Las colecciones del Museo Nacional Machado de Castro de Coímbra

En 2013, después de una remodelación completa que duró varios años, por fin abrió al público el Museo Nacional Machado de Castro de Coímbra. Como ya he hablado de la génesis del museo y de su edificio histórico, que puede consultarse aquí, ahora toca recrearnos en sus colecciones.

Santa Isabel de João de Ruão

La reforma, con proyecto museológico de Adília Alarcão, directora del museo entre 1999 y 2005, y arquitectónico de Gonçalo Byrne, y que ha incluido la erección de dos nuevos edificios anexos, partió de un profundo estudio multidisciplinar en el que intervinieron geólogos, arqueólogos, historiadores, museólogos, arquitectos… y tuvo por objeto mejorar las características arquitectónicas abriendo el edificio hacia la ciudad y el río, aumentar el espacio expositivo, que se ha triplicado, y el dedicado al descanso del visitante, con una cafetería y un restaurante con acceso libre, y reforzar la seguridad y la accesibilidad a las obras de arte.

En cuanto al discurso museológico, se ha buscado enfatizar lo que hace del Machado de Castro un museo singular, que son el Criptopórtico, los restos arqueológicos en el subsuelo, y su excepcional colección de escultura, a los que se unen las colecciones de arqueología y arquitectura, pintura, artes decorativas y dibujos. La mayoría de las piezas proceden de conventos e iglesias de la región que quedaron desamortizados en el siglo XIX, testigos de la riqueza de la Iglesia y la importancia que el mecenazgo regio tuvo en ella.

Patio del museo, con la loggia abierta a la ciudad

Vista de la ciudad, con terraza del restaurante del museo en primer plano, desde la loggia

Maqueta del proyecto completo, con la adición de nuevos edificios (1)

El patio desde el interior del museo

Después de recrearnos en el patio, la loggia y la impresionante vista de la ciudad, el circuito del museo comienza teniendo que bajar dos plantas desde el nivel calle para visitar el Criptopórtico, un inmenso podio con dos galerías abovedadas, una encima de la otra, en el que en época romana se desarrollaban, a cubierto, y dadas sus especiales características térmicas, muchas de las actividades administrativas, políticas y religiosas, además de ser zona de almacenamiento, una asombrosa obra de ingeniería del siglo I aC. sobre la que se apoyaba el Foro, el centro neurálgico de Aeminium, la Coímbra romana.

Maqueta de la reconstrucción del Criptopórtico y del Foro

Galerías del Criptopórtico (2)

Planos del museo indicando dónde se encuentran las colecciones

La colección de Arqueología está formada por piezas localizadas, fundamentalmente, en las excavaciones del Criptopórtico, en lo que hoy ocupa el patio de la Universidad, y en el yacimiento de Conimbriga, con útiles prehistóricos, lápidas romanas, fragmentos de cerámica, retratos imperiales, restos de mosaicos, algún objeto visigótico y otras obras califales, como un casco encontrado en Montemor-o-Velho.

Estelas romanas en el Criptopórtico

A continuación se sucede la Escultura, la más significativa del museo, una excepcional colección de obras medievales, renacentistas y barrocas en piedra, terracota y madera, con especial representatividad del arte realizado en Coímbra entre los siglos XIV y XVI por artistas como el Mestre Pêro, João Afonso, João de Ruão, Nicolau de Chanterene o Filipe Hodard, que demuestran la existencia de una tradición ligada a las canteras de piedra caliza de Anca, Outil, Portunhos y Pena, muy cercanas a la ciudad.

La colección comienza con piezas vinculadas a la arquitectura del periodo prerrománico, con fragmentos de columnas, placas visigóticas, capiteles califales…

Capitel califal y fragmentos visigóticos

Dentro de las obras románicas, destaca el primitivo y recoleto claustro de São João Almedina, que ocupa el lugar en el que estuvo enclavado, reconstruido a partir de los fragmentos localizados en sucesivas campañas arqueológicas en la zona. También se exponen capiteles procedentes de iglesias desaparecidas de la ciudad y alrededores.

Claustro románico de São João Almedina

Capiteles románicos

En cuanto a la escultura románica de bulto redondo, no se conservan muchos ejemplares, pues no se cultivó excesivamente en Portugal. El museo sólo cuenta con dos piezas fragmentadas, un ángel procedente de la Sé de Oporto y un san Juan Evangelista de la Sé Velha de Coímbra.

Ángel del siglo XII procedente de la Sé de Oporto, seguramente parte de una Anunciación destinada a
la fachada del templo que se desecharía en una remodelación

Sí son más abundantes las obras funerarias, datadas a partir del siglo XIII, cuando se inicia la costumbre de los enterramientos en el interior de las iglesias, conservándose lápidas, fragmentos de sarcófagos y algunas esculturas de bulto redondo.

Piezas funerarias

Escultura que representa al caballero Domingos Joanes procedente de su sepultura del siglo XIV
en la Capela dos Ferreiros

El siglo XIV está protagonizado por gran abundancia de escultura devocional en piedra policromada de tamaño mediano, tanto de Cristo y la Virgen, con una especial devoción en este periodo gótico, como de santos de fervor popular, sobre todo los Apóstoles y san Miguel. Son obras que denotan una gran actividad artística de evidente calidad plástica.

La mayoría son anónimas, producidas en taller, aunque también se ha identificado a un Mestre Pero, autor de esculturas de bulto con más movimiento y libertad, ya alejadas del aspecto arcaizante de piezas anteriores.

Virgen de la O del Mestre Pero del siglo XIV procedente de la Sé Velha de Coímbra

Túmulo de Cristo de entre los siglos XIV y XV procedente del monasterio de Santa Clara-a-Velha

También hay alguna notable pieza en madera, sobre todo Crucificados, siendo uno de los ejemplos más impresionantes el conocido como Cristo Negro, una obra gótica con características arcaizantes procedente del Oratório das Donas del monasterio de Santa Cruz de Coímbra.

Cristo Negro procedente del Oratório das Donas del monasterio de Santa Cruz de Coímbra

La actividad del siglo XV denota la fortaleza de los talleres de la región, con una abundante producción que se exporta al resto del país utilizando la vía fluvial del Mondego para el transporte de las obras. A la iconografía anterior se unen las de santos mártires del cristianismo como Catalina o Sebastián, también la Santísima Trinidad y Santa Ana Triple. Ya empiezan a conocerse nombres de artistas, como João Afonso, Gil Eanes, discípulo de Afonso, que primero trabaja en Batalha y después hereda el taller de su maestro en Coímbra, Diogo Pires-o-Velho y, su hijo o sobrino, Diogo Pires-o-Moço.

Escultura en piedra del siglo XV

San Miguel de Gil Eanes procedente de la iglesia de San Miguel de Montemor-o-Velho

En las últimas etapas del siglo XV las obras ya denotan una fuerte influencia del gótico final europeo, que en el XVI se traduce en un papel relevante en la producción de escultura en madera, protagonista de una nueva estética que se difunde por todo el país gracias a la presencia de artistas flamencos como Olivier de Gand, al servicio del Obispo-Conde Dom Jorge de Almeida, que realizó abundantes obras, tanto para la Sé Velha de Coímbra como para el Paço Episcopal y conventos e iglesias de la zona.

Por otro lado, también van apareciendo nuevas fórmulas renacientes, con una producción de escultura manuelina que supone la transición entre ambos estilos. Es un periodo de gran dinamismo, con presencia en Lisboa de artistas españoles, franceses, flamencos y alemanes además de los foráneos.

Escultura de transición al Renacimiento, con un Ángel heráldico de Diogo Pires-o-Moço
en primer plano, procedente del 
monasterio de Santa Cruz de Coímbra

La influencia francesa en la primera mitad del siglo XVI se deja sentir en Coímbra gracias a la presencia de artistas como Nicolau Chanterenne, João de Ruão y Hodart, formados en talleres en los que el Renacimiento italiano ya era conocido. Son muchas las obras de este periodo en el museo, sobre todo grandes retablos y altares en piedra, destacando los temas ligados al Ciclo de la Natividad.

Virgen de la Anunciación del “Mestre dos Túmulos Reais”, quizá identificable con Nicolau Chanterenne,
procedente de la Capela de Santa Maria del claustro de la 
Sé Velha de Coímbra

Una de las obras más emblemáticas del museo es la Capela do Tesoureiro del arquitecto y escultor João de Ruão, realizada para el convento de Santo Domingo y transferida al museo en 1967, cuando se colocó en un patio interior que en la reciente remodelación se ha incorporado al circuito techándolo y creando un ámbito que realza la obra, dejándola contemplar recreando su entorno arquitectónico.

Antiguo patio interior incorporado al circuito del museo en la última reforma, con retablos renacentistas
en piedra y la 
Capela do Tesoureiro al fondo

Entierro de Cristo de João de Ruão fechado entre 1525 y 1530 y realizado para una capilla
de enterramiento en la iglesia del 
monasterio de Santa Cruz de Coímbra

João de Ruão o Jean de Rouen, fue un escultor de origen normando que trabajó en Coímbra durante medio siglo. Sus primeras obras se caracterizan por mostrar figuras serenas y majestuosas, de movimientos suaves y que apenas muestran sentimientos, pero a medida que su producción va avanzando, influenciado por Chanterenne y Hodart, van surgiendo otros personajes dramáticos y llenos de fuerza interior y movimiento, incluso con ligeras deformaciones anatómicas que buscan impresionar.

Hodart, un escultor especializado en el trabajo en terracota, se considera un antecedente del barroco. Su obra más importante es una Última Cena de tamaño natural procedente del refectorio del monasterio de Santa Cruz de Coímbra, hoy expuesta en el museo en una sala individualizada.

Figuras de la Última Cena de Hodart

También destacan piezas en madera de escultura flamenca importada, como el Retablo de la Natividad, y obras de artistas flamencos establecidos en Coímbra, como el Calvario de Olivier de Grand.

Retablo de la Natividad, obra flamenca de importación

Calvario de Olivier de Grand procedente de la iglesia de São João Almedina

En el siglo XVII la madera dorada y policromada adquiere gran protagonismo como soporte casi exclusivo de la escultura portuguesa, la mayoría de las veces formando parte de grandes retablos barrocos que decoran iglesias de conventos. Destacan los escultores portugueses Manuel da Rocha, muy probablemente formado en Valladolid, y Frei Cipriano da Cruz, monje benedictino que decora el monasterio de su Orden en Coímbra.

Retablo de Nossa Senhora da Conceição de Manuel da Rocha, procedente del monasterio de Santa Clara-a-Velha

San Miguel Arcángel de Frei Cipriano da Cruz procedente de la iglesia del convento de san Benito de Coímbra

En la escultura del siglo XVIII sigue predominando la madera. Las obras, en general, muestran un mayor sentido decorativo, con abundante iconografía de la Virgen y de la Infancia de Jesús, una devoción tradicional pero que en el periodo cobra nueva vida, muy difundida por los franciscanos a partir de la contrarreforma. El portugués más destacado es Joaquim Machado de Castro, formado con los jesuitas en la tradición italiana, teórico y creador de escuela.

Detalle de una escultura de la Inmaculada del siglo XVIII de autor desconocido procedente
del convento de Louriçal

Tallas de Santa Clara y San Francisco de Asís del siglo XVIII de autor desconocido,
posiblemente con taller en Lisboa

Otro escultor destacado del periodo es el francés Claude Laprade, que trabaja en piedra realizando figuras alegóricas para las salas dos Gerais y dos Capelos de la Universidad de Coímbra, hoy en el museo.

Figuras alegóricas de Claude Laprade

La colección de Pintura se compone de obras portuguesas de entre los siglos XV y XX, además de un interesante conjunto de pinturas flamencas del XVI, casi todas procedentes de las desamortizaciones de conventos, de ahí la preponderancia de la temática religiosa.

Las obras más tempranas conservadas, pertenecientes a los reinados de D. Afonso V y D. João II, son retablos que denotan fuerte influencia de Flandes y de la Corona de Castilla, sin que apenas se hayan localizado autores o talleres.

Políptico de Santa Clara del siglo XV, obra de un taller de un maestro anónimo asentado en Coímbra o
Aveiro y procedente del convento de 
Santa Clara-a-Velha

Este siglo XV supone el surgimiento de la burguesía en toda Europa, un nuevo grupo social que demanda obras de formato más pequeño. Son obras producidas en grandes cantidades en talleres de Brujas o Amberes y adquiridas en el mercado libre, con varios ejemplos en el museo.

A comienzos del siglo XVI, sobre todo a partir del reinado de D. Manuel, la corona también empieza a adquirir obras en los Países Bajos, trípticos y retablos de gran formato destinados a amueblar los monasterios de patronato real, como Santa Clara-a-Velha o Santa María de Celas. En este sentido destaca el Tríptico de la Pasión de Cristo, encargado por el monarca a Quentin Metsys para Santa Clara-a-Velha y del que el museo conserva sus tablas laterales y el rostro de la Virgen de la tabla central, que seguramente contaría con un Calvario.

Tablas laterales de un tríptico de Quentin Metsys realizado para el monasterio de Santa Clara-a-Velha.
Por el otro lado muestra una 
Anunciación en grisalla

El primer taller de pintura documentado en Coímbra es el del Mestre do Sardoal a fines del siglo XV, hoy identificado con Vicente Gil, continuado por su hijo, Manuel Vicente y por su nieto, Bernardo Manuel, con actividad hasta fines del siglo siguiente. Las obras del fundador denotan todavía un fuerte apego a los modelos góticos.

Detalle de la tabla central de un retablo fragmentado del taller del Mestre do Sardoal de
comienzos del siglo XVI con la 
Virgen de la Asunción, encargo de D. Manuel para
el monasterio de 
Santa Clara-a-Velha

El siglo XVI está protagonizado por pintores portugueses que se han formado en talleres de artistas flamencos afincados en Portugal, como Cristovão de Figueiredo o Garcia Fernandes, que trabajan, junto a Gregório Lopes y Cristovão de Utreque en el monasterio de Ferreirim, de ahí que se les conozca como “Mestres de Ferreirim”, resultando difícil identificar la mano de cada uno de ellos.

Tablas con escenas de la Leyenda de la Santa Cruz de Cristóvão de Figueiredo, parte de un retablo
realizado durante el reinado de D. João III para el 
monasterio de Santa Cruz de Coímbra

Sala de pintura portuguesa del siglo XVI, con el Tríptico de la Aparición de Cristo a la Virgen
de 1531, tradicionalmente asociado con Garcia Fernandes, en primer plano

En la segunda mitad del XVI destacan obras manieristas realizadas para las iglesias de Coímbra por Bernardo Manuel, Álvaro Nogueira, Belchior da Fonseca, Simão Rodrigues y Domingos Vieira Serrão. El museo posee varias tablas y lienzos, obras de taller de difícil atribución y datación, pues repiten modelos anteriores, retardatarias del gótico.

Tabla que formaba parte de un retablo realizado por Bernardo Manuel
en la década de 1570 para el monasterio de 
Santa Clara-a-Velha (1)

La pintura del siglo XVII cuenta con obras de Josefa de Óbidos, Bento Coelho da Silveira o Manuel Henriques, y la del XVIII incluye cuadros de André Gonçalves y Pedro Alexandrino de Carvalho.

La Sagrada Familia con santa Isabel y san Juanito de 
Bento Coelho da Silveira, procedente del Convento 
de las Ursulinas de Coímbra (1)

Adoración de los Magos de André Gonçalves, cuadro de mediados del siglo XVIII ejemplo 
de la pintura del barroco portugués

La importantísima colección de Orfebrería Sacra, fechada entre los siglos XII y XVIII, es casi toda de plata y realizada en distintos lenguajes artísticos y técnicas, de la mano de orfebres portugueses y extranjeros, destacando piezas como el Cáliz de D. Gueda Menendis del siglo XII, el Tesoro da Rainha Santa Isabel, con piezas góticas, una Custodia manuelina de la Sé Velha de Coímbra del siglo XVI o la Custodia do Sacramento del siglo XVIII.

Cruces procesionales de la primera mitad del siglo XIV en cristal de roca, plata sobredorada y miniaturas, 
procedentes del convento de Santa Clara-a-Velha

Pequeño retablo del Tesoro da Rainha Santa Isabel de mediados del siglo XVI, considerado 
el primer exvoto portugués

Custodia de 1527 donada a la Sé Velha de Coímbra por el obispo D. Jorge de Almeida. Su estructura 
arquitectónica es la propia del lenguaje del gótico final, aunque con decoraciones ya renacientes, 
como cabezas de putti, festones de frutos…

Custodia do Sacramento, una espectacular pieza del siglo XVIII en plata, piedras preciosas, 
esmaltes y madera policromada con el ostensorio sujeto por un ángel. Procede del 
Convento do Sacramento de Alcântara de Lisboa

La importante colección de Cerámica, fechada entre los siglos XV y XX, incluye piezas de uso doméstico y revestimientos para paredes y suelos, de una importancia esencial en Portugal, herencia de Al-Ándalus, realizados tanto en el país como importados, y en los que se observan las sucesivas influencias a lo largo del tiempo provenientes de España, Italia, Paises Bajos, “chinescos”... tanto en decoración como en técnicas.


Una de las vitrinas de la colección de cerámica de uso doméstico del museo

Fragmentos de paneles

Son muy peculiares los llamados “azulejos didácticos” procedentes del Colégio de Santo Antão de Lisboa y del Colégio das Artes de Coímbra, que reproducen figuras astronómicas, fórmulas matemáticas, definiciones… sacadas de la obra Os Elementos de Euclides del jesuita A. Tacquet, publicada por primera vez en 1654, y que dan idea de la importancia que los jesuitas daban a la imagen como complemento para la comprensión de los textos de los manuales.

Azulejos didácticos

De la colección de Textiles destacan, sobre todo, las vestiduras eclesiásticas, como casullas, dalmáticas o capas pluviales, fechadas entre los siglos XVI y XIX y realizadas tanto en talleres portugueses como extranjeros, con bordados en seda, lino, lana, algodón e hilos de oro y plata. También hay frontales de altar y otras piezas de uso no litúrgico, como tapices o colchas.

De izquierda a derecha vemos una casulla fechada en la primera mitad del siglo XVIII que se cree que 
perteneció a una iglesia de Lisboa no identificada, una capa pluvial de la misma fecha con blasones 
episcopales no identificados y una dalmática de la primera mitad del siglo XVII 
también de procedencia desconocida

Capas pluviales, dalmática y frontal de altar

La colección de mobiliario abarca los siglos XVI a XIX y muestra la evolución de estas piezas desde el periodo manuelino hasta el neoclasicismo y sus distintas influencias. Aunque son muchas las obras de uso litúrgico, en la exposición aparecen, casi exclusivamente, las civiles o adaptadas a esa función porque son las de mayor calidad.

Armario del siglo XVI seguramente de procedencia conventual, 
una pieza en castaño de influencia holandesa, un tipo que 
seguramente sería el origen de los armarios louceiros 
del siglo XVII

Arca-contador del siglo XVII en teca con incrustaciones de ébano y que denota la influencia del importante 
comercio de ultramar que caracterizó a Portugal

El museo también atesora una importante colección de techumbres de madera, con ejemplos mudéjares, renacentistas y barrocos.

Mobiliario y textiles de distintas épocas

Y para terminar, la importancia del comercio de ultramar de Portugal con Asia se deja sentir en una colección de Piezas Orientales, la mayoría procedentes de donaciones, como las del poeta Camilo Pessanha y del presidente de la República Manuel Teixeira Gomes. Son objetos de porcelana, metal, marfil, jade, madera, pinturas y caligrafía chinescas, cajas de rape… de entre los siglos III y XIX.

Crucificado de marfil

Distintos objetos de procedencia oriental

Si queréis saber más del edificio y de la importancia del enclave en el que se ubica, no dejéis de ver el post La historia del Museu Nacional Machado de Castro de Coímbra.

Otros artículos de COIMBRA en Viajar con el Arte:


Otros MUSEOS:

Museo Provincial de Palencia
Museo Cerralbo de Madrid

Referencias:


Fuentes:

Comentarios

nacho san marcos ha dicho que…
Sin duda un museo muy bien pensado, con ambientes diferentes, suficiente espacio para que las obras de arte respiren y se las pueda rodear. Buena iluminación en las esculturas, con valoración de sus sombras arrojadas, etc... Y sobre todo Sira, muy buenas fotografías y perfectas explicaciones, una vez más. Creo que el Arquitecto Gonçalo Byrne debería de ver este reportaje. Gracias Sira por esta nueva joya de conocimiento, que nos regalas
Antonio Iraizoz ha dicho que…
Todo un lujo de reportaje. Es imprescindible verlo y leerlo antes de ir a Coimbra. Me gusta especialmente João de Ruão (aquí, en los Jerónimos y en Nª Sª da Luz de Carnide)
Enhorabuena por la serie y un abrazo
Sira Gadea ha dicho que…
Uno de los aspectos que más me llama la atención en los museos portugueses que conozco es, precisamente, lo cercanas que resultan las obras expuestas, lo mucho que se dejan admirar, la emoción que supone el poder casi tocarlas. Y es verdad que en el Machado de Castro las sombras forman parte de las esculturas. Todo un acierto. Me pondré en contacto con Gonçalo Byrne, que me encantaría poder felicitarle por su merecido Premio Piranesi. Un beso, Nacho.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Antonio. No sabía que en Nª Sª da Luz de Carnide también hubiera intervenido João de Ruão, la asociaba con su hijo Jerónimo. Un abrazo de vuelta para ti.
Antonio Iraizoz ha dicho que…
Tienes toda la razón del mundo. En la Capilla Mayor de Nª Sª de Belem y Nª Sª da Luz intervino su hijo Jerónimo. Gracias y un abrazo
Boro ha dicho que…
Precioso reportaje, fantástica colección y maravilloso receptáculo.
El museo me parece un acierto aunque por lo que he visto en foros tuvo su polémica porque puede resultar una arquitectura un tanto agresiva en un centro histórico, aunque esto no puedo juzgarlo pues no he estado sobre el terreno para ver su impacto.
Las piezas fantásticas y sorprendentes (sorpresa causada por mi absoluta ignorancia sobre el tema de la escultura portuguesa seguramente). Sobre el tema de las sombras, creo que ahora mismo hay cierta polémica sobre si sombras si o sombras no en los museos que exponen escultura. La sombra da dramatismo (solo hay que ver las fotos de la expo de la National Gallery que dedicó a al escultura barroca española) y creo que sus autores siempre imaginaron sus obras para ser vistas con sombras como no podía ser de otra manera en un mundo de iluminación trémula a velas. La iluminación sin velas parece más pensada para obras destinadas a ser vistas en exteriores luminosos de las ciudades griegas o romanas de la antigüedad o del arte italiano del renacimiento.
Creo que ya lo mencioné pero debería hacerse un circuito de museos europeos de estas características para compartir experiencias y exposiciones (si es no existe).
Gracias y un abrazo.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Boro.

A mí en absoluto me pareció una arquitectura agresiva, perfectamente integrada en el entorno, sin quitar protagonismo a ningún otro edificio cercano y adquiriendo el que se merece y que había perdido con esa sensación de abandono que transmitía antes de la rehabilitación. Lo que sí fue es que se prolongó más de lo que hubiera sido deseado. Yo creo que estas polémicas están un poco fuera de lugar ¿pretendían que la ampliación se mimetizara imitando la arquitectura colindante? ¿alguien se plantearía que hubiera sido lógico, por ejemplo, hacer una remodelación de un edificio gótico en el siglo XVI aplicando estéticas góticas? La arquitectura es producto de su tiempo y el historicismo también lo tuvo y tenía su sentido, en relación con los nacionalismo y la recuperación de una supuesta esencia, pero ahora sería ridículo de todo punto.

Me parece una apreciación interesantísima la que planteas en relación con las sombras de las esculturas, pensar desde el punto de vista historicista, tratando de recrear las sombras que tuvieron en el contexto para el que fueron creadas. Me ha encantado. Un abrazo.
Boro ha dicho que…
Yo vi foros de arquitectura de Portugal y había gente que se oponía bastante. Supongo que habría gente que querría arquitectura historicista (Chueca Goitia era una fans de estas maneras) y otros simplemente paliar un poco ángulos, alturas, etc. no lo recuerdo. Como decía, tendría que ver el edificio dentro de la ciudad para opinar, aunque viendo los volúmenes modernos en los dibujos me parecen muy tremendos, especialmente la altura del volumen que sobresale en el lado del patio que tiene el ventanal y en mi opinión deberían respetarse las cubiertas con teja.
De todos modos comentar que en San Marcos de León el lado que da hacia el río de la fachada es del siglo XVIII y se hizo imitando las formas platerescas realizadas 200 años antes en la otra mitad.
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