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lunes, 16 de noviembre de 2015

El monasterio de Santa María de Huerta en Soria

El monasterio de Santa María de Huerta, bajo la advocación de la Virgen de las Navas en honor a la Batalla de las Navas de Tolosa, se encuentra en la localidad del mismo nombre al sureste de la provincia de Soria, en la margen derecha del río Jalón y, gracias a su estado de conservación, aunque con múltiples intervenciones y restauraciones, permite entender cómo sería un convento cisterciense masculino entre fines del siglo XII y comienzos del XIII.

Vista aérea del monasterio de Santa María de Huerta (1)

Alrededor del monasterio surgió un pueblo habitado por arrendatarios de los monjes que se denominó Barrio de Huerta y que se mantuvo hasta la exclaustración en 1835. La denominación de la localidad como “Santa María de Huerta” proviene de 1850, cuando adquiere el título de villa.

Su fundación se remonta a la década de 1140, cuando Alfonso VII, rey de Castilla y León, en cumplimiento de una promesa tras tomar la ciudad de Coria, hizo venir a una comunidad de monjes cistercienses de la abadía de Berdoues en Gascuña, filial de Marimond, que bajo el abadiato de Rodulfo, primero se alojaron en unos modestos edificios en el paraje de Cántabos, en el municipio de Fuentelmonje, a unos 15 kms. al norte del actual emplazamiento, pero que debido a la aridez del paraje, en la década de 1160 decidieron trasladarse a unos terrenos más fértiles y productivos por estar bañados por el río, de ahí que se denominaran “Huerta”, que los padres de don Martín de Finojosa, monje profeso de Cátabos, habían cedido al cenobio, una zona que ya era una importante vía de comunicación y lugar de asentamientos humanos desde la prehistoria, como atestiguan los vestigios arqueológicos encontrados.

La ceremonia de colocación de la primera piedra, que se cree que fue unos años posterior al inicio de las obras, tuvo lugar en 1179 de la mano de Alfonso VIII, uno de los grandes impulsores de la orden del Císter en su reino, y ya bajo el abaciato del propio Finojosa, que después fue nombrado obispo de Sigüenza pero que renunció a la diócesis para regresar a Huerta, canonizado en la segunda mitad del siglo XVIII.

Maqueta del monasterio expuesta en el compás

Se piensa que las trazas corrieron a cargo del maestro de la catedral de Sigüenza y las obras avanzaron rápido gracias a las abundantes donaciones que comenzó a recibir el nuevo cenobio, de la corona castellana y de la aragonesa, ubicado en territorio de frontera, de eclesiásticos, como don Rodrigo Ximénez de Rada, arzobispo de Toledo y sobrino de Finojosa, y de nobles, como don Manrique Pérez de Lara, I señor de Molina y I conde de Lara, el noble más poderoso de Castilla en la época, o don Bernal de Bearne, I duque de Medinaceli, ya a fines del siglo XIV.

Estatuas del abad san Martín de Finojosa y del
obispo don Rodrigo Ximénez de Rada
en el claustro de la hospedería

La prosperidad del Císter en los siglos siguientes, adquiriendo poder social, político y económico, empezó a declinar con el desarrollo de las ciudades y las universidades y la aparición de las órdenes mendicantes, que supusieron la consiguiente disminución de su influencia intelectual. La situación se vio agravada por el Cisma de Occidente, la larga Guerra de los Cien Años (1337-1453) y el consecuente hundimiento demográfico que mermó las vocaciones, con una paulatina relajación en el cumplimiento de la disciplina y la vida monástica que dio paso a una corriente reformista europea que en España se tradujo en la creación, en 1425, de la Congregación Cisterciense de Castilla, a la que se fueron adhiriendo los monasterios que buscaron recuperar el espíritu de la regla y a la que Santa María de Huerta quedó adscrita en 1498, una decisión trascendental que supuso el inicio de la renovación intelectual, espiritual y económica del monasterio, logrando recuperar una hacienda pujante que en el siglo XVI permitió emprender obras de ampliación del monasterio que gozaron del patrocinio de Carlos V y Felipe II y que buscaron acomodarse a las nuevas reglas de vida de la orden, erigiéndose un nuevo claustro, remodelando las dependencias del antiguo y añadiéndole una segunda altura y construyendo, al quedar el templo abierto a la feligresía, un coro alto a los pies para acomodo de la comunidad monástica, en el que se reubica un órgano y la sillería coral que hasta ese momento ocupaba el último tramo de la nave central.

El siglo XVIII supone el inicio de otro declive en Santa María de Huerta. Primero viene la Guerra de Sucesión, que afecta al convento y sus propiedades. A continuación se produce la expulsión de los jesuitas y la Revolución Francesa, varapalos psicológicos. Además, en 1761 y 1772 hubo grandes inundaciones con inmensas pérdidas para el cenobio al romper las cercas, inundar la planta baja del monasterio y destrozar víveres y enseres de los monjes.

Las desamortizaciones del siglo XIX fueron trascendentales porque terminaron desembocando en la definitiva expulsión de la comunidad, la conversión de la iglesia en parroquia y la pública subasta del convento, que en 1846 fue adquirido, junto a gran parte de sus tierras, por doña Inocencia Serrano y Cerver, viuda de don Antonio del Valle, y tras su segundo matrimonio con don Enrique Aguilera y Gamboa, XVII marqués de Cerralbo (Museo Cerralbo de Madrid), ambos decidieron construir una casa-palacio junto a las antiguas caballerizas de Huerta como su residencia de verano evitando con sus inversiones, y con la colaboración del último prior, fray Gregorio Pérez Alonso, nombrado párroco de la villa, la ruina total del monasterio, que en 1882 fue declarado monumento nacional. También fue el marqués el que inició el estudio arquitectónico e histórico del conjunto monacal.

Doña Inocencia Serrano y Cerver y don Enrique Aguilera y Camboa,
XVII marqueses de Cerralbo (2)

Tras la muerte de doña Inocencia en 1896 la propiedad fue heredada por su hijo, don Antonio del Valle y Serrano, I marqués de Villa-Huerta, y tras la muerte de éste en 1900, pasó a la hija, doña Amelia, II marquesa de Villa-Huerta, hijastros del marqués de Cerralbo.

A partir de 1908 el marqués de Cerralbo, también inició una intensa actividad arqueológica por toda la zona del Jalón, sufragando y participando en numerosas excavaciones en Arcóbriga, Torralba y Ambrona, por lo que hoy es considerado uno de los precursores de la arqueología científica española.

En 1922 doña Amelia donó el monasterio a la reagrupada, por mandato de León XIII en 1892, Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia, trapenses, y desde 1930 ya estuvo habitado por una comunidad de monjes de la Trapa procedente de la abadía de Santa María de Viaceli de Cóbreces, en Cantabria.

La idea era crear un priorato titular, pero el estallido de Guerra Civil Española lo truncó porque aunque la zona de Huerta quedó bajo el bando nacional y el cenobio no sufrió en demasía, la casa madre santanderina sí se vio muy afectada, con una merma considerable de su comunidad y sin monjes suficientes para repoblar Huerta, teniéndose que esperar a 1949 para que ya fuera posible el envío de un grupo que, encabezado por el padre Ignacio Astorga, elegido primer prior titular un año después, iniciara la restauración y la habilitación del cenobio y recuperar su vida monástica.

En 1965 Huerta recupera el rango de abadía y don Ignacio Astorga se convierte en primer abad de la restauración, y aunque en los años siguientes se sufre la carencia de vocaciones y el abandono de la vida monástica por algunos hermanos de la comunidad, en 1977 se elige el primer abad ingresado y formado en el monasterio, don Luis Esteban, iniciándose un periodo de renovación que ha ido acompañado de la creación de la Fraternidad laica cisterciense de Santa María de Huerta, un grupo de seglares que buscan vivir dentro de “los valores esenciales del carisma cisterciense” sin apartarse del mundo. En cuanto al monasterio, la celebración del IX Centenario del Císter en 1988 supuso un importante impulso para su restauración y la de su entorno.

El conjunto, que está rodeado de un muro perimetral con cubos, muestra dos etapas constructivas, una de los siglos XII y XIII, cuando se construye el claustro gótico y las dependencias a su alrededor y la iglesia y otra de los siglos XVI y XVII que es cuando el coro es trasladado desde la nave central a los pies de la iglesia y se levantan la galería superior del claustro gótico y el segundo claustro o de la hospedería.

La entrada al recinto se realiza por una portada del siglo XVI de arco de medio punto entre dobles columnas con hornacinas que contaron con esculturas que soportan un entablamento sobre el que se sitúa un frontón triangular con una Virgen entre dos escudos en el tímpano. El frontispicio superior de líneas curvas es una adición del siglo XVIII, adornado con un jarrón de azucenas, símbolo mariano.

Entrada al recinto

Ya en el compás, a la derecha se ubican varias construcciones de servicio del convento, a la izquierda está la fachada del convento y al fondo se ubica la iglesia, que tiene adosado al lado de la Epístola el cementerio parroquial.

Compás del convento

Cementerio parroquial en el lado de la Epístola de la iglesia

La fachada del convento, que se corresponde con el claustro incorporado en el siglo XVI, se compone de muro de sillarejo con vanos rectangulares marcados por sillares y una sencilla portada del siglo XVI retocada en el XVIII compuesta por arco de medio punto entre semicolumnas toscanas que sustentan un entablamento sobre el que se ubica una ventana rectangular rematada con frontón triangular.

Fachada del convento tras la maqueta del conjunto expuesta en el compás

La fachada de la iglesia está parcialmente tapada por el cuerpo del segundo claustro, construido en el siglo XVI, y todavía se aprecian las huellas de un nártex del que solo se conservan las primeras hiladas del muro perimetral, en el que hubo enterramientos, como el de doña María Manrique, hija de don Manrique de Lara, señor de Molina y vizconde de Cardona, casada con don Diego López de Haro, fallecida a comienzos del siglo XIII, una sepultura con losa llana de alabastro con relieve yacente que en época de Carlos V se sabe que se trasladó al capítulo, donde yacían sus padres.

Fachada de la iglesia con la portada descentrada por la adición del cuerpo del claustro
del siglo XVI. Se aprecian las huellas del desaparecido nártex

La portada, que abre a los pies de la nave central, está formada por un vano de seis arquivoltas apuntadas con decoración de sencillos baquetones, arquillos, dientes de sierra y puntas de diamante que apoyan sobre columnas con capiteles con motivos vegetales y conserva algún resto de policromía del siglo XVI. En el intradós se adivina la inscripción

DOMUS MEA DOMUS ORATIONES VOCABITUR
(mi casa será llamada casa de oración)

Portada de la iglesia

Sobre la portada se ubica un gran rosetón de cuatro circunferencias concéntricas con decoración de puntas de diamante enmarcando doce arquillos trilobulados fruto de una reconstrucción en 1965 porque el original estaba cegado y muy deteriorado.

Rosetón

La iglesia, la parte más antigua del conjunto, iniciada en 1179 pero con posteriores modificaciones, las más significativas en los siglos XVII y XVIII, tiene planta de cruz latina de tres naves de cinco tramos, transepto que sobresale en planta y cinco capillas absidiales, las cuatro laterales abiertas al transepto mediante arcos apuntados dobles de planta cuadrangular con testero plano, y la central semicircular y más grande y con cubierta de crucería.

Nave central de la iglesia, con el altar mayor al fondo

Nave central de la iglesia, con el coro alto y el rosetón al fondo

Las naves están separadas por potentes arcos, unos de medio punto y otros apuntados, y gruesos pilares que recogen los formeros en ménsulas de rollo. Por encima se sitúa el claristorio, con vanos de medio punto.

Arranque de los arcos, claristorio, crucerías de la nave central y lunetos de la lateral

Sección transversal de la iglesia. Planoteca IPCE

Sección longitudinal de la iglesia. Planoteca IPCE

Los tres primeros tramos de la nave central presentan cubiertas de terceletes, los dos últimos y el transepto, crucería simple; el primero y segundo tramos de las naves laterales tienen bóvedas de crucería y el resto presenta bóvedas de lunetos que en 1632 sustituyeron a la primitiva techumbre de madera. Algunas claves de las bóvedas conservan grandes florones de madera policromada.

Bóveda de terceletes del tercer tramo de la nave central

La capilla mayor cuenta con un retablo barroco de 1766 de Félix Malo y está decorada con pintura mural del siglo XVI realizada por Bartolomé de Matarana que representa episodios de la Batalla de las Navas de Tolosa, destacado triunfo bélico de Alfonso VIII, con Don Rodrigo bendiciendo las tropas antes de la batalla en el testero del Evangelio y Alfonso VIII y don Rodrigo a la cabeza de las tropas en la batalla en el de la Epístola. La iconografía se completa con los cuatro evangelistas en los plementos de la bóveda y Alfonso X el Sabio y el infante don Fernando de la Cerda, su hijo, sujetando los escudos de Castilla y León, sobre dos maceros, en el intradós del arco.

Plementos de la bóveda de altar mayor con los Evangelistas

Retablo mayor

Aunque desde su fundación, el Císter prohibió expresamente que las personas ajenas a la comunidad recibieran sepultura en sus conventos, la fama de los monjes blancos, basada en la pureza de su ideal monástico y en su estricta observancia de la Regla Benedictina y lo que ello suponía en el sentido de que sus oraciones intercedieran ante el Juez Supremo el día del Juicio Final, hicieron posible que en 1152 se decidiera permitir el enterramiento en sus templos de reyes, reinas, obispos y arzobispos, aunque con la condición de que sus cuerpos quedaran cubiertos de una sencilla lápida, unas excepciones que ni siquiera afectaron a los propios abades sin el permiso expreso del abad de Citeaux, ni a los fundadores, a los que ya se les había permitido el enterramiento en las galerías del claustro, pero no en la iglesia.

Pero la creciente insistencia de los fieles por recibir sepultura dentro de los recintos monásticos cistercienses y la fuente de ingresos que generaban los derechos de entierro para los conventos en la segunda mitad del siglo XIII provocaron un definitivo levantamiento de la prohibición, produciéndose enterramientos laicos tanto en los cementerios como en los claustros y hasta en las iglesias.

En Huerta, esta medida hizo posible que el abad san Martín de Finojosa (†1213) y el obispo don Rodrigo Ximénez de Rada (†1247) recibieran sepultura en el presbiterio de la iglesia, uno bajo una losa en el suelo y otro en un lucillo en el lado del Evangelio, donde permanecieron hasta su traslado, a mediados del siglo XVII, a nuevos enterramientos gemelos realizados en mármol colocados en los testeros laterales. El sarcófago de la primitiva sepultura de don Rodrigo, fechada entre los siglos XIII y XIV, quedó instalado en el sotocoro, donde todavía permanece.

Decoración pictórica del siglo XVII en los testeros laterales del altar mayor
y enterramientos gemelos del abad san Martin de Finojosa y del
obispo don Rodrigo Ximénez de Rada

Este privilegio también se extendió a don Bernardo de Bearne (†1381), I Conde de Medinaceli, fundador de la Casa de Medinaceli, también enterrado en el presbiterio, de ahí la presencia de su escudo nobiliario en este ámbito, convertido en panteón familiar.

Las capillas absidiales estuvieron bajo la advocación de los santos Miguel, Pedro, en el lado del Evangelio, y Martín y María Magdalena en el de la Epístola. Las tres primeras conservan retablos barrocos con sus tallas correspondientes y la de la Magdalena presenta restos de decoración mural gótica.

Capillas absidiales de san Miguel y de san Pedro en el lado del Evangelio

Capillas absidiales de san  Martín y de María Magdalena en el lado de la Epístola

Desde el transepto del Evangelio se accede a una pequeña torre campanario del siglo XII pero con un chapitel del XVII, a la sacristía, y, mediante una escalera, al dormitorio de monjes de coro, que ocupaba la panda este del claustro plateresco alto.

Transepto del Evangelio desde el de la Epístola, con la entrada a la sacristía y
la escalera de acceso al dormitorio de los monjes de coro, hoy desaparecido

En el transepto de la Epístola están los sepulcros románicos de la familia Finojosa y desde ahí se accede a la capilla de Nuestra Señora del Destierro, una adición de mediados del siglo XVIII destinada a relicario que también cuenta con la imagen románica de la Virgen del siglo XIII que la tradición dice que Ximénez de Rada llevaba en su silla de montar durante la batalla de las Navas de Tolosa. No está abierta al público.

El coro a los pies, al que se accede desde la panda sur del claustro alto plateresco, tiene gran desarrollo, ocupando dos tramos de la nave central, con una sillería de nogal de la segunda mitad del siglo XVI en la que destacan los relieves de la Virgen con el Niño y los santos Benito y Bernardo de Claraval. También cuenta con un destacado órgano del siglo XVII.

Órgano

Se apoya sobre cubierta aplanada de combados formando un sotocoro separado del cuerpo de la nave por una reja de hierro forjado y dorado de la segunda mitad del siglo XVIII, delimitando el espacio al que podía acceder el pueblo del reservado para la clausura.

Coro y sotocoro a los pies del templo

Bóveda de combados del sotocoro

La iglesia desde el sotocoro

Adosado a la nave del Evangelio se desarrolla el claustro de los caballeros, de planta cuadrada y dos alturas y llamado así porque tras el levantamiento de la prohibición de enterramientos laicos en los recintos claustrales cistercienses este ámbito se convirtió en panteón de algunos de los miembros de las familias de la nobleza castellana y aragonesa, recibiendo por ello el monasterio importantísimas donaciones para ejecutar sus obras a cambio de cuidar de las sepulturas y rezar por el eterno descanso de sus almas.

Panda norte del claustro de los caballeros, con el cuerpo del refectorio
y el de la escalera renacentista

Las transformaciones sufridas en el ámbito a lo largo de los siglos hacen muy difícil precisar cuántos hubo y dónde estuvieron exactamente, aunque se sabe que ocuparon tanto los muros externos como los internos del perímetro, las arquerías abiertas al jardín, e incluso que se reutilizaron huecos antiguos, como puertas o el antiguo armariolum, el lugar en el que se depositaban los libros que los monjes leían en sus paseos por el claustro, un nicho ajimezado de arcos apuntados que apoyan sobre tres columnas y con un óculo entre los dos arcos ubicado al lado de la entrada de monjes de coro a la iglesia, que junto con otro arco apuntado que contiene una tracería compuesta por otros dos arcos trilobulados con rosetón superior justo al lado, fueron convertidos en panteón de los condes de Molina.

Enterramientos de los condes de Molina

La galería baja se organiza mediante gruesos contrafuertes y arcos apuntados que en el siglo XVII fueron modificados levantando muros con óculos y arcos de medio punto, estos últimos parcialmente cegados un siglo después para dejar vanos semicirculares. Las cubiertas son de bóvedas de crucería simple con los plementos apoyados sobre ménsulas en los muros, que estuvieron decorados con lienzos con escenas relacionadas con el Císter y de los que en la actualidad sólo se conserva uno que muestra, según la inscripción, a unos monjes atendiendo a unos caballeros tras un torneo.

Lienzo conservado en el claustro de los caballeros (3)

La galería alta ya es obra plateresca del segundo tercio del siglo XVI, durante los abadiatos de fray Pedro de Espinosa y fray Ignacio de Collantes, con cubierta de madera y abierta al jardín mediante arcos escarzanos sobre capiteles con columnas de hojas de acanto, antepecho con escudos de Carlos V, pues la obra se realiza durante su reinado, y ornamentación con medallones agrupados en reyes, apóstoles, caudillos militares y profetas.

Las pandas del claustro bajo reciben el nombre según las estancias medievales que aglutinaban. La panda sur o del mandatum no contiene estancias porque es la que está adosada a la iglesia, con dos puertas de acceso a la nave del Evangelio, una en el primer tramo para monjes conversos o hermanos legos, directamente desde el pasillo de conversos, un ámbito de servicio entre la panda oeste y la cilla, y otro para monjes reglares o de coro en el último tramo, directamente desde la panda este.

Estancias medievales alrededor del claustro de los caballeros, algunas
modificadas y otras desaparecidas en siglos posteriores (1)

Panda del mandatum, adosada a la iglesia

Los monjes de coro eran de origen noble, debían tener cierto nivel de estudios, pudiendo estar o no ordenados sacerdotes, y se ocupaban de los oficios litúrgicos y de tareas intelectuales. Los conversos eran laicos de origen burgués o campesino, muchos de ellos iletrados, que trabajaban en labores agropecuarias y otras tareas manuales dentro del monasterio y en sus granjas. Hacían vidas separadas dentro del monasterio, con partes destinadas a cada grupo y las actividades en común eran escasas.

Esta panda este o del capítulo se desarrolla en paralelo con el transepto norte y adosado a éste. La estancia más cercana a la iglesia, con acceso también desde ésta, fue la sala capitular del siglo XIII, donde la comunidad se reunía después de la misa matinal para que el abad comentara la regla y para realizar la confesión pública y donde recibieron sepultura varios nobles benefactores del monasterio, tanto en el pavimento, como en sepulturas embutidas en los muros. Presentaba planta cuadrada con cuatro columnas centrales que sustentaban una bóveda de crucería de nueve tramos y que abría al claustro mediante un arco apuntado flanqueado por dobles ventanas, cegadas y también convertidas en enterramientos cuando en el siglo XVI este ámbito se transformó en una sacristía de planta rectangular con dos tramos separados por un arco fajón apoyado en pilastras y cubierta de cañón con lunetos decorados con yeserías. El retablo cuenta con una pintura de la Lapidación de san Esteban, copia de la de Giulio Romano en la iglesia de Santo Stefano de Génova, traída a España por el duque de Medinaceli en el siglo XVI.

Arcadas cegadas de la antigua sala capitular en la panda este

Sacristía con retablo con la Lapidación de San Esteban copia de Giulio Romano

A continuación estaban la escalera de subida al dormitorio, el locutorio, donde se repartían las tareas cotidianas, el pasaje de salida a la huerta y una gran sala que se cree que sería lugar de trabajo o scriptorium, donde los monjes reglares realizaban las actividades intelectuales que les estaban reservadas.

Estos ámbitos fueron modificados para construir la sala de Profundis, donde los monjes cantaban un salmo antes de entrar al refectorio y en la que se exponían y velaban los cadáveres hasta su enterramiento, que fue mandada levantar por el abad fray Mateo Nava entre el siglo XVI y el XVII.

Sobre estas estancias de la panda de capítulo estaba el dormitorio de monjes, suprimido en el siglo XVII, un gran espacio rectangular directamente comunicado, a través de una escalera, con el transepto del Evangelio, una disposición habitual en los monasterios cistercienses que facilitaba el acceso a la iglesia para cumplir con el primero y el último rezo del día.


La panda norte o del refectorio agrupaba el calefactorio, donde a comienzos del siglo XVII se construyó una escalera renacentista de comunicación con el claustro alto cuya caja sobresale formando una torre, el refectorio y las cocinas.

A la derecha de la portada del refectorio hay un sencillo lucillo de medio punto y otro de arco apuntado que abarca uno trilobulado que la tradición dice que es el sepulcro de don Nuño Sancho de Hinojosa, hermano de san Martín, y su esposa, doña Marquesa, importantes patrocinadores de esta panda, aunque las investigaciones históricas parecen indicar que es una información apócrifa porque dichos benefactores estuvieron enterrados en el primer arco abierto al jardín de esta galería.

Arcosolios de enterramiento en la panda del refectorio

La portada del refectorio de monjes de coro, muy similar al de acceso a la iglesia, es un arco apuntado de triple arquivolta con decoración de baquetones y dientes de sierra que apoyan en columnas con capiteles de decoración vegetal. Por encima sobresale la fachada, en la que destaca un gran rosetón de columnillas radiales semioculto por la galería superior del claustro.

Portada del refectorio

El refectorio, el espacio más conocido del conjunto conventual, desarrollado en perpendicular a la crujía en vez de en paralelo, una peculiaridad habitual en los monasterios cistercienses, empezaría a construirse a comienzos del siglo XIII bajo el patrocinio de don Martín Nuño de Finojosa, sobrino del abad Finojosa y miembro destacado de la corte de Enrique I de Castilla. Presenta planta rectangular de cuatro tramos y observando su construcción se distinguen dos proyectos superpuestos, uno para la erección de la parte inferior hasta la línea de impostas, con dieciséis grandes ventanales que proporcionan una potente iluminación completada por el rosetón del testero sur, y otro para las bóvedas sexpartitas apoyadas sobre ménsulas, con un cambio entre ambos, quizá provocado por la llegada al monasterio de un nuevo maestro procedente del norte de Francia o de Borgoña, que se deja ver, por ejemplo, en que las columnas en ménsula de los arranques no coinciden con el centro del entrepaño que separa los ventanales del cuerpo inferior o en que uno de los contrafuertes de la fachada este está empotrado en una de las ventanas.

Refectorio

Bóvedas sexpartitas del refectorio

El púlpito está ubicado en el testero este y se apoya sobre una columna adosada al muro, destacando porque la escalera de acceso está embutida en la pared, cubierta con bóveda de cañón en rampa y abierta a la sala mediante una arquería de cuarto de circunferencia apoyada sobre pilares octogonales.

Púlpito del refectorio

En el testero occidental hay un pequeño vano abierto en el muro medianero con la cocina, ubicada a continuación, por donde se introducían los alimentos. Es una cocina de planta cuadrada dividida en nueve tramos de bóvedas de crucería salvo el central, que contiene una gran chimenea apoyada sobre cuatro grandes arcos apuntados.

Pasaplatos entre el refectorio y la cocina (3)

Bóvedas de la cocina

A continuación se ubica el último tramo del pasillo de conversos, con salida a la huerta, y desde ahí se accede, a través de una sencilla portada de arco de medio punto doblado, al domus conversorum, su propio refectorio, realizado entre fines del siglo XII y comienzos del XIII, una de las partes más antiguas conservadas del conjunto, un ámbito de planta rectangular con dos naves separadas por gruesas columnas exentas con capiteles con motivos vegetales esquemáticos que sustentan doce tramos de bóvedas de crucería simple que se apoya en ménsulas de rollo en los muros laterales. La iluminación procede de vanos de medio punto abocinados. En el piso superior del refectorio de conversos estaba su dormitorio.

Refectorio de conversos

Toda la panda oeste o de la cilla está ocupada por un gran almacén o cilla, que junto con el refectorio de conversos son las zonas más antiguas conservadas del convento, levantada entre los siglos XII y XIII. Tiene planta rectangular con cubierta de madera a dos aguas sustentada por cinco grandes arcos diafragma de medio punto apoyados directamente sobre los muros laterales hasta llegar al suelo. Cada tramo cuenta con una ventana de medio punto abocinada en el muro occidental. En origen ocupaba toda la panda, una gran nave de ocho tramos, pero en las intervenciones a partir del siglo XVI se le restaron los dos de los extremos para ubicar sendos pasillos de comunicación entre el claustro clasicista y el gótico.

Cilla

Sobre la cilla hubo otra sala con igual función de almacén y similar estructura que a partir de 1620 se convirtió en biblioteca, redecorada al estilo barroco.

Adosado a esta crujía occidental se desarrolla un segundo claustro construido a partir de 1580 con motivo de la entrada de Santa María de Huerta en la Congregación de Castilla, y en el que incluyeron dependencias nobles entre las que destacó un palacio abacial. En la actualidad alberga una hospedería que acoge, principalmente, a peregrinos camino de Santiago de Compostela.

Presenta planta cuadrada con dos alturas separadas por un entablamento y organizadas mediante arcos de medio punto entre pilastras toscanas. En el jardín central hay dos estatuas que representan al abad san Martín de Finojosa y a don Rodrigo Ximénez de Rada.

Claustro de la hospedería

Crujía del claustro de la hospedería

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Referencias:


Fuentes:

LÓPEZ DE GUEREÑO, Mª T., “Santa María de Huerta, panteón de la nobleza castellana”, De Arte, 6, 2007, pp. 37‐56.
MAIRA VIDAL, R., “Bóvedas sexpartitas: traza, estereotomía y construcción. Monasterio de Santa María de Huerta”. En HUERTA, I., GIL CRESPO, I., GARCÍA, S. y TAÍN, M. (Eds.), Actas del Séptimo Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Santiago 26-29 octubre 2011, Madrid, Instituto Juan de Herrera, 2011, pp. 831-832. 
NAVASCUÉS PALACIO, P., Monasterios en España. Arquitectura y vida monástica. Barcelona, Lunwerg, 2000.

16 comentarios:

enrique dijo...

Impresionante descripción.
Esa escalera al púlpito imbuida en la pared y el refectorio de conversos son maravillas entre maravillas.
Por cierto, se dice que el marqués de Cerralbo era nigromante y que en una de sus sesiones apareció, no un demonio cualquiera, sino el mismísimo demonio

Unknown dijo...

buenos días Sira,
impresionante como siempre, un placer saludarte y darme mi enhorabuena. Hay una foto de la sacristía en la que aparece un gran cuadro de altar. Me es rematadamente familiar, ... ¿tienes alguna información de la pieza?, supongo que será una copia de época posterior.. pero aun así es extraño.. me recuerda a algo de escuela italiana del XVI...

Sira Gadea dijo...

Anda... pues no sabía yo de esa supuesta faceta "oculta" del marqués... Muchas gracias, Enrique. Huerta es un lugar emblemático para todos los que amamos el arte. Un abrazo.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias. El altar de la sacristía es obra del siglo XVII dedicada a san Esteban y el lienzo, con la escena de martirio del santo, parece ser que fue traído desde Roma por el duque de Medinaceli y donado al monasterio. Pero no sé más.

cesar dijo...

ya lo he recordado, es una copia de la Lapidación de San Esteban de Giulio Romano que esta en la iglesia del santo en Genova. Si que es curioso que una copia así no aparezca en las guías , siendo una copia antigua y de indudable buena procedencia...

Sira Gadea dijo...

¡Muchísimas gracias, César! Formidable dato.

Sira Gadea dijo...

Lo he incorporado al texto. Te reitero mi agradecimiento.

mimagnificoprofesor dijo...

Excelente blog. Desgraciadamente no lo he descubierto antes. Me parece magnífico: buena información, excelentes fotos y muy bien escrito. Muchísimas felicidades

Sira Gadea dijo...

Muchísimas gracias.

Inmaculada dijo...

Acabo de descubrir tu blog y me parece estupendo. La descripcion del Monasterio de Sta Maria de Huerta es muy completa y las fotos impresionantes. Es un sitio que conozco bastante bien, pues mi familia procede de un pueblo cercano a Huerta, y lo he visitado muy a menudo.
Una vez mas mi enhorabuena por el blog!!!!!

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Inmaculada. Encantada de encontrarte por aquí.

El Desastre de Pilar dijo...

Muchas gracias por tu excelente entrada dedicada al Monasterio de Huerta, mi pueblo (yo no nací alli, pero mi madre si y mi padre pasó gran parte de su juventud allí, tenemos casa y nos encanta ir). Un saludo y gracias!

Sira Gadea dijo...

Un bonito pueblo. Tienes suerte. Gracias a ti por pasarte por aquí y dejar tu comentario. Un saludo.

Isabel Hernandez Romero dijo...

Magnífico, ha sido estupendo leerte y recordar el tiempo que pase en Santa María de Huerta, estudié allí.
Es un trabajo tremendo y fantástico el que has hecho, fíjate si lo conozco, si habré comprado chocolate, si nos habán llevado a misas...etc., mehasdescubierto cantidad de cosas, sobre todo de historia.
Muchisimas gracias a ti y a una de mis compañeras del colegio que lo ha compartido

Sira Gadea dijo...

Me alegro mucho de que te haya gustado, Isabel. Santa María de Huerta es muy especial también para mi. Lo conocí siendo pequeña y me impresionó muchísimo y he vuelto muchas veces más y me sigue impresionando. Muchas gracias.

Susana Cantero dijo...

Estupendo. Me ha hecho remontar a la época de colegio, yo también estudié allí, era compañera de Isabel. De acuerdo con ella en todo lo que dice. Muchas gracias a ti y también a la compañera de colegio que lo ha compartido