El Monasterio de Santo Estevo de Ribas del Sil, en Orense

El monasterio benedictino de Santo Estevo de Ribas del Sil, en Nogueria de Ramuín, provincia de Orense, hoy convertido en Parador Nacional, se ubica en la escarpada orilla izquierda del Sil, rodeado de un impresionante bosque de robles y castaños, en plena y frondosa naturaleza, y es uno de los conjuntos monásticos más espectaculares de Galicia, con distintos estilos arquitectónicos que nos hablan de su larga vida monástica a lo largo de nueve siglos, en plena Ribeira Sacra, un territorio entre las provincias de Lugo y Orense bañado por los ríos Miño y Sil que en la Edad Media llegó a albergar casi una treintena de monasterios.

Monasterio de Santo Estevo de Ribas del Sil

Los primeros eremitas se instalaron en esta zona buscando un lugar en el que aislarse para dedicarse a la oración, primero de forma individual y después constituyendo pequeñas comunidades de las que surgieron los primeros monasterios. Ese sería el caso de Santo Estevo, cuyo origen legendario estaría en un eremitorio fundado en el siglo VI por san Martín Dumiense, al que también se le denomina san Martín de Dumio porque se le considera fundador del monasterio de Dumio, en Fraga, Portugal, como filial de San Salvador de Prexigueiró, y que agruparía a varios eremitas de la zona.

Atrio del monasterio

El primer documento conservado es bastante posterior, un privilegio de Ordoño II del año 921 en el que el monarca concede al abad Franquila, gracias a la intercesión del influyente conde Gutier Menéndez, el padre de san Rosendo, fundador de San Salvador de Celanova, el lugar de Santo Estevo, que ya se califica como lugar sagrado, para que edifique un monasterio, describiéndolo como abandonado y arruinado desde antiguo, quizá a raíz de la invasión musulmana, un dato que apoyaría la hipótesis de su temprana fundación. Este abad hasta ese momento dirigía una comunidad establecida en algún lugar próximo a la iglesia de San Xoán de Cachón. La autorización fue acompañada, como era habitual, de la donación de varias posesiones que garantizaran su mantenimiento, iniciándose en el lugar una vida en comunidad que seguramente se basaría en una regla de inspiración benedictina pero fundamentada en la Regula comunis redactada por san Fructuoso.

Se dice que la fama que pronto adquirió el cenobio de vida observante y espiritual provocó que a lo largo del siglo X nueve obispos abandonaran sus dignidades para retirarse en él como monjes sus últimos días, unos buscando refugio tras haber perdido sus sedes a manos de los musulmanes y otros persiguiendo una vida de renuncia a los valores mundanos. El primer texto que menciona esta historia de los nueve abades que ha dado tanta fama al monasterio es un documento de donación de 1220 de Alfonso IX:

“Doy y concedo al monasterio de San Esteban, y de los nueve cuerpos de los santos obispos que allí están enterrados, por quienes Dios hace infinitos milagros, todo lo que pertenece y debe pertenecer al derecho real en todo el coto del monasterio citado” (1)

Pero no es hasta otro documento del siglo XVII cuando se identifican sus nombres y sus diócesis como Ansurio y Vimarasio de Orense, Gonzalo Osorio y Froalengo de Coímbra, Servando, Viliulfo y Pelayo de Iria, Alfonso de Astorga y Orense y Pedro, del que no se conoce la diócesis.

De todos modos su fama de santidad fue muy temprana, atribuyéndoseles los más variados milagros, de ahí que Santo Estevo pronto se convirtiera en meta de peregrinaciones y objeto de abundantes donaciones, aumentando considerablemente el número de sus posesiones y de monjes.

Estas donaciones, la explotación vinícola y los ingresos obtenidos por los cotos de pesca y el cobro de impuestos por el uso de los puertos y de los pasos en barca del río fueron los que posibilitaron, tras la incorporación del monasterio a la Orden benedictina en tiempos del abad Ramiro Yáñez, en la segunda mitad del siglo XII, proyectar una nueva edificación que se adecuara a las exigencias de la nueva regla, unas obras que comenzarían por la iglesia a fines del siglo, según premisas románicas, y que se culminarían en el claustro reglar en el siglo siguiente en el que, según el mismo documento del siglo XVII, recibieron sepultura los nueve prelados, de ahí que ese claustro también se conozca como Claustro de los Obispos. De todos modos a mediados del siglo XV, y dado que las peregrinaciones para venerar los restos de los nueve obispos interrumpían la vida reglar en el claustro, se decidió el traslado de sus cuerpos a un único relicario que se colocó en la zona de la cabecera de la iglesia. Además, en 1544 la ubicación volvió a cambiar con motivo de la realización del retablo mayor, cuando los huesos se dividieron y se colocaron en cuatro pequeñas urnas al lado de la Epístola y cinco en el lado del Evangelio del presbiterio, desde donde en fechas posteriores fueron trasladados de nuevo a otro único relicario. También se conservaban, en una arqueta de plata, sus anillos, venerados durante siglos como reliquias. El propio escudo del monasterio cuenta con nueve mitras que aluden a este legendario hecho.

Escudo del monasterio en la fachada

El proyecto para levantar un complejo benedictino en el siglo XII se tuvo que adaptar a las condiciones del terreno, de ahí que el claustro se ubique al norte de la iglesia en vez de al sur, como era lo habitual en los monasterios cluniacenses.

En el siglo XIII el monacato gallego se vio sumido en una profunda crisis provocada por la conformación del reino portugués y la definitiva unión entre Castilla y León a la que no fue ajeno Santo Estevo, que también se vio afectado por la crisis económica generalizada, la peste negra y las frecuentes luchas nobiliarias, una crisis que se vio agravada en la siguiente centuria.

En el siglo XV también le afectó la crisis internacional común a todos los monasterios de todas las órdenes como resultado del Cisma de Occidente (1378-1417) y el costoso mantenimiento de dos curias, una en Roma y otra en Avignon, la consiguiente división de la Iglesia católica en dos bandos, las epidemias, la degradación que sufría la vida conventual por la falta de vocaciones y la penuria económica por la que atravesaban los monasterios causada, sobre todo, por las luchas de poder entre el papado y los obispos por el control económico de los cenobios, y los abades comendatarios, nombrados por el papa, que se desentendían del gobierno y la administración de los mismos al tiempo que malversaban y dilapidaban sus rentas, muchas de ellas empleadas en las luchas intestinas entre la nobleza y la monarquía por acaparar parcelas de poder.

La situación incluso fue más grave en Galicia, imbuida en una profunda crisis política provocada por los conflictos dinásticos en el reinado de Enrique IV, con nobles que eran partidarios de la integración en la corona de Portugal enfrentados a los adeptos a Castilla, como lo demuestra, ya durante el reinado de los Reyes Católicos y promovida por ellos buscando la unidad del reino, la bula de Inocencio VIII Quanta in Dei Ecclesia de 1487, por la que se comisionó a cuatro prelados españoles para reformar los monasterios gallegos benedictinos, cistercienses y de canónigos regulares de San Agustín, y en cuyo preámbulo puede leerse:

“De algún tiempo a esta parte, a causa de la relajación que se introdujo entre los abades, priores, comendatarios, monjes (…), se fue enfriando en los repetidos Monasterios la regular observancia, y no solo fue abandonada por completo la antigua regla de vida, sino que sus moradores, dejándose llevar de reprobados instintos, postpuesto el temor de Dios, hacen una vida libre y disoluta, hasta el punto de que en muchos conventos ha cesado del todo el culto divino, y sus abades y priores o comendatarios gastan con hombres de armas sus rentas y frutos o los emplean en otros usos profanos y poco honestos, los despojan de sus tierras y haciendas y otros bienes destinados al culto divino, echan fuera a los monjes y religiosos y no cesan de cometer cada día otros muchos y nefandos atentados para la perdición de sus almas, ofensas de la divina Majestad, desdoro de la Religión, disminución del culto divino en dicho reino de Galicia” (2)

Aunque el problema de los abades comendatarios no afectó a Santo Estevo, pues sólo tuvo uno, fray Alonso Pernas, y fue una excepción de observancia, residencia y celo en su labor, sí sufrió la falta de vocaciones, llegando al punto de que a fines del siglo XV sólo vivían en el cenobio el abad y un monje, haciéndose necesaria una profunda renovación que tomó cuerpo definitivo en 1512 con una bula de Julio II de adhesión del monasterio a la Congregación benedictina de Castilla, creada a iniciativa de los Reyes Católicos por bula de Alejandro VI en 1497 y con casa matriz en el San Benito de Valladolid, un cenobio que se había convertido en ejemplo de Observancia benedictina.
Dicha adhesión implicó la necesidad de pedir monjes castellanos para poder formar una comunidad, lo primero que solicitó fray Alonso de Torrecilla cuando se incorporó al monasterio.

En 1516 también le fueron anexionados a Santo Estevo como prioratos los monasterios menores de Santa Cristina de Ribas del Sil y San Vicente de Pombeiro, incrementándose notablemente sus ingresos y haciendo posible emprender un ambicioso plan de ampliación del conjunto monasterial. Y es que las nuevas normas comunitarias impuestas por la Congregación generaron nuevas necesidades que impulsaron una renovación arquitectónica en casi todos los monasterios, con un protocolo de actuación diseñado por los generales de la Orden de remodelación total de los conjuntos para transformarlos en verdaderos símbolos de poder dentro de los territorios bajo su dominio, alejados de los principios de austeridad y pobreza de los primeros tiempos, que se repitió casi sin cambios en la mayoría de los monasterios.

Primero se reformaron los edificios existentes para que pudieran alojar a las nuevas comunidades para a continuación pasar a una ampliación de las dependencias para poder atender la nueva organización de la vida comunitaria derivada de la observancia estricta de la reforma de la regla y de la incorporación de celdas individuales que sustituyeron a los dormitorios comunitarios medievales, implicando la incorporación de un piso superior en los claustros de una sola planta para colocarlas. También se ampliaron las sacristías, los refectorios, las hospederías y las habitaciones del abad, pues el control administrativo que empezó a ejercerse sobre los monasterios generó visitas institucionales y reuniones entre los delegados de las sedes y los abades que derivó en una remodelación de las mismas para incorporar salas de reunión, biblioteca, cocina privada y dormitorios, adoptando una estructura palaciega en la que también se incluyó una monumental escalera para el acceso de personalidades.

Las obras en Santo Estevo, dejando de lado unas intervenciones intrascendentes en 1509 de reparación de cubiertas y acondicionamiento de diversas de pendencias, comenzaron después de un incendio en 1562, pues el Capítulo General había decidido en la década de 1530 instalar un Colegio de Artes (Filosofía) en el cenobio y para su buen funcionamiento se hizo necesario no sólo rehabilitar lo destruido sino construir nuevos espacios habitacionales.

En 1572 Ambrosio de Morales en su Viage Santo describía Santo Estevo de la siguiente manera:

“Es monasterio principal y rico de Monjes Benitos, a la Ribera del Río, que le da nombre, en sitio tan áspero y de tantas montañas como se puede imaginar. Más con mucha frescura de fuentes y arboledas, y extremado aparejo de soledad y contemplación, y siendo tan fragosas aquellas sierras, están todas plantadas de viñas y dan buen vino” (3)

La intervención consistió en la reforma del primitivo claustro reglar o Claustro de los Obispos y la adición de otros dos claustros más, el Claustro pequeño y el Claustro grande o de la Portería, con trazas atribuidas a Diego de Isla, cuyas obras, que se prolongaron hasta el siglo XVIII, terminaron por configurar la imagen definitiva del monasterio.

Con las desamortizaciones del siglo XIX los monjes tuvieron que abandonar el convento, ya en decadencia después de un incendio a fines del siglo anterior, sus bienes fueron incautados y se dispersaron y aunque la iglesia se convirtió en parroquia, no se pudo evitar la ruina del conjunto, incluso con el derrumbamiento de la crujía norte del Claustro Grande.

Claustro de los Obispos en 1905 (5)

Claustro grande en 1909, con la galería norte desaparecida al fondo (5)

En 1923 fue declarado Monumento Nacional pero hasta 1956 no comenzaron las primeras intervenciones que al principio, de la mano de los arquitectos Luis Menéndez Pidal y Francisco Pons-Sorolla, apenas fueron obras de consolidación y limpieza. A continuación se centraron en la consolidación estructural del Claustro de los Obispos, después se hizo lo mismo en el Claustro Grande y ya a fines de la década de 1970 se renovó la iglesia.

Plano del monasterio realizado por Pons Sorolla en 1956. Planoteca IPCE

Arquerías del Claustro Pequeño en 1967 (5)

A comienzos de la década de 1980 el arquitecto José Javier Suances Pereiro intervino en el Claustro de los Obispos realizando labores de mantenimiento y también se creó una Escuela-Taller de Cantería que intervino en el monasterio y catalogó el patrimonio arquitectónico de la zona, señalizándose y promocionándose rutas de senderismo.

Aspecto del monasterio antes de su restauración integral (6)

El monasterio en la actualidad. Fotografía tomada de un panel informativo en el monumento

En 1985, tras la aprobación de la Ley de Patrimonio Histórico Español, Santo Estevo fue declarado Bien de Interés Cultural y un año después la Dirección Xeral de Patrimonio Artístico y Monumental de la Xunta de Galicia encargó al mismo arquitecto Suances y a sus colaboradores Alfredo Freixedo Alemparte y Manuel Vecoña Pérez un plan de rehabilitación para renovar las cubiertas y el interior del inmueble consolidando muros y forjados con el objetivo de crear un pequeño albergue-hospedería con ocho habitaciones, salón de actos para doscientas personas y una cafetería, pero la propuesta fue finalmente rechazada y el edificio se pensó en destinarlo, simplemente, para el disfrute por su valor cultural y monumental.

En 1987 la Xunta planteó habilitar el conjunto como sede del Archivo General de la Administración Autonómica, pero esa propuesta tampoco cuajó porque se consideró que su situación geográfica iba a entorpecer su funcionalidad. Mientras, se seguía trabajando en la consolidación de los muros, la ejecución de los forjados, las cubiertas y también se optó por subsanar la ausencia del lienzo norte del Claustro grande, del que solo se conservaban las basas, instalando un muro cortina en espejo que resultó muy controvertido, a pesar de que seguía fielmente los criterios de reversibilidad y no suponía daño alguno para el monumento, porque reproducía los otros muros del claustro creando un efecto óptico que alteraba las proporciones primigenias al doblar la escala.

Fachada pantalla en la panda norte del Claustro Grande (6)

El propio Javier Suances defendió su idea en una entrevista en 1990 con las siguientes palabras:

“El arquitecto restaurador intenta traducir el lenguaje poético de otra época y otro estilo al lenguaje de nuestro siglo; la arquitectura contemporánea dispone de suficientes recursos metodológicos y de lenguaje para que nuestra actuación se integre de forma adecuada en lo preexistente” (6)

También se criticó una cubierta piramidal de cristal en la caja de la desaparecida escalera que estaba encajada entre el Claustro Grande y el Claustro Pequeño.

Cubierta piramidal de cristal sobre la caja de la escalera principal del conjunto (7)

En la década de 1990 se abre el albergue “O Mosteiro” con ocho habitaciones dobles y tres estancias con cuatro literas cada una y el edificio recibe la categoría de hotel-monumento, una idea que deriva en 1999 en un nuevo proyecto de rehabilitación como hotel de lujo firmado por Freixedo Alemparte y Suances Pereiro, que ya tenían experiencia en el edificio. En él se huyó de la reproducción sistemática de los elementos antiguos para adaptar las innovaciones materiales y constructivas, compatibilizando la conservación de las viejas estructuras con los nuevos usos mediante soluciones constructivas austeras en sintonía con el edificio histórico.

En el lienzo norte del Claustro Grande se opta por desmontar el muro espejo para sustituirlo por otro que trasluce el interior apoyado en perfiles metálicos de bronce que descansan en las basas de las columnas de piedra, lo único conservado en este lienzo, reproduciendo con materiales actuales el ritmo columnario del claustro. También se desmonta la cubierta piramidal de la escalera entre los claustros Grande y Pequeño.

El Claustro Grande en la actualidad, con el lienzo de cristal en la panda norte al fondo

Corredor del lienzo norte

Inaugurado en 2004, la Xunta cedió su explotación a Paradores de Turismo de España. La iglesia, por su parte, siguió cumpliendo funciones de parroquia dependiente de la Diócesis de Ourense, quedándose con el cementerio ante la fachada y con la sacristía para sus finalidades litúrgicas. Además, también se construye un dúplex en el ángulo noroeste del Claustro de los Opispos, con vanos abiertos a la fachada principal, en ángulo con la iglesia, para su uso como casa rectoral.

Uno de los espacios comunes del monasterio convertido en hotel

Otra sala común

En 2006 se instaló un SPA en la planta baja y sótano de la torre noroeste del edificio según proyecto de Juan Antonio Gil, en el que lo más llamativo es un jacuzzi instalado en una terraza exterior, de cara al frondoso bosque que rodea todo el monumento.

Jacuzzi del SPA

En 2009 Santo Estevo se convirtió en el primer Parador-Museo de la historia gracias a una investigación histórica y artística que quedó plasmada en la instalación de treinta y tres paneles informativos instalados estratégicamente por todo el conjunto y que sirven de guía a los usuarios y visitantes para recorrer los lugares clave del monasterio y conocer su historia, su arte y las leyendas que lo rodean.

Fachada norte del conjunto (5)

Fachada oeste del conjunto (5)

Fachada sur del conjunto (5)

Fachada este del conjunto (5)

Lo primero que nos encontramos al llegar a Santo Estevo, tras un descenso por una estrecha carretera, es un atrio en L formado por la iglesia y las dependencias conventuales, una composición habitual en los monasterios benedictinos.

Atrio del monasterio, con la iglesia de frente y la fachada del convento a la izquierda

La iglesia empezaría a levantarse por la cabecera entre fines del siglo XII y comienzos del XIII siguiendo esquemas románicos, después hubo un parón en las obras, que se retomaron en el XV, periodo al que corresponderían los últimos tramos de las naves. También se registran intervenciones en el siglo XVI, tras su incorporación a la Congregación de Valladolid, para eliminar el coro bajo ante el crucero y añadir un coro alto a los pies que se comunicara directamente con la galería alta del claustro de los obispos, donde estarían las celdas, y para añadir las cubiertas de crucería, que sustituyeron a la original techumbre de madera.

La última intervención en la iglesia, a comienzos del siglo XVII, afectó a la fachada, formada por una portada adintelada, un sencillo óculo, una hornacina con la imagen de san Esteban y dos torres prismáticas laterales con balcones corridos y remates piramidales. De todos modos, el enmarque de la puerta es del último tercio del siglo XVIII.

Fachada occidental de la iglesia

Tiene planta rectangular de tres naves de tres tramos separadas por arcos de medio punto y pilares con columnillas adosadas que recogen los nervios de las bóvedas de crucería, transepto que no sobresale en planta con crucero cubierto con bóveda de combados y tres ábsides semicirculares, más altos los laterales que el central, conformando una curiosa cabecera exterior en la que también destaca una franja de pequeños arquillos ciegos con ménsulas y metopas de variada decoración entre la que se distinguen figuras humanas, un Crucificado, leones, arpías, la estrella de David, entelazos…

Fachada oriental de la iglesia, con el ábside central y el de la Epístola, pues el del Evangelio está oculto por el volumen de la sacristía

Interior de la iglesia

Bóveda de combados del crucero

El retablo mayor, junto con otros tres dedicados a san Benito, Nuestra Señora y san Nicolás que se han perdido, fue encargado al escultor Juan de Angés el Mozo y al pintor Manuel de Arnao en 1593 y consta de predela y cuatro cuerpos de cinco calles. En la predela aparecen los evangelistas y los santos Plácido, Mauro, Bernardo, Escolástica, Gertrudis y Lucía.


Retablo mayor

San Juan Evangelista en la predela (2)

Las santas Lucía y Escolástica en la predela (2)

En el primer cuerpo se distribuyen los santos Benito y Gregorio Magno en sendas hornacinas laterales, el hueco del sagrario en la calle central, hoy ocupado por un Crucificado, y en las calles intermedias hay dos relieves con sendas flagelaciones de mártires de difícil identificación porque no tienen atributos, aunque algunos autores han pensado que podrían ser los santos Vicente y Cristina, en relación con la advocación de las dos abadías que fueron incorporadas como prioratos a Santo Estevo pocos años antes de la ejecución del retablo.

Flagelación de ¿santa Cristina? (2)

En el segundo cuerpo las hornacinas laterales están ocupadas por dos apóstoles que tampoco pueden identificarse porque han desaparecido los atributos y que quizá podrían ser Pedro y Pablo, en el centro hay una escultura de san Esteban protomártir como patrón del monasterio, y en los relieves aparecen las escenas de la Anunciación y de la Adoración de los pastores.

San Esteban (2)

En el tercer cuerpo están los santos Juan Bautista y Catalina y en los relieves contamos con una Circuncisión, una Epifanía y una Presentación en el templo.

Epifanía (2)

Para terminar, en el cuarto cuerpo aparecen los relieves de Jesús entre los Doctores y las Bodas de Caná flanqueando una Asunción de María central.

Su iconografía responde, además de a la enfatización de santos benedictinos, al espíritu contrarreformista que busca potenciar la figura de María afirmando los misterios que la reforma protestante negaban, de ahí que aparezca presidiendo el retablo bajo la advocación de la Asunción y que los relieves muestren el ciclo de su vida, mostrándola como intercesora y corredentora. Además, frente a los protestantes, en el retablo también se reivindica la tradición patrística, el culto a los santos y el nuevo sentido dado a los mártires como paladines de la fe, derramando su propia sangre en su defensa, mostrados como ejemplo a seguir contra la reforma o en el apostolado en las Indias.

También se encuadra dentro del espíritu contrarreformista la importancia concedida al sagrario como reafirmación del dogma de la presencia real de Cristo en la Sagrada hostia, aunque en la actualidad este elemento se haya perdido y esté sustituido por un Crucificado. Los cuatro evangelistas en la predela, redactores del Nuevo Testamento, donde se recoge la doctrina y la fe de Cristo, se conforman como los cimientos de la Iglesia y ejemplo y guía para los fieles, igual que los santos que les acompañan. Así, santa Escolástica es escuela para las monjas benitas, san Bernardo lo es para los benedictinos y cistercienses, san Mauro y santa Gertrudis son paradigma para abades y abadesas y san Plácido y santa Lucía son santos que han llevado su compromiso hasta el martirio por Cristo.
Los evangelistas son los escritores de la doctrina de Cristo y los padres de la Iglesia Occidental están representados en el retablo por el benedictino san Gregorio, guía imprescindible para entender el significado de las Sagradas Escrituras. En este sentido, san Esteban fue el primer mártir, el primero en dar su vida por defender el evangelio, convertido en norma para todos los mártires posteriores, ejemplo para los santos Vicente y Cristina. Así, la vida de todos ellos, como imitación de la de Cristo, se muestra en el retablo como dechado para los monjes del monasterio y para los prioratos que les fueron adscritos.

La presencia de los santos Juan Bautista, el último de los profetas que anuncia la venida del Salvador y el primero de los santos, enlazando el Antiguo y el Nuevo Testamento, y Catalina de Alejandría, esposa mística de Jesús, que no podía negarse a sus plegarias, muy queridos por los benedictinos, se pone en relación con su papel de mediadores de la iglesia, flanqueando a la figura de María, corredentora del género humano y máxima mediadora, además de imagen de la Iglesia como divina esposa de Dios.

También conserva una pieza pentagonal de piedra del siglo XII labrada por ambas caras que unos autores dicen que podría haber sido un frontal de altar y otros consideran que sería parte de un tímpano, con una forma que se ve en otros tímpanos gallegos, como el de San Martino de Mondoñedo. En ambas caras muestra una arquería románica mientras que en la posterior sólo aparece Cristo en el centro, en la anterior aparece también pero flanqueado por los apóstoles. Está coronado, con nimbo crucífero, bendiciendo y portando una cruz. A su derecha se ubican San Pedro con las llaves en la mano derecha y los Evangelios en la izquierda, Santiago con cuatro veneras, y otros cuatro con báculos y evangelios, sin que se sepa quiénes, son, aunque algunos autores identifican al último, el único sin nimbo, como Judas. A su izquierda están San Pablo, con báculo en la mano derecha y filacteria en la izquierda, quizá San Juan, por su aspecto joven y otros cuatro apóstoles no identificados.

Frontal o tímpano con Cristo flanqueado por los apóstoles

La antesacristía y la sacristía, detrás del ábside del Evangelio, tapándole por el exterior, es obra de 1640 y sustituyó a otra de la segunda mitad del siglo XVI. Presenta planta cuadrada con cubierta de bóveda de crucería y en la actualidad no es visitable.

La gran portada del convento se cree construida entre fines del siglo XVII y comienzos del XVIII y se compone de cuerpo de tres calles separadas por cuatro de columnas dóricas sobre doble pedestal que soportan un entablamento de triglifos y metopas sobre el que se sitúa una gran peineta con un gran escudo de Castilla y León con un águila bicéfala rematado con corona calada. Las tres calles están flanqueadas por dos grandes bandas de aparejo rústico, en la central está el vano de entrada, rectangular amoldurado y rematado por un frontón triangular partido sobre el que se ubica un frontón y en las laterales se ubican dos pequeñas hornacinas con las esculturas de bulto redondo de San Vicente abad y San Benito y los escudos de la Congregación de Valladolid y del propio monasterio, con las mitras de los nueve obispos.

Portada del convento

Escudo real en la peineta de la portada

Traspasando la puerta se entra en la Portería, un ámbito rectangular con cubierta de terceletes y claves decoradas con dibujos de flores y caras. Y desde aquí se pasa directamente al Claustro Grande, desde el que se accede a los otros dos claustros, el primitivo, adosado al lado del Evangelio de la iglesia y otro más adosado a éste por su muro norte.

Bóveda de terceletes de la Portería

El Claustro Grande desde la Portería

Plantas con las dependencias del monasterio antes de las desamortizaciones del siglo XIX (4)

Dejo para el final el “paseo” por este Claustro Grande, ya que es el más reciente. Desde su ángulo sureste se accede al Claustro de los Obispos, el claustro reglar construido entre los siglos XII y XIII para alojar las dependencias monásticas medievales que, como ya he mencionado, está adosado a la nave del Evangelio de la iglesia en vez del canónico de la Epístola seguramente para acoplarse a las especiales condiciones orográficas del lugar, pues al lado de la Epístola no hay sitio, pegada al escarpe de la montaña.

En la actualidad el claustro se comunica con la iglesia mediante una puerta en el ángulo sureste.

Panda sur del Claustro de los Obispos, adosado a la nave del Evangelio de la iglesia, con la entrada de ésta al fondo

La sala capitular ocuparía la panda este, en la oeste estarían el refectorio, la cocina y las bodegas y en el ala norte se encontraría el dormitorio, con un primer piso para la biblioteca, quizá en la esquina sudeste, en alto para proteger los libros de roedores e inundaciones.

Pero lo que hoy se conserva es resultado de la intervención a mediados del siglo XVI después del incendio de 1562, cuando se levantó un nuevo claustro en el que se utilizó lo rescatado del viejo, conservándose el poyo corrido, las columnas pareadas con capiteles en su mayoría con decoración vegetal y alguno con arpías, cuadrúpedos o cabezas humanas, y los arcos de medio punto.

Claustro de los Obispos

Capitel del Claustro de los Obispos con arpías

Se conserva un arco de medio punto tapiado junto a otro que hoy da paso a la caja de escalera de subida al claustro alto del primitivo acceso a la sala capitular, con sendas columnas con interesantes capiteles que representan a una arpía con una gran cola que forma un nudo, a la izquierda, y el Sacrificio de Isaac, a la derecha, piezas datadas en el primer tercio del siglo XIII.

Arco de la antigua sala capitular

Capitel con una arpía en el arco de acceso a la primitiva sala capitular

Las tres caras del capitel con el Sacrificio de Isaac (8)

Además, en el intradós, entre los boceles, hay una figura con un libro que podría representar a un apóstol, en consonancia con la dedicación de la sala capitular a la reunión y la lectura de textos edificantes y al ideal de la reforma benedictina, que propugnaba el paralelo entre los monjes y los apóstoles y concedía suma importancia a la formación espiritual.

La primitiva cubierta de esta galería baja era de madera pero se cambió por las actuales bóvedas de terceletes cuyos empujes obligaron a cegar algunos de los arcos de la arquería original para añadir unos potentes contrafuertes exteriores rematados por pináculos.

Bóvedas de terceletes del Claustro de los Obispos

También se construyó ex novo todo el claustro alto, que no sigue el ritmo marcado por la arquería baja y se compone de vanos formados por arcos carpaneles dobles apoyados en haces de finas columnas sobre los que había una cornisa eliminada en 1654 para elevar el muro y abrir óvalos superiores, sobre los que se ubica un pequeño entablamento sobre el que aparece una crestería flamígera que remata el conjunto con pináculos en los ejes de los contrafuertes.

El Claustro Pequeño, adosado a la panda norte del Claustro de los Obispos, comenzó a levantarse a fines del siglo XVI, siendo abad fray Mauro de Salazar, por el maestro Diego de Isla, que no se cree que fuera el autor de las trazas, para alojar las dependencias del abad en la crujía sur, de ahí que también reciba el nombre de Claustro del Abad, una gran escalera en la crujía norte que comunicaba los tres claustros, ambos desaparecidos, y también incluyó una nueva cocina adosada a la crujía sur y un nuevo refectorio en la crujía este. También se conocía como Claustro do viveiro porque contenía una gran fuente que ocupaba toda la superficie del patio en la que los monjes conservaban salmones, sábalos, lampreas, anguilas y truchas traídas vivas de las pesqueras del Sil y el Miño.

Presenta dos cuerpos de arcos de medio punto sobre columnas toscanas siguiendo el mismo esquema que el piso bajo del claustro de la portería, demostrando el deseo de la comunidad, expresado en las propias condiciones de la obra, de incorporar elementos clásicos de la tratadística italiana, algo que no se había hecho en otras obras anteriores. Algunos arcos de la galería alta fueron posteriormente modificados para convertirlos en vanos adintelados.

“asenta­rán diez y seis arcos zerrados a medio punto adornados por defuera y de dentro con la manera que en su montea se ve (…) (y se) asentarán otras diez y seis columnas dóricas conforme a la orden de vinola” (4)

Claustro Pequeño

La cocina es de planta cuadrada y presenta una cubierta de nueve compartimentos abovedados con el central apoyado en cuatro machones sobre los que se eleva una gran chimenea de cantería formada por bóveda cupuliforme sobre pechinas. El refectorio es un gran ámbito rectangular cubierto con bóveda de cañón en el que se colocó el púlpito antiguo. Además, en el ángulo nordeste se construyó un torreón para albergar el archivo monasterial después de que el incendio de 1562 destruyera prácticamente toda la documentación del cenobio.

Antigua cocina

Antiguo refectorio, hoy salón del hotel inaccesible a la visita

El Claustro Grande o Claustro de la portería comienza a levantarse en el siglo XVI y no se remata hasta comienzos del XVIII y surge de la necesidad, entre otras, de dar el espacio necesario al mencionado Colegio de Artes que se instaura en el monasterio después del incendio de 1562.

Claustro Grande

Es de planta rectangular y aunque hoy cuenta con tres alturas, en origen sólo eran dos, con la planta baja con arcos de medio punto sobre columnas de capiteles pseudojónicos en la panda sur y dóricos en los restantes y un primer piso con galería arquitrabada sobre zapatas con volutas jónicas apoyadas en columnas de fuste liso, todo ello rematado con un entablamento con recuadros. La tercera altura se añadió a partir de 1721 mediante arcos de medio punto separados por pilares con sencillos capiteles a los que se adosan pilastras cajeadas.

En la actualidad todos los vanos de la segunda y tercera planta del ala este están cegados y en algunos de ellos se han practicado ventanas cuadrangulares para dar luz a habitaciones del hotel habilitadas en esas galerías. Además, toda el ala norte presenta el mencionado acristalamiento asentado en unos perfiles metálicos de bronce que descansan en las basas de las columnas de piedra y reproducen con materiales actuales el ritmo columnario del claustro.

La ampliación del siglo XVIII incluyó la remodelación de toda la crujía sur, con fachada al compás del monasterio, de ahí que también añadiera la nueva fachada de la que ya he hablado, para incorporar unas nuevas dependencias del abad con una Escalera de Honor que daba el acceso a esta zona palacial de personalidades. La caja de la escalera es de planta cuadrada y ocupa la altura de las tres plantas del claustro. Presenta tramos de peldaños y descansos cubiertos con bóvedas planas apoyadas en ménsulas perimetrales en los muros dejando en el centro un ojo de escalera definido por pilastras y la bóveda de crucería que cubre la caja no se ve hasta haber alcanzado el último piso, destacando en ella que está trazada a partir de arcos carpaneles, lo que la hace casi plana.

Escalera de Honor

Ojo de la Escalera de Honor

Bóveda de la Escalera de Honor

Referencias e imágenes ajenas:

(1) CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. A., “San Estevo de Ribas de Sil revisitado: nuevos hallazgos e hipótesis sobre el monasterio medieval”, Porta da aira: revista de historia del arte orensano, nº 11, 2006, pp. 53-90.
(2) BERNARI LÓPEZ VÁZQUEZ (coord.), Opus Monasticorum I. Patrimonio, arte, historia y orden, Xunta de Galicia, 2005.
(3) FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E., “Cielo, agua y piedra. La fe sobre la que se construyó la Ribeira Sacra (Ourense). En LOZANO BARTOLOZZI, Mª M. y MÉNDEZ HERNÁN, V. (coords.), Paisajes modelados por el agua: entre el agua y la ingeniería, 2012, pp. 313-336.
(4) PERNAS ALONSO, M. I., Escaleras de piedra de los conjuntos monásticos de la provincia de Ourense entre los siglos XVI y XVIII. Análisis gráfico, Tesis doctoral, Universidade da Coruña, Departamento de Representación e Teoría Arquitectónica, 2011.
(5) LORENZO ASPRES, A., Intervencións no patrimonio galego para a industria hosteleira, Tesis doctoral, Universidade da Coruña, Departamento de Composición, 2014.
(6) CUPEIRO LÓPEZ, P., “Intervenciones y usos. Un capítulo en la historia de Santo Estevo de Ribas de Sil”. En FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E. y MONTERROSO MONTERO, J.M. (eds.), Opus Monasticorum V. Entre el agua y el cielo. El patrimonio monástico de la Ribeira Sacra, Universidad de Santiago, 2012, pp. 303-321.
(7) FONTENLA SAN JUAN, C., Restauración e Historia del Arte en Galicia, CSIC, Santiago de Compostela, 1997.

Fuentes:

BERNARI LÓPEZ VÁZQUEZ (coord.), Opus Monasticorum I. Patrimonio, arte, historia y orden, Xunta de Galicia, 2005.
CARRERO SANTAMARÍA, E., “Paraliturgia, ajuar hagiográfico y lugares de enterramiento en torno a los obispos santos de Galicia y León entre los siglos IX y XI”, Porta da aira: revista de historia del arte orensano, nº 10, 2004, pp. 9-53.
CASTIÑEIRAS GONZÁLEZ, M. A., “San Estevo de Ribas de Sil revisitado: nuevos hallazgos e hipótesis sobre el monasterio medieval”, Porta da aira: revista de historia del arte orensano, nº 11, 2006, pp. 53-90.
CUPEIRO LÓPEZ, P., “Intervenciones y usos. Un capítulo en la historia de Santo Estevo de Ribas de Sil”. En FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E. y MONTERROSO MONTERO, J.M. (eds.), Opus Monasticorum V. Entre el agua y el cielo. El patrimonio monástico de la Ribeira Sacra, Universidad de Santiago, 2012, pp. 303-321.
FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E., “Cielo, agua y piedra. La fe sobre la que se construyó la Ribeira Sacra (Ourense). En LOZANO BARTOLOZZI, Mª M. y MÉNDEZ HERNÁN, V. (coords.), Paisajes modelados por el agua: entre el agua y la ingeniería, 2012, pp. 313-336.
FONTENLA SAN JUAN, C., Restauración e Historia del Arte en Galicia, CSIC, Santiago de Compostela, 1997.
GRANDE NIETO, V., Proceso metodológico y compositivo del Renacimiento en Galicia. 1499-1657, Tesis doctoral, Universidade da Coruña, Departamento de Composición, 2014.
LORENZO ASPRES, A., Intervencións no patrimonio galego para a industria hosteleira, Tesis doctoral, Universidade da Coruña, Departamento de Composición, 2014.
PERNAS ALONSO, M. I., Escaleras de piedra de los conjuntos monásticos de la provincia de Ourense entre los siglos XVI y XVIII. Análisis gráfico, Tesis doctoral, Universidade da Coruña, Departamento de Representación e Teoría Arquitectónica, 2011.

Comentarios

nacho san marcos ha dicho que…
Sira: Impecable trabajo de investigación y análisis de un monumento, que se me hace muy difícil de describir por sus transformaciones, y que has articulado con tu maestría habitual. Como siempre, y desde lo general: historia, conjunto urbanístico, arquitectura y arte religioso hasta llegar al detalle, nos expones el monumento como hacen los grandes maestros del Arte: con suma facilidad, explicándolo con solvencia y conocimiento de los conceptos y del lenguaje adecuado al arte. Si a ello añadimos la perfecta y ordenada exposición gráfica, de fotos (la segunda foto nocturna me parece extraordinaria y me tiene atrapado) y planimetría, tenemos el mejor estudio posible de este Monasterio. Te felicito por este gran reportaje, que desde ya, es la mejor guía para conocer el emonumento.

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