El tercer recinto del monasterio de Santa María de Poblet en Vimbodí, Tarragona

El Real Monasterio de Santa María de Poblet, una de las abadías cistercienses más grandes de Europa, se encuentra rodeado de viñedos y de un frondoso bosque de pinos, cedros, abetos, encinas, robles, castaños, olmos, chopos… en una zona rica en agua, tanto por las numerosas fuentes que brotan como por estar en la confluencia del río Sec, el barranco de Castellfollit y el río Pruners, que pasa muy cerca de los muros de la abadía, en la localidad tarraconense de Vimbodí, al pie de la Sierra de Prades, en la comarca de la Conca de Barberà.

Como ya nos hemos detenido en un post anterior en su historia y nos hemos paseado por sus dos primeros recintos, ahora toca recrearnos en el tercero, el más espectacular, pues es el que aloja la iglesia y el recinto claustral.

Entorno del monasterio

Este tercer recinto está protegido por la gran muralla construida durante el reinado de Pedro IV el Ceremonioso de más de seiscientos metros de longitud, más de once metros de altura y dos de espesor y que cuenta con almenas y matacanes, paso de ronda y diez torres poligonales (de las Hostias, junto a la sacristía nueva, del Prior, del Aceite, del Baño, de las Casas Nuevas, de Armas, de San Esteba, de Locos, del Cardenal y del Zapatero) además de las dos que flanquean la entrada al recinto claustral.

Planta del tercer recinto (1)

Plaza del segundo recinto, con la cruz de Guimerá y la Puerta Real, la entrada al recinto claustral entre dos torres, a la izquierda y la fachada de la iglesia a la derecha, que ya forman parte del tercer recinto

Las edificaciones más antiguas, fechadas en el siglo XII, se encuentran en la parte de atrás de este tercer recinto, ante la cabecera del templo, donde estaría el primer núcleo habitado, en torno al claustrillo de san Esteban o de la enfermería, que recibe ese nombre porque se ubica adosado a la Capilla de san Esteban, erigida para celebrar los oficios mientras se construía el conjunto monástico muy probablemente con el patrocinio del abad Esteve I, después obispo de Huesca, de ahí que se dedicara a su patrón, san Esteban Protomártir, y que después se convirtió en capilla de la enfermería, construida al lado, y capilla funeraria.

Claustro de san Esteban (2)

Cuenta con nave única y bóveda apuntada y un ventanal románico hacia levante que después fue parcialmente cegado cuando se construyó la casa del abad y que terminó desapareciendo al construirse la muralla del siglo XIV, aunque unas restauraciones recientes lo han recuperado. También posee cripta, construida al mismo tiempo que la nave superior para salvar el desnivel del terreno y que se cree que se usaría como pudridero de los enterramientos de familias nobles hasta su traslado a los sepulcros conservados en el claustro reglar, que son simplemente osarios. Toda esta parte no está abierta a las visitas porque forma parte de la clausura.

La fachada de la iglesia se compone de una portada barroca financiada en 1670 por el gran benefactor del monasterio don Pedro Antonio Ramón Folch de Cardona y Fernández de Córdoba, IX duque de Cardona, XIV conde de Prades y virrey de Nápoles, que años antes se había encargado de trasladar a Poblet los restos de Alfonso el Magnánimo, y en la que intervinieron los maestros Francisco Portella y José Llagostera además del escultor Domingo Rovira. Medio siglo después se le añadieron los dos laterales de rica decoración con columnas salomónicas y óculos.

Fachada de la iglesia

La hornacina sobre el vano de entrada aloja una imagen de la Asunción y las hornacinas laterales presentan a san Benito de Nursia y a san Bernardo de Claraval.

Imagen de la Asunción en la fachada de la iglesia

Traspasada la portada se entra a la galilea, ámbito utilizado para enterramientos a los pies de las iglesias benedictinas y cistercienses, construida en tiempos del abad Ponç de Copons (1316-1348). Tiene planta rectangular cubierta con bóveda de crucería y conserva un altar renacentista con un Santo Sepulcro de mármol realizado por orden del abad Joan Guimerá en el tercer cuarto del siglo XVI. Enfrente había otro dedicado a la Virgen de los Ángeles que desapareció, hoy sustituido por un Calvario.

Altar renacentista en la galilea

En la galilea también se conserva la primitiva portada románica del siglo XII, conformada mediante tres arquivoltas de medio punto y tímpano con un Agnus Dei, conservando todavía parte de su policromía original.

Detalle de la primitiva portada románica con un Agnus Dei en el tímpano

La iglesia, orientada canónicamente con el ábside hacia oriente, tiene planta de cruz latina de tres naves de siete tramos, la central más ancha y alta que las laterales, separadas por pilares cruciformes, transeptos con sendas capillas dedicadas a los santos Bernardo, en el lado del Evangelio, y Benito en el lado de la Epístola, y ábside circular con girola y cinco capillas radiales, algo inusual en los templos cistercienses, aunque también podemos verlas en el monasterio de Santa María de Moreruela, por ejemplo, que podrían responder a la necesidad de más altares para que el elevado número de monjes-sacerdotes con los que contó la comunidad pudieran oficiar, tal y como dictaba la regla, sus misas diarias.

Nave central desde los pies

Cabecera desde el coro

Nave central desde el crucero, con el rosetón de la fachada occidental al fondo

Estas capillas radiales están dedicadas a san Juan Bautista, santa Tecla, Santísimo Salvador, por ser la central, después bajo la advocación de san José, san Miguel y san Vicente. Aunque en los siglos XVII y XVIII fueron redecoradas siguiendo el gusto barroco y se le añadieron cúpulas, en las restauraciones del siglo XX se buscó recuperar su aspecto primitivo y se suprimieron los añadidos.

Nave de la Epístola desde los pies

La nave de la Epístola también cuenta con siete capillas entre los contrafuertes construidas con posterioridad al resto de la iglesia, hacia 1330, en época del abad Copons, y renovadas en siglos posteriores. Comenzando por los pies nos encontramos con la Capilla de san Martín, la Capilla de las reliquias, actualmente dedicada al Santísimo Sacramento y con decoración contemporánea, la Capilla de san Andrés, la Capilla de san Nicolás, la Capilla de santa Magdalena, la Capilla de santa Úrsula y la Capilla de los santos padres Roberto, Alberic y Esteban, fundadores del Císter.

Capillas laterales de la Epístola

Bóveda con decoración contemporánea en la Capilla del Sacramento, antes de las reliquias

El templo se ilumina mediante ventanas en la nave central y en las laterales y rosetones en los brazos del transepto y en la nave central.

Las cubiertas de la nave central y del transepto son de cañón apuntado con arcos fajones que apoyan en semicolumnas adosadas a los pilares cruciformes y las naves laterales y la girola presentan bóvedas de crucería.

Cubierta de la nave central

Cubierta de la girola

Desde el transepto de la Epístola se accede directamente al dormitorio de monjes a través de la escalera de maitines.

Escalera de maitines en el transepto de la Epístola

El tramo del crucero se conoce como “Capilla Real” porque aloja sepulcros de los reyes de la Corona de Aragón, una obra que se realizó con el patrocinio de Pedro IV el Ceremonioso en la segunda mitad del siglo XIV y en la que intervinieron los escultores Pere de Guines, Aloi de Montbrai, Jaume Cascalls o Jordi de Déu. La espectacularidad de toda la cabecera bien merece un artículo monográfico que publicaré en breve.

Capilla real (3)

En el siglo XVIII, durante el abadiato de Baltasar Sayol (1732-1736), se construyó una nueva sacristía adosada al transepto de la Epístola, un ámbito de planta cuadrada de grandes dimensiones cubierto por una cúpula con linterna que contó con espléndidas cajonerías para guardar las ropas y los ornamentos litúrgicos y paredes decoradas con pinturas, entre las que destaca un Crucificado de Francisco Ribalta en la cabecera.


Sacristía nueva

Al contrario de lo que suele ser habitual, el claustro reglar, construido a partir de 1208, no está adosado hacia el sur de la iglesia sino hacia el norte, adosado a la nave del Evangelio, quizá por condicionantes del terreno o por aprovechar el posible paso de algún arroyo que alimentara las dependencias conventuales.

El acceso a estas dependencias desde el exterior se realiza por la llamada Puerta Real, obra del ingeniero militar Guillermo de Guimerá en 1368, que está flanqueada por dos grandes torres poligonales y presenta vano de medio punto de grandes dovelas con el escudo sostenido por un ángel de la corona de Aragón con dos leones rampantes en la clave y la cimera real y el escudo de Pedro IV el Ceremonioso a ambos lados, con escudetes reales alternando con las armas del abad Guillermo de Agulló arriba, en la barbacana.

Puerta Real

Detalle de la Puerta Real

Traspasada la puerta se accede a un pequeño atrio. A la derecha están las escalinatas del inacabado palacio real de Martín el Humano, convertido en 2007 en museo en el que exponer tallas románicas y góticas, cerámica, tablas y lienzos, mobiliario, orfebrería, estelas funerarias… pero en mi última visita al monumento esta parte no estaba abierta al público.

Escaleras de acceso al palacio real de Martín el Humano

Sala del museo (3)

De frente se accede a un vestíbulo de planta rectangular y bóvedas de crucería con nervios sobre ménsulas en las que aparece el escudo del abad Ponç de Copons (1316-1348) y una portada románica que da paso a las crujías del claustro reglar, alrededor del que se sitúan las dependencias medievales del monasterio.

Vestíbulo (4)

Acceso al claustro reglar

Tiene planta rectangular irregular y se comenzó por la crujía sur, la que linda con la iglesia, que abre al jardín central mediante arcos apuntados que abarcan otros dos arcos de medio punto, mientras que las otras tres arcadas, ya del siglo XIV, construidas por orden de Jaume II para sustituir a las románicas, muestran arcos apuntados sobre pilares cruciformes con columnas adosadas en los frentes y en los codos con capiteles geométricos de entrelazos y trenzados y vegetales de sencillas palmetas, hojas a lanceladas, pseudoacantos…

Arquería de la crujía sur, la más antigua

Arquería de la crujía occidental y parte de la norte, ya góticas

Las cubiertas son de crucería y en los muros se ubican tumbas de nobles que obtuvieron el privilegio de ser enterrados en el monasterio. En origen solo contó con una altura y aunque en tiempos de los Reyes Católicos se construyó un claustro alto, después fue derrumbado y no se ha reconstruido.

Crujía sur del claustro

La crujía sur no cuenta con dependencias porque está adosada a la iglesia.

La panda este conserva los ámbitos construidos en los siglos XII y XIII. El más cercano al crucero del Evangelio de la iglesia, con entrada desde éste y desde el propio claustro, fue la primitiva sacristía, con planta rectangular y bóveda de cañón apuntada. A continuación se suceden el armarium, la sala capitular, la escalera de subida al dormitorio de monjes, el locutorio y, prolongándose en perpendicular, la sala de monjes y el scriptorium, convertidos en biblioteca del monasterio por el abad Pere Virgili en el último cuarto del siglo XVII.

El armarium es una sala rectangular en la que se guardaban los libros de rezo usados en la sala capitular y en las lecturas del refectorio.

La sala capitular abre a la crujía del claustro mediante una portada románica de arco de medio punto abocinado con arquivoltas y capiteles con decoración vegetal flanqueado por sendas ventanas de dobles arcos también de medio punto abarcados por otro de mayor tamaño. Tiene planta cuadrada y se divide en nueve tramos cubiertos con bóvedas de crucería cuyos nervios apoyan en ménsulas en las paredes y en cuatro esbeltos pilares centrales de fuste octogonal y capiteles con decoración vegetal.

Vanos de la sala capitular

Cuenta con sillería perimetral de madera y en el testero este, frente a la portada, se abren tres grandes ventanales conformados mediante dos arcos trilobulados con un rosetón calado superior abarcados por otro de medio punto.

Sala capitular

Se sabe que en la sala están enterrados más de cuarenta abades vitalicios, aunque sólo once lo están bajo lápida. Ante la puerta, en una losa sin adorno alguno, están los restos del abad Vicente Ferrer († 1411), tío de san Vicente Ferrer, y en el resto del pavimento se reparten las laudas sepulcrales de los abades Juan Tarrós († 1602), Francisdo Oliver de Botaller († 1598), Domingo Porta († 1526), la única de la que se sabe el autor, Damián Forment, que también realizó el retablo mayor de la iglesia, encargado por el propio abad, Pedro Alferich († 1311), Juan Payo Coello († 1498), Guillermo de Agulló († 1393), Bartolomé Conill († 1458), Pedro Boqués († 1564) y Simón Trilla († 1623), el último abad perpetuo, todos con su heráldica esculpida y algunos con su nombre. Aunque sus enterramientos no parece que hayan sido profanados, en las restauraciones de la década de 1940 se modificó el orden de las lápidas para dejar libre el paso central hacia la silla abacial, sin que ahora se correspondan con los cuerpos enterrados bajo ellas.

El locutorio es una sala estrecha con bóveda de cañón apuntada apeada en una imposta corrida en el muro. En ella se repartía el trabajo diario de los monjes y era el único ámbito en el que podían hablar entre ellos de temas relacionados con las labores diarias.

Locutorio

Con acceso desde el locutorio se ubicaban dos grandes salas que fueron granero y almacén respectivamente, divididas en dos naves con bóvedas de ojiva de gruesos nervios que apoyan en columnas centrales exentas con capiteles poliédricos y ménsulas en los muros. A fines del siglo XVII el abad Pedro Virgili las convirtió en biblioteca uniéndolas para crear un amplio espacio rectangular de cincuenta metros de largo. En su periodo de máximo esplendor llegó a atesorar más de cuarenta mil volúmenes, la mayoría de ellos perdidos o dispersos tras las desamortizaciones del siglo XIX, aunque en la biblioteca de la Universidad de Barcelona se conserva uno de los más valiosos con los que contó el monasterio, una copia de la Crónica de Jaume I o Llibre dels feits realizada por orden del abad Copons en 1343 por el amanuense Celestí des Torrents.

Biblioteca (1)

En una segunda altura sobre la sacristía vieja, la sala capitular, el locutorio de monjes y la biblioteca se ubica el antiguo dormitorio común de los monjes de coro, una inmensa nave de ochenta y siete metros de longitud y diez de anchura, más larga y ancha que la nave mayor de la propia iglesia, con grandes ventanales, cubierta con techumbre de madera sobre diecinueve arcos diafragma apuntados apoyados en ménsulas decoradas con motivos vegetales y salida directa al transepto del Evangelio de la iglesia a través de la escalera de maitines. También tiene una puerta en la pared occidental que comunicaba con el claustro alto edificado en tiempos de los Reyes Católicos, hoy desaparecido, y desde la que se accede a las cubiertas del claustro bajo.

Dormitorio de monjes de coro

Escalera de maitines de acceso a la iglesia desde el dormitorio

Cuerpo del dormitorio y puerta de salida a las cubiertas del claustro bajo 

En la panda norte se encuentran el calefactorio, el refectorio de monjes, con el lavatorio en frente, y la cocina, que también comunicaba con el refectorio de conversos.

Crujía norte del claustro, con la entrada a la cocina a la derecha

El calefactorio era la única sala del monasterio que contaba con chimenea. Es un ámbito rectangular con cubierta de bóveda de cañón apuntado.

Calefactorio

El refectorio de monjes es una gran sala de planta rectangular con grandes ventanales abocinados de medio punto, cubierta con bóveda de cañón ligeramente apuntada con tres arcos fajones que apoyan en sencillas ménsulas, púlpito en el muro de la derecha y una gran fuente octogonal central. Este ámbito fue restaurado en 1946 y en la actualidad sigue cumpliendo la función de comedor de la comunidad.

Refectorio, todavía en uso

El lavatorio, frente a la entrada del refectorio, es de doble taza de mármol con treinta y un caños y está protegido por un templete hexagonal con arcos de medio punto geminados rematados por vanos romboideos abarcados por otros arcos mayores también de medio punto, una estructura muy similar a la que se encuentra en el cercano Monasterio de Santes Creus y que se decidió conservar cuando se hizo la remodelación gótica del claustro.

Templete del lavatorio

Lavatorio

La cocina fue construida en el siglo XIII pero lo que hoy se conserva es fruto de una remodelación del siglo XIX, un amplio ámbito con cubierta de crucería y una gran chimenea adosada a uno de sus muros.

Cocina

El refectorio de conversos se convirtió en bodega para la elaboración de vino en el siglo XIV. Es un ámbito dividido en dos crujías mediante cuatro pilares con cubiertas de crucería cuyos nervios llegan hasta el suelo (en mi visita estaba cerrado al público).

Refectorio de conversos, después convertido en bodega, antes de la restauración (5)

Refectorio de conversos en la actualidad (1)

La crujía occidental aloja un amplio ámbito rectangular construido en la primera mitad del siglo XIV como dormitorio de conversos, con acceso directo a los pies de la iglesia, que después fue transformado en lagar y almacén y que hoy es locutorio.

Crujía occidental

Antiguo dormitorio de conversos, hoy locutorio

El monasterio dispone de dos patios más, el ya mencionado de Sant Esteve y el del locutorio, no visitables por formar parte de la clausura.

Si queréis ver otros MONASTERIOS CISTERCIENSES en Viajar con el Arte, podéis acceder a ellos abriendo este enlace.

Referencias:


Fuentes:

NAVASCUÉS PALACIO, P., Monasterios en España. Arquitectura y vida monástica. Barcelona, Lunwerg, 2000.
MOLINA FIGUERAS, J., “La memoria visual de una dinastía. Pedro IV El Ceremonioso y la retórica de las imágenes en la corona de Aragón (1336-1387)”, Anales de Historia del Arte, Vol. 23, Núm. Especial (II), 2013, pp. 219-241.

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