Las celdas de fra Angelico en el convento de san Marcos en Florencia

El convento dominico de San Marcos de Florencia alberga la más importante colección de obras de fra Angelico con el aliciente, además, de que la mayoría de ellas están conservadas in situ, en el lugar para el que el artista las concibió, pues son murales.

Anunciación de fra Angélico en el convento de san Marcos de Florencia

Nacido Guido di Pietro hacia 1395, a este artista se le conoce como fra Angélico o beato Angélico porque aunque cuando ingresó en la Orden dominica adoptó el nombre de fray Giovanni da Fiesole, tuvo temprana fama de santo, si bien no fue beatificado hasta 1982 por Juan Pablo II.

Después de haber realizado múltiples retablos para su propia orden y para otras desde el convento de santo Domingo de Fiésole, su intervención en San Marcos se debió al propio deseo de Cosimo il Vecchio, patrocinador de una remodelación total del complejo bajo la dirección arquitectónica de Michelozzo, un trabajo pictórico que se concretó en dos etapas, una entre 1438 y 1445, dedicado en exclusividad a la decoración del convento, y otra entre 1445 y su muerte en 1455, en la que compaginó los trabajos en san Marcos con dos viajes a Roma, uno llamado por Eugenio IV y otro por Nicolás V, conservándose la decoración de la Capilla Picolina, su labor en la capilla de san Brizio de Orvieto y otras obras en tabla.

Primera planta del convento en la actualidad, con las celdas en torno al claustro de san Antonino

Crujía este del claustro de san Antonino, con las ventanas de las celdas por arriba

Su labor en San Marcos se concretó en el retablo de la iglesia, hoy desmontado, el famoso Calvario en la sala capitular, los frescos en las celdas y otros cinco frescos más en los pasillos del convento. En un artículo anterior dedicado al convento, su historia y su arquitectura, ya nos hemos detenido en algunas de estas obras y ahora nos vamos a pasear por las cuarenta y cinco celdas en la primera planta del claustro de san Antonino, uno de los recorridos más emocionantes que he tenido el placer de disfrutar en Florencia.

Se accede a ellas a través de un corredor y unas escaleras en la crujía baja norte y se desarrollan en torno a la crujía superior norte, ubicadas a ambos lados de un pasillo central, siendo las dos más cercanas a la iglesia las utilizadas por Cosimo il Vecchio en sus retiros espirituales, a la crujía superior este, con igual distribución, y a la superior sur, que sólo tiene celdas a un lado, destacando de nuevo las tres más cercanas a la iglesia, destinadas al prior y que fueron las que ocupó fra Girolamo Savonarola, prior del convento desde 1491 y controvertido personaje que terminó muriendo en la hoguera condenado por herejía por la Inquisición junto a dos de sus fieles seguidores, fra Silvestro y fra Domenico da Pescia.

Escalera de acceso a las celdas

Se distingue claramente entre la obra que realiza para la parte pública, la iglesia y la de la parte privada, destinada exclusivamente para los frailes dominicos. Fra Angelico era muy consciente de ello y de a quién se dirigía y no cuenta lo mismo en unas obras y otras. Así, aquí hay una búsqueda consciente de un tratamiento cromático suave, mesurado, sereno, en escenas que buscan acompañar al recogimiento y la meditación, de ahí que no sean representaciones evangélicas sino de devoción, un matiz que se aprecia incluso en las escenas de la Pasión de Cristo, que tienen un tratamiento icónico en vez de narrativo. Aunque el maestro dio las trazas de todas las escenas, en ellas se aprecian cambios en la calidad dependiendo de la intervención mayor o menor del taller.

Justo frente a las escaleras de subida está la Anunciación, una de las obras más famosas del maestro, realizada entre 1440 y 1450. Con una composición muy similar a la pala anterior del mismo tema conservada en el Museo del Prado, ambientada en un sencillo y elegante pórtico de columnas con capiteles corintios y jónicos, en relación con el contemporáneo trabajo arquitectónico de Michelozzo, que abre a jardín cerrado por una valla, alusión al hortus conclusus, símbolo de la virginidad de María, y tras la que se ve un bosque, pero con la escena reducida, sin la secuencia de Adán y Eva, para no distraer en nada, y colores más aplacados que inviten al rezo. Las figuras destacan por su monumentalidad y por la tranquila espiritualidad que desprenden, con un humilde gesto de aceptación y respeto de la Virgen. Justo en la base de la obra, a la altura de los ojos del espectador, se sitúan las palabras de la Anunciación y debajo hay una inscripción con un recordatorio de oración a la Virgen que dice:

“VIRGINIS INTACTAE CUM VENERIS ANTE FIGURAM PRETEREUNDO CAVE NE SILEATUR AVE”

Al pasar ante la figura de la Virgen intacta no olvides rezar el Ave María

Anunciación en el corredor norte

En el lado opuesto de este mismo corredor norte, justo frente al corredor este, encontramos un Crucificado con santo Domingo en el que destaca lo explícito de la sangre de Cristo, derramada para la salvación del hombre, una iconografía que se repite en varias celdas.

Crucificado con santo Domingo en el corredor norte

Las primeras celdas en ser decoradas fueron precisamente las de la izquierda del corredor este. En el Noli me tangere los expertos reconocen tanto el diseño como la ejecución del propio fra Angelico, una escena en la que la atención se centra en Cristo, de pie, y la Magdalena, arrodillada, y una de las pocas que presenta interés por la naturaleza, con la gruta del entierro a la izquierda y un prado florido en el que destaca una palmera, símbolo del martirio.

Noli me tangere

En la siguiente celda hay un Llanto ante Cristo Muerto, con las figuras dispuestas en círculo alrededor del cuerpo de Jesús y la presencia mística de santo Domingo, una introducción de personajes ajenos a las escenas históricas que supone una novedad, ejemplo directo de la meditación que debían realizar los frailes.

Llanto ante Cristo muerto

Le sigue una Anunciación que resulta muy innovadora porque fra Angelico rompe con la iconografía anterior, rica en detalles, y acentuando más todavía lo que ya había hecho en el fresco de igual tema en el corredor norte, coloca a los protagonistas en una arquitectura sencilla y desnuda que proporciona a la escena un fuerte misticismo, el propicio para la contemplación, la oración y la meditación que los monjes realizaban en sus celdas. San Gabriel está de pie a la izquierda y María aparece arrodillada, con un libro en la mano y con los brazos cruzados en señal de humildad y aceptación, la misma postura que repite el arcángel, sobre cuya cabeza aparece la llama ardiente como elemento divino, ante la ausencia de la paloma del Espíritu Santo.

La presencia de san Pedro Mártir, monje dominico, como testigo de la escena, tiene igual función que la de santo Domingo en el Llanto ante Cristo muerto.

Anunciación

Después se representa un Calvario con la Virgen y el Evangelista a la derecha de Cristo crucificado (izquierda del espectador) y con los santos Domingo y Jerónimo a la izquierda. El azul es excepcional por el alto costo del pigmento.

Calvario con los santos Domingo y Jerónimo

En la quinta celda hay una Adoración con los santos Catalina de Alejandría y Pedro Mártir, con las figuras arrodilladas en semicírculo en torno al Niño como ejemplo de oración para los monjes.

Adoración del Niño

A continuación hay una Transfiguración, con Cristo rodeado por un óvalo de luz, con los apóstoles Pedro, Santiago y Juan Evangelista a sus pies y flanqueado por la Virgen y santo Domingo orantes y los bustos de Moisés y Elías como testigos místicos de la materialización de sus profecías.

Transfiguración

La escena de la séptima celda, con un Escarnio de Cristo, es una de las más famosas del ciclo por su modernidad desde el punto de vista espacial y temporal y la concisión con la que el artista trata ese momento sagrado, con Cristo sentado en un sencillo pedestal sobre una tarima, vestido de blanco sobre un fondo verde en el que se distribuyen los símbolos de su ridiculización, y aunque lleva los ojos vendados y la corona de espinas, mantiene una imperturbable calma, como un rey en majestad. A los lados, pero no involucrados en la escena, como representando la posición del espectador, están la Virgen y santo Domingo, éste último leyendo en silencio, como modelo para los frailes. No es una escena narrativa sino que se trata de crear una imagen devocional incluyendo una sucesión de tiempos distintos que conviven en la escena. Va más allá de los tiempos reales, jugando con espacios y tiempos con la finalidad de acercar la escena a los frailes que la contemplan.

Escarnio de Cristo

A continuación se representa Las mujeres ante el sepulcro vacío, con Cristo resucitado.

Las santas mujeres ante el sepulcro vacío y Cristo resucitado

Después hay una Coronación de la Virgen. La composición se ha dividido en dos ámbitos. En la parte superior vemos el mundo celeste, con Cristo y la Virgen, vestidos de blanco y sentados en asientos de nubes. La Virgen, con los brazos cruzados en señal de humildad y aceptación, la misma que en la Anunciación, inclina la cabeza mientras Cristo le pone la corona. En la parte inferior hay una representación del mundo terreno, con los santos en meditación Tomás de Aquino, Benito de Nursia, Domingo de Guzman, Francisco de Asís, Pedro Mártir y Pablo de Tarso, todos relacionados con la vida monástica en general y con la orden dominica en particular.

Coronación de la Virgen

En la décima celda hay una Presentación en el templo e, igual que en el resto de las escenas, el aislamiento de las figuras principales evita cualquier distracción invitando al recogimiento y la meditación. Asisten a la escena san Pedro Mártir y la beata Villana, ambos vinculados a la orden dominica.

Presentación en el templo

La siguiente celda, la última de este lado izquierdo del corredor este, comunica con la anterior a través de un arco y muestra una Virgen con Niño con los santos Agustín y Tomás.

Virgen con Niño con los santos Agustín y Tomás

En la pared derecha del corredor oriental está la conocida como Madonna delle Ombre, una Virgen con el Niño y santos, un asunto que en iconografía se conoce como “Sacra Conversación”. La Virgen con el Niño entronizados están en el centro flanqueados por dos grupos simétricos de cuatro santos estrechamente vinculados a la familia Medici, de lo que se deduce que Cosimo il Vecchio sería el comitente directo de la obra, y a la orden dominica. A su derecha (la izquierda del espectador), se disponen santo Domingo de Guzmán, con hábito dominico, estrella roja sobre la cabeza, lirio y libro abierto en el que puede leerse un salmo, los santos Cosme y Damián, patronos de la familia Medici en general y de Cosimo en particular, y san Marcos Evangelista, patrono del convento. Y a su izquierda están san Juan Evangelista, patrono de Giovanni di Bicci, padre de Cosimo, santo Tomás de Aquino, dominico, san Lorenzo, patrono de Lorenzo el Viejo, hermano de Cosimo, vestido con dalmática y con la parrilla de su martirio, y san Pedro Mártir, dominico y protector de Piero el Gotoso, hijo de Cosimo, con la herida sangrante en su cabeza.

Madonna delle Ombre en el corredor oriental

Se considera una obra de madurez de fra Angelico, pintada después de su viaje a Roma, y debe su nombre a los efectos de luz y sombra, creados teniendo en cuenta la luz real que entra por una ventana al final del pasillo, y que definen los volúmenes, sobre todo evidentes en el juego que generan las pilastras y los capiteles corintios, que hacen que parezca que están en relieve. Sin embargo, las figuras no generan sombras en el suelo, circunstancia que los especialistas explican por la intervención del taller.

Santos Domingo de Guzmán, Cosme, Damián y Marcos

Santos Juan Evangelista, Tomás de Aquino, Lorenzo y Pedro Mártir

En las celdas de este lado derecho del corredor este se distribuyen siete Crucifixiones con distintos personajes, un Bautismo de Cristo, una Piedad y una Flagelación.

Crucifixión con la Virgen, María Magdalena y santo Domingo

Crucifixión con la Virgen y san Pedro Mártir

Crucifixión con la Virgen, santo Domingo y ángeles

Bautismo de Cristo

Piedad con la Virgen y santo Domingo o santo Tomás

Flagelación con la Virgen y santo Domingo

En cuanto al corredor sur, las tres más cercanas a la iglesia eran las del prior, las que ocupó Savonarola a partir de 1491, de ahí que estén destinadas a su memoria, pero no cuentan con decoración mural. Las otras siete tienen la misma escena, un Crucificado adorado por santo Domingo de dimensiones más pequeñas que el resto, decoración didáctico-devocional de calidad inferior, toda obra de taller, quizá porque estas celdas eran las ocupadas por los novicios.

Corredor sur, con las celdas de Savonarola al fondo

Tres Crucifixiones de las celdas de novicios

En las escenas de las celdas de la izquierda del corredor norte se ha identificado la intervención de Benozzo Gozzoli, el discípulo más aventajado de fra Angelico. Según la tradición, la nº 31 fue la que habitó san Antonino Pierozzi y está decorada con una Anástasis.

Anástasis

A continuación se ubica una celda doble con el Sermón en la montaña y la Tentación de Cristo.

Sermón en la montaña

La siguiente también es doble, con el Beso de Judas y la Subida al Calvario.

Beso de Judas

Les sigue una Oración en el huerto, la Institución de la Eucaristía, una Crucifixión con la Virgen, María Magdalena, Longinos y dos sacerdotes judíos y otra Crucifixión con la Virgen y los santos Domingo y Tomás de Aquino.

Oración en el huerto

Institución de la Eucaristía

Crucifixión con la Virgen, María Magdalena, Longinos y dos sacerdotes judíos

En cuanto a las celdas de la derecha del corredor norte, las del fondo, las más cercanas a la iglesia, eran las ocupadas por Cosimo il Vecchio en sus retiros espirituales en el convento y en ellas también se alojaron invitados ilustres, como el papa Eugenio IV. Se compone de un vestíbulo con un nicho pasaplatos y un Calvario con la Virgen y el Evangelista con los santos Cosme y Pedro Mártir y la celda en sí, a la que se accede mediante unos escalones, que está decorada con una Epifanía.

Vestíbulo de la celda de Cosme el Viejo

Epifanía en la celda de Cosme el Viejo

Detalle del cortejo de los Reyes Magos, donde se aprecia el estilo de Benozzo Gozzoli

Y terminamos el recorrido con el resto de las celdas de este lado, todas con Crucifixiones entre las que destaca una con los santos Marcos y Domingo, las santas Marta y María y un centurión que se atribuye a la mano directa de fra Angelico como obra de madurez, posterior a 1450, tras su vuelta de Roma.

Crucifixión atribuida a la mano directa de fra Angelico en el corredor norte

SCUDIERI, M., The frescoes by Angelico at San Marco, Firenze, Giunti Marzocco, 2004.

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