El Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce en la actualidad

El Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, uno de los conjuntos monumentales más importantes de la provincia de Sevilla, se ubica a unos siete kilómetros de la capital, en una loma en la margen derecha del Guadalquivir, dominando su valle y las primeras estribaciones de Sierra Morena y del Aljarafe, a la vera de la calzada romana de la “Vía de la Plata”, que unía Hispalis (Sevilla) e Italica (Santiponce) con Emerita Augusta (Mérida), Legio Septima Gemina (León) y Cantabria, convertido en la Edad Media en el “Camino Mozárabe”, el usado por los peregrinos a Santiago de Compostela desde Andalucía.

Vista general del monasterio desde el suroeste (1)

Ya os he hablado de su historia, tanto del tiempo en que estuvo regentado por los cistercienses como en el que pasó a los jerónimos, así que en este nuevo post os mostraré el monumento en la actualidad.

Se accede al conjunto a través del Patio de los Naranjos, antiguo cementerio del monasterio, dejando a la derecha la zona de la procuraduría, hoy ocupada por la Asociación “Paz y Bien” y la botica, hoy sede de la Fundación Casa Álvarez de Toledo y Mencos, con la iglesia al fondo. En origen, esta explanada fue el cementerio de los monjes cistercienses y entre el siglo XVII y el XIX fue el cementerio de Santiponce, de ahí que conserve un fuste con capitel corintio de Itálica coronada con una cruz de forja que sacralizaba el lugar. En el pedestal de la columna se lee la siguiente inscripción:

“ESTA COLUMNA SE HALLO EN EL SITIO LLAMADO DELOS PALACIOS PROPIOS… DE ESTE MONASTERIO Y POR SU MAGNITUD Y HERMOSURA SE ERIGIÓ EN HONOR Y TRUNFO DE LA SANTA CRUZ Y DESCANSO DE LAS ANIMAS DEL PURGATORIO SIENDO PRIOR N. M. R. P. FR. JUAN OLIVA EN 24 DE MAYO DE 1802”.

Patio de los Naranjos

Portadas de la iglesia y de la Fundación Casa Álvarez de Toledo y Mencos

Planta completa del monasterio (2)

El monasterio tuvo desde el origen un marcado carácter fortificado que todavía conserva, plasmado en las almenas y merlones sobre los muros protegiendo una terraza que permitía que las tropas circularan, a la que se accedía por una escalera de caracol entre los contrafuertes del ábside, hoy cegada, vanos pequeños y matacanes bajo los arcos apuntados entre los contrafuertes del ábside, elemento genuino de la arquitectura gótica andaluza que se ha puesto en relación con Languedoc, donde desde el siglo XII se construyeron varias iglesias fortificadas en las que aparece este dispositivo precisamente conocido como “mâchicoulis sur arcs” (matacanes bajo arcos), como las catedrales de Agde, Toulouse y Beziers, el palacio de Albí, el arzobispal de Narbona y, sobre todo, aunque ya es del siglo XIV, el palacio papal de Avignon.

Fachada oriental del monasterio, en la que se observan las almenas y merlones (3)

Lo que se visita en la actualidad son las dos iglesias adosadas (si queréis saber por qué tiene dos iglesias, lo explico en La fundación del Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce y su etapa cisterciense, el Claustro de los Muertos con las principales dependencias conventuales y el Patio de la Hospedería o de los Evangelistas. Como era habitual en los monasterios cistercienses, el templo no tenía torre sino espadaña, aunque la actual es del siglo XVIII.

Planta de la parte visitable (2). Las indicaciones son mías

Apenas se conservan restos de las portadas originales de la segunda iglesia, que es la primera que nos encontramos al entrar y que tuvo uso parroquial. Estaban situadas en la fachada occidental, oculta por el Patio de los Evangelistas, y en el segundo tramo del muro del Evangelio, la antigua Puerta de los Muertos que abría al cementerio de monjes cistercienses en lo que hoy es el Patio de los Naranjos, tapiada, aunque en las enjutas conserva unas estrellas de ocho puntas inscritas en un círculo y un cuadrado que contienen un caldero y un lobo, símbolos heráldicos de los Guzmán y los Osorio y que nos sirven para fechar la construcción después de 1334, fecha en la que don Alonso Pérez de Guzmán se casó de segundas nupcias con doña Urraca Osorio, hija de don Álvar Núñez Osorio, conde de Trastámara, comitentes de esta segunda iglesia.

Puerta de los Muertos cisterciense (4)

El acceso se realiza por otra portada lateral abierta en el primer tramo de la nave a fines del siglo XV o comienzos del XVI. Construida en ladrillo agramillado, presenta vano de arquivoltas apuntadas y alfiz, destacando la decoración de estrellas y lazos en ladrillos y alicatados verdes y blancos que decoran las enjutas, conformándose como uno de los ejemplos más sobresalientes del mudéjar sevillano. Sobre la clave tiene con un pequeño azulejo azul con una inscripción en la que se leía, transcrito por José Gestoso y Pérez pero hoy prácticamente ilegible, la firma del autor: “Diego Quixada y su hermano”. Sobre la portada se conserva una vidriera también del siglo XV representando a San Isidoro.


Puerta de acceso al conjunto monumental

Las dos iglesias tienen una estructura similar, de nave única de tres tramos, cabecera poligonal de siete lados, cubierta de bóvedas de crucería, ventanas geminadas en los ábsides, de medio punto en los muros laterales y rosetones a los pies.

Cubiertas de crucería de la segunda iglesia

En cuanto al estilo, son iglesias de marcado goticismo, relacionado con modelos castellano-leoneses, que contrasta con el mudejarismo de las iglesias parroquiales de Sevilla inmediatamente posteriores a la conquista, en las que los elementos góticos quedaron reservados para las portadas y el ábside pero las naves se solían cubrir con armaduras de influencia musulmana. Sin embargo, el amueblamiento, con dos formidables retablos, es ya barroco.

Segunda iglesia

Presbiterio de la primera iglesia

Vista parcial de las dos iglesias (5)

Dada la importancia y riqueza decorativa de ambos templos, les dedicaré un artículo monográfico que publicaré en breve.

Cuando el monasterio tenía comunidad, el acceso al mismo no se hacía a través de las iglesias sino a través del Patio de los Evangelistas o de la Hospedería, adosado a los pies de la iglesia primitiva. En él se ubicaba, como señala su nombre, la hospedería, y conectaba con la botica, la procuraduría, la huerta y el Claustro de los Aljibes o de los Mármoles, completamente desaparecido, donde estaban los talleres de los monjes, la biblioteca o el archivo.

Al estar abierto al público por alojar la hospedería, elemento tradicional de los monasterios medievales, tuvo un marcado carácter de representación. Consta de tres galerías cubiertas de dos plantas, pues el cuarto lado es la medianera con la fachada a los pies de la iglesia primitiva. La galería baja se compone de arcos de medio punto peraltado enmarcados por alfiz sobre pilares octogonales con mocárabes a modo de capitel, similares a los de la planta alta del Claustro de los Muertos, y la galería superior presenta arcos carpaneles. Desde esta última se accedía al coro alto en la iglesia primitiva, desmontado a comienzos del siglo XVII.

Cuenta con un aljibe desde el que se recogían las aguas pluviales con brocal de mármol blanco que proviene del desaparecido Claustro de los Mármoles.

Patio de la Hospedería

Pilares octogonales en el Patio de la Hospedería

Tuvo una rica solería alicatada de la que sólo se conserva una cenefa que enmarca el patio y sencillas composiciones geométricas en blanco, negro, verde y melado entre los pilares. Sabemos cómo sería porque Velázquez Bosco la imitó en una restauración en el claustro de la Rábida en el siglo XIX.

Los alfarjes de las galerías oeste y sur, datados en la primera mitad del siglo XV, tienen decoración pintada con motivos vegetales, zoomorfos, composiciones de lazos y los anagramas JHS y XPS.
Desde este patio se pueden ver parte de las fachadas occidentales de las dos iglesias, con los rosetones, coronadas con merlones y con potentes contrafuertes rematados por pináculos piramidales. El rosetón de la iglesia primitiva está enmarcado por un arco apuntado y cuenta con una vidriera con el escudo de la Casa de Miraflores de comienzos del siglo XX.

Rosetón de la iglesia fundacional en la fachada a los pies

La crujía sur, más ancha que las otras dos, y que conecta con el Claustro de los Muertos mediante una portada de arco apuntado enmarcada por alfiz con unos calderos de los Guzmán tallados en las enjutas, está compartimentada en tres espacios mediante dos grandes arcos diafragma apuntados que sostienen la planta superior y presenta un banco corrido sobre el que se sitúa un arrimadero con una rica decoración mural en la que se alternan composiciones de lazos y paneles figurativos a la que le dedicaré un post monográfico.

Galería sur del Patio de la Hospedería

El Claustro procesional, adosado al lado de la Epístola de la iglesia primitiva, articula las dependencias que componían el primitivo monasterio cisterciense. Tiene planta rectangular y un fuerte carácter mudéjar que contrasta con el goticismo de las iglesias. Realizado en ladrillo, presenta arcos de medio punto peraltado sobre grandes pilares rectangulares con bisel en las esquinas en la planta baja, cornisa con canes angrelados y planta superior con dos arcos por cada arco inferior sobre pilares octogonales coronados con mocárabes, ambas con antepechos horadados con rosetones pentalobulados.

Claustro de los Muertos

En el ángulo noreste tiene una escalera por la que se accedía a la segunda planta y, posteriormente, mediante una pasarela, a las cubiertas de la sacristía y la sala capitular, que también están aterrazadas y conectan con la de la iglesia, y también contarían con almenas, merlones y matacanes para facilitar las labores defensivas de todo este flanco oriental, el más expuesto al estar ante el antiguo camino de Sevilla.

Galería norte del Claustro de los Muertos, con la caja de escalera a la derecha

Cuando en 1431 la comunidad cisterciense fue sustituida por la de los ermitaños jerónimos de Lope de Olmedo, una rama escindida de la Orden jerónima que a partir de esa fecha fue conocida como “los isidros” (en La etapa jerónima del Monasterio de San Isidoro del Campo se amplía esta información), el claustro empezó a conocerse como Claustro de los Muertos porque adquirió esa función funeraria, pues dada la fama en el cuidado y solemnidad con la que los jerónimos realizaban las liturgias de difuntos, se ubicaron en él varias capillas compradas por ilustres familias, fundando capellanías con la obligación de que los monjes realizaran misas diarias en cada una de ellas para la salvación de las almas de los allí enterrados.

El primer enterramiento documentado es el de don Juan Alonso Pérez de Guzmán, I duque de Medina Sidonia, fallecido en 1468, que se cree que estaría en el ángulo noroeste, que en vez de alfarje, como el resto, presenta tres tramos de bóvedas de yeso simulando crucerías sexpartitas, con los nervios imitando falsas molduras en grisalla y los plementos imitando el llagueado del despiece de sillares. En la intersección de los nervios aparecen florones y el intradós de los arcos que separa los tramos muestra un motivo de filigrana calada.

Bóvedas sexpartitas en el ángulo noroeste

También se relaciona con este personaje el arrimadero de todo el claustro, semejante al del Claustro de la hospedería pero sin banco. Presenta un rodapié con motivo de arquetas superpuestas y en perspectivas, una zona central enmarcada por una cenefa de filigrana calada y puntas de diamante en las esquinas en la que se alternan composiciones circulares de lacerías y paneles con decoración vegetal de tradición gótica a base de hojas, flores y frutos de acanto espinoso, y una cornisa de remate con canes angrelados entre los que aparecen ventanas mudéjares alternando dobles y sencillas. Sobre la cornisa hay una cenefa de filigrana calada y crestería que conforma como recipientes cilíndricos con tapaderas.

Arrimadero del Claustro de los Muertos

Detalle del arrimadero del Claustro de los Muertos

En 1490 recibió también sepultura, junto a la puerta de la iglesia, don Álvar Pérez de Guzmán, hijo natural de don Juan Alonso, el I duque de Medina Sidonia, y esa panda norte del claustro se decoró con pinturas murales de una Anunciación, un San Miguel, un San Jerónimo, el escudo ducal de Medina Sidonia, con los calderos de los Guzmán pero orlado de leones y castillos, y el de los Figueroa, con cinco hojas de higuera, pues su esposa era doña María Manuel de Figueroa.

Escena de la Anunciación

Escudo ducal de Medina Sidonia

Pacheco describió la Anunciación en el siglo XVII con las siguientes palabras:

“En San Isidoro del Campo, cerca de la puerta del claustro que sale a la iglesia, está pintada una Salutación de mano de Juan Sánchez, pintor, en que puso el Arcángel San Gabriel una capa de oro, a la cenefa bordada los Apóstoles, y en el pecho a Cristo resucitado, de medio cuerpo, dentro del sepulcro y la Virgen tiene pendiente en la pared un rosario decenario, unos antojos y otras cosas”.

Las dos figuras están en un interior con solería reticular de alicatado y entre ambas hay un jarro de azucenas y al lado se ve la firma del autor, Juan Sánchez de San Román, que también firma un Calvario de la Catedral de Sevilla y un Cristo Varón de Dolores conservado en el Prado. El Arcángel está arrodillado haciendo la señal de salutación y la Virgen también está arrodillada, en un atril, con las manos juntas y la mirada baja en señal de humildad.

San Miguel y San Jerónimo ocupan los laterales de los contrafuertes en este tramo y sólo conservan el dibujo preparatorio, habiendo desaparecido prácticamente toda la capa pictórica. El Arcángel muestra la cabeza rodeada de rayos, clava una lanza a Lucifer y sujeta una balanza con la que pesa el alma de dos difuntos. El santo aparece con hábito de monje junto al león. La interpretación funeraria es clara, con San Miguel pesando las almas y venciendo al diablo, San Jerónimo como intercesor, y Cristo Resucitado en el pecho del Arcángel san Gabriel.


En el siglo XVI las pinturas murales del arrimadero en esta galería norte fueron tapadas por paños de azulejos de arista, seguramente porque estarían muy deterioradas por ser la zona más expuesta al sol.

Azulejos en la galería norte

En el claustro también empezaron a recibir sepultura los propios monjes jerónimos, con sus nombres grabados en las cenefas del arrimadero. Junto a la puerta de la iglesia está la losa sepulcral del prior del monasterio fray Fernando de Zevallos, erudito y escritor del siglo XVIII, autor de La Itálica.

Losa sepulcral de fray Fernando de Zevallos

Recreación de un enterramiento de un jerónimo en el Claustro de los Muertos (6)

Y también se crearon capillas funerarias patrocinadas por ricos burgueses. En el ángulo noroccidental está el altar del Cristo de Torrijos, financiado por Luis Riverol, un rico comerciante de origen genovés fallecido en 1515, un altar alacena con puertas batientes en las que están representados San José y San Francisco y enmarque de azulejos de aristas atribuidos al taller de Niculoso Pisano que aloja un retablo rococó con una escultura de Cristo atado a la columna de la segunda mitad del siglo XVIII. Junto al altar, enmarcada en paños de azulejos de aristas del siglo XVI se conserva la lauda de Riverol, realizada en mármol italiano con el anagrama de Jesús flanqueado por dos escudos.

Altar del Cristo de Torrijos

Al lado de la entrada al refectorio estaba el altar de Cristo con la Cruz a cuestas de la familia Pacheco y del que sólo se conservan algunos restos pictóricos de arquitectura fingida.

Restos pictóricos del altar de Cristo con la Cruz a cuestas

Al lado están los restos del altar del Ecce Homo, también de arquitectura fingida y fechado a mediados del siglo XVI, que muestra la Presentación de Jesús al pueblo flanqueada por columnas y pilastras clasicistas.

En el ángulo sureste está el altar de San Jerónimo penitente, redescubierto en 2002, con decoraciones superpuestas de los siglos XV al XVII. La representación de San Jerónimo, en el centro, es de la primera mitad del siglo XVI, quizá obra de un miniaturista no muy ducho en pintura mural, y San Sebastián y San Roque, en los laterales, son primera mitad del siglo XVII.

Altar de San Jerónimo penitente

En la antigua portada de la sala capitular, cegada en el siglo XVII, se ubica el altar de la Virgen de la Antigua, con decoración mural con San Isidoro, San Leandro y la Gloria con el Espíritu Santo.
Otras reformas realizadas en el siglo XVI en este claustro fueron los alfarjes de la galería baja, que cuentan con casetones pintados con motivos florales.

Alfarje del Claustro de los Muertos

En el muro de la galería oriental se conserva una montea trazada a principios del siglo XX para los sepulcros de los marqueses de Miraflores que se encuentran en la iglesia nueva.

Montea en el Claustro de los Muertos

Siguiendo el sentido opuesto a las agujas del reloj, la primera dependencia que nos encontramos en la crujía oriental es la Sacristía, adosada y comunicada con la cabecera de la iglesia antigua. En ella, antes de la liturgia, los celebrantes se vestían con los ornamentos sagrados guardados en las cajoneras y se purificaban las manos en la fuente.

Tiene planta rectangular y ocupa algo más de dos tramos de los cinco que tiene la crujía occidental del claustro, con una nave con bóvedas de crucería compartida con la sala capitular hoy tapadas por unas cubiertas barrocas. Es fruto de una remodelación a partir de 1615, cuando los jerónimos eliminaron el alfarje a la altura de la cornisa que dividía el ámbito en dos para ubicar el dormitorio común de los cistercienses en la planta superior y que ya había sido reconvertido en biblioteca. También se tomó parte de la sala capitular y se construyó otra pieza lateral que después desapareció en un incendio.

Sacristía

El nuevo ámbito generado respondió a un nuevo tipo contrarreformista que procuró la dignificación del culto divino. Según San Carlos Borromeo, debía ser “amplia y de tal modo que se extienda un poco más largamente”, una nueva manera de concebir este espacio que coincidía con el empeño de los jerónimos en el cuidado y esplendor de la liturgia.

Los muros están articulados mediante pilastras coronadas por ménsulas con cabezas de serafines que sustentan una potente cornisa sobre la que se alzan unas cubiertas de crucería cuyos plementos fueron decorados con grutescos dorados del siglo XVII. En algunas zonas se ha perdido esta decoración y puede verse la anterior del siglo XV.

Cubierta de la sacristía

En los lunetos aparecen balcones con antepechos de madera dorada que sustituyeron a unas ventanas abocinadas apuntadas que a su vez habían sustituido a unos estrechos vanos mudéjares polilobulados enmarcados por alfices que iluminaban el antiguo dormitorio común cisterciense y que conocemos porque quedan algunas huellas.

En los muros laterales se ubican cuatro arcosolios de medio punto. Los del primer tramo enmarcan, respectivamente, las puertas de acceso al claustro y a la sacristía colateral construida en la década de 1670, destruida en un incendio y posiblemente reconstruida en el siglo XVIII, aunque en la actualidad no quede nada de ella.

Los del segundo tramo cobijan las cajoneras de Alonso Rojo. En origen la decoración se completaba con retablos de 1617 del mismo artista con las escenas de Cristo atado a la columna y el Entierro de Cristo posiblemente realizadas por Juan Gui Romano. Pero en la segunda mitad del siglo XVIII se les superpusieron otros retablos rococó de madera dorada, espejos y cascarón que enmarcan las escenas.

Retablos de la sacristía

En el muro lateral de la izquierda, a la altura del altar, se ubica el aguamanil, una hornacina decorada con azulejos polícromos del siglo XVII con decoración vegetal y en el centro de la estancia hay una mesa octogonal de mármol rojo.

En el muro en contacto con la iglesia hay tres vanos rectangulares con enmarque clasicista y rematados por áticos. El del centro, más grande, es una alacena para almacenar los objetos de culto. El de la izquierda es la puerta de un corredor que comunica con la cabecera del templo primitivo y el de la derecha es otra alacena.

Muro de la sacristía en contacto con la iglesia fundacional

El testero, a modo de presbiterio, aloja una mesa de altar y el Retablo de la Virgen de la Antigua y está flanqueado por dos puertas de igual trazado que las del muro opuesto por las que se accede a la sala capitular.

La mesa de altar y una pequeña hornacina sobre ella fueron realizadas en el siglo XVIII. La hornacina alojaba un Crucificado de marfil hoy expuesto en el refectorio.

El retablo, de madera y dorado, presenta banco, cuerpo y ático. El cuerpo está organizado mediante columnas corintias que enmarcan una tabla de la Virgen de la Antigua fechada en la primera mitad del siglo XVI y atribuida a Cristóbal de Mayorga, discípulo de Alejo Fernández, y que firma la tabla de San Miguel y Santa Lucía de la iglesia sevillana de San Andrés. Es una copia muy fiel del mural venerado en la catedral hsipalense. Sobre las columnas se ubica un friso y un frontón curvo y el ático, que presenta columnas, frontón curvo y remate con una cruz y aloja un lienzo del Padre Eterno con el Espíritu Santo.

Por encima de las cuatro puertas de estos lados menores hubo unos espejos venecianos expoliados por Mr. Layard, embajador inglés en España en el siglo XIX, después reemplazados por los que hoy vemos.

A continuación de la sacristía está la Sala Capitular, donde se celebraba, después de Prima o después de Tercia en tiempo de Cuaresma, el Officium Capituli, que constaba de una homilía, la lectura del martiriologio para recordar a los santos del día, el versículo “Pretiosa” sacado del Salmo 115,5, la oración de Santa María, la oración por el trabajo de la jornada, la lectura de un capítulo de la regla de la orden y la confesión pública de las culpas. Allí también se comunicaban a la comunidad los hechos trascendentales para el gobierno y la administración del monasterio. En las reuniones extraordinarias se producían nombramientos y elecciones, realizaba la admisión de novicios, se tomaban los hábitos o se hacían las profesiones.

Sala Capitular

Al igual que la sacristía, fue profundamente modificada en la segunda mitad del siglo XV, tras la llegada de los isidros, ampliándose en longitud y altura al incorporarse una estancia contigua y eliminarse el dormitorio común cisterciense en la planta superior, conformándose un ámbito de planta rectangular cubierto con bóvedas de crucería simple de nervios sobre repisas. También se decoró con pinturas al fresco sobre mortero de cal y en el siglo XVII recibió otra rica decoración que tapó la del XV, aunque en las recientes restauraciones se ha recuperado parte de ese primitivo ciclo.

Dada la espectacularidad de este recinto, le dedicaré un artículo monográfico que publicaré en breve.

Desde la Sala Capitular se accede a la Capilla del Reservado, que recibe ese nombre porque en ella se reservaba al Santísimo el Jueves Santo. Su decoración es fruto de una remodelación integral a partir de 1636 a base de candelieri, cartelas con símbolos de las letanías, otros relacionados con el monasterio, angelotes, querubines… que enmarcan al Espíritu Santo en el centro y a escenas de la Vida de la Virgen, con El Nacimiento de la Virgen, La Presentación en el templo, Los Desposorios, La Anunciación, La Visitación y El Transito. También está en esta capilla un Retablo de Santa Ana realizado por Martínez Montañés para la iglesia trasladado aquí, ampliado y policromado y que cobija la talla de una Virgen con el Niño flanqueada por San Joaquín y Santa Ana y un ático con pinturas que representan a San Jerónimo, Santa Paula y San Eustoquio.

Capilla del Reservado

Visitación y Anunciación en la Capilla del Reservado

Desposorios de la Virgen y Presentación en el templo en la Capilla del Reservado

Decoración de candelieri en la cubierta de la Capilla del Reservado

En la panda sur del claustro procesional la primera sala es la llamada Celda del prior, que conserva un espectacular alfarje y un friso pintado con decoración de grutescos y candelieri del siglo XVI.

Alfarje  y friso pintado de la celda del prior

A continuación de la celda del prior está la salida al Claustro Grande y después hay una sala en la que se exponen algunas piezas romanas.

Salida al Claustro Grande

La relación del monasterio con Itálica siempre fue estrecha, pues los monjes fueron dueños del solar de la antigua ciudad romana, donde pudo haber un cortijo de la comunidad. Los restos se utilizaron como materiales de construcción desde la fundación y durante todo el resto de obras emprendidas a lo largo de los siglos hasta la exclaustración definitiva. Se conserva una inscripción romana en uno de los matacanes de la fachada sur, también se usaron mármoles romanos en la reforma del presbiterio de la iglesia fundacional en el siglo XVII, según una inscripción, se usaron sillares romanos en la fachada neoclásica del Claustro Grande y también se sabe que existieron hornos de cal que usaron mármoles de Itálica como materia prima.

Entre los elementos arquitectónicos y escultóricos conservados, destaca la columna del Patio de los Naranjos, un capitel corintio y una cabeza de Apolo que hasta mediados del siglo XX estuvo en la espadaña junto a otra de un personaje desconocido.

Restos romanos expuestos en el monasterio

Fray Fernando de Zevallos, prior del monasterio y autor de La Itálica, escrita entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX aunque no fue publicada hasta 1886, fue una figura fundamental para el conocimiento del conjunto y el inicio de su estudio sistemático.

Ya en la panda oeste, nos encontramos con el Refectorio. Antes de acceder a él los monjes cistercienses se lavaban las manos en un lavabo que estaría junto a la entrada. Es una estructura del siglo XIV muy similar a la de la iglesia primitiva, con planta rectangular de cuatro tramos cubiertos con bóvedas de crucería cuyos nervios apoyan en ménsulas, con ventanas apuntadas hacia el este y rosetones hacia el oeste, el lado que abre al claustro. Las mesas se disponían formando una U y los monjes se sentaban sobre un banco corrido adosado al muro. No comían hasta que el prior descubría el pan. Se hacía en silencio mientras un monje realizaba la lectura desde el púlpito, dando a la comida el sentido espiritual y didáctico. En época cisterciense la comida era frugal, compuesta por pan, legumbres y, excepcionalmente, pescado, pues la carne estaba especialmente proscrita.

Tras la toma de posesión del monasterio por los isidros, durante el patronato de don Enrique de Guzmán, II duque de Medina Sidonia y de su esposa, doña Leonor Mendoza, de ahí la presencia de sus escudos en el muro sur, el refectorio fue decorado con pinturas murales que en la década de 1960 fueron repintadas, una intervención desafortunada que no ha podido ser eliminada del todo. Consiste en el despiece de los sillares, en molduras que siguen los perfiles de la arquitectura real y multiplican los nervios de las bóvedas, en baquetones que enmarcan los vanos, en un friso en la línea de impostas con decoración de pámpanos de vid… todos ellos subrayados con cenefas con roleos de cardinas y otros motivos vegetales.

Refectorio

En el testero norte, presidiendo el espacio, hay una gran representación de la Sagrada Cena que presenta una gran mesa rectangular con Cristo en el centro flanqueado por cinco apóstoles a cada lado, San Juan recostado sobre la mesa ante Cristo y Judas solo, delante de la mesa, separado del resto de personajes, una posición con precedentes en la pintura florentina, una obra con cierto arcaísmo e ingenuidad en la representación de los objetos sobre la mesa, que no arrojan sombras, pero con intencionalidad de claroscuro, luces y sombras y gran expresividad en los rostros. En la escena aparecen simultáneamente tres momentos distintos: Cristo instaurando el sacramento de la Eucaristía, de ahí que bendiga con su mano derecha y sujete la Sagrada Forma con la izquierda en vez de la copa con el vino y el pan; San Juan recostado sobre él, en relación con el momento en el que Judas va a meter la mano en el plato; y Cristo anunciando que hay un traidor entre el grupo.

Sagrada Cena en el Refectorio

La composición estaba enmarcada por una cenefa de filigrana calada y puntas de diamante que en el siglo XVII se ocultó con un grueso marco de fábrica.

Hay autores que vinculan esta pintura a los miniaturistas italianizantes que trabajaron en la Catedral de Sevilla, por la cronología quizá Nicolás Gómez, registrado entre 1454 y 1496, autor de una escena del mismo asunto en el libro de coro 55, folio 55v. en la que se repiten los personajes, San Juan adopta la misma postura, Judas sostiene la bolsa con el dinero en la mano escondida y sobre la mesa se ve el mismo plato con el cordero, las mismas roscas de pan y los mismos panecillos redondos, uno de ellos cortado en rodajas. Las diferencias están solamente en que en el refectorio la mesa es alargada y en el libro las figuras están ordenadas en torno a una mesa circular, imposición del espacio disponible, pues ocupa el interior de una letra, y en que en el refectorio San Juan está a la derecha de Cristo y en el libro aparece a la izquierda.

Judas

En los arrimaderos sobre los sitiales se sabe que ha habido tres decoraciones superpuestas, sin que se haya conservado ningún resto del original del siglo XV. La del XVI simulaba sitiales de mármoles alternando tonalidades rojizas y azuladas organizados mediante columnas de orden compuesto que sustentan una venera. Las posteriores también simulan sitiales de mármol pero su diseño es más austero y de menor calidad.

Distintas decoraciones del arrimadero del Refectorio (7)

El sitial del prior, bajo la Santa Cena, corresponde a la decoración del siglo XVI. Está enmarcado por un banco con una composición de alicatados y decorado con dosel, cortinajes y dos ángeles que sostienen una corona de laurel.

Sitial del prior

En la actualidad el refectorio está musealizado y en él se exponen bienes muebles destacados conservados del monasterio. La Virgen con el Niño, atribuida a Mercadante de Bretaña, es de barro cocido y conserva parte de su policromía original. Estuvo en una pequeña hornacina sobre la portada mudéjar de la iglesia, eliminada en la restauración de la década de 1970. El Niño Jesús es una escultura de madera policromada fechada en 1607 y atribuida a Francisco de Ocampo. El Crucificado de marfil es de la segunda mitad del siglo XVII y procede de Flandes, con peana de ébano con incrustaciones de marfil y carey. El resto de piezas son un ara portátil del siglo XV, relicarios, un portapaz, cálices…

En cuanto a las pinturas de caballete, las procedentes de la sala capitular han perdido gran parte de su capa pictórica y están consolidadas después de una restauración. Son la mencionada Flagelación de Cristo del retablo y las parejas de Apóstoles San Pedro y San Pablo, San Juan y San Mateo, San Felipe y Santiago el Menor y San Matías y San Bernabé.

También cuelgan en los muros del refectorio, después de su restauración, los lienzos conservados del ciclo de la vida de San Isidoro que decorarían alguna galería de alguno de los claustros y que en el siglo XIX se colocaron sobre la sillería del coro en la iglesia primitiva hasta que en la década de 1960 fueron descolgados y almacenados en condiciones lamentables. San Isidoro en el pozo, que relata un hecho ocurrido según la tradición cerca de Itálica, es un documento importante porque al fondo se ve el monasterio como se encontraba en el siglo XVII.

El Claustro Grande, que no es visitable, nunca llegó a terminarse. Las galerías este y norte son góticas con decoración de pinturas renacentistas del siglo XVI. En el ángulo sureste se levanta una impresionante torre barroca del siglo XVII que se cree que alojó las estancias del prior y que debió ser renovada tras el terremoto de Lisboa de 1755. Tiene planta cuadrada, está realizado en ladrillo, presenta azulejos cerámicos vidriados en azul y blanco para decorar elementos como pilastras, pedestales, antepecho… y se articula mediante tres cuerpos.
Claustro Grande (8)

El primero presenta algunos vanos a modo de balcones en sus frentes que repiten los vanos exteriores del edificio en el que se encuentra integrada. El segundo cuerpo, elevado sobre un entablamento, cuenta con un vano de medio punto por cada lado flanqueado por pares de pilastras toscanas sobre las que se asienta otro entablamento. Se corona con un chapitel octogonal con buhardillas rematado por veleta y cruz de forja.

Aquí os dejo con otros artículos de San Isidoro del Campo en Viajar con el Arte:

Las dos iglesias del Monasterio de San Isidoro del Campo (en breve)
La decoración mural del Patio de los Evangelistas en el Monasterio de San Isidoro del Campo (en breve)
La decoración de la Sala Capitular del Monasterio de San Isidoro del Campo (en breve)

Imágenes ajenas:

(2) RÍOS MOGUER, A., La Maltería, Centro de recepción de visitantes para el Monasterio de San Isidoro del Campo, Santiponce, Sevilla, Proyecto Fin de Carrera, Universidad de Sevilla, Grado de Arquitectura, 2018.
(6) RESPALDIZA LAMA, P. J., RAVÉ PRIETO, J. L. y FERNÁNDEZ CARO, J. J., San Isidoro del Campo. Cuaderno del Alumnado. ESO. Gabinete Pedagógico de Bellas Artes. Sevilla, Junta de Andalucía, Camas-Sevilla, 1984. Dibujos de Francisco Salado Fernández
(7) RESPALDIZA LAMA, P. J. y RAVÉ PRIETO, J. L., Monasterio San Isidoro del Campo. Guía, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Santiponce, 2002.

Fuentes:

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