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lunes, 20 de marzo de 2017

Una visita al Monasterio de san Zoilo de Carrión de los Condes y a su espectacular claustro, en Palencia

El Monasterio benedictino de San Zoilo, el establecimiento más importante de la red cluniacense en la península en el medievo junto con los de San Isidoro de Dueñas y Santa María de Nájera, se ubica al oeste a las afueras de Carrión de los Condes, en la orilla izquierda del río Carrión y al lado del puente que lo cruza, en la ruta de peregrinación a Santiago en Tierra de Campos palentina, una zona de amplias llanuras dedicadas al cereal, el ganado y el cultivo de viñedos.

Panda norte del claustro de San Zoilo

Fundado por los condes don Gómez Díaz y doña Teresa Peláez a mediados del siglo XI sobre un cenobio anterior bajo la advocación de san Juan Bautista como convento familiar, primero conservó dicha advocación para después, hacia 1070, al recibir las reliquias de los santos mártires Zoilo, Félix y Agapio cambiar la dedicación, y en 1076 fue entregado por la dama, ya viuda, y sus hijos, al monasterio de Cluny. Como en un artículo anterior ya relaté su azarosa historia y sus múltiples avatares (podéis PINCHAR en este enlace si no lo leísteis), ahora nos vamos a conocer el monasterio en la actualidad.

El conjunto se compone de templo, claustro y gran patio con dependencias anexas, aunque estas últimas no son visitables porque en 1991 la Diócesis de Palencia las vendió a una empresa privada para transformarlas en hotel, función que sigue desempeñando en la actualidad.

La fachada norte está protagonizada por el gran cuerpo tras el que se sitúa el patio, levantado en el siglo XVIII y reconstruido en el último tercio del XIX para convertirlo en colegio de la Compañía de Jesús, y el lateral norte de la iglesia, con una imponente portada barroca, al lado de la que se aprecian los restos de la primitiva torre del Evangelio a los pies de la iglesia románica.

Fachada norte de la iglesia con la portada barroca

Esta portada norte de la iglesia, con traza y ejecución arquitectónica de Diego de Zorlado firmada en 1666, presenta un gran plinto, un cuerpo central de tres calles separadas por pilastras cajeadas, un cuerpo superior de una calle y ático que sobresale por encima del cuerpo de la iglesia formado por un frontón curvo partido.

Portada barroca de la fachada norte

El vano de acceso ocupa la calle central y muestra arco de medio punto sobre pilastras cajeadas flanqueado por otras pilastras también cajeadas que soportan un frontón triangular rematado en los extremos por sendos pedestales con bolas y partido con una hornacina que repite el mismo esquema y que aloja la figura de San Zoilo, representado como un joven con coraza a la romana que recoge un voluminoso manto con una mano y en la otra, mutilada, portaría la palma o una bandeja con sus riñones en alusión a su martirio.

Escultura de san Zoilo sobre el vano de entrada

Las calles laterales muestran sendas hornacinas que vuelven a repetir el esquema del vano central, con pilastras y frontón con bolas, y que cobijan dos esculturas. A la derecha está San Juan Bautista, primitiva advocación del monasterio, vestido con la piel de camello, con un amplio manto que alude a su martirio que solo le cubre el hombro izquierdo. Le falta el brazo derecho, con el que sostendría la cruz o el cordero y tiene la mano izquierda extendida sobre el pecho en vez de presentar la típica postura con el dedo índice señalando al cielo. A la izquierda aparece San Félix, advocación que adquiere el monasterio junto a la de San Zoilo en la refundación, aunque después la terminara perdiendo. Viste hábito benedictino y sostiene un libro con una mano y la otra, mutilada, quizá tuviera la pala del martirio que sufrió en Córdoba.

San Juan Bautista y san Félix en las hornacinas laterales

Sobre las hornacinas aparece dos escudos. El de la izquierda es el del monasterio, con los brazos de San Zoilo y San Félix, el cordero en alusión a San Juan Bautista y el puente sobre el río que identifica a Carrión. El de la derecha es el emblema general de una casa benedictina, igual al que aparece en la Crónica General de la orden de San Benito del padre Antonio de Yepes editado en 1609.

En el cuerpo bajo corre un entablamento y después se sitúa un friso en el que apoya el segundo cuerpo, con una calle central flanqueada por aletones. En el centro del friso pero ocupando también parte del segundo cuerpo aparece el escudo de Carlos II rodeado del collar con el Toisón de Oro sujetado por dos leones rampantes.

Segundo cuerpo de la portada norte

Encima del escudo hay una hornacina con la escultura de bulto de San Benito que sostiene la Regla benedictina con una mano mientras que con la otra sujeta el báculo abacial y a los pies se ve la mitra episcopal a la que renunció. El conjunto se remata con frontón partido avolutado con la figura de San Miguel en el centro flanqueado por elementos apiñonados.

Hornacina con la escultura de san Benito

El acceso al conjunto se realiza mediante una portada en el paño norte del cuerpo del patio organizada mediante un vano rectangular flanqueado por dobles columnas jónicas que soportan un entablamento y un frontón con el escudo de la Compañía de Jesús en el centro. 

Portada de acceso al convento

Tras el zaguán se accede directamente a la crujía norte del gran patio jesuita, que tiene una sencilla estructura de cuatro pisos con ventanas alineadas enmarcadas por molduras. Aunque los jesuitas renovaron el patio del siglo XVIII, conservaron la portada ubicada en el lienzo este, que presenta vano rectangular flanqueado por dobles pilastras cajeadas que sustentan un friso de triglifos y rosetas y un frontón curvo partido que aloja el escudo del monasterio y sobre el que se sitúa un balcón flanqueado por parejas de plintos rematados en bolas con pináculos. Las dependencias visitables están adosadas a esta crujía este del patio, con la iglesia y el claustro del siglo XVI, pues este patio grande y otras dependencias hacia el sur del complejo fueron vendidos por la diócesis de Palencia en 1991 la Diócesis a una empresa privada para transformarlas en hospedería, función que sigue desempeñando en la actualidad.

Patio (1)

La iglesia barroca es fruto de una reedificación que comenzó en 1642 aprovechando al máximo los muros del templo románico y limitándose a derribar los intercolumnios, tabicar ventanas y afeitar impostas, fustes y capiteles de los muros. Se accede a ella a través de una galería de doble arcada con pilares cuadrangulares de piedra que sustentan bóvedas de arista pero en origen estaría abierta al patio. En la actualidad, además de comunicar con una zona de hotel, expone una maqueta de la iglesia románica, varios capiteles recuperados durante las restauraciones y pertenecientes al desaparecido claustro románico y otros restos. También conserva los restos de la primitiva galilea, la zona de enterramiento de la familia Beni-Gómez, de la que ya hablé en el Monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes, de Palencia, a lo largo de su historia, al que podéis acceder desde este enlace.

Galería con la galilea ante la portada occidental

Capiteles recuperados del claustro románico expuestos en la galería

La galilea estaba justo delante de la portada occidental de la iglesia románica, que quedó tapiada durante las obras barrocas y no se recuperó hasta 1993.

Portada occidental de la iglesia

Fechada en torno a 1100, se compone de cinco arquivoltas de medio punto alternando rosca plana con dos gruesos baquetones y una de ellas conserva restos de una inscripción en capitales romanas alusiva a San Juan Bautista, una cita del Evangelio de Mateo sobre la predicación del santo en el desierto donde se describe que tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero

“...PILIS CAMELORVM ET ZONAM PELI[…]AM…”

Aunque podría pensarse que estaría en relación con la primera advocación del cenobio a san Juan Bautista, de la que ya he hablado en el artículo Monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes, de Palencia, a lo largo de su historia, parece ser que la inscripción es de fines del siglo XVI, cuando el primitivo pórtico se conformó como Capilla de san Juan, también conocida como Capilla de los Condes por ser su lugar de enterramiento.

Inscripción de la portada

Las arquivoltas apoyan en pilares y en cuatro columnas con fustes de mármol reaprovechados, quizá de alguna villa romana cercana. En cuanto a los capiteles, el exterior del lado del Evangelio presenta cuatro figuras emparejadas portando bandejas sobre las que aparecen los bustos de unas figuras aladas que sustentan libros y están en actitud de bendecir, una escena de difícil identificación; el interior de este mismo lado muestra parejas de animales fantásticos con cola de serpiente. Ambos se relacionarían con la ascensión del alma y las amenazas del mal. El capitel interior del lado de la Epístola parece representar a Balaam sobre la burra, quizá indicando la debilidad de la fe; y el exterior muestra una escena de vendimia, quizá relacionada con la inminencia de la Parusía, con el pasaje apocalíptico del vino de la ira de Dios, o con la parábola del sembrador, mensaje de salvación a través de la correcta recepción del mensaje de Cristo.

“Los que reciben la semilla en tierra buena son los que oyen la palabra, la reciben y dan fruto” (Mc 4, 20)

Capiteles del lado del Evangelio

Capiteles del lado de la Epístola

Así, la iconografía general del portal estaría relacionada con el triunfo sobre la muerte, en consonancia con su función funeraria y las celebraciones procesionales cluniacenses de Pascua y con la festividad de los difuntos el 2 de noviembre, en las que la galilea, espacio occidental de los templos de la Orden, tenía un papel litúrgico protagonista (en el artículo del Monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes, de Palencia, a lo largo de su historia hablo más detalladamente de estos ritos).

En el Panteón Real de San Isidoro de León y en la Portada sur de la Catedral de Jaca también se localizan capiteles con Balaam sobre la burra, interpretados como símbolos de la recuperación de un tema antiguo emanado de la Roma constantiniana y postconstantiniana como reflejo de la vuelta a la Iglesia primitiva promovida por la Reforma Gregoriana difundida por Cluny a la que se le añade un nuevo significado relacionado con las virtudes necesarias para un monje de la época.

La iglesia tiene planta rectangular de una sola nave de tres tramos de gran amplitud, coro alto a los pies, cubiertas con bóveda de arista con yeserías, crucero que no sobresale en planta cubierto con cúpula sobre pechinas y presbiterio elevado más estrecho y de testero plano. La iluminación natural procede de dos ventanas en la nave, cuatro en la cúpula, otras dos en los lados del presbiterio y un óculo sobre el altar mayor.

La iglesia desde los pies

La iglesia desde el crucero

Aunque no se sabe quién fue el tracista del nuevo templo, primero trabajaron en él Melchor Ruiz, Tomás García y Domingo Ponce. Al comenzar por la cabecera, primero se derribaron el ábside y parte del cuerpo de la iglesia románica. Tras levantar los muros de la capilla mayor se decidió trasladar el sepulcro de doña Teresa Pelaez a un nicho en alto en el lado del Evangelio.

En 1645 debía estar terminado el ábside y el crucero, pues se contrata la decoración de la cúpula con un trampantojo que imitara vidrieras en los vanos ciegos representando a los santos del siglo VII Ildefonso, Isidoro, Leandro y Fulgencio, todos eruditos y fundadores de monasterios, y los santos Juan Bautista, Zoilo, Félix y Benito en las pechinas como advocaciones del templo y fundador de la Orden benedictina. Lamentablemente, no queda nada de esta decoración.

Después se levantó el último tramo de la nave y las obras quedaron paralizadas hasta 1666, cuando Diego de Zorlado Ribero dio la traza para terminarla incluyendo un coro alto y la nueva portada norte de la que ya he hablado, terminada en 1693.

El sotocoro, separado por una reja del resto de la iglesia, presenta arco rebajado con bóveda con las armas del monasterio en el centro y pechinas decoradas con hojarasca. A los lados se conservan todavía las ventanas abocinadas del primitivo templo románico.

Sepulcros condales en el sotocoro (2)

Este espacio ahora acoge los sepulcros de la familia Banu-Gómez y de otros nobles que en origen estuvieron en la galilea, aunque sus traslados y modificaciones han sido tan abundantes a lo largo de los siglos que los restos óseos y las cubiertas de los sarcófagos fueron mezclados. Se fechan entre los siglos XI y XIII. Los ocho más antiguos son lisos con tapa a doble vertiente y contienen epitafios que identifican al difunto y la fecha de su muerte, aunque algunos de estos epitafios no son contemporáneos al fallecimiento y se han localizado errores. Hay también un sepulcro completo, una caja con decoración en los cuatro frentes y dos tapas datables entre 1230 y 1260 que se adscriben a los conocidos como “primeros talleres de Carrión”. Se compondrían de una urna sobre figuras animales, normalmente leones, con los frentes decorados con arquerías con temas figurados y tapas con yacentes.

El Sepulcro de Alvar Fernández Podestat, miembro de la familia Lara, una de las más poderosas del momento en la Corona de Castilla, fallecido hacia 1262, presenta tapa con el yacente con los ojos abiertos, la cabeza sobre un almohadón, vestido con túnica y capa y tiene un perro a los pies como símbolo de fidelidad. Va enmarcado por un arco trilobulado que conserva una inscripción en la que se identifica al artífice, Pedro Pintor, de lo que se deduce que sería escultor y también policromó el sepulcro:

“Don Pedro el pintor me fiço este mio monumento Alvar Fernández Podestat”

Sepulcro de Alvar Fernández Podestar (3)

Algunos estudiosos atribuyen a este Pedro Pintor el Sepulcro de doña Inés Rodríguez de Villalobos procedente del Monasterio de Santa María de Aguilar de Campoo, hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Se considera que podría haber sido maestro de Antón Pérez Carrión, que en 1292 firmó el Sepulcro de don Nuño Díaz de Castañeda, también de Aguilar de Campoo, al que muy recientemente se le han atribuido cinco sepulcros de la familia Téllez de Meneses del monasterio de Santa María de Palazuelos, Valladolid, repartidos en el propio monasterio y en el Museo Diocesano de Valladolid, gracias a la localización de una inscripción en uno de los conservados en Palazuelos, y también los impresionantes Sepulcros del infante don Felipe de Castilla de Suabia y de su segunda esposa en la iglesia de Santa María de Villalcázar de Sirga.  

La caja, cuya labor escultórica parece anterior, datada hacia 1230, por sus dimensiones, no parece corresponder a la tapa. Las representaciones aparecen bajo arcos trilobulados soportados por columnas con capiteles vegetales sobre los que aparecen formas acastilladas. La cabecera presenta una Déesis y en los pies figura una Visitación mientras que en los laterales aparece Cristo en majestad en mandorla rodeado del Tetramorfos y acompañado de un Apostolado formando parejas.

Detalle de Cristo en majestad en el Sepulcro de Alvar Fernández Podestat

Visitación a los pies del Sepulcro de Alvar Fernández Podestat (2)

La caja con decoración en los cuatro frentes, ante la ausencia de tapa y de elementos heráldicos, no permite identificar a qué personaje pertenecía. También presenta arcos, en este caso simplemente apuntados. En la cabecera aparece un Calvario y en los pies está San Miguel venciendo al demonio. En cuanto a los laterales, en uno se presenta Cristo en Majestad con el Tetramorfos y el Apostolado y en el otro está la Virgen en majestad con el Niño en el regazo en el centro con san José al lado y los Reyes Magos formando una Epifanía y en el otro lado aparece una Anunciación.

Caja con decoración en los cuatro frentes a la que le falta la tapa (3)

Las dos tapas restantes muestran a sendos caballeros yacentes con las cabezas sobre almohadones, perro a los pies y vestidos con túnica larga, capa y calzas. En uno de ellos ha desaparecido el marco arquitectónico que lo abarcaba pero el otro está cobijado bajo un arco túmido adornado con elementos acasillados apoyado en sendas columnas estilizadas con capiteles vegetales.

El segundo tramo de la nave presenta dos arcos de medio punto superpuestos con los intradoses decorados con molduras geométricas a cada lado. Los superiores conforman dos tribunas. En  la del lado del Evangelio se aloja un órgano barroco realizado por Gregorio González Roldán en 1716 y la de la Epístola está vacía e ilumina la nave mediante una lucerna abierta en el arco de medio punto del muro.

Órgano barroco

En el muro de la Epístola del segundo tramo se aprecian los restos del templo románico, con una puerta de pequeñas dimensiones que comunicaría con el claustro, una ventana abocinada y un capitel figurado localizado en labores de desenfoscado en 1999 que muestra una figura con toga y libro en una cara y un hombre barbado abriendo las fauces de un león, posiblemente una representación de Sansón o de Hércules como prefiguración de Cristo, aunque resulta difícil de identificar dada su descontextualización por conservarse tan poco de la decoración escultórica de la iglesia románica.

Muro de la iglesia románica en el lado de la Epístola (3)

El tercer tramo cuenta con dos retablos iguales de columnas jónicas policromados en ocres y granates imitando jaspes realizados en el siglo XVIII. El del lado de la Epístola tiene un Crucificado de gran patetismo por la larga y espesa cabellera postiza que le cae tapándole el rostro fechado a fines del siglo XVI. En el del lado del Evangelio hay una talla del siglo XVIII de santa Gertrudis, mística alemana del siglo XIV.

El ábside desde el crucero

El crucero está decorado con cuatro retablos, dos a cada lado, neoclásicos e iguales, sobre sencillas mesas de altar, con columnas dóricas que sujetan un frontón curvo rematado con dentículos y un sol central y policromados con algunos toques dorados y tonos granate y mostaza intentando imitar el veteado de los jaspes. Los del lado del Evangelio contienen las pinturas de la Anunciación y San Gregorio Magno repartiendo limosnas y los de la Epístola representan San Benito rezando y San Leandro sobre los herejes.

Retablos del crucero

En el lado del Evangelio también está el Retablo de la Magdalena, titular de la parroquia desde el siglo XVI, obra del primer tercio del XVII que ha sufrido muchas modificaciones, con elementos que faltan y otros añadidos. Cuenta con una hornacina central con una copia realizada por la Academia Vallisoletana a comienzos del siglo XIX de la Magdalena Penitente de Pedro de Mena.

El retablo mayor procede de la iglesia de Nuestra Señora de Arbás de Baquerín de Campos, trasladado a San Zoilo en 1986 por el Obispado de Palencia ante la inminente ruina de ese templo. Fechado en la década de 1640, se desconoce quién fue su tracista. Está dorado y policromado y se compone de banco con pinturas, dos grandes cuerpos de cinco calles, de orden jónico y corintio respectivamente, con relieves y esculturas de bulto y ático, con las calles más laterales en oblicuo para adaptarse al espacio ochavado del ábside de la iglesia de donde procede, completamente arruinada en la actualidad.

Retablo mayor

En el banco se representan la Virtudes cardinales, con la Prudencia y la Justicia en el lado del Evangelio y la Templanza y la Fortaleza en el de la Epístola. Son pinturas realizadas después de la ejecución del retablo y se atribuyen al pintor local Alonso Gómez.

La calle central del banco y del primer cuerpo cuenta con un tabernáculo clasicista con los relieves de los Evangelistas, las esculturas de Cristo Redentor y santo Toribio de Liébana y también contaba con otras esculturas de varios santos en las hornacinas desaparecidas cuando el retablo ya estaba en San Zoilo.

La calle central del segundo cuerpo presenta una Asunción, una talla de rostro redondeado, caída simétrica de la cabellera, dividida en cuatro largos mechones a cada lado, amplia túnica con repintes florales del siglo XVIII y manto azul con estrellas y orla con capullos en flor. Está rodeada de seis angelitos en pendant y los dos de arriba la están coronando.

A ambos lados de esta calle central se ubican los cuatro Padres de la iglesia occidental en bulto redondo realizadas por Tomás de Sierra, los santos Gregorio Magno y Ambrosio en el cuerpo inferior y Jerónimo y Agustín flanqueando a la Virgen.

La Asunción flanqueada por los santos Jerónimo y Agustín

En las calles laterales hay cuatro bajorrelieves con la Epifanía y la Adoración de los pastores en el cuerpo bajo y la Natividad de la Virgen y la Visitación en el alto y el ático, rematado por un frontón con el busto pintado del Padre Eterno, acoge el habitual Calvario, obra de Antonio Ribera, flanqueado por dos pinturas de formato cuadrangular con dos ángeles con los instrumentos de la Pasión.

Calvario del ático

En el testero del Evangelio del ábside se encuentra el Sepulcro de doña Teresa Pelaez, trasladado desde su primitivo emplazamiento a los pies de la iglesia después de que éste fuera remodelada a mediados del siglo XVII. Es un arcosolio con la escultura de la condesa orante vestida con hábito y toca mirando hacia el altar mayor colocada sobre la lauda original de su sepultura con la siguiente inscripción:

FAEMINA CHARA DEO JACET HOC TUMULTA SEPULCHRO, QUÆ COMMITISA FUIT, NOMINE TARASIA. HÆC MENSIS IUNIS SUB QUINTO TRANSIT IDUS. OMNIS EAM MERITO PLANGERE DEBET HOMO. ECCLESIAM PONTEM PEREGRINIS OPTIMA TECTA FECIT, PARCA SIBI, LARGAQUE PAUPERIBUS. DONET EI REGNUM QUOD PERMANET OMNE PER ÆVUM, QUIMANET & TRINUS REGNAT UBIQUE DEUS. ERA T.C.XXXI (4)

Una mujer amada por Dios yace en este sepulcro, que fue condesa de nombre Teresa. Falleció el día nueve de junio. Digna de que todos la lloren, levantó la iglesia y el puente para los peregrinos, siendo parca consigo y generosa con los pobres. Dios trino, que está y reina en todas partes, le dé el Reino eterno. Era 1131 (año 1093) (4)

Sepulcro de doña Teresa en el testero del Evangelio del abside

En cuanto al claustro, después de que San Zoilo quedara definitivamente unido a la Congregación de San Benito en 1532 comenzó un periodo de esplendor en el que el monasterio dejó de tener abades comendatarios y ya pudo elegir a sus superiores, en el que el segundo abad elegido por la congragación en esta nueva etapa fray Gaspar de Villarroel, ya pudo decidir emprender su reconstrucción total como elemento necesario dentro del proceso de renovación espiritual que estaba experimentando la orden benedictina, que al aceptar la clausura perpetua, necesitaba de nuevos recintos adecuados a la oración y el estudio.

Claustro

Las trazas del claustro bajo se atribuyen a Juan de Badajoz el Mozo, arquitecto principal de San Benito de Sahagún, donde Villarroel había sido profeso. Las obras comenzaron en 1537 por el ángulo nororiental, de acceso al templo, y siguieron por la panda este, con labor escultórica a cargo de Miguel de Espinosa, la parte de mayor calidad. Después de varios periodos de inactividad intervinieron Pedro de Castrillo, que trabajó en la panda sur, donde se desconoce quién fue el escultor, con labor de menor calidad, y Juan de Celaya, al que se le deben la panda oeste, con labor escultórica de Antonio Morante, de una calidad equiparable a la de Espinosa, y la terminación de la panda norte, de la que no se sabe quién fue el escultor. Según una inscripción en una de las bóvedas de la panda norte el claustro bajo éste quedó terminado en 1577, bajo el abadiato de fray Ambrosio de Nájera.

“Este claustro se acabó ha trece de julio, año del señor de 1577, siendo abad F. Ambrosio de Nájera. Salió de ésta general, siendo abad, F. Cristóbal de Agüero. El arquitecto Juan de Celaya lo acabó”

Claustro bajo (1)

Cada panda del claustro bajo presenta seis tramos cubiertos con bóvedas de terceletes cuyos nervios apoyan en ménsulas muy desarrolladas y abren al jardín mediante arcos apuntados de molduras planas apoyados sobre pilastras cajeadas sobre un basamento corrido. En el exterior, los arcos están flanqueados por contrafuertes rectangulares que culminan en columnillas estriadas que sustentan pirámides con bolas.

Los terceletes de las bóvedas muestran tres distintos modelos, destacando los ángulos, con combados formando un cuadrifolio central. En las claves aparecen bustos, pinjantes y otros detalles decorativos más planos con cabezas de angelitos o tarjetas con inscripciones. Los plementos también presentan decoración escultórica heráldica, con personajes, jarrones y cabezas de angelitos flanqueados por bandas y elementos vegetales. Las ménsulas están decoradas con bustos de personajes bíblicos identificados con cartelas o calaveras. En los pilares aparecen escudos, bucráneos, medallones…

Los tres tipos de bóvedas del claustro bajo (5)

Detalle de las bóvedas

Arquitectónicamente hay una pervivencia del Gótico pero en lo decorativo ya muestra un repertorio más propio del Renacimiento, con ornamentación a base de bandas de flores, magistrales bustos perfectamente diferenciados, geniecillos y motivos caprichosos propios de los grutescos, una característica propia de las obras de Juan Badajoz el Mozo que también podemos ver en sus obras en León de la Sacristía del Convento de san Marcos, la Biblioteca de la Colegiata de san Isidoro y de la Catedral o en la Capilla de don Juan Manuel en el Convento de san Pablo de Peñafiel.

La labor escultórica desarrolla la Genealogía de Cristo y la Genealogía de San Benito. La Genealogía de Cristo ocupa trece tramos y se basa en el Evangelio de san Mateo, el Evangelio de san Lucas y el Libro de Isaías. Comienza por Adán y Eva en las ménsulas que flanquean la puerta del templo en la panda norte, aunque este tramo del ángulo noreste, el que contiene la puerta de la iglesia, salvo por las ménsulas, es una excepción porque está dedicado a la fundación del monasterio. Así, en la bóveda aparecen los escudos de don Gómez Díaz, de doña Teresa Peláez y dos más de la abadía, con dos palmas del martirio, referencia a la primitiva doble advocación, san Zoilo ocupa la clave central, pues con el tiempo sólo se mantuvo ésta, en una secundaria está san Félix y en las otras tres secundarias aparecen San Benito como fundador de la Orden benedictina, santa Escolástica, su hermana, y María Magdalena como titular del templo parroquial incorporado a san Zoilo en 1479. En los plementos están representados los fundadores y miembros de su familia identificables mediante cartelas.

Decoración de la bóveda del ángulo noreste del claustro bajo,
dedicada a los fundadores del monasterio

Clave con san Zoilo en la bóveda dedicada a la fundación del monasterio

La Genealogía de Cristo sigue por la panda este hasta la Genealogía de María como madre de Cristo y continúa por la sur con el Árbol de Jesé.

Ménsulas de Abraham, Rebeca y Moisés en la panda este

Las ménsulas externas de la crujía este y dos de la sur en vez de bustos muestran calaveras que hacen referencia al tránsito hacia la muerte en un lugar de paso obligado de los monjes con los cadáveres de los hermanos fallecidos para celebrar las exequias en el templo, y también estaba en esta zona la sala De profundis, donde se rezaba un salmo para desear el reposo eterno de los difuntos.

Ménsula con calaveras

La última bóveda meridional y la primera de la panda oeste están dedicadas a los macabeos, caudillos del pueblo judío y a personajes hostiles al mismo. Los macabeos, mártires judíos que se negaron a adorar a los dioses griegos impuestos por los seleúcidas en el año 164 aC., se utilizan como ejemplo de actuación por su observancia de la ley y su defensa de la religión frente a la idolatría, dispuestos incluso a morir por ello. Los personajes con connotación negativa de la siguiente bóveda buscan reforzar el carácter ejemplar del resto de protagonistas del ciclo escultórico.

En cuanto a la Genealogía de san Benito, con la que los monjes de San Zoilo reconocieron a su fundador como el modelo a seguir, ocupa las ocho bóvedas restantes, en la panda oeste y la norte, y se basa en la Aprobación de la Regla y orden del gloriosísimo Padre San Benito. Todos los personajes están identificados con su correspondiente cartela, aunque la repetición de algunos nombres hace dudar. Aparecen reyes y emperadores como representantes del poder terrenal, papas como representantes del poder espiritual, abades, monjes y monjas eruditos… y las ménsulas están protagonizadas por un Apostolado y los cuatro Evangelistas.

Aunque apenas quedan restos de pintura negra que enmarcan los caracteres latinos cincelados y algunos otros pequeños detalles, la escultura del claustro estuvo policromada, de ahí que los ojos de todos los rostros no estén cincelados, lo mismo que ocurre en la sacristía de San Marcos de León, que sí conserva la policromía.

Esquema publicado en la tesis doctoral de Lorena García con la ubicación
de las puertas y otros elementos destacables del claustro bajo (5)

Esquema del ciclo iconográfico del claustro bajo publicado en la tesis
doctoral de Lorena García (5)

En la esquina este de la panda norte está la puerta de la iglesia o Puerta de las Procesiones, que recibe ese nombre porque desde ahí se iniciaban los recorridos procesionales por el claustro. Atribuida a Juan de Badajoz el Mozo, el vano es un arco escarzano abocinado apoyado sobre pilastras dóricas, los dos decorados con un entramado reticulado, y está flanqueado por columnas abalaustradas que soportan  un entablamento y un frontón triangular en las enjutas muestra dos tondos con el profeta Daniel, modelo de sabiduría y justicia y prefiguración de Cristo porque se salva de los leones, y la sibila Europa, que vaticinó el episodio de la Huida a Egipto. El frontón, decorado con crestería de flameros flanqueados por dragones, contiene un pelícano, emblema eucarístico, está coronado con un Crucificado, que junto con las figuras de Adán y Eva en las ménsulas que flanquean el vano y que inauguran el ciclo iconográfico de la Genealogía de Cristo, también simbolizan la redención del pecado humano a través del sacrificio de Cristo.

Ángulo noreste del claustro bajo, con la Puerta de las Procesiones de frente
y la puerta de la sacristía a la derecha

Puerta de las Procesiones

A la izquierda de la Puerta de las Procesiones se ubica el nicho sepulcral de Alonso Barrantes († 1627) y Juan Díaz de Lavandero († 1631), dos abades y generales de la Orden cuyos restos fueron reunidos en este nicho, según una inscripción, en 1633. Es un arco escarzano sobre pilastras que aloja el escudo general de las abadías benedictinas, el mismo que figura en la fachada norte y en la Crónica General de la orden de San Benito de Yepes editado en 1609 al que se le añadió el lema latino “IN ETERNUMET ULTRA”.

Nicho sepulcral de los abades Alonso Barrantes y Juan Díaz de Lavandero

Ya en la panda este lo primero que nos encontramos es un nicho con una escultura de Cristo atado a la columna de tamaño natural realizada en piedra caliza y de cuya autoría y datación en el siglo XVI, pero sin poder precisar fecha, no hay unanimidad entre los especialistas, atribuido a Antonio Morante por unos y a Miguel de Espinosa por otros. Está atado con una soga enroscada a una columna alta, tradicional en el siglo XVI, y elevado sobre un pequeño pedestal adoptando un contraposto que permite observar su musculatura. Se trasladó aquí procedente de la capilla funeraria de los condes a los pies del templo, donde estuvo hasta 1963 y antes también había estado en un retablo descubierto en 2011 en el muro oriental del patio jesuita.

Cristo atado a la columna en el claustro bajo

Después está la puerta de acceso a la sacristía desde el claustro, un sencillo arco de medio punto sobre pilastras, un ámbito al que también puede accederse desde el transepto de la Epístola. Es una estancia rectangular cubierta con bóveda de cañón decorada con yeserías que data de la primera mitad del siglo XVII, realizada por Juan de la Sierra y Pedro de Verdes. Recibe la luz de tres vanos y también comunica con la sala capitular, dispuesta a continuación en esta crujía este del claustro. Aloja una cajonería de nogal del siglo XVI pero tras las desamortizaciones perdió su rica decoración pictórica. Hoy expone una pintura probablemente del último cuarto del siglo XVI con el Martirio de San Zoilo, cuatro pinturas anónimas del siglo XVII con San Benito, Santa Magdalena Penitente, un retrato de Alejandro VII, San Francisco de Paula y otra de la primera mitad del siglo XIX con el retrato del abad fray Fulgencio del Campo.

Sacristía

Sobre la cajonería destaca un sagrario clasicista procedente del retablo mayor de la iglesia del convento de Santa Clara de Carrión regalado a San Zoilo por la madre sor Luisa de la Ascensión entre fines del siglo XIX y comienzos del XX y se ubicó bajo el coro hasta la década de 1940. Después ocupó la peana del retablo de San Benito hasta que en 2005 fue trasladado a la sacristía. Presenta una estructura de dos cuerpos sobre amplio zócalo. En el inferior, separadas por columnas entorchadas corintias, muestra las pinturas de San Pedro y San Pablo flanqueado una tabla central con dos ángeles que sujetan un cáliz. En el superior hay también tres óleos, separados por columnas estriadas, con san Juan Bautista y san Juan Evangelista flanqueando el escudo de la Orden franciscana.

Sagrario del convento de Clarisas de Carrión

En la sacristía también se exponen, dentro de unas vitrinas especialmente acondicionadas en relación a factores lumínicos y ambientales, dos grandes paños islámicos de seda, uno azul y otro rojo, que combinan simétricamente animales fantásticos y flores, en excelente estado de conservación, hallados en 2004 en una de las dos arcas de la iglesia y seguramente donados por algún miembro de la familia Banu-Gómez. En 2012 ambos fueron declarados Bien de Interés Cultural con categoría de Bien Mueble.

El paño azul, que podría proceder del sepulcro de doña Teresa, mide 275 x 208 cm. y es una pieza completa de telar que podría haber sido una colgadura mural ornamental. Combina elementos sasánidas y bizantinos y presenta frisos de águilas bicéfalas y rosetas. A la altura de los cuellos de las del friso superior se localiza una banda epigráfica de caligrafía árabe ornamental de carácter cúfico simple en amarillo sobre rojo de complicadas lectura e interpretación para los especialistas, que consideran que es una imitación incorrecta y muy fragmentada del texto árabe de alabanza a Alá de las bandas que adornan tejidos fatimíes y andalusíes de los siglos X-XI. Además, en tres de sus ángulos cuenta con signos pintados sobre la tela que podrían ser los símbolos de los tejedores o de los mercaderes que los comercializaron.

Inscripción en cúfico simple en el paño azul (2)

Signos pintados en uno de los ángulos en el paño azul (2)

Los especialistas lo fechan entre los siglos X y XI y si perteneciera al sepulcro de la condesa tendría que ser anterior a 1093, año de su muerte. Se cree que se habría realizado en Al-Andalus o en un taller cristiano del sur de Italia.

Detalle del paño azul

La pieza roja podría haber estado en el arca de las reliquias de los santos titulares del monasterio. Mide 236 x 142 cm. y también es una pieza completa, quizá un cortinaje, que los especialistas fechan en el siglo XI con características técnicas más antiguas, propias de Irán o Asia Central. Se organiza mediante medallones perlados con aves enfrentadas de espaldas separadas por el árbol de la vida, una composición común en el arte sasánida y en zonas de influencia ya en el periodo islámico.

Paño rojo

En la panda sur estaba el refectorio, hoy incorporado al hotel, con otra portada de medio punto sobre pilastras abocinado y con una dovela central con un motivo avolutado y ornamentado con hojarasca.

Antigua sala capitular, hoy parte del hotel (1)

Portada del refectorio

En el tramo más al sur de la panda oeste hay una puerta de arco carpanel abocinado sobre pilastras cajeadas con dos tondos con los bustos de los santos Gregorio y Benito en la parte superior. Comunica con la escalera de acceso al claustro alto, realizada en 1566 y a la que no se puede acceder porque también forma parte de las dependencias del hotel. En el último tramo de esta misma panda está la puerta que separa este claustro del patio neoclásico desarrollado a continuación y que antes comunicaba con la portería del convento, también con arco carpanel sobre pilastras cajeadas.

Portada de la escalera en el ángulo suroeste

Escalera de acceso al claustro alto en el ángulo suroeste (1)

El claustro alto se inició en 1578 y se acabó en 1604, bajo el abadiato de fray Alonso Barrantes. A falta de documentación que lo corrobore, hay autores que atribuyen las trazas a Pedro de Torres, que también habría realizado labores escultóricas, apreciándose su mano en los tondos con los bustos de San Zoilo y San Benito, y otros que consideran que fueron obra de Juan Ribero de Rada, que está constatado documentalmente que por esas fechas dio trazas en el monasterio para “un cuarto de casa” desaparecido, un maestro formado en la tradición gótica tardía hispana que trabajó en el convento de San Francisco de Medina de Rioseco, en la Catedral Nueva y en el pórtico de San Esteban de Salamanca y en otros monasterios benedictinos, como San Pedro de Cardeña y San Pedro de Arlanza en Burgos o San Benito de Valladolid. En la labor escultórica intervinieron Juan de Bobadilla y Pedro de Cicero.

Se organiza mediante tramos separados por pilastras cajeadas entre las que se ubican antepechos macizos que soportan arcos escarzanos pareados sobre columnas y semicolumnas con capiteles elevados por un fragmento de entablamento. Cuando el convento fue rehabilitado como Seminario Menor de la Diócesis en 1891 para evitar el frío se sustituyeron las contraventanas de madera por cristaleras.

Arcadas del claustro alto

La labor escultórica se centra en medallones en las enjutas centrales de cada lienzo, donde podemos ver representados a los fundadores, otros miembros varones de la familia, todos con atributos militares, y a santos. Don Fernando Gómez, san Juan Bautista, primitiva advocación del cenobio, y don Diego Gómez ocupan la crujía este. Don Gómez Díaz, doña Teresa Peláez y don Pelayo Gómez están en la sur. Los santos Félix, Benito y Leandro se encuentran en la oeste. Y los santos Ildefonso, Zoilo y Agapio están en la norte. El acceso al interior está vetado a las visitas turísticas porque forma parte del hotel.

Tondos con los condes don Gómez Díaz y doña Teresa Peláez, fundadores del monasterio

Tondos de los santos Agapio, Benito y Zoilo

Galerías del claustro alto (1)

Si no leísteis el artículo anterior del Monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes a lo largo de su historia, podéis acceder a él en este enlace.

Y en este otro enlace podréis ver otros MONASTERIOS BENEDICTINOS en Viajar con el Arte.

Referencias:

(5) GARCÍA GARCÍA, L., Evolución del patrimonio religioso en Carrión de los Condes, Palencia, desde la Baja Edad Media hasta nuestros días, Tesis doctoral presentada en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid, 2012.

Fuentes:

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DOKMAK, A. M. y SAYED, Z. S., “Aportaciones de la epigrafía árabe en el arte románico español. Una facete de la cultura árabe–islámica medieval”, Mundu bat begirada anitz-Un mundo, muchas miradas, nº 4, 2015, pp. 109-133.
GARCÍA GARCÍA, L., Evolución del patrimonio religioso en Carrión de los Condes, Palencia, desde la Baja Edad Media hasta nuestros días, Tesis doctoral presentada en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid, 2012.
POZA YAGÜE, M., “La burra de Balaam”, Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. III, nº 5, 2011, pp. 1-9.
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SENRA GABRIEL Y GALÁN, J. L., “Mio Cid es de Bivar e nos de los condes de Carrión. Los Banu-Gómez de Carrión a la luz de sus epitafios”, Quintana, nº 5, 2006, pp. 233-267.
SENRA GABRIEL Y GALÁN, J. L., “La puerta como dogma: a propósito de un Nuevo descubrimiento de la iglesia románica de San Zoilo de Carrión de los Condes (Palencia)”, Archivo Español de Arte, LXXXI, nº 322, abril-junio 2008, pp. 139-150.
SENRA GABRIEL Y GALÁN, J. L., “Las grandes instituciones cluniacenses hispanas bajo el reinado de Alfonso VI”, Anales de Historia del Arte, Volumen Extraordinario (2), 2011, pp. 335-366.
SENRA GABRIEL Y GALÁN, J. L., "Imágenes explícitas y evocadas en espacios restringidos y otros ámbitos de acceso limitado", La imagen en el edificio románico: espacios y discursos visuales, Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico, 2015, pp. 46-83.
BANGO TORVISO, I. G., “El espacio para enterramientos privilegiados en la arquitectura medieval española”, Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, Universidad Autónoma de Madrid, Vol. IV, 1992, pp. 93-132.

2 comentarios:

enrique dijo...

Completísimo y amenísimo, de nuevo lo consigues Sira.
Gracias.

Sira Gadea dijo...

Gracias a ti, Enrique. Un abrazo.