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lunes, 12 de enero de 2015

San Pedro apóstol de Ávila

La iglesia de san Pedro de Ávila, ubicada en la plaza del Mercado Grande o de Santa Teresa, extramuros de la ciudad, justo enfrente de la Puerta del Alcázar de la muralla medieval, empezó a levantarse, sin que apenas se conserven documentos sobre ella, y seguramente sobre otro edificio de culto preexistente, en la primera mitad del siglo XII como parte del proceso de repoblación de una vasta zona de Castilla y León, a partir de la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI, de la mano del conde Raimundo de Borgoña, casado con doña Urraca, hija del monarca, un enclave en la ciudad que quedó vinculado a las élites, habitado por caballeros, nobles y eclesiásticos además de pintores, escultores, ensambladores y entalladores.

Plaza del Mercado Grande, con la fachada occidental de la iglesia de san Pedro al fondo

Declarada monumento nacional en 1914, desde esa fecha ha experimentado varias campañas de restauración. Entre 1917 y 1922 Enrique Repullés y Vargas dirige reparaciones en la cubierta, el realce de la cimentación del muro norte y la sustitución de algunos sillares del zócalo de ese muro. A partir de 1929 Emilio Moya Lledó se hace cargo de la consolidación de las fábricas para solucionar grietas interiores y exteriores y de la demolición de la llamada “sacristía vieja”, un cuerpo adosado al oeste del brazo del Evangelio que ya tenía el tejado parcialmente hundido. Tras la Guerra Civil española Anselmo Arenillas estuvo trabajando en la iglesia más de veinte años en los que, entre otras cosas, se desmontó la cubierta de la nave de la Epístola, se reforzaron los contrafuertes y se desmontó el rosetón, que estaba en muy mal estado, para rehacer las piezas rotas.

La cabecera durante la última restauración, que ha afectado a los ábsides, tanto en el exterior como
en el interior, de ahí que se aprecie un andamio en el muro de la Epístola del altar mayor

Detalle del rosetón de la iglesia de san Pedro de Ávila

A partir de 1979 Jesús Fernández Suárez, con el edificio en estado lamentable por desplomes y grietas en las bóvedas y en el cimborrio, realizó intervenciones de consolidación mediante la construcción de zunchos perimetrales. Entre 1998 y 2001 Vega Ortiz Martín dirigió las obras para sustituir las cubriciones por chapa de zinc. 

La última intervención, cofinanciada por la Fundación Patrimonio Histórico de Castilla y León, la propia parroquia y el obispado de Ávila, ha tenido lugar entre 2010 y 2014 y ha afectado a los ábsides, retablos y rejas de la cabecera descubriendo, además, unas pinturas murales datadas a comienzos del siglo XVI en ambas capillas absidiales, destacando, sobre todo, las de la capilla del Evangelio.

La fábrica muestra un zócalo de grandes sillares de granito gris sobre el que se alzan muros en sillería de piedra de las canteras de la Colilla, un granito de colores rojizos muy vistosos presente en otros muchos monumentos abulenses, como San Vicente o la propia Catedral.

Del análisis de la documentación conservada y del propio edificio los investigadores destacan cinco campañas constructivas: en la primera se levantó la cabecera; en las dos siguientes se construyeron los muros del crucero y de las naves y las portadas laterales; en la cuarta, ya a comienzos del siglo XIII, se levantó la nave central, las bóvedas del crucero y de las naves, la fachada occidental y la torre adosada a la cabecera en el lado del Evangelio; y en la última, ya a comienzos del siglo XIV, se levantó el cimborrio. La sacristía, adosada al transepto de la Epístola es ya de fines del siglo XV.

Todo el templo está rodeado de un atrio que data del siglo XVI, definido por un murete bajo de piedra decorado con jarrones y leones rampantes.

Templo rodeado del atrio

Comenzando por la fachada este, destacan sus tres ábsides escalonados, de cara a una plaza que ha quedado despejada en la última intervención permitiendo su completa contemplación. Los tres cuentan con tres cuerpos divididos por impostas, atravesados por finas semicolumnas adosadas y ventanas de medio punto doblado con capiteles decorados con ornamentación vegetal y zoomorfa, entre la que se distinguen aves explayadas, sirenas, centauros… Adosada al norte del ábside del Evangelio se observa una torre del siglo XIII, y en el lado de la Epístola destaca el volumen de la sacristía añadida en el siglo XV.

Alzado de la fachada este (1)

Según las investigaciones arqueológicas, toda la zona alrededor de los ábsides delimita un ámbito de enterramientos desde época tardorromana sobre el que se sobrepuso el cementerio parroquial, que comienza en el siglo XII y presenta varios niveles más hasta llegar a la Edad Contemporánea.

Fachada este, con los ábsides

Detalle del vano central del ábside mayor

La fachada principal, a los pies del templo, tiene tres calles, correspondientes a las tres naves, separadas por robustos contrafuertes rematados por pináculos. Las laterales muestran óculos y la central cuenta con portada de medio punto con seis arquivoltas baquetonadas bajo sencillo tejaroz sobre el que se ubica, cobijado bajo otro gran arco de medio punto arquivoltado, un gran rosetón que ya nos está anunciando el gótico pero que está muy reconstruido, compuesto por pequeñas columnillas radiales que parten de un círculo concéntrico que sólo conserva del original un baquetón liso, otro en zigzag y tres cabezas de piedra que lo decoran. Sobre las columnillas que sustentan el arco se ubica una Anunciación y en la clave aparece la figura de Cristo.

Fachada occidental

Alzado de la fachada occidental (1)

Calle central de la fachada occidental, con la portada y el rosetón que ilumina el interior

El rosetón desde el interior del templo

Las fachadas laterales dejan ver los tramos de las naves, marcados por los contrafuertes que soportan las bóvedas. La portada del Evangelio abre en el cuarto tramo de la nave lateral y está protegida por un alero con grandes canecillos muy deteriorados. Se compone de arco de medio punto con cinco arquivoltas decoradas con baquetones, rosetas con pétalos, zigzagueados y puntas de diamante que apoyan sobre una imposta de rosetas soportada por columnas con capiteles de acanto.

Fachada norte, con la portada del Evangelio abierta en el cuarto tramo de la nave (1)

Portada del Evangelio

Detalle de la imposta de rosetas y los capiteles de la portada del Evangelio

La portada de la Epístola es similar a la del Evangelio pero con decoración más sencilla, con tres arquivoltas baquetonadas.

Fachada sur, con la portada de la Epístola abierta en el cuarto tramo de la nave lateral (1)

Portada de la Epístola

El templo tiene planta de cruz latina con tres naves de cinco tramos y tres ábsides escalonados con cubiertas de medio cañón que culminan en bóvedas de horno. Las naves están separadas por arcos de medio punto sobre los que se ubica el cuerpo de ventanas. Los pilares son de sección de cruz griega con semicolumnas adosadas que parecen indicar una cubierta de medio cañón con arcos fajones, pero como la construcción se demora y las naves terminan cubriéndose con bóvedas de crucería, sus nervios apoyan sobre pequeñas ménsulas cónicas, dejando las columnas para sustentar los arcos fajones, que son de medio punto en las naves laterales y apuntados en la central.

Nave central de san Pedro de Ávila, con los arcos fajones apuntados apoyados sobre
las columnas y nervios de la crucería descansando en ménsulas

Cabecera del templo

Naves laterales desde el transepto, observándose los robustos arcos
fajones de medio punto que sustentan las bóvedas

Planta de la iglesia de san Pedro Apóstol de Ávila (1). Las indicaciones son mías

Lo que no presenta es tribuna sobre las naves laterales, que debió descartarse en el transcurso de su prolongada construcción.

 Alzado de la nave central, con los arcos de medio punto, el cuerpo de ventanas, sin tribuna sobre
las naves laterales, y una cubierta de pilares preparados para sustentar
una bóveda de cañon, de ahí la presencia de ménsulas para 
soportar los nervios de la crucería

Sección longitudinal (1)

Una triple reja de forja separaba el transepto de las naves. En la actualidad, la central está reubicada a los pies de la nave del Evangelio pero se conservan in situ las dos laterales.

Reja entre la nave del Evangelio y el transepto norte, con
la capilla absidial de la Concepción al fondo

El acusado transepto está cubierto con bóveda de cañón apuntado, un esquema que parece emular a su vecina iglesia de San Vicente, lo mismo que el cimborrio sobre el crucero, que también muestra planta cuadrada, sobre cuatro trompas que tienen forma de semibóveda de crucería y bóveda octopartita, aunque las cuatro ventanas abiertas en los cuatro frentes indican una evolución.

Nave del transepto desde el brazo de la Epístola

Bóveda de cañón apuntado del transepto de la Epístola

Cimborrio del crucero

Retablos de san José y de la Virgen del Rosario en el transepto del Evangelio

Los capiteles de la capilla mayor muestran una policromía no muy cuidada y son los más historiados de la iglesia, con una estética románica que a medida que avanza la construcción hacia los pies va desapareciendo. Se distinguen palomas afrontadas y leones como los que también vemos en San Vicente, y otros que algunos autores ponen en relación con relatos bíblicos, como Caín y Abel o Sansón.

Capitel con leones alados de la zona absidial

El retablo mayor es obra de Rodríguez del Cárcano fechado en 1716. Muestra un único cuerpo de tres calles y ático. Las calles están separadas por columnas torsas de rica decoración, con tabernáculo coronado por la escultura de san Pedro en la calle central y las figuras de santa Teresa y san Isidro en las laterales. En el ático aparece la Asunción flanqueada por dos ángeles.

Retablo barroco del presbiterio

La capilla del Evangelio está dedicada a la Inmaculada Concepción y destaca por su decoración mural datada por los expertos a comienzos del siglo XVI, que estaba parcialmente oculta por revocos y ha sido restaurada durante la última campaña de rehabilitación interna y externa de toda la cabecera, terminada este mismo año.

Decoración mural de la capilla de la Concepción, con escenas de la Vida de la Virgen

Pinturas del muro del Evangelio de la capilla de la Concepción con dos de los Padres de la Iglesia

Pinturas del muro de la Epístola de la capilla de la Concepción con otros dos Padres de la Iglesia

La capilla de la Epístola está dedicada a san Jerónimo y en ella también se ha descubierto parte de su decoración mural, procediéndose a la retirada del retablo que la tapaba, ahora en el testero occidental del transepto de ese lado. Ambas capillas absidiales conservan rejas de fuerte impronta renaciente. 

Capilla de san Jerónimo

Retablo de la capilla de san Jerónimo, ahora en el transepto de la Epístola

Desde el transepto de la Epístola se accede a la sacristía, un ámbito con portada gótica, de planta cuadrada, añadido ya a fines del siglo XV y que no es visitable.

Portada de la sacristía, con acceso desde el transepto de la Epístola

En los dos pilares torales del crucero que forman el arco de triunfo del altar mayor se ubican sendos altares renacientes en madera blanqueada que imita el alabastro de Toribio Muñoz y Rodrigo de Montoya dedicados a san Pablo y santa Catalina, con esculturas de bulto de alabastro de Juan Sánchez realizadas en 1575.

Retablo de santa Catalina en el pilar de la Epístola

Retablo de san Pablo en el pilar del Evangelio

En esta zona de la cabecera abundan los enterramientos, distinguiéndose las heráldicas de los Dávila en los arcosolios del transepto del Evangelio, los Maldonado en el ábside del Evangelio, los Bracamonte y Estrada en los arcosolios de la capilla mayor, los Álvarez de Cebadilla en el ábside de la Epístola o los Serrano en el transepto de la Epístola.

Arcosolios de los Dávila en el transepto del Evangelio

En la nave del Evangelio se encuentran algunas piezas destacadas. En el primer tramo, separada por una reja, hay una pila bautismal gótica policromada. En el segundo tramo se encuentra la Virgen de la Soledad, obra de Eduardo Capa Sacristán, que procesiona desde 1857 el Sábado Santo con las Damas de la Soledad, en pendant en el tramo de la nave de la Epístola con el Cristo de las Batallas, origen de la procesión de Miércoles Santo.

Pila bautismal gótica de la iglesia de san Pedro de Ávila

Y en el tercer tramo hay un retablo en donado por Alonso Serrano en 1536 con una escultura central de la Virgen con el Niño, que se la conoce como Virgen del Sol, y pinturas con las escenas de la Anunciación, la Natividad, Llanto ante Cristo muerto y la Resurrección.

Nave del Evangelio, con la pila bautismal al fondo, la Virgen de la Soledad a
continuación y el retablo de la Virgen del Sol en primer término

De las obras expuestas en la nave del Evangelio destacan las conocidas como “Sargas de San Pedro”, una colección de ocho sargas, cuatro con los santos Pedro y Pablo y una Anunciación y otras cuatro con una pareja de profetas, los Santos Juanes y dos ángeles músicos fechadas en el siglo XVI atribuidas por la propia iglesia a Pedro Berruguete, expuestas en los tramos tercero y cuarto de la nave de la Epístola y que llaman la atención por su calidad, colorido y la arquitectura renacentista que enmarca a los personajes.

Cuatro de las sargas, con una Anunciación y, encima, la pareja de Profetas y los Santos Juanes

Sargas de la Anunciación

Las otras cuatro sargas, con los santos Pedro y Pablo y, encima, dos ángeles músicos

Este tipo de telas pintadas al temple solían hacerse como muestras previas a la realización de obras al óleo y su destino pudo ser para el cierre de algún retablo o como puertas de un órgano. 


Referencia:


Fuentes:

GARCÍA MORALES, S. y ESCUDERO LAFONT, Mª E., “La “pequeña historia de la construcción” o las repetidas intervenciones en edificios históricos: el caso de San Pedro de Ávila”. En HUERTA, S., GIL CRESPO, I., GARCÍA, M. Y TAÍN, M. (Eds.), Actas del VII Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Madrid, 2011.
PARRADO DEL OLMO, J. Mª, “Retablos de San Pablo y de Santa Catalina en la iglesia de San Pedro de Ávila”, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, nº 44, 1978, pp. 452-455.
FERNÁNDEZ SUÁREZ, J., FERNÁNDEZ TRESGUERRERES, R. Y SOMOZA ARIAS, L., “Restauración de la Iglesia de San Pedro de Ávila”, Materiales de construcción, Vol. 35, nº 198, abril/moyo/junio 1985, pp. 49-57.

13 comentarios:

enrique dijo...

San Pedro es una de esas maravillas que te encuentras en Avila, negando ese dicho de que en Avila sólo puedes hacer dos cosas; pasear y pasar frío. Que también...
No recordaba yo que la iglesia tuviera un crucero tan sobresaliente. Lo que sí me recuerda ese rosetón es al también románico de Santo Domingo en Soria.
¿Por qué las pilas bautismales suelen estar a los pies de los templos? ¿Tiene alguna explicación litúrgica o de otro tipo?

Gracias Sira, un lunes más.

Sira Gadea dijo...

Hola Enrique. Supongo que lo de la situación de las pilas bautismales debe venir de la costumbre desde comienzos del cristianismo de ubicar el baptisterio antes de la entrada a las basílica, lugar reservado para los bautizados, cuando a los catecúmenos sólo se les permitía acceder hasta el atrio. Un abrazo.

enrique dijo...

Gracias por la aclaración, Sira.
Se me olvidó comentar lo hermoso que es ese escenario urbano de la plaza donde se ubica la iglesia, conocido por todos como "El Grande", a pesar del edificio de Moneo horripilante, que no aporta nada al conjunto y queda vulgarizado por el entorno.

Sira Gadea dijo...

Yo creo que el entorno es tan potente que ha terminado engulléndose el poco acertado edificio de Moneo, por otro lado, un arquitecto al que admiro profundamente pero que aquí, desde mi punto de vista, pinchó.

Chema García dijo...

Con el cariño que le tengo yo a esa iglesia. Me encanta!! Muchas gracias Sira, por currarte tanto estos regalos verdaderas joyas de la divulgación del Arte.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias a ti, Chema. Bienvenido a Viajar con el Arte. Espero que lo disfrutemos muchos juntos y nos "paseemos" pausadamente por mil y un lugares.

Boro dijo...

Siempre me había llamado la atención (además de por otras cosas) el aspecto demasiado perfecto de esta iglesia y como con Fromista, pensaba que estaría muy tocada por algún "Violet le Duc" aunque por lo que cuentas tampoco ha sido para tanto. También me ha llamado la atención siempre el tamaño de las iglesias románicas extramuros de Ávila, teniendo en cuenta que no parece que el espacio interior de la ciudad llegara a poseer nunca un caserío muy abigarrado (o eso me parece).
Como siempre un gran trabajo de divulgación (y más y más).
Un abrazo y buen fin de semana (y abrigarse).

Sira Gadea dijo...

Es verdad lo que dices de las iglesias extramuros de Ávila. Son grandes. Ésta, además, a mí me da la sensación de que por fuera no lo parece y uno se lleva la sorpresa dentro, sobre todo ante ese grandísimo crucero. Muchas gracias, Boro. Un abrazo y sigo tu consejo de abrigarme a rajatabla, que parece que, por fin, llegó el invierno por estos lares. Ayer por la noche incluso nevó un poquito y todavía quedan restos por los tejados.

Boro dijo...

No creo que por tus lares sea difícil ver la nieve cada invierno, aquí en la capital de tanto en tanto y en dos minutos se pone negra. Habrá que acercarse al Retiro a verla blanca y pura
Por cierto, tal vez no se haya hecho cata, tal vez si, pero sabrías si las pinturas de la Capilla de la Concepción ocultan otras románicas. Aunque las pinturas no sean de máximo nivel me gustan esos Padres de la Iglesia en sus arcos con toda la arquitectura pintada.
Gracias y un abrazo

Sira Gadea dijo...

No tengo ni idea de si se ha hecho cata. Quizá tengas razón, lo más lógico es que debajo haya pinturas anteriores. Y es verdad, los Padres de la Iglesia son lo mejor de la capilla con diferencia. Es una pena que no esté iluminada habitualmente. Tuve que hacer las fotos con flash (no me gusta nada porque las "enfría mucho"). Tengo que volver otra vez justo antes de misa para ver si iluminan la capilla. Por el contrario, la absidial de la Epístola, que tiene mucha devoción, parece una discoteca. En fin...

Boro dijo...

Gracias, y si, en las fotos se aprecia la diferencia de iluminación de unas y otras, imagino que será por diferencias de culto y bueno, por una falta de iluminación generalizada en la mayor parte de las iglesias destinada a poner en valor las obras de arte, incluso en las que son de pago.

jokem dijo...

¿El tamaño de las pilas bautismales se debe a que antiguamente se bautizaba a los niños por inmersión o no tiene nada que ver?

Sira Gadea dijo...

La costumbre del bautizo por inmersión creo que se remonta a los primeros cristianos. Esta pila no creo que cumpliera esta función. Muchas gracias por tu comentario, jokem.