La historia del Monasterio de San Salvador de Celanova, en Orense

El monasterio de San Salvador de Celanova, al suroeste de la provincia de Orense, en la orilla izquierda del río Sorga, afluente del Arnoia, fue fundado por san Rosendo en el año 942 en una villa de pertenencia familiar donde ya había una capilla dedicada a san Martín, donada por su hermano, el conde Froilán Gutiérrez, un conjunto de tierras fértiles y de labor cerca de la frontera portuguesa y en un cruce de caminos norte-sur entre las antiguas Auria y el Luccus romano (Santiago) y Braccara Augusta (Braga) y este-oeste entre los campos de la meseta peninsular y la costa gallega.

Fachada occidental del Monasterio de San Salvador de Celanova

Ego Froyla et usor mea Sarracina (…) offero (…) Villam in términos Gallecie, territorio Bubalo, subtus monte Leporario, ripam rivusculi Sorice, quam inquiunt Villare, cum Moraria, Sampiri et Poleiares (…) ut construatur ibi templum. U (…) hedificent ibi monasterium. Locus vocatus Villare et dehinc vocatur Cella Nova”. (1)

(Yo Froilán y mi esposa Sarracina (...) ofrezco (...)  una villa en los términos de Gallecie, territorio de Bubalo, bajo el monte Leporario, a la orilla del río Sorice, donde se encuentran Villare, con Moraria, Sampiri y Poleiares (...)  para que allí se construya un templo. Para que (?) (...) edifiquen allí un monasterio. Lugar llamado Villare y ahora Cella Nova)

Rudesindus Gutiérrez, canonizado como san Rosendo por el papa Celestino III en 1195, probablemente la figura más importante de la Gallaecia altomedieval, nació, según una tradición del siglo XVI, en el año 907, hijo de los condes Gutier Menéndez e Idaura o Aldara Ériz, miembros de la alta nobleza gallega, poseedores de un ingente patrimonio territorial y emparentados con la realeza asturleonesa, una familia aristocrática, profundamente religiosa y culta del siglo X, comprometida con la restauración política y espiritual de Galicia, que proporcionó una sólida formación cultural a su hijo que fue completada en su adolescencia junto a su tío Sabarico, obispo de Mondoñedo, muy respetado en su época, al que sucedió en el cargo con sólo dieciocho años. Después también fue nombrado virrey de Galicia por el rey asturleonés Ordoño III para organizar la defensa del territorio de los ataques normandos y de los ejércitos de Al-andalus, además de obispo de la diócesis de Iria Flavia, primitiva Santiago de Compostela, único obispo de toda la Alta Edad Media del que se nos legó una biografía, la Vita et miraculi sancti Rudesindi escrita por Ordoño de Celanova en el último tercio del siglo XII con motivo de su canonización, un dato que da cuenta de lo extraordinario de su figura.

San Rosendo sedente en el retablo de la capilla del último tramo de la nave de la Epístola

Según cuenta la leyenda, fue un sueño durante una noche de vigilia en el monasterio de Caaveiro cuando san Rosendo recibió una indicación divina para fundar un cenobio en honor al Salvador allí donde cayó una piedra que tuvo que lanzar desde el monte Laobreiro, un lugar al que a partir de ese momento decidiría llamar “Cela Nova” para distinguirlo de “Cela Vella”, su lugar de nacimiento, la villa de Salas en el lugar de Cela, al sur de la antigua Gallaecia romana, que llegaba hasta el río Duero, actual San Tirso, en Portugal, donde residían sus padres. Otros autores explican el topónimo como derivación de “Celada”, por una celda que se fabricó el santo en dicho sitio. Otros autores defienden que el topónimo procede del vocablo eslavo “selá”, que significa casas o viviendas, y “nóva selá” estaría en relación con los nuevos edificios de la nueva fundación de Rosendo, a partir de la que se fue formando, progresivamente, un pequeño núcleo poblacional.

Como era habitual, el fundador también dotó al nuevo cenobio de los objetos litúrgicos, libros y ornamentos necesarios para la celebración de los oficios divinos, aunque en este caso la excepcionalidad está en la riqueza de lo donado, no comparable a ninguna otra donación de la que se tengan noticias a un centro religioso gallego e incluso superior a las donaciones reales a Santiago de Compostela, solo equiparable a las ofrendas de los reyes asturianos al santuario de San Salvador de Oviedo, una prueba evidente del peso político, económico y social que tenía su familia.

La primera comunidad que habitó el monasterio, bajo el abadiato de Fránquila y quizá ya siguiendo los postulados de la regla benedictina, estuvo compuesta por unos treinta monjes procedentes del Monasterio de santo Estevo del Ribas del Sil.

Hipótesis de cómo serían las primeras construcciones superpuestas al perfil del conjunto actual, en la que 1 corresponde a la Capilla de San Miguel, conservada, 2 sería la preexistente Capilla de San Martin y 3 sería la primera iglesia, las dos últimas desaparecidas (1)

Al principio sólo contaron con unas pocas edificaciones, pero éstas fueron aumentando en paralelo a la acumulación de propiedades entregadas por los familiares del fundador y a los privilegios y propiedades concedidas por los reyes astur-leoneses y por otros miembros de la familia real, emparentados con el propio san Rosendo, pues la fundación, como era lo habitual, no tuvo un objetivo sólo espiritual sino, sobre todo, de gestión económica, y la posesión de abundantes propiedades implicó un dominio prácticamente absoluto sobre los valles de los ríos Arroya, Limia y Támega, al sur de Galicia, una zona especialmente apta para la producción agrícola y ganadera y que así, además, se poblaba y controlaba políticamente.

Las donaciones fueron todavía incluso más numerosas cuando Rosendo, quizá imbuido del milenarismo que se extendió antes de la llegada del año 1000, creyendo en el fin del mundo y en un cambio de vida y entrega a Dios practicando una religiosidad que llevaba al retiro del mundo en monasterios, eremitorios o casas dedicadas a la observancia de una vida en común bajo una disciplina regular, renunció al obispado y a organizar la defensa de Galicia contra los normandos para ingresar en el monasterio donde, a la muerte de Fránquila en el año 959, fue el abad hasta su propio fallecimiento en el 977.

Retrato idealizado de San Rosendo de Gregorio Ferro Requeijo fechado a comienzos del siglo XIX y conservado en la sacristía (2)

Según el monje Ordoño de Celanova en la mencionada primera biografía de san Rosendo, el primitivo monasterio, que seguiría premisas arquitectónicas del Prerrománico asturiano, tenía una iglesia de tres ábsides dedicados al Salvador, san Pedro y san Juan Evangelista, respectivamente, viviendas para los treinta monjes de coro, dedicados a la celebración solemne del oficio divino y a la asistencia a otros actos comunes, y para los conversos, hermanos legos que se ocupaban del trabajo en el huerto, la cocina o las granjas, liberando a los monjes de las labores que no eran propias de sus votos, un albergue para peregrinos y un pequeño oratorio dedicado al arcángel san Miguel, lo único que se conserva en la actualidad, conocida como Capilla de san Miguel, una joya prerrománica a la que le he dedicado un artículo aparte.

Hipótesis de cómo sería el conjunto altomedieval superpuesto al perfil de las construcciones actuales, en la que 1 se corresponde con una torre, 2 sería el cuerpo de la iglesia, 3 sería la capilla mayor dedicada al Salvador, 4 sería la Capilla de San Pedro, 5 sería la Capilla de San Juan, 6 sería el claustro y 7 sería la sala capitular-refectorio. Arriba a la izquierda se aprecia la silueta de la Capilla de San Miguel, conservada (1)

Fachada occidental de la Capilla de San Miguel (3)

Fachada oriental de la Capilla de San Miguel, con la cabecera de la iglesia al fondo (4)

Con posterioridad, con el cambio del rito hispano por el romano, ya se alzaría un nuevo cenobio siguiendo las directrices del Románico que se convertiría en uno de los monasterios benedictinos más poderosos de Galicia en la Edad Media. No tenemos vestigios de este conjunto románico pero sí otro testimonio de 1610 de Mauro Castellá Ferrer en su Historia del apostol de Iesus Christo Sanctiago Zebedeo, patron y capitan general de las Españas, que lo describe de la siguiente manera:

“Yo alcancé a ver algunas pieças della, que ahora toda está reedificada de nueuo, el grandor de las celdas seria de catorze pies en largo, y otro tanto en ancho, su altor era estado y medio, poco mas que apenas llegaria a dos, el techo pintado de roxo, y blanco. El refitorio no tenia quarenta pies de largo, y hasta treynta de ancho. En aquel tiempo fue este vno de los mejores edificios de España. Lo que de está en pie es la Ermita de S. Miguel: la Yglesia con la torre mayor que para antigua es muy grande, hermosa, y de muy buena boueda coronada toda de almenas, y saeteras, que bien parecia Soldado, y Cauallero”. (5)

Con el desarrollo de las peregrinaciones a Santiago, Celanova se conformó como uno de los enclaves de la llamada “Via Nova”, que partía de Oporto pasando por Maia, San Tirso (Salas), supuesto lugar de nacimiento de san Rosendo y hoy ciudad hermanada con Celanova, Vilanova de Famalicão, Braga, Dume, donde se veneraban las reliquias de san Martín de Dumio, Amares y Terras de Bouro (Portela do Homem) en Portugal y, ya en España, continuaría por Lobios (Portela de Hombe), Bande, con las reliquias de san Torcuato, discípulo del propio Santiago según el Codex Calixtinus y obispo de Guadix, desde donde los peregrinos seguían una vía secundaria por Lobeira, Portela (Verea) y San Salvador de Celanova, donde veneraban las reliquias de san Rosendo, a las que después se unieron, trasladadas desde Bande, las de san Torcuato, desde donde enlazaría con la Vía de la Plata por Allariz o se continuaría hacia el norte atravesando Barbadás hasta llegar a Orense, donde se veneraba al Santo Cristo y a Santa Eufemia, y donde también enlazaría con la Vía de la Plata.

Posteriormente, ya en el siglo XIV, la reina santa Isabel de Portugal peregrinó dos veces a Santiago e, igual que otros miembros de la nobleza portuguesa, eligió esta ruta que pasaba por Celanova, un trayecto que aunque hoy también se conoce como “Camiño da Raíña Santa”, ya estaría transitado de antes, como lo prueba el que en el Tumbo de Celanova se recoja la intención a comienzos del siglo XII del abad de Celanova y del prior de San Munio de Veiga de construir un hospital en Portela (Verea).

De la propia configuración del monasterio y de su ubicación en un camino se desprende la conformación alargada del núcleo urbano de Celanova en pleno camino, que lo atraviesa de norte a sur.

Vista aérea de Celanova, con el monasterio en el centro (1)

En estos primeros siglos el monasterio adquirió gran relevancia y poder, llegando a tener anexionados a su abadiato el de señor de la villa y otros pueblos de la provincia de Orense, con derecho a nombrar alcaldes, escribanos y jueces en los territorios sometidos a su dominio, extendido a más de cincuenta entidades entre monasterios, iglesias y prioratos, el de arcediano de Celanova, dignidad de la catedral de Orense con asiento en el coro de la misma, el de conde de Bande, el de marqués de Sande y el de capellán de la Casa Real.

Ilustración de un códice del siglo XVII de fray Benito de la Cueva con la Historia del monacato en Galicia que recrea cómo sería el monasterio de Celanova en la Edad Media, en el que el autor seguramente quiso mostrar su podería añadiendo iglesias y prioratos bajo su mando (1)

Pero en el siglo XV San Salvador de Celanova sufrió la misma crisis internacional que afectó a todos los monasterios de todas las órdenes como resultado del Cisma de Occidente (1378-1417) y el costoso mantenimiento de dos curias, una en Roma y otra en Avignon, la consiguiente división de la Iglesia católica en dos bandos, las epidemias, la degradación que sufría la vida conventual por la falta de vocaciones y la penuria económica por la que atravesaban los monasterios causada, sobre todo, por las luchas de poder entre el papado y los obispos por el control económico de los cenobios, y por los abades comendatarios, nombrados por el papa, que se desentendían del gobierno y la administración de los mismos al tiempo que malversaban y dilapidaban sus rentas, muchas de ellas empleadas en las luchas intestinas entre la nobleza y la monarquía por acaparar parcelas de poder. La situación incluso fue más grave en Galicia, imbuida en una profunda crisis política provocada por los conflictos dinásticos en el reinado de Enrique IV, con nobles que eran partidarios de la integración en la corona de Portugal enfrentados a los adeptos a Castilla, como lo demuestra, ya durante el reinado de los Reyes Católicos y promovida por ellos buscando la unidad del reino, la bula de Inocencio VIII Quanta in Dei Ecclesia de 1487, por la que se comisionó a cuatro prelados españoles para reformar los monasterios gallegos benedictinos, cistercienses y de canónigos regulares de san Agustín, y en cuyo preámbulo puede leerse:

“De algún tiempo a esta parte, a causa de la relajación que se introdujo entre los abades, priores, comendatarios, monjes (…), se fue enfriando en los repetidos Monasterios la regular observancia, y no solo fue abandonada por completo la antigua regla de vida, sino que sus moradores, dejándose llevar de reprobados instintos, postpuesto el temor de Dios, hacen una vida libre y disoluta, hasta el punto de que en muchos conventos ha cesado del todo el culto divino, y sus abades y priores o comendatarios gastan con hombres de armas sus rentas y frutos o los emplean en otros usos profanos y poco honestos, los despojan de sus tierras y haciendas y otros bienes destinados al culto divino, echan fuera a los monjes y religiosos y no cesan de cometer cada día otros muchos y nefandos atentados para la perdición de sus almas, ofensas de la divina Majestad, desdoro de la Religión, disminución del culto divino en dicho reino de Galicia”. (6)

Para San Salvador de Celanova la reforma tomó cuerpo definitivo en 1506 con la bula de Julio II de adhesión a la Congregación benedictina de Castilla, creada a iniciativa de los Reyes Católicos por bula de Alejandro VI en 1497 y con casa matriz en el Monasterio de san Benito de Valladolid, ejemplo de Observancia benedictina. Dicha adhesión supuso el fin de los abades comendatarios, la elección de un nuevo abad por parte de la propia comunidad, cargo que recayó en fray Martín de Orozco, y el comienzo de un periodo de observancia de la regla.

Las nuevas normas comunitarias impuestas por la Congregación generaron nuevas necesidades e impulsaron una renovación arquitectónica en casi todos los monasterios, con un protocolo de actuación diseñado por los generales de la Orden de remodelación total de los conjuntos para transformarlos en verdaderos símbolos de poder terrenal, alejados de los principios de austeridad y pobreza de los primeros tiempos, que se repitió casi sin cambios en la mayoría de los monasterios. Primero se reformaron los edificios existentes para que pudieran alojar a las nuevas comunidades para a continuación pasar a una ampliación de las dependencias para poder atender la nueva organización de la vida comunitaria derivada de la observancia estricta de la reforma de la regla y de la incorporación de celdas individuales que sustituyeron a los dormitorios comunitarios medievales, implicando la incorporación de un piso superior en los claustros de una sola planta. 

También se ampliaron las sacristías, los refectorios, las hospederías y las habitaciones del abad, pues el control administrativo que empezó a ejercerse sobre los monasterios generó visitas institucionales y reuniones entre los delegados de las sedes y los abades que derivó en una remodelación de las mismas para incorporar salas de reunión, biblioteca, cocina privada y dormitorios, adoptando una estructura casi palaciega en la que también se incluyó una monumental escalera.

La renovación en Celanova, proyectada en 1548 por el abad fray Alonso de Valladolid, que desarrolló todo el plan general de construcción del conjunto de los claustros, comenzó en 1550, ya en tiempos del abad fray Pedro de Torrecilla, por el claustro reglar, levantado sobre el solar que ocuparía el claustro medieval, que se iría desmontando a medida que avanzaban las obras, reutilizándose todo el material posible en la nueva construcción. Las primeras trazas se debieron a Juan de Badajoz el Mozo en 1550.

Panda norte del claustro reglar, adosada a la iglesia

Las primeras décadas del siglo XVI en la península se caracterizan por la ambigüedad y la indefinición artística por la dificultad en codificar todas las soluciones que se dan en el periodo. La incuestionable transformación artística que se da en esos tiempos en el territorio se plantea siguiendo dos vías de experimentación que terminaron confluyendo en el Clasicismo. Una era la denominada forma “a la antigua” o “a la romana”, considerada como renacentista porque se inspira en motivos tomados del mundo clásico, y otra era la forma “a la moderna”, que defendía la pervivencia de los modelos tardogóticos aunque actualizados con la incorporación de motivos decorativos inspirados en la antigüedad, la tendencia defendida desde los generalatos benedictinos, y Juan de Badajoz el Mozo y Rodrigo Gil de Hontañón cumplían a la perfección con estas premisas, pertenecientes a la segunda forma, la de pervivencia de las formas tardogóticas como fórmula de innovación arquitectónica, de ahí que ambos sean considerados como representantes de la última generación del Gótico del siglo XVI hispánico.

Badajoz el Mozo era en ese momento maestro de obras de la Catedral de León, y el claustro de Celanova presenta similitudes con su claustro y también con el del Monaserio de san Zoilo en Carrión de losCondes o el del Monasterio de san Marcos de León, obras del mismo arquitecto, artista predilecto de la orden benedictina a partir de 1535, sabiendo combinar a la perfección las formas heredadas platerescas con las influencias italianas y franco-borgoñonas llegadas de fuera.
Con la muerte del maestro solo dos años después, la comunidad contrató al otro arquitecto fetiche de la Orden, Rodrigo Gil de Hontañón, para que continuara la obra, que no modificó las trazas dadas por Badajoz y simplemente se limitó a aligerar la decoración de capiteles, ménsulas, claves y otros elementos de las bóvedas. Como era habitual en el maestro, él no se encargó de la ejecución, que quedó en manos de uno de sus hombres de confianza, Juan Ruiz de Pámanes, que a su muerte en 1571 es sucedido por Juan de Herrera "el Trasmerano".

En estos años construye toda la panda oriental, donde se ubicaron el refectorio, la sala de Profundis y las cocinas, y parte de la sur.

A partir de 1576, bajo el mandato del abad fray Antonio de Chantada, se registra la intervención del arquitecto portugués Mateo López, en cuyo contrato se especifica que debe seguir las trazas dadas por Gil de Hontañón, manteniéndose así las premisas estilísticas de mediados del siglo XVI. El nuevo arquitecto terminó la panda sur y continuó por el ángulo sureste, donde hizo el zaguán y la portería.

Cubierta del zaguán

En 1586, en tiempos del abad fray Pedro de Castro, se termina toda la panda oeste, desde la portería hasta la iglesia, donde se ubican las estancias del abad, la escalera abacial y la torre.

Panda oeste del claustro reglar, con la portada de la iglesia al fondo

Escalera abacial

Artesonado que cubre la caja de la escalera abacial

Entre 1588 y 1594 se construyen en la panda norte una nueva sacristía y una antesacristía, concluyéndose el claustro reglar, y un nuevo altar mayor en la iglesia que muy probablemente buscó recolocar más dignamente las reliquias de los santos Rosendo y Torcuato.

Sacristía

A continuación se registra un parón en las obras hasta mediados del siglo XVII, cuando en 1649, siendo abad fray Leandro Noguerol, se acomete una nueva fachada para la iglesia, que queda terminada en 1653, ya en tiempos del abad fray Rosendo Mujica, sin que se sepa quién fue su arquitecto.

Fachada de la iglesia

Fases constructivas del claustro reglar y la fachada de la iglesia (1)

En 1661 el abad fray Pedro de Vergaño contrata a Melchor de Velasco Agüero para levantar el cuerpo de la iglesia y aunque el maestro muere en 1669, la precisa descripción del proyecto permitió la continuación de las obras hasta la contratación en 1778, en tiempos del abad fray Mauro de Lacarra, de Pedro de Monteagudo, que realiza las cubiertas, la cúpula del crucero y los corredores sobre las naves laterales que enlazan con el coro alto, a los que se accede desde el ángulo noroeste de galería superior del claustro reglar. En 1687, siendo de nuevo abad fray Rosendo de Mújica, elegido por cuarta vez, tuvo lugar la ceremonia de consagración.

Cubiertas

La iglesia desde el coro alto

Respecto al amueblamiento del templo, la aportación más trascendental es la que realiza el escultor y arquitecto Francisco de Castro Canseco, que entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII realiza el retablo mayor (en breve le dedicaré un artículo monográfico), los dos colaterales, las puertas de las sacristías, los retablos y puertas del trascoro, la sillería del coro bajo y la caja del órgano en el coro alto.

Trascoro

Sillería del coro bajo

Órgano

Retablo mayor

Le siguió el claustro nuevo o claustro do poleiro, iniciado bajo el mandado del abad fray Joseph Arriaga entre fines del siglo XXVII y comienzos del XVIII y terminado en 1727.

Claustro do poleiro (7)

Claustro do poleiro

También hay que mencionar al monje arquitecto de Celanova fray Plácido Iglesias que, ya a mediados en el siglo XVIII, es el encargado de modernizar el aspecto del monasterio dotándolo de la estética barroca imperante en la época modificando el alzado del claustro reglar.

Claustro reglar

La última obra de envergadura fue la construcción, entre los siglos XVIII y XIX, de un volumen adosado a la panda occidental del claustro reglar que se alineó con la fachada de la iglesia incluyendo una nueva entrada al monasterio en el ángulo opuesto a dicha fachada y que ya concedió al conjunto su aspecto definitivo, dejando retranqueada la fachada occidental del claustro grande.

“La obra de San Salvador de Celanova fue fruto de un proyecto planificado para engrandecer el edificio y transmitir una idea de poder y grandeza que iba más allá de la simple necesidad de mejora de unas dependencias comunitarias”. (8)

Esta remodelación completa fue posible por la adhesión de San Salvador de Celanova a la Congregación benedictina de Valladolid, que supuso el inicio de un periodo de gran esplendor para el monasterio gallego, tanto social, pues en menos de un siglo la comunidad pasó de siete monjes a cincuenta y nueve, e incluso se dice que Carlos V lo barajó como lugar de retiro cuando abdicó en Felipe II, aunque después se decantara por el monasterio jerónimo de Yuste, como económico, aumentando sus ingresos de rentas mediante la anexión de prioratos como el de Santa Comba de Naves y el de San Pedro de Rocas o la recuperación del dominio en territorios usurpados o de los que ya no se cobraba por dejadez, un esplendor que se prolongó a los siglos XVII y XVIII, cuando el monasterio ya extendía su señorío en cincuenta y nueve localidades, con una superficie total de 422 kilómetros cuadrados, y dependían de él trece prioratos.

Pero las desamortizaciones del siglo XIX implicaron el abandono forzoso del monasterio por la comunidad y la venta de sus tierras y bienes. Así, la iglesia pasó a ser sede de la parroquia de san Verísimo, pues su templo, que a partir de ese momento quedó sólo para culto del cementerio parroquial, se había quedado muy pequeño para acoger a todos sus parroquianos. En 1842 se distribuyeron los dos claustros de la siguiente manera: el claustro nuevo quedó libre para venta o alquiler y el claustro reglar fue cedido para uso municipal con las siguientes condiciones:

“Los bajos del frontispicio o fachada principal del monasterio que dice enfrente de la Plaza Mayor de la Constitución, para cárcel de ambos sexos y habitación del alcayde carcelero. El primer piso del mismo lienzo para local e instrucción primaria del sexo varonil, y habitación del maestro; el segundo y único cuerpo de dicho lienzo para consistorio, local para instrucción primaria del bello sexo y habitación de la maestra”.

En 1869 una parte del claustro nuevo fue cedida a los Escolapios para la creación de un colegio con doscientos alumnos que cerró en 1929. En 1931 los edificios fueron declarados Monumento Nacional y el edificio fue ocupado por los agustinos hasta 1836. Durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista fue prisión de presos políticos condenados por un tribunal militar a penas graves.
 
Claustro reglar en época de los Escolapios (9)

Claustro do poleiro utilizado como patio de juegos en época de los Escolapios (9)

En 1951 se realizaron obras para su adaptación como Hogar infantil bajo la dirección de los Salesianos, que en 1955 ya recibieron a los primeros niños. Pero a los pocos años, los padres abandonaron la dirección y parte del edificio se convirtió en Ciudad de los Muchachos bajo la dirección del padre Silva.

En 1963 se realizaron obras de consolidación en la esquina noroeste del templo bajo la dirección de los arquitectos Luis Menéndez Pidal y Francisco Pons-Sorolla porque el movimiento de la fábrica hacia el exterior estaba provocando daños en las bóvedas de la nave del Evangelio, daños que se atribuyeron a un defecto de cimentación y a la mala conducción del sistema de desagüe en la zona. Así, se procedió a recalzar la cimentación y reparar la red de alcantarillado y las bóvedas de los dos tramos finales de la nave afectada. En la década de 1960, con motivo del milenario de san Rosendo, también cambió la advocación por la del santo, que es la que tiene en la actualidad.

En 1982 se inició la rehabilitación integral del claustro nuevo, y tras una remodelación completa que fue merecedora del Premio Europa Nostra en 1984, pasó a ser la sede del Instituto de Enseñanza Secundaria Celso Emilio Ferreiro, labor que sigue desempeñando en la actualidad. El claustro reglar fue rehabilitado en 1996 para albergar dependencias regionales y del ayuntamiento, la oficina de turismo, la biblioteca municipal, un centro de servicios sociales, la vivienda del párroco… y la torre campanario se restauró en 2012.

Reconstrucción 3D del conjunto en la actualidad (10)

Estos artículos también están dedicados a Celanova:

El Monasterio de San Salvador de Celanova en la actualidad (en breve)
El Retablo Mayor del Monasterio de San Salvador de Celanova (en breve)

Y si queréis pasearos por otros MONASTERIOS BENEDICTINOS en Viajar con el Arte, podéis abrir este enlace.

Imágenes ajenas y referencias:

(1) PARADA GONZÁLEZ, S. La construcción del templo de Celanova desde los contratos de ejecución: revisión arquitectónica de la obra a partir de sus documentos, Trabajo fin de Máster. Universidade da Coruña, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Máster de Rehabilitación Arquitectónica, 2010.
(2) BERNARI LÓPEZ VÁZQUEZ (coord.), Opus Monasticorum I. Patrimonio, arte, historia y orden, Xunta de Galicia, 2005.
(5) FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E. y MONTERROSO MONTERO, J. M. (coords.), Opus Monasticorum II. Arte Benedictino en los caminos de Santiago, Xunta de Galicia, 2007.
(6) BERNARI LÓPEZ VÁZQUEZ (coord.), Opus Monasticorum I. Patrimonio, arte, historia y orden, Xunta de Galicia, 2005.
(8) PERNAS ALONSO, M. I., Escaleras de piedra de los conjuntos monásticos de la provincia de Ourense entre los siglos XVI y XVIII. Análisis gráfico, Tesis doctoral, Universidade da Coruña, 2011.
(9) VV.AA., Estudios Mindonienses. Anuario de estudios histórico-teológicos de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, nº 23, Cabildo de la catedral de Mondoñedo-Centro de Estudios de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol-Fundación Caixa Galicia, 2007.

Fuentes:

BERNARI LÓPEZ VÁZQUEZ (coord.), Opus Monasticorum I. Patrimonio, arte, historia y orden, Xunta de Galicia, 2005.
DÍAZ Y DÍAZ, M. C., “El testamento monástico de san Rosendo”. Historia, Instituciones, Documentos, nº 16, 1989, pp. 47-102.
FERNÁNDEZ CASTIÑEIRAS, E. y MONTERROSO MONTERO, J. M. (coords.), Opus Monasticorum II. Arte Benedictino en los caminos de Santiago, Xunta de Galicia, 2007.
GARCÍA IGLESIAS, J. M., “Francisco de Castro Canseco (Ca. 1655-1714), en la actividad artística de Galicia”, Laboratorio de arte, nº 5, 1992, pp. 241-263.
GONZÁLEZ GARCÍA, M. Á. y PEREIRA SOTO, M. Á., “El relicario de la Iglesia Conventual del Monasterio de San Salvador de Celanova”, Porta da aira: revista de historia del arte orensano, nº 8, 1997-1998, pp. 23-76.
LÓPEZ QUIROGA, J., BENITO DÍEZ, L. y CATALÁN RAMOS, R., “Monasteria et territoria en la “Galicia” interior en torno al año mil. El monasterio de San Salvador de Celanova”. En LÓPEZ QUIROGA, J., MARTÍNEZ TEJERA, A. M. y MORÍN DE PABLOS, J. (coords.), Monasteria et territoria. Elites, edilicia y territorio en el Mediterráneo medieval (siglos V-XI), 2007, pp. 409-428.
PARADA GONZÁLEZ, S. La construcción del templo de Celanova desde los contratos de ejecución: revisión arquitectónica de la obra a partir de sus documentos, Trabajo fin de Máster. Universidade da Coruña, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Máster de Rehabilitación Arquitectónica, 2010.
PERNAS ALONSO, M. I., Escaleras de piedra de los conjuntos monásticos de la provincia de Ourense entre los siglos XVI y XVIII. Análisis gráfico, Tesis doctoral, Universidade da Coruña, Departamento de Representación e Teoría Arquitectónica, 2011.
VALENCIA HENTSCHEL, C., “Un documento excepcional: La donación de San Rosendo al Monasterio de Celanova”, Porta da aira, nº 5, 1992-1993, pp. 9-16.
VV.AA., Estudios Mindonienses. Anuario de estudios histórico-teológicos de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, nº 23, Cabildo de la catedral de Mondoñedo-Centro de Estudios de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol-Fundación Caixa Galicia, 2007.

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