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lunes, 8 de junio de 2015

El monasterio jerónimo de Santa María de la Concepción en Granada

Según cuenta el padre Sigüenza, historiador de la Orden Jerónima, los Reyes Católicos, nada más conquistar Granada, decidieron la fundación de tres monasterios que serían entregados a las órdenes franciscana, dominica y jerónima. Y es que la conquista del último bastión nazarí implicó grandes cambios, tanto en el terreno urbanístico como en la creación de una nueva tipología arquitectónica necesaria para una nueva población con una forma de vida diferente, compuesta de iglesias, monasterios, hospitales, palacios, casas señoriales… que buscaban convertir la ciudad en nuevo símbolo de la cristiandad.

La iglesia de san Jerónimo desde la crujía oeste del claustro procesional

En el mismo año de 1492, incluso antes de la conquista definitiva, ya se instaló una comunidad jerónima, bajo la advocación de Santa Catalina la Real, en Santa Fe, el campamento que los Reyes Católicos habían ubicado a las afueras de Granada para acometer la ofensiva final, aunque la mala situación del lugar, una zona pantanosa plagada de insectos, hizo que los propios reyes, una vez conseguida la rendición, decidieran su traslado extramuros de Granada, junto a la muralla, a la finca de la Almoraba, que había pertenecido a la familia real nazarí, en lo que hoy ocupan el Hospital y la Basílica de San Juan de Dios, poniéndose ya bajo la advocación de Santa María de la Concepción y dotándole de tierras y rentas.

En 1504 se registra, o un nuevo traslado a lo que se pensó que era mejor emplazamiento, un lugar contiguo conocido como Dar Abenmordi, con casa y huertas, o una simple anexión de estos terrenos, ubicados en una zona de expansión tras la conquista y que pronto se convirtió en un barrio aristocrático conocido como “barrio de la Duquesa” en alusión a doña María Manrique de Lara, viuda de don Gonzalo Fernández de Córdoba, I duque de Sessa y Terranova entre otros muchos títulos nobiliarios concedidos por los Reyes Católicos, apodado “el Gran Capitán” por sus hazañas bélicas, y que habitaba en el palacio que el matrimonio había construido en la zona, adquiriendo después también el patronato del altar mayor de la iglesia del nuevo monasterio jerónimo como panteón familiar siguiendo los deseos testamentarios de su marido y tras el fallido intento de ambos de ubicarlo en la Cartuja de Nuestra Señora de la Asunción.

“Y mando que si Dios nuestro Señor fuere servido de disponer de mi en esta enfermedad mi cuerpo sea depositado en el monasterio de señor San Jeronimo extra muros de esta cibdad de Granada, et que de alli sea puesto et enterrado donde la duquesa mi muger quisiere et hordenare” (1)

Situación del monasterio en el plano de la ciudad de Francisco Dalmau de 1796 (2)

El conjunto comenzó a construirse entre los últimos años del siglo XV y los primeros del XVI y al principio las obras transcurrieron con gran diligencia. La iglesia empezaría a levantarse en 1513, sin que se sepa quién realizaría las trazas, aunque hay autores que apuntan a Enrique Egas, tracista de la Capilla Real, que tiene una estructura muy similar aunque es más pequeña, como primer maestro de obras en el monasterio, y en 1523 ya estaban cerradas las capillas laterales, en 1519 ya estaba terminado el claustro grande y en 1521 los monjes ya pudieron empezar a habitar el monasterio.

A comienzos de la década de 1520 hay un cambio de dirección en las obras, cuando la duquesa de Sessa solicita a Carlos V la concesión del patronato de la capilla mayor como panteón familiar bajo el compromiso de terminar su edificación.

Doña María, mujer de esmerada educación, vasta cultura humanista y gustos muy italianos después de su estancia en Italia cuando su marido fue virrey de Nápoles, donde es muy probable que mantuviera una pequeña corte personal al estilo de la época, frecuentada por artistas, pensadores y literatos, también se comprometió al amueblamiento de la cabecera mediante la incorporación de un retablo mayor y una reja además de sus respectivos túmulos funerarios de mármol, en un esquema que parece seguir el de la Capilla Real de los Reyes Católicos.

Para su ambicioso proyecto la duquesa contrata a Jacopo Lazzaro di Pietro Torni, conocido en España como “Jacopo Florentino”, arquitecto, escultor y pintor italiano que había llegado a Granada poco antes para trabajar en la Capilla Real dirigiendo y facilitando modelos para la decoración de la misma y como tracista de la sacristía de la Catedral, de las cajonerías y del espacio de la antesacristía de unión con la girola, con una interesante portada concebida como arco de triunfo. Algunos autores consideran que por esas fechas ya habría empezado a trabajar, contratado por la duquesa, y previo consentimiento del prior, en la iglesia de los Jerónimos, incluso antes de recibir la concesión oficial del emperador.

Este patronato implicó un giro rotundo de estilo y supuso una fuerte financiación para las obras que se tradujo en un cambio de materiales apreciable en toda la fábrica, en la que el sillarejo es sustituido por sillares bien labrados.

Exterior de la cabecera de la iglesia en el que se aprecian las tres fases constructivas: el sillarejo
del periodo gótico,  los sillares y la decoración heráldica de la obra de Jacopo
Florentino y el remate del altar mayor de Diego de Siloé

Fachadas norte y oeste, donde también se aprecia claramente las fases
constructivas por el cambo de materiales en la fábrica (3)

Tras la muerte de Florentino en 1526, Diego de Siloé, uno de los más afamados arquitectos del momento en la península, se hace cargo de la dirección, y aunque la duquesa de Sessa murió en 1527, sus disposiciones testamentarias dejaron suficientes fondos para continuar con las obras y a comienzos de la década de 1550 la iglesia ya estuvo preparada para recoger los restos mortales del matrimonio, trasladados en 1552 en solemne procesión a la cripta ubicada a tal efecto bajo el crucero, procedentes del convento de San Francisco, donde habían estado depositados provisionalmente porque la capilla mayor era el panteón de los González de Córdoba.

En esos años de mediados del siglo XVI don Gonzalo Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba, III duque de Sessa, nieto del Gran Capitán y heredero del patronato, consiguió el permiso de Felipe II para ceder al monasterio el cortijo de Ansola, perteneciente a su mayorazgo, para que con sus rentas los monjes estuvieran obligados a rematar las obras y costear el retablo, la reja, la solería de la capilla y unos sepulcros exentos para sus abuelos que tendrían que haberse colocado en el centro del crucero, pero que nunca llegaron a labrarse.

También hubo un cambio en la dirección porque el nuevo comitente rescindió el contrato con Siloé en 1548. En esos años anteriores, además de ocuparse de la iglesia, el artista intervino en la decoración de los dos claustros.

En la primera mitad del siglo XVIII se decidieron decorar todos los muros de la iglesia, la bóveda y el crucero con frescos de la mano de Juan de Medina.

El conjunto terminó componiéndose de iglesia, claustro procesional y claustro de la hospedería, alrededor de los que se distribuyeron las distintas dependencias conventuales, además de otros patios, corrales, cuadras, bodegas…

Detalle del monasterio en el plano de Dalmau de 1796 en el que se aprecian, además
de la iglesia y los dos claustros conservados, otros dos patios más (2)

En el transcurrir de los años, además, fue enriqueciéndose con grandes obras de arte. Las capillas se cerraron con rejas, en 1601 Francisco de Aguilar terminó realizando la del crucero, los claustros estuvieron decorados con cuadros de la Vida de San Jerónimo y en la celda prioral se guardaban dos retratos de medio cuerpo de los Reyes Católicos, un tondo de mármol del Gran Capitán, una tabla con un Crucificado o una pintura del Niño Triunfante que Ceán atribuye al Veronés. También tuvo mucha fama su rica biblioteca, en la que destacaban más de cincuenta volúmenes manuscritos de vitela.

Pero el convulso siglo XIX, con la invasión francesa, las sucesivas desamortizaciones y la exclaustración forzosa de los jerónimos en 1835, supuso la ruina del conjunto y la pérdida de gran parte de sus obras de arte, algunas hoy conservadas en el Museo de Bellas Artes de Granada.

En 1842 el convento pasó al Ministerio de la Guerra, convertido en cuartel de caballería, tapiándose los arcos de los claustros, y la iglesia hizo funciones de parroquia, y aunque en 1867 fue declarado Monumento Nacional Histórico-Artístico, siguió como cuartel, ahora también de infantería. Su estado de ruina llegó a tal que hasta se pensó en su derribo aunque, afortunadamente, en la década de 1910 el Estado decidió acometer su restauración, puesta bajo la dirección del arquitecto Fernando Wilhelmi.

Detalle de una litografía de 1854 de Alfred Guesdon publicada en L'Espagne a vol d'oiseau en el que
se ve el monasterio de san Jerónimo en primer plano a la derecha (4)

Claustro procesional cuando se usaba como
cuartel, con las galerías tapiadas (5)

En 1928 el convento sufrió un incendio que afectó, sobre todo, al claustro de la hospedería, y aunque en 1931 fue declarado Monumento Nacional, hasta 1957, con la reinstauración de Orden jerónima, no dejó de ser cuartel.

Claustro de la hospedería tras el incendio de 1928 (6)

La Orden y la Universidad de Granada financiaron su restauración y el conjunto pasó de nuevo a manos jerónimas, siendo ocupado hasta hoy en día por la comunidad de la rama femenina que lo habita desde la década de 1970 procedente del Convento de santa Paula de la ciudad, poseedora de su titularidad por cesión de sor Cristina de la Cruz Arteaga, madre superiora del Convento de santa Paula de Sevilla, hija y heredera de don Joaquín de Arteaga, duque del Infantado, que canjeó el monasterio por su propiedad del Carmen de los Mártires en el recinto de la Alhambra con el ayuntamiento de Granada.

En la actualidad sólo puede visitarse el claustro grande y la iglesia, pues el otro claustro forma parte de la clausura de la pequeña comunidad de monjas jerónimas.

Plano del convento. IPCE. Las indicaciones son mías

El convento cuenta con dos accesos, uno por la calle Rector López Argueta y otro por el callejón de San Jerónimo. Ambos desembocan en el compás o explanada cercada del recinto. La portada en la calle López Argueta, aunque era originaria del monasterio, desapareció en el siglo XIX y tras ser encontrada abandonada en un cortijo de la Vega en la década de 1960 se procedió a su reposición, aunque la escultura de la Virgen de las Angustias, patrona de Granada y su región, con la que cuenta, no es la original.

Compás del monasterio desde la entrada de la calle Rector López Argueta (3)

Compás, con la iglesia a la izquierda y la portada del convento de frente

El acceso al monasterio se realiza por una portada en la fachada en ángulo con la de la iglesia realizada en 1594 y presenta vano rectangular flanqueado por dobles semicolumnas dóricas que soportan un entablamento sobre el que se ubica un segundo cuerpo flanqueado por sendos aletones con arco de medio punto que acoge una escultura de la Inmaculada Concepción, advocación del monasterio, y rematado por frontón partido con escudo.

Portada del convento

Desde la portada se entra a un zaguán, una sala rectangular que tiene la portería a la izquierda, desde la que se accede al locutorio, fruto de una intervención reciente, desde que el monasterio está habitado por una comunidad femenina, pues en los monasterios jerónimos masculinos este ámbito no existía, y que conecta con el otro claustro conservado del conjunto, más pequeño y perteneciente a la clausura, por lo que no es visitable.

Zaguán del monasterio, con el acceso a la portería de frente (3)

El claustro de la hospedería desde el claustro mayor, lo único que en la actualidad se puede ver

Cuando la comunidad jerónima masculina lo habitaba este claustro era la hospedería del cenobio. Es una mezcla de varios estilos, con doble galería de arcos de medio punto en la baja y escarzanos en la alta, muy reconstruida tras un incendio a mediados del siglo XX. Su importancia histórica reside en que en sus dependencias estuvo alojada Isabel de Portugal entre 1526 y 1527, tras su boda con Carlos V y después de una corta estancia en la Alhambra, pasando allí su embarazo del futuro Felipe II tras la partida del Emperador para combatir en Europa contra Francisco I de Francia en la pugna que ambos mantuvieron por el Sacro Imperio Romano Germánico. Es por esto que también se conoce como claustro de la Emperatriz.

Desde la portería también se accede al claustro procesional. Lo mismo que el claustro  menor, tiene dos alturas, repitiendo la secuencia de arcos de medio punto y arcos escarzanos, esta vez arquivoltados, todos apoyados sobre pilares circulares con capiteles gotizantes, con las enjutas de los arcos centrales decoradas con escudos de los Reyes Católicos y las armas del monje jerónimo fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada y confesor de los Reyes Católicos. También destaca el antepecho gótico de la planta superior. Las cubiertas de las crujías son planas y de madera.

Panel de azulejos en la crujía norte del claustro procesional en recuerdo a fray Hernando de Talavera

En la crujía norte, adosada al lado de la Epístola de la iglesia, sobresale la Galería de Convalecientes, con antepecho abalaustrado, esbeltas columnas bajo zapatas y cubierta de madera.

Galería de Convalecientes sobre la crujía norte e iglesia desde la crujía sur del claustro

Bajo la solería de barro cocido del claustro están enterrados unos quinientos monjes, recordados mediante unos pequeños azulejos donde aparece el nombre y el año de fallecimiento.

Sencillo azulejo que recuerda a uno de los frailes jerónimos enterrados en el claustro

Además, en sus crujías, y dada la fama en el cuidado y solemnidad con la que los jerónimos realizaban las liturgias funerarias, se ubican varias capillas funerarias compradas por ilustres familias granadinas deseosas de compartir reposo con el Gran Capitán, como los Bobadilla, los Díaz Sánchez Dávila, los Ponce de León, los Rivera… fundando capellanías con la obligación de que los monjes realizaran misas diarias en cada una de ellas para la salvación de las almas de los allí enterrados. Las portadas de estas capillas funerarias, lo mismo que las dependencias articuladas en las crujías del claustro, fueron realizadas por Diego de Siloé.

Al salir al claustro procesional desde la portería, a la izquierda, justo debajo de la torre, en la esquina noroeste del claustro, se ubica una capilla funeraria trazada por Siloé, con gran portada de medio punto arquivoltada en la que destaca la minúscula decoración de grutesco que cubre las jambas, las pilastras y las dos arquivoltas exteriores, con la interior con el Ecce Homo en la clave flanqueado por los santos Juanes, Pedro y Pablo, Gregorio y Jerónimo. El interior tiene una bóveda de crucería decorada con pintura mural con los cuatro evangelistas y también destaca un pequeño retablo.

Capilla funeraria bajo la torre campanario (3)

Clave de la arquivolta interior con un Ecce Homo (3)

Ya en la crujía oeste, a continuación de la portada de la portería estaba la capilla funeraria de los Díaz Sánchez-Dávila, muy modificada porque en la actualidad está habilitada como iglesia de la comunidad jerónima y, por tanto, no puede verse más que durante la eucaristía y vísperas. La portada, que abre al claustro, es de arco de medio punto con arquivolta con querubines y enjutas con ángeles, obra de Diego de Siloé.

Crujía oeste, con la portada de la portería en primer término y la de la
capilla de los Díaz Sánchez-Dávila a continuación

Portada de la capilla de los Díaz Sánchez-Dávila, obra de Diego de Siloé

En la esquina sureste está la escalera de acceso a la crujía superior, en la que se distribuían las celdas y la biblioteca. Tiene una portada renacentista de tres arcos. El de la derecha comunica con el claustro menor y desde el central arranca un primer tramo que después se bifurca en dos laterales, con la caja cuadrada cubierta por una cúpula sobre pechinas y linterna, y aunque quedó muy destruida en el incendio de 1927 que afectó tanto al claustro menor anexo, su decoración de yesería del siglo XVIII fue fielmente reconstruida.

Escalera de acceso a la crujía superior

Arquería superior de la escalera y arranque de la cúpula, con pechinas con decoración de yesería

Cúpula de la escalera

Ya en la crujía sur, se ubica el refectorio, de planta rectangular, con un banco corrido ante el que están las mesas, con el púlpito en el testero norte. En la actualidad está presidido por un cuadro de la Última Cena y en los laterales hay cuadros de Juan Sevilla Romero y una Inmaculada de Ambrosio Atanasio Bocanegra, pintor del siglo XVII que también realizó muchas obras para la Cartuja de Granada.

Portada del refectorio

Refectorio

Otro aspecto del refectorio, con el púlpito de lecturas a la derecha y
la comunicación con las cocinas al fondo

Inmaculada de Ambrosio Atanasio Bocanegra en el refectorio

A continuación está la sala De Profundis, con una portada plateresca de exquisita decoración de grutescos. Recibe ese nombre porque se entraba a ella antes de acceder al refectorio para declamar el Salmo 130 en honor a los benefactores difuntos. En el centro del testero que va a dar al refectorio con el que se comunica mediante dos arcos laterales, tiene una fuente de abluciones.

Portada de la sala De Profundis

Sala De Profundis, con el lavabo de abluciones y dos arcos que conectan con
el refectorio, al que los jerónimos entraban formando dos filas

Detalle del suelo de barro cocido original que se conserva en la sala De Profundis

En la esquina suroeste de la crujía se ubica un frontal de altar de factura italiana, realizado en mármol blanco, procedente del altar mayor de la iglesia del monasterio de Santa Paula y que durante un tiempo albergó el Entierro de Cristo de Jacopo Florentino que hoy está en el Museo de Bellas Artes de Granada, con otras muchas obras del monasterio que fueron allí trasladadas después de las desamortizaciones.

Crujía oeste, con el frontal de altar en el que estuvo el Entierro de Cristo de Florentino al fondo

Entierro de Cristo de Jacopo Florentino (7)

Ya en la crujía oeste, primero se ubica la sala capitular, con una portada barroca, planta cuadrangular, con una sillería de madera que recorre los muros, bancos en la zona central y un retablo de la Purísima.

Portada de la sala capitular

Sala capitular

A continuación está el capítulo de culpas, con una portada renacentista. Es de planta rectangular y tiene un banco corrido alrededor de los muros, en el testero norte presenta un retablo del siglo XVI con un lienzo con un Crucificado y está flanqueado por dos tallas de santos. A la derecha se ubica el monumento funerario de  fray Pedro Ramiro de Alba, monje jerónimo arzobispo de Granada fallecido en 1528.

Portada del capítulo de culpas

Capítulo de culpas

Detalle del monumento funerario de fray Pedro Ramiro de Alba

El último ámbito de esta crujía este es la sacristía, adosada al transepto de la Epístola de la iglesia, con una portada plateresca con el escudo Mendoza y el lema familiar “AVE MARIA”. Es un ámbito rectangular con cajonerías para guardar los ornamentos litúrgicos, lienzos, tallas de madera y algún relicario.

Portada de la sacristía desde la crujía norte

Sacristía

Relicario de busto en la sacristía

La crujía norte no tiene estancias porque es la que comparte muro con la iglesia y en ella se sitúa la portada plateresca de Siloé que da paso a un pequeño atrio o primera capilla de la Epístola, desde la que se entra al sotocoro del templo.

Portada de Siloé de acceso a la iglesia desde el claustro

Pero para poder visitar la impresionante iglesia y su espléndida cabecera, con una rica iconografía a la mayor gloria del Gran Capitán, don Gonzalo Fernández de Córdoba y de su esposa, doña María Manrique, la verdadera comitente de la obra, tendréis que abrir este enlace.

Iglesia del monasterio de san Jerónimo de Granada (8)

Otros MONASTERIOS en Viajar con el Arte:

Santa María de Moreruela en Granja de Moreruela, de Zamora
San Pedro de Cardeña en Castrillo del Val, en Burgos
San Benito el Real de Valladolid
San Esteban convento e iglesia, de Salamanca
San Martiño Pinario en Santiago de Compostela
Convento de las Bernardas de Alcalá de Henares, en Madrid
Santa María del Paular en Rascafría, de Madrid
Santo Tomás de Ávila
San Antonio el Real de Segovia
San Miniato al Monte de Florencia
Convento da Madre de Deus, hoy Museu Nacional do Azulejo en Lisboa
Santa-Clara-a-Velha de Coímbra
Santa Cruz de Coímbra
Santa María de Celas de Coímbra
Santa María de Alcobaça

Referencias:

(1) COLLADO RUIZ, Mª J., “La mujer granadina como mecenas de espacios funerarios durante el Antiguo Régimen”. Asparkía, nº 21, 2010, pp. 169-184.
(5) GUTIÉRREZ GARCÍA, A. Mª, El Monasterio de San Jerónimo de Granada. Musealización y puesta en valor de un monumento, Granada, 2007.

Fuentes:

CALLEJÓN PELÁEZ, A. L., Los ciclos iconográficos del monasterio de San Jerónimo de Granada. Hypnerotomachia ducissae, Tesis doctoral, Granada, 2007.
CARRASCO, D. J., “Documentos para una nueva aproximación al proyecto de la Capilla Mayor del Real Monasterio de san Jerónimo extramuros de Granada”. Cuadernos de Arte e Iconografía, Madrid, T. XVI, nº 32, 2007, pp. 385-422.
COLLADO RUIZ, Mª J., “La mujer granadina como mecenas de espacios funerarios durante el Antiguo Régimen”. Asparkía, nº 21, 2010, pp. 169-184.
GUTIÉRREZ GARCÍA, A. Mª, El Monasterio de San Jerónimo de Granada. Musealización y puesta en valor de un monumento, Granada, 2007.
MATEOS, I., LÓPEZ-YARTO, A. y PRADOS, J. M., El arte de la Orden Jerónima. Historia y mecenazgo, Madrid, Ed. Encuentro, 1999.
SÁNCHEZ, M., “Visiones del monasterio de san Jerónimo de Granada”, Arte, Arqueología e Historia, nº 15, 2008, pp. 99-106
TORRE, L. de, “La traslación de los restos del Gran Capitán al monasterio de San Jerónimo”. La Alhambra, año XVIII, nº 404, 1916,  pp. 35-39.
VALLEJO, J., “Ángeles, arcángeles, serafines y otros seres alados en el arte granadino”. Al compás, año XIV, nº 36, 1994, pp. 12-37.

3 comentarios:

Antonio Banus Pascual dijo...

Genial. Ya tengo ganas de entrar en la iglesia, que visite estando estudiando allí la carrera. Un beso

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Antonio. A ver si la semana que viene o la siguiente, "entramos" juntos en la iglesia. Un beso fuerte.

enrique dijo...

Qué poco sabía yo de este edificio, omisión que queda ya solventada gracias a la lectura de tu magnífico artículo sobre este monasterio. Mi poco conocimiento sobre Granada y sus monumentos no tiene perdón de dios, puesto que mi mismo abuelo era natural de aquellas tierras.
Como dice el amigo Antonio Banus, no puedo esperar a la entrada sobre la iglesia, que por lo que se ve es "abundante de todo abundamiento" en lo que respecta a arquitectura, pintura y escultura.