El monasterio de Santa María de Moreruela de Granja de Moreruela, en Zamora

Las imponentes ruinas de Santa María de Moreruela, en el término municipal de Granja de Moreruela, provincia de Zamora, en la margen izquierda del río Esla y al lado de la Vía de la Plata, son los restos de una de las primeras fundaciones de la Orden del Císter de la Península Ibérica.

Cabecera exterior de Moreruela

Aunque durante mucho tiempo se creyó que Moreruela fue la primera fundación masculina cisterciense en la península, parece que los estudios históricos desde mediados del siglo XX sobre la expansión de la Orden en territorio hispánico tienden a desmentirlo, pero sin que exista unanimidad en cuanto a la fecha, pues hay autores que indican que sería en 1143, justo un año después de Sobrado de los Monjes, que sería el primero, y otros que lo retrasan a finales de la década de 1150.

Alzado de la cabecera de Moreruela. Se indica el nivel al que estaba el suelo antes
de las restauraciones de fines del siglo XX (1)

La primera referencia documental conocida de un monasterio de Moreruela está en la “Vida de San Froilán” intercalada por Juan Diácono aprovechando un hueco en el fol. 101 del Condex biblicus legionensis de la catedral de León, una Biblia del siglo X que copia otra conservada en el monasterio de Albares de la Ribera, y que dice que el obispo Froilán, siguiendo el consejo de Alfonso III el Magno, fundó los monasterios del Salvador de Tábara y de “Morerola” en la ribera del Esla.

Pero según estudios arqueológicos recientes, esta referencia, que no dice en qué margen del río se ubicó, podría tratarse de una fundación en Moreruela de Suso o Tábara, bajo la advocación de san Miguel Arcángel, en la margen derecha del Esla, que quedaría destruida en las campañas militares de Almanzor a fines del siglo X y sobre la que después se levantó la actual iglesia bajo la misma advocación.

Ruinas del claustro regular desde el locutorio, ubicado en la panda este

Tras las razzias de Almanzor, la política de repoblamiento del reino asturleonés en esta zona norte de la actual provincia de Zamora consistió en la donación de territorios a la nobleza y la creación de una tupida red de monasterios, entre los que hay autores que defienden que estaría Moreruela, ahora sí en su actual enclave, como parece corroborar un documento de 1038, una escritura del monasterio de San Antolín en el que se menciona el “monasterium Morairola”, y del que se deduce que en estas fechas ya estaba en la margen izquierda del Esla.

Dos documentos más del siglo XI, sendas donaciones al monasterio de Santiago de Moreruela, siguen sin concretar en qué orilla. Es una advocación no mencionada hasta ese momento pero que no resulta extraña teniendo en cuenta que estaba justo en la encrucijada en la que el Camino jacobeo por la Vía de la Plata se desgaja en el Camino mozárabe o sanabrés.

Moreruela en las rutas jacobeas (2)

Lo que sí se deduce de estos documentos es que el cenobio debía estar bien establecido en la zona y con gran riqueza agropecuaria, sin que se sepa cuándo comenzaría su declive, quizá provocado por su competencia con Sahagún.

Este declive podría explicar un vacío documental hasta 1143, fecha de una concesión de Alfonso VII de León de la villa “desertam”, lo que indica que estaría despoblada o, por lo menos, sin organizar, de Moreruela de Frades, un nombre que parece implicar la presencia previa de frailes, a don Ponce Giraldo de Cabrera, príncipe de Zamora, mayordomo de su corte y uno de sus nobles de mayor confianza, para que construyera y mantuviera un monasterio y que lo entregara a los monjes Sancho y Pedro, que vivían bajo la regla de San Benito.

Detalle un Privilegium Imperatoris de donación (1148) de unas tierras a un monasterio
conservado en la Hispanic Society de Nueva York en el que en la parte de abajo
aparecen el emperador Alfonso VII, sus hijos Sancho y Fernando
(los futuros Sancho III de Castilla y Fernando II de León),
el abad Willelmus y el mayordomo de la Corte, Ponce
de Cabrera, el que está más a la derecha (3)

En este punto hay autores que consideran que aquí Moreruela ya se conformó bajo la reforma cisterciense, pues el que estuviera bajo regla benedictina no lo contradice, y otros que piensan que la adscripción se produjo casi veinte años después de la cesión de los bienes a Ponce, a fines de la década de 1150, de ahí el cambio de advocación de Santiago a Santa María, la típica del Císter, con una especial devoción a la Virgen, mediante Bula de Alejandro III de 1163, y la presencia de monjes con nombres francos y del abad Gualterio, quizá una prueba de la tradición de enviar doce monjes y un abad procedentes de Claraval para cada nueva fundación. En este mismo sentido podría interpretarse la inscripción “E MCC” encontrada en uno de los absidiolos de la cabecera del templo que ha servido para datar el inicio de la construcción en 1162.

En cuanto a las circunstancias que llevaron a la adscripción de Moreruela al Císter, hay autores que lo ponen en relación con el matrimonio del conde don Ponce con doña María Fernández de Traba, hija de don Fernando Pérez de Traba, introductor de los bernardos en el monasterio de Sobrado en 1142, casi unánimemente admitido como la primera fundación cisterciense en la Península Ibérica.

La intención del Emperador Alfonso VII para la fundación de un gran monasterio en este enclave parece clara, en relación con su reconocimiento de Alfonso Enríquez como rey de Portugal y su necesidad de proteger y poblar la frontera con ese nuevo reino. Así, al tiempo que comienzan las obras, la nueva comunidad también inicia una colonización territorial del entorno de la Tierra de Campos, lagunas de Villafáfila y Lampreana, la Sierra de Culebra, Toro o Villalpando, incluso llegando hasta Salamanca y Bragança, gracias a importantes donaciones del propio Alfonso VII y su sucesores, del fundador y sus descendientes, de otros nobles, de compras de los propios monjes, cambios de bienes y derechos… una colonización al servicio de la corona que incluía labores de control y ordenación del territorio y de las comunidades campesinas.

Los reyes también cedían sus privilegios de inmunidad y jurisdicción, con el abad convertido en señor absoluto, titular del ejercicio de la justicia, administración y fiscalidad en el dominio, que estaba exento de actuaciones jurídicas ajenas.

La vida del monasterio siguió su curso, con reformas y nuevas edificaciones prolongadas hasta comienzos del siglo XIX, cuando empezaron a ser interrumpidas por las sucesivas leyes desamortizadoras de este convulso periodo que comenzaron ya durante el reinado de José I tras la invasión francesa y que culminaron en 1836 con la definitiva supresión de las órdenes regulares, cuando la comunidad, en ese momento compuesta por unos cincuenta monjes, la mitad de ellos establecidos en el monasterio y el resto in itinere estudiando o atendiendo parroquias o prioratos, fue forzada a abandonar el monasterio y se produjo la desamortización completa de sus bienes patrimoniales, que fueron adquiridos por particulares en pública subasta.

Con el abandono del conjunto, los nuevos propietarios empezaron a explotar el monasterio como cantera para construcciones en la zona, como puede observarse en la iglesia del vecino pueblo de la Granja de Moreruela.

Fachada este del monasterio en una maqueta en el Centro de Interpretación del Císter en
Granja de Moreruela que refleja su estado justo antes de ser abandonado
tras las desamortizaciones del siglo XIX

El monasterio a comienzos del siglo XX (4)

Y aunque en 1931 fue declarado Monumento Histórico Artístico, el expolio persistió hasta que en 1981 el Ministerio de Cultura inició expropiaciones forzosas que culminaron en 1995, cuando se le nombró conjunto protegido de la Junta de Castilla y León, iniciándose intervenciones de consolidación que han culminado hace pocos años.

Apartado de cualquier núcleo poblacional, según la observancia benedictina, las ruinas hoy conservadas nos muestran un modelo arquitectónico basado en el de Cluny adaptado al Císter que indican que tuvo un periodo inicial románico que fue evolucionando hacia el primer gótico, siguiendo las directrices constructivas dictadas en Capítulo General, tanto en relación con la estructura como con la decoración, sin escultura y con paredes de piedra vista o enlucidas en blanco, sin pinturas ni vidrieras, contrastando fuertemente con la riqueza ornamental cluniacense.

Alzado de la fachada sur de las ruinas de la iglesia (1)

Sección longitudinal de las ruinas de la iglesia (1)

La iglesia se construyó con grandes sillares de piedra cuarcítica procedente de las estribaciones de la Sierra de la Culebra y llama la atención las numerosas y variadas marcas de cantero que se localizan en todos sus muros.

Reconstrucción virtual de la nave central de la iglesia desde los pies, con la capilla mayor al fondo (5)

Transcripción de muchas de las marcas de cantero y otros símbolos grabados en las piedras de
Moreruela en un folio que me enseñó el guarda del monumento, Antonio,
al que desde aquí doy las gracias

Una de las abundantes marcas de cantería de Moreruela

También son abundantes los grafitis contemporáneos, algunos incluso se han prestado a confusión, como uno arquitectónico en el exterior del absidiolo central de la cabecera que da la sensación de ser un planteo medieval, aunque está comprobado que no es así.

Grafitis contemporáneos en Moreruela

Grafiti que parece reproducir un planteo medieval en el exterior del ábsidiolo central
de la cabecera de la iglesia

La iglesia se adscribe al románico aunque con elementos de transición al gótico, como las bóvedas de ojiva. La espadaña que todavía conserva es un añadido del siglo XVIII, pues el Císter no presenta ni torres ni campanarios.

Maqueta de la iglesia de Santa María de Moreruela en el Museo de Zamora

Se cree, como parece corroborar la inscripción mencionada en uno de los absidiolos, que las obras se iniciaron en 1162 comenzando por la cabecera, como era habitual, convertida en el testimonio más antiguo conservado del Císter de cabecera con girola y capilla radiales salientes hacia el exterior, aplicación de un modelo ensayado apenas diez años antes en la iglesia de Claraval pero que hoy no se conserva.

La capilla mayor abre a la nave central mediante arco de triunfo de medio punto doblado y se organiza con ocho columnas sobre plinto corrido que soportan arcos ligeramente apuntados en la parte circular y de medio punto en los tramos rectos del ábside, ventanas que repiten el esquema de la girola pero más grandes, con arquivoltas baquetonadas semicirculares sobre columnas de capiteles lisos, y cubierta de medio cañón para el presbiterio rectangular y remate en bóveda de horno con nervios de refuerzo recogidos en haces de tres columnas apoyados sobre ménsulas vegetales, un conjunto en el que destaca ya una verticalidad que está remitiendo al gótico.

Estado de la iglesia a comienzos del siglo XX (4)

La cabecera en la actualidad, con la ruina consolidada

Cubierta de la capilla mayor

Detalle de la capilla mayor

Detalle de los arcos que abren a la girola, donde se aprecia que los dos primeros de la izquierda,
correspondientes al tramo recto del ábside, son de medio punto, y los otros dos,
ya en el remate circular, son apuntados

La girola está iluminada mediante ventanas de medio punto de arquivolta baquetonada y sus tramos van cubiertos con bóvedas cuadradas de gruesas nervaduras en la zona recta del presbiterio y trapezoidales en la parte circular.

Cubierta de la girola

Finalmente, los siete absidiolos radiales, que responden a la necesidad de ubicar abundantes altares ante la obligación de oficiar misas diarias a cada uno de los monjes-sacerdotes y al creciente número de estos, abren a la girola mediante arcos de medio punto sobre columnas, están iluminados mediante un vano de medio punto muy abocinado y se cubren con bóveda de horno.

El exterior de la cabecera es una de las imágenes más conocidas del monasterio. Muestra los tres niveles en altura y su aspecto es fruto de las intervenciones de fines del siglo XX en las que se eliminaron algunos elementos incorporados en otra intervención de la década de 1970 que estaban alterando la estructura de la piedra y con coeficientes de dilatación diferentes que provocaban fisuras en los muros, se rebajó el terreno recrecido casi un metro para controlar las humedades en el interior y se construyó una cubierta de cerámica.

Detalle de las tres alturas de la cabecera

Las excavaciones arqueológicas en la década de 1980 informaron de que en el interior del templo se estuvieron haciendo enterramientos hasta época de Carlos III. Se sabe que allí fueron sepultados varios miembros de la familia de los fundadores, por lo menos, durante cuatro generaciones más, adoptándose características de incipiente panteón familiar, forma de preservar la memoria de la familia. En ese sentido, don Fernán Pérez Ponce de León, bisnieto del fundador y nieto de Alfonso IX de León, y su esposa, doña Urraca Gutiérrez de Meneses, estuvieron enterrados en un sepulcro en el lado del Evangelio de la capilla mayor, el ámbito más sagrado.

Ruinas de la iglesia de Santa María de Moreruela

El cuerpo de la iglesia muestra una planta muy alargada de cruz latina con tres naves de nueve tramos y crucero muy pronunciado. Sólo están en pie los muros laterales, muy modificados, y los basamentos de grandes pilares cruciformes, que se cree que soportaban una bóveda de cañón apuntado en la nave central y crucería en las laterales. En las reformas del siglo XVI se cree que se añadió un andito sobre las naves laterales y un coro alto a los pies del templo.

Resto de uno de los pilares

En el muro de la Epístola se observan los restos de una galería de ladrillo a modo de mirador o loggia abierta al paisaje circundante, también añadida en el siglo XVI.

La iglesia desde la cabecera, con el muro de la Epístola y los restos de la loggia del siglo XVI a la izquierda

En el del Evangelio hay dos puertas. La de los monjes de coro, que eran de origen noble, debían tener cierto nivel de estudios, pudiendo estar o no ordenados sacerdotes, se sitúa en el último tramo antes del crucero.

Puerta de los monjes desde la iglesia

La destinada a los conversos, hermanos legos, laicos de origen burgués o campesino, iletrados y que trabajaban en labores agropecuarias y otras tareas manuales dentro del monasterio y en sus granjas, es la más cercana a los pies. La tercera puerta, a los pies, era la de la feligresía que acudía a los oficios, con una reja entre los tramos quinto y sexto que separaba el ámbito público del reservado a la comunidad monástica.

El transepto de la Epístola solo conserva el muro oeste y el hastial, con un óculo superior y la portada de difuntos, de salida al cementerio, pues los monjes Císter no solían enterrarse en las iglesias sino en camposantos junto a la cabecera. La portada al exterior está conformada por arquivoltas de medio punto de baquetones y escocias sobre columnas con capiteles vegetales en las que los fustes han desaparecido.

En cuanto al transpeto del Evangelio, está en mejor estado, con un abovedamiento de medio cañón apuntado con arcos fajones de refuerzo.

Exterior del transepto de la Epístola

Detalle de la Portada de difuntos

Plano del monasterio en época medieval (5). Las indicaciones son mías

La sacristía estaba adosada al transepto del Evangelio, en la crujía este del claustro.

El claustro regular, centro de la vida monacal, empezaría a levantarse al mismo tiempo que el templo, adosado a la nave del Evangelio. Aunque lo habitual en los monasterios Císter es que estuviera en la zona sur, la más soleada, en este caso está al otro lado, quizá para facilitar el aprovisionamiento de agua, tan necesaria para la vida del monasterio.

Ruinas del claustro regular desde la puerta de monjes

Presenta planta cuadrangular y está comunicado con la iglesia por las dos puertas que ya he mencionado para monjes y conversos.

Puerta de monjes de acceso a la iglesia desde el claustro, de triple arquivolta de medio punto 
sobre capiteles vegetales muy deteriorados

Se cree que en época medieval se abriría al jardín mediante una arquería y la cubierta sería de madera. No se han localizado los restos de la habitual fuente de los claustros cistercienses.

En la crujía este, en perpendicular al eje de la iglesia, se ubicaban la llamada escalera de día, de acceso al dormitorio de monjes, la sala capitular, la puerta hacia la huerta y la sala de monjes.

El claustro regular desde el ángulo noroeste, con las ruinas de la iglesia a la derecha y la
recreación de la sala capitular, con un vano central y dos laterales, al fondo

La sala capitular era el espacio más importante del monasterio después de la iglesia, donde se leían capítulos de la Regla y el abad impartía justicia. También acogía importantes enterramientos, y en este sentido, en el testero norte se conserva una inscripción que documenta el de un gran señor de comienzos del siglo XIII y de su hijo: Hic iacet Pelagius Tabladelli et hic filius eius Petrus Pelagii.

Detalle de la inscripción que documenta un enterramiento de comienzos del siglo XIII en la sala capitular

Es una sala de planta cuadrada con cuatro pilares centrales que soportan una cubierta de bóvedas de ojiva con gruesos nervios recogidos por ménsulas en los muros. La iluminación provenía de la portada central y las ventanas laterales abiertas a la panda este del claustro y de tres ventanas de medio punto baquetonadas en el muro opuesto.

La sala capitular a comienzos del siglo XX (4)

Ventanas baquetonadas del muro este de la sala capitular

La mitad hacia el claustro estaba desplomada y en las restauraciones de la década de 1990 se optó por recrear la cubierta mediante un encofrado de hormigón que imita el ritmo espacial de las bóvedas originales aunque distinguiéndose de lo conservado.

Detalle de la cubierta de la sala capitular. A la derecha están las bóvedas originales y a la izquierda
se ve el encofrado reconstruido

Una de las bóvedas originales de la sala capitular

En esta misma panda también estaban la sacristía, el armaliorum, después convertido en arcosolios de enterramiento, y el locutorio, de planta rectangular y con cubierta de bóveda de cañón y el único ámbito en un monasterio cisterciense en el que se podía hablar, utilizado para organizar el trabajo diario de los monjes.

La sala de monjes, donde estos realizaban trabajos colectivos, está en la esquina noreste del claustro en una cota inferior al resto del monasterio, obra de fines del siglo XII y la dependencia mejor conservada del conjunto.

Sala de monjes

Es de planta rectangular dividida en dos naves mediante enormes pilares con cuatro semicolumnas adosadas que reciben arcos formeros apuntados en sentido longitudinal y de medio punto en el transversal, y entre los que se desarrollan las bóvedas de horno de la cubierta, en su momento revestidas con mortero de cal.

Detalle de la cubierta de la sala de monjes

Se ilumina mediante vanos de medio punto abocinados en el muro este y en tiempos medievales tenía tres puertas más a un patio interior, a las letrinas y al calefactorium, pero tras las restauraciones de fines del siglo XX fueron tapiadas, dejando el espacio desvirtuado. Además, con las modificaciones de la vida monástica a lo largo de la vida del convento posiblemente tuvo otros usos, quizá hasta de simple almacén, dada su proximidad a la crujía norte, con la cocina o los refectorios.

La segunda planta de la crujía este era dormitorio de los monjes, comunicado con el claustro mediante la mencionada escalera de día y con la iglesia a través de la escalera de maitines, utilizada para acceder al templo para el primer rezo de la jornada, y de la que todavía se conserva, abierta al crucero del Evangelio, un vano de medio punto y algunos escalones.

En la panda norte estaban los espacios domésticos, con el calefactorium,  el refectorio de monjes, la cocina, un horno de pan, el locutorio de conversos y el refectorio de conversos. Su aspecto medieval quedó completamente desvirtuado en las transformaciones de los siglos XVI y XVII, cuando varios de estos ámbitos se subieron al segundo piso, hoy desplomado, por lo que tampoco se sabe mucho de ellos.
La panda oeste, donde se conservan varios arcosolios funerarios, estaba destinada a los conversos, con una atarjea que recogía el agua para el monasterio, la cilla y el llamado pasaje de conversos, desde donde se accedía a la hospedería. En la segunda planta estaba el dormitorio de conversos.

Arcosolios de la panda oeste del claustro regular, con el acceso al claustro de la hospedería a la derecha

La primera referencia documental conservada de la hospedería de Moreruela es de 1252, cuando se la denominaba “hostal”. Una de las funciones de los monjes era dar habitación a cualquier viajero o peregrino que así lo solicitara, tanto religioso como seglar, y el monasterio estaba en plena ruta jacobea, por lo que su actividad en ese sentido debía ser grande.

A partir de la incorporación del monasterio, a fines del siglo XV, a la Congregación de San Bernardo de Castilla o Regular Observancia de Castilla, el claustro regular empezó a experimentar profundas transformaciones.

Maqueta del monasterio como se cree que sería en la Edad Moderna en el Centro de Interpretación del Císter en Granja de Moreruela

Planta hipotética del monasterio en época moderna según Leocadio Peláez y Fernando Miguel extraída de uno de los paneles informativos in situ.
Las indicaciones son mías pero siguiendo los datos del panel explicativo

Pasaje entre los contrafuertes de la fachada norte del claustro regular

A continuación de la panda este hacia el norte se añadieron una bodega y un almacén de grano. Se remodeló toda la segunda planta de esa misma panda compartimentando el antiguo dormitorio de monjes medieval y creando una nueva sala capitular, un calefactorio, varios dormitorios individuales, quizá destinados al cillerero y otros altos rangos del convento, una letrina y una librería, alojada sobre los nuevos almacenes de la planta baja.

Ruinas de la librería del siglo XVII en la segunda planta de la crujía este

Zona del dormitorio de monjes medieval, que en el siglo XVII  se remodeló
compartimentándolo en espacios habitacionales individuales

En la crujía norte se ubicaron un horno de pan y una nueva cocina y se añadió un piso alto para varias dependencias, entre ellas un nuevo refectorio. En cuanto a la panda oeste, desapareció el pabellón de conversos, donde se ubicó una escalera principal de subida a la también incorporada segunda planta en ese ala.

En el siglo XVII se añadió el llamado dormitorio de novicios, una gran ala de planta muy estrecha y alargada en perpendicular a la crujía este del claustro regular que acogió una nueva sacristía con acceso desde la antigua, una panera, las cuadras, un dormitorio para los carreteros… y dos escaleras de acceso a la planta superior, con las celdas de los monjes, el dormitorio de novicios, un calefactorio…

Antigua zona de huerta desde las ruinas de la librería, en la esquina noreste del claustro,
con el dormitorio de novicios al fondo

Finalmente, también se construyó un nuevo claustro adosado a la panda oeste del anterior, con obras que se prolongaron hasta el siglo XIX y del que, lamentablemente, poco queda, apenas conservándose los muros perimetrales y un pabellón hoy convertido en espacio de recepción del visitante.

Parte rehabilitada en el claustro de la Hospedería como espacio de recepción del visitante

Se conoció como claustro de la Hospedería pero también contaba con la portería, las habitaciones del abad, la cillerería, la enfermería o la botica, que daba servicio a todas las poblaciones de alrededor.

Ruinas del claustro de la Hospedería. Al fondo todavía se ve el arranque de alguno
de los arcos que formaban las pandas del mismo

Fachada norte del monasterio en la maqueta en el Centro de Interpretación del Císter en
Granja de Moreruela que refleja su estado justo antes de ser abandonado tras las
desamortizaciones del siglo XIX, con el claustro de la hospedería a la
derecha y el dormitorio de novicios a la izquierda

Otros MONASTERIOS en Viajar con el Arte:

San Benito el Real de Valladolid
San Esteban convento e iglesia, de Salamanca
San Martiño Pinario en Santiago de Compostela
Convento de las Bernardas de Alcalá de Henares, en Madrid
Santa María del Paular en Rascafría, de Madrid
Santo Tomás de Ávila
San Antonio el Real de Segovia
San Miniato al Monte de Florencia
Convento da Madre de Deus, hoy Museu Nacional do Azulejo en Lisboa
Santa-Clara-a-Velha de Coímbra
Santa Cruz de Coímbra
Santa María de Alcobaça

Referencias:

(1) Planoteca IPCE
(2) VV.AA., Camino de Santiago. Guía de los caminos históricos, Junta de Castilla y León, 2010.
(5) CAMPANO, J. L., El monasterio de Santa María de Moreruela. Análisis de la patología de los muros y bóvedas de la iglesia. Tesis doctoral presentada en la UPM, 2012.

Fuentes:

ALFONSO, I., La colonización cisterciense en la meseta del Duero. El dominio de Moreruela (siglos XII-XIV), Zamora, 1986.
ALFONSO, I., “Moreruela revisitada: viejos documentos, nuevos interrogantes”. En LARRÉN, H. (Coord.), Moreruela, un monasterio en la historia del Císter, Salamanca, Junta de Castilla y León, 2008, pp. 57-77.
ALONSO, R., “Los promotores de la Orden del Císter en los reinos de Castilla y León: familias aristocráticas y damas nobles”. Anuario de Estudios Medievales, 37/2, julio-diciembre 2007, pp. 653-710.
BALADO, A. y ESCRIBANO, C., Guía del Císter en Castilla y León, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2010.
BUENO, Mª L., “Espacios de espiritualidad. El monasterio de Moreruela”. Hispania Sacra, vol, 59, nº 119, 2007, pp. 35-50.
CALDERÓN, I., “El impulso nobiliario y la expansión del Císter en el reino de León. La parentela de Ponce de Cabrera en los monasterios de Santa María de Moreruela y San Esteban de Nogales”. Medievalismo, nº 18, 2008, pp. 341-374.
CAMPANO, J. L., El monasterio de Santa María de Moreruela. Análisis de la patología de los muros y bóvedas de la iglesia. Tesis doctoral presentada en la UPM, 2012.

Comentarios

nacho san marcos ha dicho que…
Ante un conjunto histórico arquitectónico tan complejo, grande y con variado estado de conservación que va desde la ruina hasta la intervención contemporánea me parece imposible lograr un trabajo de investigación tan serio, riguroso, coherente y ordenado como el que nos presentas hoy, Sira. Como en otras ocasiones, este trabajo no es un reportaje amplio más, sino una auténtica tesis. Una referencia gráfica documental imprescindible para el futuro... para quienes quieran estudiar este grandioso Monumento. No hay mayor regalo que el conocimiento, y en este aspecto tu generosidad presentándonos este ingente y hermoso trabajo, hace que una vez más deba de expresarte mi admiración y agradecimiento. Muchas e infinitas gracias, amiga Sira.
Sira Gadea ha dicho que…
Verdaderamente Moreruela ha sido un auténtico reto para mí. Tardé en poner en claro en mi cabeza tan ingente monumento y todavía ayer, antes de publicarlo, me lo leí más de una vez para estar segura de que había logrado ordenarlo medianamente para su comprensión, por lo que tus palabras ni te imaginas lo que suponen. El que te lo hayas leído ¡entero!, que ya tiene mérito, la verdad, y que hayas concluido que es un "hermoso trabajo", no es para que me lo agradezcas, es para agradecértelo yo por siempre jamás. Muchas gracias, de todo corazón.
Calamidad ha dicho que…
Querida Sira:
Se te ha echado de menos este mes. Aunque a mí me ha servido para ponerme al día con tu blog y redescubrir Venecia (al final casi me estás convenciendo para que vuelva).

Qué decir de tu post. ¡Me ha encantado! Estuve en Moreruela hace años (con mi perro que disfrutó, por decirlo de alguna manera, su primera visita cultural :-D) y, chica, la ignorancia es atrevida, pero no fui capaz de ver, más bien imaginar, todo lo que describes. Es fascinante. Qué pena que estos monumentos se echen a perder... Estoy leyendo este libro y, gensanta, qué poco valor hemos dado a nuestro ingente patrimonio artístico. Para ver claustros tendremos que ir a Miami, por ejemplo.

Otra cosa que tengo que agradecerte es lo de la Biblia Vimara. De veras que dentro de todos los ¡ay, la leche! que he pronunciado leyendo "Viajar con el Arte" este ha sido el más sonoro. Albares de la Ribera es el pueblo de origen de mi familia política y, créeme, jamás de los jamases hubiera imaginado que allí (¡¡¡si está todo arrasado por el ladrillo y el PVC!!!) había un monasterio con un scriptorium del que salió semejante maravilla. Otra constatación más de lo poco que hemos apreciado lo nuestro desde siempre.

Ya, ya, que se me va la tecla. Pues eso, Sira, que gracias por alegrarnos la depre postvacacional. Beeeeeeesos.
M.
Sira Gadea ha dicho que…
Muy buenas, preciosa. Es lo que tienen las ruinas, que son encantadoras pero uno se pierde entre ellas. A mí me costó lo suyo ubicarme entre tanta piedra caída, y no te digo ya nada para poner en claro toda la "historieta" de su fundación, con la que los especialistas todavía no se ponen de acuerdo. Pero disfruté muchísimo en la visita. Todo el monasterio para nosotros solos, deambulando por él más de dos horas. Tenía muchas ganas de conocerlo y, la verdad, no me defraudó nada nada. Una preciosidad. Imaginarlo en su época de mayor esplendor da hasta vértigo. Un beso fuerte.

Pdt: Vete a Venecia en cuanto puedas (ni verano ni semana santa, por favor), que la vas a disfrutar de verdad. Lo sé seguro.
enrique ha dicho que…
Como es habitual en las entradas de este blog tuyo, es un verdadero placer y un goce para el conocimiento y la curiosidad intelectual y artística el discurrir por el texto, las fotos y los planos comentados.
En esto último mi placer es casi orgiástico...
Sobresaliente Cum Laude para esta entrada, Sira.
Deberías ser académica de la de Historia, de la de Bellas Artes y de la de San Quirce.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Enrique. Yo he disfrutado muchísimo haciendo esta entrada. Ha sido todo un reto, y que me digas lo que me dices me infla peligrosamente. Lo de los academicismos hasta te lo perdono y todo, que por lo menos no has añadido mi candidatura a la de los Montañeses del Parnaso, que esa ya me daría mucha pereza y la escalada nunca ha sido lo mío. Un abrazo fuerte.
Pacucha Casas ha dicho que…
Muchas gracias Sira, por la completísima información. La primera vez que me acerqué fue tras leer un relato corto de Unamuno. Fue un descubrimiento, y he vuelto varias veces, pues el lugar en que está y el color de la piedra y toda la composición de lo que queda tiene mucho encanto. Gracias de nuevo.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias a ti, Pacucha. Es cierto que el enclave es impresionante, perfecto para un monumento tan impactante. Pensar en el tamaño que debió tener el conjunto, ahí perdido en semejante paraje, resulta emocionante, la vida fluyendo como en una especie de ciudad aislada del resto del mundo.
JOSE MANUEL GARCIA-MAESTRO ha dicho que…
Excelente trabajo��
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Jose Manuel.

Entradas populares