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jueves, 8 de enero de 2015

El Museo Episcopal de Vic. Pincelada en jueves

Entre los muchos atractivos de la ciudad de Vic, confieso mi absoluta debilidad por su pequeño gran Museo Episcopal, una auténtica joya en esta localidad de Barcelona ya tan cercana a los Pirineos que destila “otro aire”, y que bien merece un reposado paseo.

El Museo Episcopal de Vic, con la catedral y el campanario románico a la derecha (1)

Su historia comenzó hace más de un siglo y hoy atesora una de las colecciones mundiales más interesantes de arte románico. El germen fue una colección “arqueológico-artística” expuesta en el Círculo Literario de la ciudad formada a partir de 1868 por un grupo de ciudadanos de Vic capitaneados por el canónigo Jaume Collell Bancells y preocupados por recuperar el patrimonio artístico catalán. Pero el interés internacional que obtuvo una selección de sus obras en la Exposición Universal de Barcelona de 1888, hizo que Josep Morgades i Gili, a la sazón obispo de Vic, decidiera la fundación de un Museo Diocesano, el primero en Cataluña, que quedó abierto al público en 1891, instalado en las dependencias superiores del claustro de la catedral y del palacio episcopal hasta la Guerra Civil.

Durante todos esos años la colección fue incrementándose, sobre todo con obras románicas y góticas, destacando, en las primeras décadas del siglo XX, la labor de investigación y catalogación realizada por mosén Josep Gudiol Cunill.

Después de la guerra, el Museo Episcopal se trasladó al antiguo colegio de Sant Josep, un edificio rehabilitado al efecto, y las colecciones fueron incrementándose, destacando, sobre todo, la incorporación de las pinturas murales con las que hoy cuenta la institución.

Vitrinas de arqueología en el antiguo edificio (2)

Aspecto de la colección medieval en el antiguo edificio (2)

En 1997, gracias a un convenio de colaboración entre el obispado, titular del museo, el Ayuntamiento de Vic y la Generalitat, y después de su reconocimiento como museo de interés nacional, comenzó una profunda renovación financiada por la Consellería de Cultura que incluyó la construcción de un nuevo edificio en el mismo solar que ocupaba el antiguo, justo al lado de la catedral, con proyecto arquitectónico de Federico Correa y Alfonso Milá en colaboración con la Junta del Museo y técnicos de la Generalitat en materia museística.  

El edificio quedó inaugurado en 2002 y consta de subterráneo, planta baja y tres pisos más, incluyendo salón de actos, taller de restauración, taller pedagógico y biblioteca. Lo que más llama la atención en él es el diálogo con la ciudad, destacando una gran ventana rasgada que deja ver la torre románica de la catedral, y que la arquitectura se acomoda a la colección buscando la mejor perspectiva visual para la contemplación de las obras que alberga, agrupadas según materiales para poder sectorizar la climatización y adecuar el mobiliario expositivo, compuesto por vitrinas que permiten conservar los adecuados niveles de conservación de las obras.

Gran ventanal que cubre todo el edificio y que encuadra el campanario románico de la catedral

Las colecciones se componen de más de veinte mil piezas distribuidas en arqueología, románico, gótico, pintura y artes decorativas. La exposición permanente está compuesta por unas tres mil obras seleccionadas, principalmente, por criterios estéticos, y organizadas, básicamente, por orden cronológico.

Pinturas murales de los ábsides de Sant Martí del Brull, a la izquierda, y San Sadurni d’Osormort,
a la derecha, ambos fechados en la primera mitad del siglo XII y expuestos reproduciendo
la estructura arquitectónica original

Las más valoradas son las obras de arte medieval, que son las que dan fama internacional al museo. Dentro de la colección románica destacan un selecto conjunto de frontales de altar, el Baldaquino de Ribes o las pinturas murales, que están expuestas en la forma y dimensiones que tenían en su emplazamiento original.

Baldaquino de Ribes (2)

Un aspecto de las salas dedicadas al arte románico

De la colección gótica destacan la Virgen de Boixadors, en la que ya se ha perdido el aire mayestático del románico en favor de la cercanía en la ternura de una madre y un hijo, o el Retablo con la Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo de Bernat Saulet realizado en alabastro y procedente de la iglesia de Sant Joan i Sant Pau de Sant Joan de les Abadesses.

Detalle de la Virgen de Boixadors

Retablo de la Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión de Cristo de Bernat Saulet

En cuanto a la importante colección de pintura catalana de los siglos XIV y XV, con retablos y fragmentos, están representados pintores como Arnau y Ferrer Bassa, Pere Serra, Lluís Borrassà, Ramon de Mur, Jaume Cabrera, Bernat Martorell, Jaume Ferrer o Jaume Huguet, destacando, sobre todo, el Retablo de Santa Clara de Lluís Borrassá, que ocupa una inmensa sala que evoca los patios de los antiguos palacios góticos de Barcelona y Palma de Mallorca y que permite admirar la obra desde distintas perspectivas.

Sala de grandes retablos góticos, con el Retablo de la advocación franciscana
del convento de Santa Clara de Vic de Lluís Borrassá de frente

Otra importante colección es la de tejidos e indumentaria litúrgica, quizá la más completa de Cataluña, destacando el frontal de altar conocido como Paño de las brujas, realizado en tejido andalusí fechado entre los siglos XI y XII. Las piezas de orfebrería más destacadas son un gran número de incensarios románicos y un conjunto de cruces góticas.

Paño de las brujas

Las colecciones se completan con obras de vidrio, piel, forja, metalistería, numismática y cerámica, con un recorrido lleno de sorpresas que permite observar la evolución de las artes decorativas en la zona, y con una visita a unos atractivos almacenes visitables por todo el público, no solo por los investigadores, ubicados en la última planta.

Tablas de pintura gótica en los almacenes visitables

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Referencias:


Fuentes:

TRESSERRAS MAJÓ, M., “Los museos no son mausoleos. La renovación del Museo Episcopal de Vic”. Museos.es: Revista de la Subdirección General de Museos Estatales, nº. 0, 2004, pp. 146-151.

2 comentarios:

Ray dijo...

Hace un par de semanas hice una escapada a Cardona y estuve a punto de visitar este museo. Por suerte sí pude acceder al Diocesano de Solsona, que no sé si conocerás; chiquitito pero también muy bien ordenado y con piezas interesantes.

Muchas gracias, Sira.

Un abrazo.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias a ti Ray. No conozco el de Solsona, pero me lo apunto para la próxima vez que esté por la zona. Un beso.