calado de dos alturas en el no creo haberme fijado antes. Otra cosa que me ha sorprendido es su relativa modernidad (la iglesia), no sabía hasta tu post anterior la fecha de construcción pero siempre la había imaginado del siglo XIV, me parecía un gótico más temprano. Gracias por currártelo tanto.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, enrique. Es cierto que la iglesia queda despejada, pero también como desangelada ¿no?
Sira Gadea ha dicho que…
Yo también me he vuelto loca buscando la imagen de la tabla central de Pacully sin resultado alguno. De todos modos, he leído que está en paradero desconocido ya de hace tiempo, así que a lo mejor es que ni existe. La espacialidad de la iglesia es incluso aplastante, y se acentúa más todavía por su desnudez. Pero yo no puedo evitar tratar de imaginarme cómo sería en todo su esplendor y me entristece verla en su esqueleto. Completamente de acuerdo contigo, Boro.
Boro ha dicho que…
Esta es la mejor imagen que he encontrado sobre la tabla central.
http://imagehandler.rkd.nl/wwwopac.ashx?command=getcontent&server=images&value=0000132345.jpg&height=650&width=650&scalemode=fill
En casi todos los sitios la siguen identificando en la Colección Aldus C. Higgins en Worcester, pero me temo que es una localización antigua
Sira Gadea ha dicho que…
La pág. web del Prado dice que está en esa colección. Yo he leído en estos días que está desaparecida en combate, aunque no sé decirte dónde (inconvenientes de no documentar los artículos del blog como si fueran de investigación, pues si caigo en esa trampa estoy perdida y no podría publicar).
Boro ha dicho que…
Be happy, tus artículos están hiperdocumentados y creo que los que pasamos por aquí quedamos encantados y por eso repetimos. De todos modos es cierto la tabla se vendió en 1971 y desde entonces está en paradero desconocido.
Nacho San Marcos ha dicho que…
Muy buen reportaje Sira, y como es habitual perfectamente documentado. Conozco la Iglesia, y su escala urbana siempre me ha parecido exagerada. El edificio, efectivamente luce su desnudez estructural, tanto en su exterior como en su interior. Su arquitectura muestra un sistema constructivo casi conceptual,con sinceridad y minimalismo. En el interior se nota la ausencia de todo lo que está expuesto en el Museo. Qué pena no poder admirar allí la fantástica sillería del coro ... Me parece muy interesante y enriquecedor el debate de los recrecidos: la propuesta de Parcerisa con las 2 plantas de ladrillo hace más esbeltas las torres del pórtico, y equilibra las proporciones urbanas generales del templo. La infografía que acompañas es muy elocuente. Personalmente me parece mejor solución que la de Ventura Pérez.
Sira Gadea ha dicho que…
Buenos días, Nacho. Encantada de "verte" de nuevo por aquí, que te echaba de menos. La iglesia desde el exterior a mí me resulta imponente, apabullante, vamos. En cuanto al dibujo de Ventura Pérez, los estudiosos no se ponen de acuerdo en cuanto a darle credibilidad y algunos consideran que es inventado. A saber...
maria ha dicho que…
Hola Sira he encontrado tu blog a través de la Magia de las Piedras en facebook.Acabo de hacer tu seguidora.
Dices si alguien ha experimentado alguna vez un STENDHALAZO;Te contesto, sí, yo lo he experimentado, la primera vez que fuí a Paris, y como dices estuve en el séptimo cielo.Cuando volví fuí a un médico porque seguía en un estado un poco mágico y me dijo que era el mal de Stendal.No fué serio, pero necesite una cura de sueño y un poco de descanso. Algunas veces al descubrir alguna cosa nueva siento un gran impacto, me sorprendo, pero nunca como esa experiencia.
Descubrir tu blog me ha sorprendido y estoy disfrutando como si fuese viajando en una nube,muchos de los lugares los conozco y las fotografias y los textos me transportan totalmente al lugar.Gracias por recopilar tanta belleza y dejarnos disfrutarla.Un abrazo
Sira Gadea ha dicho que…
Sé bienvenida, Maria. Encantada de verte por aquí de que disfrutes con él recordando lugares conocidos o descubriendo otros, que es de eso de lo que se trata. Muchas gracias a ti por contarnos a todos tu experiencia con París y espero seguir "viéndote" mucho mucho tiempo.
Anónimo ha dicho que…
El inmaculismo está relacionado con la limpieza de sangre. Era un movimiento muy racista.

Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Vol 63, No 2 (2008)
doi:10.3989/rdtp.2008.v63.i2.62
Sine Labe. El inmaculismo en la España de los siglos XV a XVII: La proyección social de un imaginario religioso
Estrella Ruiz-Gálvez Priego
http://rdtp.revistas.csic.es/index.php/rdtp/article/viewFile/62/63
http://rdtp.revistas.csic.es/index.php/rdtp/article/viewArticle/62
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