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lunes, 25 de junio de 2012

El Palacio Troja (Trojský zámek) de Praga

Praga es una ciudad bella, profundamente bella, y precisamente por ello, difícil de disfrutar plenamente: somos muchos los que decidimos visitarla al mismo tiempo. Aun así, todavía conserva pequeños paraísos de los que descansar del bullicioso ajetreo de idas y venidas por el centro histórico.

Vista del palacio desde los jardines


El Palacio Troja (Trojský zámek), al noroeste de la ciudad, en la orilla derecha del río Moldava, es uno de ellos, al que se puede llegar tras un estupendo paseo en barco desde el embarcadero de la calle Rasinovo Nabrezi, en pleno centro.

Vista de Google maps del palacio y los jardines, con un gran laberinto rodeado de árboles frutales a la derecha

Fue mandado construir en 1679 como residencia de verano por el conde Wenceslao Adalberto Stenberg (Václav Vojtěch Šternberk), consejero privado y chamberlain del emperador Leopoldo I, Mariscal del Reino y perteneciente a una de las más antiguas y aristocráticas familias bohemias, casado con Clara Bernhardine von Maltzan.

Entre 1663 y 1664 el conde y su hermano habían realizado el tradicional “Grand Tour”, considerado esencial para la educación de un aristócrata de la época, visitando los Países Bajos, Inglaterra, Francia e Italia, y sería precisamente de Roma de donde tomaría la idea de construirse una villa a la manera de las residencias veraniegas de las familias romanas en la zona de Frascati, construidas durante los siglos XVI y XVII.

La elección del emplazamiento no fue inocente. Se ubicó justo enfrente del Parque Real, la reserva favorita del emperador, al otro lado del río, ofrecido al soberano como pabellón de caza y en línea con Castillo de Praga, la sede del imperio en esa época, creando un eje imaginario para el que el palacio debió levantarse en rampa, obligando a la modificación artificial de la ladera. Además, al lado de la sede imperial el conde después erigió, a partir de 1697, su propio Palacio Sternberg (Šternberský Palác), hoy una de las sedes de la Galería Nacional de Praga (Nàrodni Galerie v Praze), uniendo visualmente ambas propiedades.

Situación del palacio en relación con el Castillo de Praga y el Palacio Sternberg

La construcción tuvo varias etapas entre 1678 y 1695. La erección del nuevo palacio partió de la reforma de un edificio anterior cuyo nombre, que conservó, le venía por las decoraciones pictóricas sobre la Guerra de Troya que lo decoraban.

Aunque en un primer momento se cree que encargaría el proyecto al arquitecto pragués de origen italiano Giovanni Domenico Orsi de Orsini, después se hizo cargo del mismo Jean-Baptiste Mathey, francés de origen borgoñón, formado en Roma, y que se convirtió, gracias a este palacio, en introductor en Praga de la nueva arquitectura del barroco romano protagonizada por el círculo de Bernini.

Detalle de Google maps en el que se aprecia mejor la planta en U del edificio principal

El edificio principal muestra una concepción radicalmente distinta al resto de castillos que hasta ese momento se habían construido en Bohemia, pues en vez de presentar la tradicional planta cuadrada con cuatro alas alrededor de un patio central, cuenta con planta en U, con un cuerpo central que alberga una gran Sala de Honor a dos alturas y dos alas laterales de menor altura en las que se ubican el resto de habitaciones, rematadas con torres que albergan las escaleras de comunicación y que también se conforman como miradores, todo ello sobre una terraza que comunica con un gran jardín barroco en el que pueden apreciarse influencias, tanto francesas como italianas.

En cuanto a la decoración pictórica interior, supervisada por Mathey, la capilla muestra un techo con la Apoteosis del conde Sternberg y paredes con escenas religiosas de estilo caravaggista.

Techo de la capilla con la Apoteósis del conde de Sternberg (1)

Aspecto de la capilla, decorada con pinturas caravaggistas y abierta al paisaje (1)

En otras estancias se muestran escenas mitológicas que fueron obra de los italianos Carpoforo Tencalla y Francesco Marchetti y su hijo Giovanni Francesco.

Escena mitológica en una de las estancias secundarias (1)

Techo de otra de las estancias secundarias (1)

Pero lo más destacado es el espectacular trampantojo de la Sala de Honor, obra posterior de los hermanos Abraham e Isaak Godyn, pintores de Amberes que llegaron al palacio en 1690, un punto y aparte en la pintura barroca checa.

Aspecto general de la Sala de Honor, donde suelen celebrarse conciertos (2)

El ciclo se concibe como una declaración de lealtad de la familia Sternberg al emperador Leopoldo I, con un programa que representa la Apoteosis de los Habsburgo, la Victoria en el Sitio de Viena ante el Imperio Otomano en 1683, la Defensa de la Europa Cristiana y la Abdicación del emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico en favor de su hermano Fernando I de Habsburgo.

Techo de la Sala de Honor (1)

El emperador Leopoldo I en Carro de Triunfo

Victoria contra los otomanos en el Sitio de Viena

Abdicación de Carlos V en su hermano Fernando I (1)

Angelotes soportando las columnas de Hércules con filacteria con el lema “Plus Ultra”, símbolo Habsburgo (1)

Durante el segundo cuarto del siglo XVIII se crearon tres salones chinos en el ala noreste de acuerdo el gusto por las chinoiseries extendido por toda Europa en la época, con escenas realizadas por un pintor hoy desconocido que parecen inspirarse en las ilustraciones de los libros de viajes del momento.

Aspecto de uno de los salones chinos (1)

La gran Sala de Honor comunica con el jardín mediante una monumental escalera oval que forma un foso central.

Vista cenital de la escalera monumental (1)

Vista frontal de la escalera monumental

Aspecto de la escalera antes de su restauración (3)

El ciclo escultórico de la escalera, diseño de los escultores alemanes Johann Georg y Paul Heermann, tío y sobrino respectivamente, representa la Lucha de los Dioses del Olimpo y los Titanes, con la Victoria en el punto más alto, sobre la portada, Júpiter y Minerva observando a los enemigos vencidos, los Titanes, caídos en el fondo del foso, arrojados al Infierno, Alegoría de la Victoria de las tropas cristianas sobre el ejército turco en Viena en 1683, tema recurrente en la iconografía del palacio.

La Victoria sobre la portada flanqueada por Júpiter, a la izquierda, y Minerva, a la derecha

Detalle de Minerva

Titanes luchando por no sucumbir

Titán con inscripción del año “1685”, fecha en la que se data la labor escultórica

Titanes vencidos en el fondo del foso

El programa se completa con las Alegorías de las Estaciones y los Continentes, algunas de ellas atribuidas al escultor checo Jan Brokoff.

Otro aspecto de la escalera

Figuras escultóricas con el jardín al fondo

Detalle de la escalera

El jardín, elemento esencial del conjunto, muy probablemente también partiría de un diseño de Jean Baptiste Mathey y sería ejecutado por un arquitecto paisajista francés llamado Georges Seeman, organizado mediante terrazas y con una serie de vistas preferentes marcadas por una red de caminos, decorado con fuentes y con un gran laberinto.

Vista del jardín desde la primera terraza. Al fondo pueden apreciarse las torres de la Catedral, al lado del Castillo de Praga (4)

Otra vista del edificio desde el jardín

La misma vista antes de la restauración del edificio y su conversión en Galería de pintura (4)

Otro punto de vista, en el que se aprecian los caminos creando ejes preferentes de visión

La primera terraza está rodeada por una serie vasijas de terracota decoradas con guirnaldas, motivos heráldicos y bustos imperiales de cuyo autor sólo se conoce el apellido, Bombelli.

Vasijas de terracota decorando la primera terraza

Por la parte superior del palacio, en la ladera circundante, se organizó un gran viñedo, conservándose una pequeña capilla ya existente dedicada a Santa Clara, una labor que no quedó completada hasta entrado el siglo XVIII.

Vista de los viñedos y la capilla de Santa Clara desde la entrada al palacio

El conjunto también contaba con múltiples dependencias anexas, con una propiedad que también incluía unos lujosos establos, una fábrica de cerveza, un molino y otros edificios administrativos.

Establos del complejo, con fastuosa decoración pictórica (1)

En 1763 los herederos vendieron el palacio a la emperatriz María Teresa I de Austria, que no llegó a habitarlo; a comienzos del siglo XIX pasó a ser propiedad del príncipe Alfred Candidus Ferdinand I de Windisch-Grätz, que a su vez se lo vendió al barón Ostfeldu. Su último propietario fue el rico hacendado Alois Svoboda, que en 1922 donó el edificio y todas las tierras a la recién creada República Checa con fines educativos, de ahí que en una parte de los terrenos se construyeran un jardín botánico y otro zoológico, hoy convertido en uno de los grandes reclamos turísticos de la ciudad.

Entre 1977 y 1989 el palacio fue sometido a profundas renovaciones y se convirtió en la Galería de la ciudad de Arte Checo de los siglos XIX y XX, exponiendo obra de artistas como Josef Cermak, Vaclav Brozik, Julius Marak, Antonin Chitussi, Jan Preisler o Mikoláš Aleš.

En 2002, la humedad y la poca ventilación de la piedra arenisca de la escalera monumental, que estaban provocando la generación de musgos, líquenes y algas, hizo necesaria una intervención para su conservación y mantenimiento.

Fuentes:

4 comentarios:

Ksawery dijo...

Me ha encantado la entrada ya que en su momento no pudimos visitarlo y ahora gracias a ti lo hemos podido disfrutar casi tanto como si lo hubiéramos visitado.

Sira Gadea dijo...

Es toda una experiencia, por el palacio en sí y por el lugar en el que está. Ya sabes, por si vuelves.

Nacho San Marcos dijo...

Impresionante la Sala de Honor y su mundo pictórico con perspectiva en trampantojo acorde con esta arquitectura barroca. En general Praga no me ha dejado especial huella en cuanto a su arquitectura institucional. No conozco este Palacio Troya, pero me interesa más la arquitectura urbana con sus pintorescos edificios entre medianeras. Me resulta curiosa la combinación exterior de colores blanco y salmón de este Palacio, que acentúan la verticalidad en pilastras, recercados y esquinas. En la composición volumétrica se percibe asimismo una búsqueda obsesiva de la simetría como mecanismo para garantizar la nobleza de la arquitectura. Si te digo la verdad, de Praga me ha gustado el Puente Carlovo, de noche y con niebla. Tiene una atmósfera siniestra que me resulta estimulante y muy literaria. Como siempre es un gran reportaje Sira

Sira Gadea dijo...

El puente tiene mucha magia, pero a mí la ciudad en general me parece que tiene un encanto especial, como de cuento, Nacho. Me encantó callejear e ir descubriendo en cada cruce atracciones a mi mirada. También me gustaron varios museos, como el instalado en el Anezsky Klaster, una sucursal de la Narodni Galerie dedicada fundamentalmente a arte románico y gótico, con una interesante intervención en un edificio histórico. Y también me gustaron las colecciones del
Schwarzenbersky Palác y el Sternbersky Palác uno enfrente del otro en la zona del castillo.
También guardo muy buen recuerdo del Brevnovsky Kláster, completamente fuera del circuito turístico, un monasterio en un enclave espectacular, con unos impresionantes jardines. O de Loreto. En fin...