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lunes, 23 de febrero de 2015

San Pietro in Vincoli de Roma

La basílica de San Pietro in Vincoli, “San Pedro encadenado” en español, en la zona más alta del Monte Esquilino, en el actual rione Monti, es una de las más antiguas de Roma, construida para albergar las cadenas de san Pedro en la década del 440 con el patrocinio de Licinia Eudossia, hija de emperador Teodosio II de Oriente y esposa del emperador Valentiniano III de Occidente.

Nave central de la basílica de san Pietro in Vincoli

Fragmento del plano de Roma de Giambattista Nolli de 1748 con la ubicación de San Pietro in Vincoli (1)

Las cadenas del encarcelamiento de san Pedro en Jerusalén por Herodes Agripa habían sido traídas a Roma por su madre, Aelia Eudossia, después de que el patriarca de Jerusalén se las donara durante un viaje de peregrinación a Tierra Santa. Y, según la leyenda, entregadas al papa, cuando éste las comparó con las que habían encadenado al santo en Roma en la cárcel Mamertino, ambas se unieron milagrosamente.

Grabado de Giuseppe Vasi de mediados del siglo XVIII (2)

Las excavaciones arqueológicas realizadas bajo el suelo de la nave central de la basílica en la década de 1950 permitieron averiguar las fases de construcción anteriores al siglo V, una compleja estratigrafía en la que se distingue una domus aristocrática de época republicana con magníficos mosaicos sobre la que se sobrepone otra lujosa construcción de época imperial que quizá incluso pudiera formar parte de las estribaciones septentrionales de la Domus Aurea de Nerón. En el siglo III la sala principal fue ampliada cubriéndose un jardín contiguo y también se le añadió un ábside en el eje longitudinal, unas obras que podrían haber tenido relación con un uso cultual de dicho ámbito, quizá una domus ecclesiae de tiempos de las persecuciones, sobre la que después se levantó el primer edificio de la iglesia.

Concluida la excavación arqueológica el yacimiento fue cubierto con una estructura de acero y es visitable, aunque sólo por motivos de estudio, con algunas zonas en las que el piso de la domus y el de la iglesia sólo están separados por 50 cm.

Se cree que ese primer lugar de culto estaría dedicado a los doce Apóstoles, de ahí su distinción como titulus apostolorum. Pero cuando éste fue elegido para albergar las cadenas entregadas por Licina Eudossia, pasando a denominarse titulus Eudoxiae, también se tomó la decisión, por orden de Sixto III o de León I el Magno, de levantar una basílica más acorde a una reliquia tan importante para el cristianismo, cambiando la advocación a san Pedro.

Aunque en siglos sucesivos hubo varias intervenciones, en 1448, después de la vuelta de los papas de Avignon, la iglesia estaba prácticamente en ruinas y fue el cardenal titular Nicola da Cusa “el Cusano” (Nikolaus Krebbs en alemán), quien se encargó de iniciar una reconstrucción total que pudo ser continuada por sus sucesores gracias a los abundantes fondos dejados para ello.

Retrato de Nicola de Cusa en el Tríptico de la Pasión del Maestro de la Vida de la Virgen en el Hospital
de san Nicolás de Bernkastel-Kues, en Alemania, su ciudad natal (3)

La relación de la familia della Rovere con San Pietro in Vincoli comenzó en 1467 desde que Paulo II se la confió a Francesco della Rovere, en ese momento general de la orden franciscana que pocos años antes había llegado a Roma, cuando la familia era todavía desconocida. Pero su rápida ascensión a los círculos más restringidos de la curia romana y su encumbramiento al papado como Sixto IV fue definitiva para que la iglesia cobrara gran esplendor e incluso se erigieran unas dependencias conventuales anexas.

Melozzo da Forlì. 1477. Sixto IV nombrando a Bartolomeo Platina primer bibliotecario
de la Biblioteca Vaticana, fundada por él, en presencia, entre otros, de su
sobrino el cardenal Giuliano della Rovere, futuro Julio II. Museos Vaticanos

El cardenal Giuliano della Rovere, después Julio II, sobrino de Sixto IV, continúa las obras de reconstrucción y es quien levanta el claustro que hoy se conserva, que se hace necesario cuando los cuidados de la iglesia se entregan a una nueva comunidad religiosa, los canónigos regulares lateranenses y que también incluyeron apartamentos cardenalicios que seguramente utilizaron los otros cinco cardenales más de la familia que fueron titulares de la basílica.

La última gran intervención ya data del siglo XVIII, que es cuando se le incorpora la decoración barroca que ahora muestra, sobre todo en la bóveda de la nave central, realizada según trazas de Francesco Fontana.

Tras las desamortizaciones del siglo XIX hasta la actualidad el claustro es la sede de la Facultad de Ingeniería de la Universidad alla Sapienza.

La iglesia contaría con titular cardenalicio desde su fundación, aunque la lista contrastada de cardenales es a partir del siglo XIV con Nicolás de Cusa, después del regreso de los papas de Avignon. El actual titular es el cardenal Donald William Wuertl, arzobispo de Washington DC, nombrado en 2010.

El pórtico de entrada data de 1475, antes atribuido a Baccio Pontelli aunque las últimas investigaciones señalan a Giovannino dei Dolci. Se compone de cinco arcadas sostenidas por pilares octogonales con capiteles con la heráldica del papa Julio II.

Pórtico de San Pietro in Vincoli

La iglesia presenta planta basilical canónica, con tres naves, transepto que no sobresale en planta, y tres ábsides semicirculares. Las naves están separadas por columnas dóricas de mármol griego quizá procedentes del vecino Pórtico de Livia y ya reutilizadas para la primitiva construcción paleocristiana del siglo V.

Nave central

Las naves laterales presentan bóvedas de arista y la central, mucho más ancha, tiene cubierta de bóveda escarzana panelada realizada en el siglo XVIII por Francesco Fontana en madera imitando mármol y decorada con un gran fresco central de Giovanni Battista Parodi con un Milagro de las cadenas, episodio en el que un noble de la corte de Otón I quedó liberado de una posesión diabólica gracias a la reliquia. La escena está ambientada en el propio Vaticano y refleja el momento en el que el papa Juan XIII le muestra las cadenas al endemoniado y los demonios abandonan su cuerpo.

Nave de la Epístola, cubierta con bóveda de arista

Nave del Evangelio

Bóveda de la nave central

Fresco del Milagro de las cadenas en la bóveda de la nave central

Detalle en el que se ve cómo los demonios salen del cuerpo del endemoniado
cuando el papa le muestra las cadenas de san Pedro

En el ábside central llama poderosamente la atención la decoración al fresco, obra de Jacopo Coppi “il Meglio” de 1577, pintor manierista gran admirador de Miguel Ángel y de Rafael. En el friso aparecen, de izquierda a derecha, tres escenas de la Historia de las cadenas de san Pedro: la Liberación de san Pedro de la Prisión, Aelia Eudossia recibiendo las cadenas del patriarca Giovenale en Jerusalén y Licinia Eudossia entregándole las cadenas al papa.

Liberación de san Pedro de la prisión

Aelia Eudossia recibiendo las cadenas del patriarca Giovenale de Jerusalén

En la bóveda se muestra, rodeando una Coronación de la Virgen con ángeles con los instrumentos de la Pasión, la Historia del crucifijo de Beirut, una leyenda del siglo VIII que relata cómo al volver a clavar una imagen de Cristo en una cruz la escultura sangró.

Bóveda del ábside central

Detalle de la Coronación de la Virgen

Escena de la Crucifixión

En el altar mayor destaca el baldaquino y debajo se exponen las cadenas de san Pedro en el Tabernáculo de la Confesión, obra de 1477 que durante años fue atribuida al Pollaiuolo pero que últimos estudios dicen que fue obra de Ambrogio Foppa el Caradosso, dentro de una urna de bronce diseñada por Andrea Busiri Vici y donada a la basílica a mediados del siglo XIX.

Baldaquino tras la estructura arquitectónica que alberga la reliquia y que también da acceso a la cripta

Cadenas de san Pedro

La estructura arquitectónica que acoge el tabernánculo es de fines del siglo XIX, construida expresamente para permitir su veneración permanente, pues antes se custodiaba en la sacristía y sólo se exponía en días señalados.

La iglesia también cuenta con una cripta con un sarcófago paleocristiano en el que se estuvieron venerando, desde que llegaron a Roma a mediados del siglo VI, las reliquias de los Santos Macabeos, defensores legendarios del pueblo de Israel, aunque después de unas investigaciones contemporáneas en las que se descubrió que los restos custodiados eran huesos de perros mezclados con cenizas, ya no está abierta a las visitas.

Sepulcro paleocristiano en el que se custodiaron las supuestas reliquias de los Santos Macabeos (4)

El ábside de la Epístola se consagra a los Santos Sacramentos, con una Virgen con el Niño y ángeles de Luigi Bravi fechada en 1880, mientras que el ábside del Evangelio está dedicado a Santa Margarita, con un cuadro de Giovanni Francesco Barbieri “el Guercino”.

Ábside del Evangelio, dedicado a santa Margarita

En el transepto del Evangelio destaca un órgano de fines del siglo XVII del organero Giacomo Alari ampliado a fines del siglo siguiente por Attilio Priori. Y justo debajo se ubica la sepultura del cardenal Antonio Andrea Galli, fallecido en 1767.

Órgano en el transepto del Evangelio

La Tumba de Julio II, obra de Miguel Ángel, ocupa el transepto de la Epístola y es el resultado de haber ido modificando hasta seis veces, durante unos cuarenta años, un primitivo y colosal mausoleo exento que iba a ser ubicado en la basílica de San Pedro del Vaticano. La escultura más conocida del conjunto es el Moisés, flanqueado por las figuras de Raquel y Lea, símbolos de la vida contemplativa y la vida activa respectivamente. Por encima se sitúa la escultura de Julio II, figura recostada de lado, con tiara papal y con los ojos cerrados, como abrumado ante la muerte, obra de Tommaso Boscoli, y sobre ella aparece una Virgen con el Niño realizada por Raffaello da Montelupo flanqueada por un Profeta y una Sibila, un paralelismo iconográfico antiguo que Miguel Ángel ya había utilizado en la Capilla Sixtina, en relación con las sabidurías cristiana y pagana respectivamente.

Tumba de Julio II en el transepto de la Epístola

Moisés

Julio II

(Todo el intrincado proceso entre el imponente proyecto para un mausoleo para la basílica de San Pedro hasta la tumba mucho más modesta que hoy se conserva en San Pietro in Víncoli, lo podéis encontrar en un artículo aparte: La historia de la Tumba de Julio II de Miguel Ángel).

Las naves laterales también cuentan con abundantes sepulturas de importantes personajes de la jerarquía eclesiástica y altares con obras de arte.

El primer altar de la nave de la Epístola tiene una pintura de San Agustín del Guercino. A continuación está la tumba del cardenal Lanfranco Margotti, fallecido en 1611, con un retrato del difunto de Domenico Zampieri “el Domenichino”. El siguiente altar contiene una copia de un cuadro con San Pedro en la cárcel advertido por el ángel del Domenichino cuyo original está en el monasterio. Después están, el monumento funerario del cardenal Girolamo Agucchi, fallecido en 1605, y también diseño del Domenicchino y la sepultura del cardenal Girolamo della Rovere, fallecido en 1592.

Monumento funerario del cardenal Margotti

Altar con San Pedro en la cárcel

Monumento funerario del cardenal Girolamo Agucchi

Monumento funerario del cardenal Girolamo della Rovere

En la nave del Evangelio se sitúa el Sepulcro de Nicola Cusano de 1464 de Andrea Bregno, nombrado cardenal de San Pietro in Vincoli por Nicolás V en 1450 y el iniciador de las reformas de la basílica que después continúan los della Rovere. Gran humanista, fue el primero que escribió que la Tierra no era el centro del Universo, aunque basando sus teorías en la Filosofía y no en la Matemática, como después sí hará Copérnico. La tumba presenta a San Pedro en el centro flanqueado por el cardenal y un ángel orantes. El escudo muestra una langosta, significado de su apellido en alemán (Nikolaus Krebbs).

Monumento funerario del cardenal Nicola Cusano

A continuación está el altar con el Llanto ante Cristo muerto de Cristoforo Roncalli el Pomarancio.

Altar con el Llanto ante Cristo muerto 

Después se ubica la sepultura del cardenal Cinzio Aldobrandini, obra barroca tardía de Francesco Carlo Bizzaccheri realizada en ricos mármoles polícromos que busca un fuerte impacto emocional, destacando la figura de muerte con una guadaña.

Sepultura del cardenal Cinzio Aldobrandini

Detalle de la tumba Aldobrandini

A continuación nos encontramos con el altar con un mosaico de San Sebastián fechado a fines del siglo VII, vestigio de la decoración musivaria de la basílica paleocristiana y la única representación conservada del santo en la que aparece como un anciano con barba.

Altar de san Sebastián

Detalle del mosaico con san Sebastián

El último monumento de la nave del Evangelio es la sepultura del cardenal Mariano Petro Vecchiarelli, muerto en 1639, que se atribuye a autores anónimos napolitanos.

Sepultura del cardenal Mariano Petro Vecchiarelli

Y para terminar con el repaso a los monumentos funerarios de San Pietro in Vincoli, justo a la izquierda de la entrada está la tumba de Antonio y Piero del Pollaiuolo, con bustos de los artistas florentinos sobre un fresco que representa a Sixto IV en una procesión para invocar el cese de una peste en 1476 atribuido a Antonio di Benedetto Aquili “Antoniazzo Romano”. Estos artistas están enterrados aquí porque estuvieron al servicio de la familia della Rovere. Antonio del Pollaiuolo fue, precisamente, el autor del magnífico sepulcro de Sixto IV en el Vaticano, representado como síntesis del perfecto humanista y un encargo, precisamente, de su sobrino, Julio II.


Tumba de los hermano Pollaiuolo (5)

El claustro renacentista, con trazas atribuidas por Vasari a Giuliano da Sangallo y adosado a la nave de la Epístola, fue sede de la Congregación del Santissimo Salvatore in Laterano y en torno a él se distribuían las dependencias conventuales. Se cree que se inició en tiempos del cardenal Giuliano della Rovere, después papa Julio II, gracias a los fondos dejados por el cardenal Cusano, quedando terminado en 1503.

Claustro (4)

Es de planta rectangular con dos alturas. La primera se organiza mediante arcos de medio punto sobre columnas jónicas con los escudos della Rovere en los capiteles y la segunda presenta vanos rectangulares. La galería baja podría haber sido utilizada por el cardenal para albergar su colección de esculturas, después trasladadas al Palazzo della Rovere anexo a la Basilica dei Santi XII Apostoli y, finalmente, al Belvedere del Vaticano, y entre las que estaba, por ejemplo, el que hoy conocemos como Apolo Belvedere.

Apolo Belvedere en los Museos Vaticanos

Cuenta con un pozo central con vaso octogonal con máscaras inserto en una estructura con cuatro columnas que sostienen un arquitrabe con una sencilla cornisa, estructura que la facultad de Ingeniería de la Universidad alla Sapienza, con sede en el edificio, ha tomado como símbolo.

Pozo del claustro (4)

Y aquí termina el paseo por San Pietro in Vincoli. Si queréis conocer todos los avatares de la Tumba de Julio II, tenéis que abrir este enlace.


Referencias:


Fuentes:

DALCANELE MENESES, P., “O complexo de San Pietro in Vincoli e a atividade de Baccio Pontelli em Roma”. Revista de História da Arte, nº 13, 2010, pp. 5-16.