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lunes, 20 de abril de 2015

El monasterio de san Pedro de Arlanza en Hortigüela, de Burgos

Las monumentales ruinas del monasterio benedictino de san Pedro de Arlanza, uno de los más importantes de Castilla, se encuentran a orillas del río que le da nombre, entre Hortigüela y Covarrubias, en medio de un bosque de encinas y sabinas en la sierra de las Mamblas, en la actual provincia de Burgos.

Ruinas del monasterio benedictino de san Pedro de Arlanza

Lo primero que existió fue una cueva eremítica cerca de la que, en las últimas décadas del siglo IX o primeras del X, se erigió un pequeño cenobio en un altozano, quizá sobre un antiguo asentamiento romano con funciones de control viario, conocido como San Pelayo o San Pedro el Viejo, hoy unas ruinas, una fundación que una leyenda apócrifa recogida en el Poema de Fernán González, cantar de gesta de mediados del siglo XIII, atribuye al propio conde después de que durante una cacería persiguiendo un jabalí, el animal se escondiera en la cueva en la que habitaban el eremita Pelayo, junto a los compañeros Arsenio y Silvano, que al predecirle que lograría la independencia de Castilla, cuando lo logró, decidió construirles, en agradecimiento, un emplazamiento más digno.

A falta de los documentos originales, el cartulario del monasterio recoge la copia de dos cartas fundacionales, ambas del año 912, una que también establece que la fundación se debió al propio conde Fernán González y Sancha, su primera esposa, y otra que la atribuye al conde Gonzalo Téllez y Flámula, su esposa, y Mumadonna y su hijo Ramiro, madre y hermano, respectivamente, de Fernán González, todos nobles de la Tierra de Lara.

Pero por las fechas, dado que en el 912 el futuro conde de Castilla era casi un bebé, además de otras consideraciones diplomáticas, la primera carta tiene que ser necesariamente apócrifa, quizá elaborada hacia 1150 para vincular la figura del conde, el primero independiente de Castilla, al propio origen del monasterio. En cuanto a la segunda, los historiadores tampoco se ponen de acuerdo respecto a su autenticidad y podría también haber sido elaborada con posterioridad.

Lo que sí se considera es que aquel primitivo cenobio en el altozano, bajo la regla hispánica, formaría parte del proceso de repoblación iniciado por Alfonso III de Asturias en Castilla entre los siglos IX y X, que se concretó en la erección de enclaves religiosos a lo largo de la ribera oriental del río Arlanza y la sierra de la Demanda.

Ruinas del monasterio de San Pedro de Arlanza, con el primitivo cenobio de san Pedro el Viejo
arriba a la derecha

Y también parece constatado el posterior apoyo de Fernán González a la fundación mediante abundantes donaciones, elegida como su lugar de enterramiento y el de doña Sancha, su primera esposa, quizá con sus restos depositados en un sepulcro adosado al muro exterior de la construcción prerrománica del altozano, y después trasladados, a fines del siglo XI, a la nueva iglesia en el llano, permaneciendo allí, aunque con varias reubicaciones dependiendo de la época, hasta el abandono del convento tras las desamortizaciones del siglo XIX, cuando en 1841 dos sarcófagos paleocristianos procedentes de Arlanza con sus restos fueron colocados en el presbiterio del altar mayor de la cercana colegiata de Covarrubias, donde todavía pueden verse.

En la segunda mitad del siglo XI se suceden las donaciones y concesiones de derechos, sobre todo, por parte de Fernando I de León y Castilla, primer rey castellano, que convierte Arlanza en herramienta de ordenación política, territorial y social además de centro sacreal del linaje real, elegido como panteón de la dinastía aunque después terminara decantándose por San Isidoro de León.

Y es en este periodo cuando, bajo el abadiato de García, hombre emprendedor, contemporáneo de Domingo en Silos o Sisebuto en Cardeña, se abandona la ermita del altozano para erigir un nuevo monasterio más ambicioso, digno de sus nuevas funciones regias, y ya acomodado al rito romano promovido por Cluny en sustitución del hispano. Además, en pleno apogeo de traslado de reliquias, Fernando I incluso consiguió que se llevaran al monasterio las de los hermanos san Vicente, santa Sabina y santa Cristeta (posteriormente devueltas) procedentes de la iglesia de san Vicente de Ávila, favoreciendo, tanto peregrinaciones como abundantes donaciones.

En el siglo XII el convento sigue acumulando dádivas, tanto de nobles castellanos como de Alfonso VII y Alfonso VIII, este último quizá su mayor benefactor, una prosperidad que llega a su punto álgido a comienzos del siglo XIII, con Arlanza convertido en un pequeño estado de gran prosperidad que puede permitirse erigir un gran complejo monástico compuesto por iglesia abacial y claustro adosado al lado de la Epístola.

Pero a fines del siglo XII ya empiezan los problemas, con constantes litigios por conservar sus derechos respecto de los obispados de Burgos y de Osma, que están en expansión, y también tratando de evitar que a los nobles les fueran devueltos los bienes antes cedidos al monasterio y que ahora reclamaban.

En el XIII se levantó parte de la torre adosada a la cabecera del Evangelio, con características estructurales que parecen señalar que tendría funciones defensivas.

A fines del siglo XV, durante el abadiato de fray Diego de la Parra y continuada por su sucesor, fray Gonzalo de Arredondo, hubo una primera transformación del complejo relacionada con la reforma de la regla benedictina, atribuida a varios artífices de la familia Colonia, que afectó, tanto a la iglesia como al claustro.

La tercera intervención abarcó los siglos XVI y XVII, tras el ingreso del monasterio de San Pedro de Arlanza en la Congregación de san Benito de Valladolid en la década de 1510, cuando se opta por erigir un nuevo claustro clasicista y se añade un segundo patio adosado a la panda este del primero.

Las desamortizaciones del siglo XIX provocaron la exclaustración, el abandono y la venta del conjunto, además del expolio y la destrucción de gran parte de sus obras de arte. El que se considera legendario sepulcro de Mudarra, hermanastro de los Siete Infantes de Lara, fechado en torno a 1200, se encuentra en el claustro alto de la catedral de Burgos desde fines del siglo XX.

Claustro alto de la catedral de Burgos, con el legendario sepulcro de Mudarra al fondo

La primitiva ermita, que se supone que fue el primer asentamiento cenobítico de San Pedro de Arlanza, es de origen prerrománico, está realizada en sillería de piedra con aparejo irregular de distintas épocas y se supone que la cubierta era de madera. Conserva la planta original rectangular de nave única y tenía dos accesos en el muro sur, uno coincidente con el actual románico y otro casi en el ángulo oriental del muro, tapiado en un periodo posterior. En el muro oriental presenta una ventana de medio punto ligeramente abocinada y el ábside es cuadrangular, con cubierta de bóveda en toba calcárea sobre pechinas y abierto en el muro este, en el que aparecen también dos vanos asaeteados laterales, siendo la parte del templo que mejor conserva su estructura primitiva, puesta en relación con los ábsides de San Vicente del Valle, San Félix de Oca o Santa Cecilia, testigos de una etapa de recuperación y reconstrucción de centros de culto anteriores a fines del siglo IX.

Fachadas norte y oeste de la ermita de san Pedro el Viejo

Nave única de la ermita de san Pedro el Viejo mientras la arqueóloga Consuelo Escribano
nos explicaba el edificio

Ábside de san Pedro el Viejo

Bóveda del ábside

En cuanto a la actual ubicación, se cree que lo primero que debió existir fue un templo prerrománico al que le sucedió, igual que en el cercano Santo Domingo de Silos, otro románico, que aprovecharía los muros laterales del primitivo añadiendo una nueva cabecera de tres ábsides semicirculares, erigido, según un documento epigráfico desaparecido, a partir del año 1080 bajo el abaciato de fray Vicente de la mano de los artífices Guillelme y su padre Osten, nombres que parecen indicar un origen francés.

Ruinas de la iglesia de san Pedro de Arlanza, con la torre campanario a la izquierda (1)

Aquella nueva iglesia románica se levantó con muros de sillería de buena factura. Tenía planta basilical, sin transepto, con tres naves de cuatro tramos, tres ábsides con presbiterios cuadrados cubiertos con bóvedas de cañón y remates semicirculares con bóveda de horno, abiertos a las naves mediante arcos de medio punto doblados sobre columnas pareadas, que en los ábsides laterales pasan a ser columnas únicas a una determinada altura, un hecho que se ha interpretado como producto de un cambio de etapa constructiva en la que se decide elevar la primitiva altura de los muros.

Columnas pareadas que se transforman en una única y que soportaban el arco de medio punto
que abría al ábside de la Epístola. A la derecha se ve una de las portadas románicas que
abrían al claustro, después tapiada y transformada en enterramiento

Los ábsides conservados muestran doble línea de imposta con ajedrezados, entralazos y motivos vegetales. El central se organiza mediante un pódium del que arrancan semicolumnas adosadas con capiteles con decoración vegetal y zoomorfa y labra sencilla, soportando arcos de medio punto peraltados ciegos que cobijan vanos abocinados en los tres centrales.

Cabecera de la iglesia

Detalle de la decoración románica de arcos ciegos con vanos centrales en el ábside central

Ruinas de la iglesia desde la cabecera hacia los pies

Detalle de la cubierta del ábside del Evangelio, en el que la alineación de hiladas de sillería
ya casi en la clave deja de ser concéntrica para mostrar tres superficies
engarzadas de forma singular

Planta de las ruinas de san Pedro de Arlanza. IPCE. Las indicaciones son mías

El ábside de la Epístola albergó la Virgen de las Batallas, una Virgen como Trono de Sabiduría de unos 30 cm. de alto, en bronce sobredorado y aplicaciones de esmalte y piedras, adscrita a la escuela de Limoges de la primera mitad del siglo XIII, y cuyo nombre procede de la falsa leyenda de que Fernán González siempre la portaba en sus contiendas. Estuvo en el monasterio hasta que en 1883 el obispo de Burgos decidió trasladarla a la ciudad, perdiéndosele el rastro hasta su reaparición, ya en el siglo XX en manos de un coleccionista privado de Nueva York. En 1997 se anunció su pública subasta en Sotheby’s pero al final fue adquirida por el Estado Español por compra directa destinada al Museo del Prado, aunque en la actualidad se expone en el Museo de Burgos como depósito del Prado.

Virgen de las Batallas en el Museo de Burgos

Las tres naves románicas estarían divididas por arcos formeros de medio punto y todavía se conservan en planta los soportes sobre los que se alzaban unas pilastras de sección cruciforme con semicolumnas adosadas en los frentes que sustentaban la cubierta, que en origen sería de madera.

Soportes sobre los que se alzaban los pilares que separaban la nave central de las laterales

Contaba a los pies con pequeño nártex o pórtico de planta rectangular ubicado en una cota más alta que la iglesia, salvada por una escalinata en semicírculo, un ámbito cuya principal función se cree que habría sido la de capilla funeraria del conde Fernán González, aunque en el siglo XIII sus restos se trasladaron al interior de la iglesia.

La portada principal, fechada entre fines del siglo XI y comienzos del XII, estaba en el muro norte de este nártex pero en 1895 fue trasladada al Museo Arqueológico Nacional. Algunos autores consideran que no se realizó originalmente para este emplazamiento sino que sería una de las de acceso al claustro desde la nave de la Epístola, colocada allí después de habilitar ese ámbito como entrada para la feligresía. Se compone de arco de medio punto corrido, arquivolta doble con decoraciones geométricas, guardapolvo, línea de impostas sobre jambas compuestas por cuatro columnas de fustes sogueados y acanalados, pilares baquetonados en los ángulos, basa con plinto y toro y escocia muy desarrollados.

La portada in situ, parcialmente enterrada, antes de su traslado al MAN (2)

La portada occidental de Arlanza en el Museo Arqueológico Nacional antes de la
remodelación inaugurada en 2014

En el muro sur la iglesia tenía otras dos puertas de comunicación con el claustro procesional en los tramos tercero y cuarto, tapiadas en el siglo XV para ubicar sendos enterramientos.

Adosada a los tramos tercero y cuarto de la nave del Evangelio, sobre la primitiva sacristía, a fines del siglo XIII se levantó una torre de planta cuadrada con dos cuerpos y acceso a través de una escalera de caracol dentro de un husillo en el ángulo suroeste.

Torre campanario (3)

El primer cuerpo, con una interesante organización exterior compuesta por arquerías apuntadas y columnas en los codos, y cubierta interior de cañón transversal al eje del templo, siguió sirviendo de sacristía, conservándose la portada hacia la iglesia, hasta la construcción de la nueva en el lado del Evangelio a comienzos del siglo XVII. En cuanto al segundo cuerpo, con paramento liso al exterior, salvo los huecos para las campanas, cuenta con un interesante abovedamiento interior en el que ya aparece una crucería sencilla de nervios que apean en columnas en las cuatro esquinas.

Detalle del segundo cuerpo de la torre, con el arranque de la bóveda de crucería

En los primeros años del siglo XVI, durante el abadiato de fray Gonzalo de Arredondo, se le añadió un tercer cuerpo de campanas, todo ello dentro de una reforma general del monasterio empezada unos años antes por el abad fray Diego de la Parra y en la que también se modificó sustancialmente el aspecto de la iglesia.

Vista desde el tercer cuerpo de la torre, un añadido del siglo XVI

Esta transformación, que gozó del patrocinio de don Pedro Girón y Velasco, III conde de Urueña y señor de Osuna entre otros títulos, con su escudo colocado en varios lugares, consistió en igualar las naves en altura y cambiar la cubierta de madera por otra tardogótica que precisó de nuevos pilares laterales para soportarla, construir un coro alto sobre el nártex, crear una especie de crucero de planta cuadrada con bóveda de crucería, quizá de terceletes estrellada, y ampliar la cabecera elevando el ábside central y añadiéndole una bóveda nervada que, según alguna fotografía histórica de comienzos del siglo XX, debió ser muy similar a la de la cartuja de Miraflores, siendo preciso incorporar contrafuertes exteriores que contrarrestaran los nuevos empujes.

Fotografía de fines del siglo XIX de los ábsides de la Epístola y central abiertos al crucero, que
todavía se conservaban en parte, mediante arcos apuntados angrelados (4)

Cubierta del ábside de la iglesia de la Cartuja de Miraflores, con trazas de Juan de Colonia y
terminada por su hijo Simón, que se cree que es similar a la que tendría Arlanza

Ábside central de la iglesia en el que todavía se conserva, a partir de los arcos ciegos románicos,
el arranque de la bóveda de crucería añadida a comienzos del siglo XVI

Sobre el arco de triunfo del ábside del Evangelio todavía se aprecia la adición del hastial apuntado con un ventanal ojival sobre el que se colocaron las nuevas cubiertas góticas.
También se abrió una tercera puerta hacia el claustro en el segundo tramo de la nave de la Epístola, obra arrancada y trasladada a Burgos que parece remitir al lenguaje tardogótico de los Colonia, fechada a fines del siglo XV.

La sacristía nueva se inicia a comienzos de la década de 1630, bajo la dirección de Pedro Díaz de Palacios, en el lado de la Epístola, con acceso desde el ábside lateral mediante un paso en esviaje y adosada al muro norte de la sala capitular, se compone de antesacristía con cubierta de bóveda de cañón casetonado con puntas de diamante, desde la que también se podía acceder al ámbito del Capítulo, y sacristía de planta cuadrada con cubierta de cúpula nervada con escudo del monasterio central y sobre trompas aveneradas. Se sabe que este maestro después recibió sepultura en la nave central de la iglesia.

Lápida en la nave central del arquitecto Pedro Díaz de Palacios († 1659)

Sección de la sacristía nueva (5)

Lavabo de la sacristía nueva

Cúpula de la sacristía nueva

Siguiendo el rito romano promovido por la Orden benedictina desde Cluny, las dependencias monacales románicas se organizaron en torno un claustro procesional que también se iniciaría hacia 1080, al tiempo que la iglesia, adosado a la nave de la Epístola.

Esta construcción románica contaba con dos alturas y de ella sólo quedan vestigios de la conocida como Torre del Tesoro, dividida en dos alturas y de dos cronologías distintas, una de la segunda mitad del siglo XII, con acceso desde el ángulo noreste de la crujía baja, y que era la sala capitular, que todavía conserva un pódium corrido en los muros este, sur y norte, sobre el que se levantaban dos arcadas ciegas de arcos de medio punto sobre columnas, y otra superior de los albores del XIII, con acceso desde la crujía alta en el mismo ángulo mediante una doble portada de sencilla arquivolta modificada durante el barroco.

Ángulo noreste del claustro, con la Torre del Tesoro sobresaliendo al fondo

Restos de la Torre del Tesoro en el ángulo noroeste del claustro, con la portada románica
de entrada a la sala capitular en la planta baja y la sala superior abierta mediante
doble arquería en la crujía superior

Ruinas de la sala capitular (3)

Después de años de abandono, el hundimiento de la cubierta de la sala superior a comienzos del siglo XX puso al descubierto una importante decoración mural contemporánea a la sala, de comienzos del siglo XIII, y de un carácter profano que se ha puesto en relación con un posible uso palatino del ámbito, utilizado por los personajes de relevancia que visitaban un monasterio muy favorecido por la nobleza y la corona. Se ponen en relación con otras pinturas peninsulares del entorno de 1200 influidas por la miniatura inglesa, como la del Tumbo A de la Catedral de Santiago.


Uno de los folios del Tumbo A de Santiago de Compostela, con un
león muy similar al de Arlanza conservado
en The Cloisters de Nueva York (6)

León de la sala palaciega de Arlanza en The Cloisters de Nueva York (7)

Las pinturas ocupaban sus cuatro muros, aunque los de uno, el este, ya fueron destruidos con la incorporación de una arquería en el siglo XVII, y estaban distribuidas en cuatro bandas en torno a un vano central. La inferior era lisa de color granate, la siguiente era un friso con escenas y figuras blancas sobre fondo rojo o azul, después se situaban los paneles principales, de grandes dimensiones, con figuras zoomórficas inspiradas en el bestiario medieval colocadas en pendant respecto del vano, sobre fondo de decoración vegetal o arquitectónica y enjutas con aves y castillos, y el último friso era de motivos geométricos y vegetales, del que apenas quedan restos.

Recreación en 3D de la sala palaciega de la Torre del Tesoro de Arlanza (8)

Detalle del Grifo junto a un Árbol de la Vida en el estado en el que fue localizado en la
Torre del Tesoro de Arlanza (9)

El grifo del Museu Nacional d’Art de Catalunya en la actualidad (9)

En la década de 1920 estas pinturas fueron arrancadas y vendidas, y hoy están repartidas, sobre todo, entre The Cloisters de Nueva York (León; Dragón con cola serpentiforme anudada), The Fogg Art Museum de Harvard y el Museu Nacional d'Art de Catalunya de Barcelona (Grifo junto a un Árbol de la Vida; Castillo; Dragón de una enjuta bajo una cenefa de rombos; Ave de una enjuta bajo una cenefa de grecas).

En la panda este, a continuación de la sala capitular, hay autores que situarían la sala de monjes. En la panda superior estaría el dormitorio común y, quizá, la cámara abacial.

En la panda sur estaría el refectorio, también a una cota más baja que el claustro actual, y las cocinas. En la panda oeste se ubicarían la cilla y otros almacenes, con autores que sitúan en la segunda altura la hospedería y la enfermería, dado que entre la panda sur y oeste pudo estar la portería románica.

Las modificaciones, que comenzarían a fines del siglo XV para adecuar el monasterio a la reforma de la regla benedictina recién implantada, también afectaron al claustro, alcanzando nuevo empuje tras la incorporación de San Pedro de Arlanza a la Congregación de san Benito de Valladolid y la adopción de su disciplina en la década de 1520. Así, el refectorio se trasladó a la planta baja de la crujía oeste, donde antes estaría la cilla, una sala de planta rectangular de tres tramos con ventanas en el lado occidental, donde también se ubica el púlpito, y bóvedas de terceletes, un ámbito que a día de hoy no es visitable. En la panda sur, ocupando el espacio del antiguo refectorio y las cocinas, se ubicaron las celdas monásticas, pues la reforma no admitía los dormitorios comunes.

Refectorio gótico (10)

Entre fines del siglo XVI y comienzos del XVII se darían unas trazas plenamente clasicistas para sustituir el viejo claustro por un nuevo claustro procesional cuyas ruinas son las que pueden verse en la actualidad. Compuesto de dos pisos, conserva las galerías de las pandas norte, sur y este, organizadas mediante arcos de medio punto, y los arcos fajones que sustentaban la bóveda baja de la panda occidental.


Galerías de las pandas sur y oeste del nuevo claustro procesional

Arcos de la bóveda de la galería baja norte, con el cuerpo de la Torre del Tesoro,
vestigio románico conservado, al fondo

En la panda este se conservan también dos portadas a continuación de la de la sala capitular correspondientes a esta intervención, y que se cree que abrirían a la sala de monjes, reminiscencia todavía románica. Y lo mismo ocurre con la portada de formas barrocas de acceso al refectorio que se conserva en el ángulo suroeste.

Panda este del claustro procesional, con portada de la sala capitular a la izquierda y, a continuación,
otra de las dos portadas que abrirían a la sala de monjes

Ángulo suroeste del claustro procesional, con una portada gótica a la izquierda y la
portada barroca de acceso al refectorio gótico a la derecha

En el centro contaba con una fuente que fue trasladada al Paseo de la Isla de la ciudad de Burgos en la década de 1930.

Fuente del claustro mayor de Arlanza en el
Paseo de la Isla de Burgos (11)

A mediados del siglo XVII el conjunto se completó con un segundo claustro más pequeño, de planta trapezoidal irregular, adosado a la panda este del principal, con el espacio del capítulo en la esquina noreste del claustro mayor convertido en una escalera monumental de tránsito entre el templo, a través de la antesacristía, y el nuevo patio, de la que quedan algunos vestigios.

Detalle del claustro menor, en el que hace algo más de cien años se plantó un pinsapo cuyas raíces
 hoy están amenazando al edificio

Por los documentos conservados parece deducirse que el maestro que dirigió estos trabajos fue también, al tiempo que estaba trabajando en la nueva sacristía, Pedro Díaz de Palacios, que se sabe que también trabajó en otras obras de la diócesis de Osma, como en la iglesia de Santa María de la Asunción de Gumiel de Izán.

Este claustro menor, que pudo articular una nueva hospedería y, quizá, la residencia del abad, tiene dos pisos de grandes arcos de medio punto entre robustos pilares, el bajo con bóveda de crucería sencilla y el superior con cubierta plana que se cree que sería de madera.

Crujía baja norte del claustro menor

Clave en la bóveda de crucería del claustro menor con el escudo del monasterio

Crujía sur, que articula una amplia estancia con grandes balcones abiertos al paisaje

Paisaje desde el monasterio

La fachada exterior orientada hacia el este de este nuevo claustro se conformó como la principal del conjunto, el acceso al monasterio. Es de piedra de sillería rematada con una moldura a modo de alero, con cuatro balcones a media altura y portada central.

Fachada norte del conjunto. IPCE

Fachada sur del conjunto. IPCE
Fachada oriental del conjunto. De izquierda a derecha: fachada del claustro menor, Torre del Tesoro, cuerpo de la sacristía barroca, que tapa parcialmente
el ábside de la iglesia, y torre románica con campanario bajomedieval. IPCE

Fachada oriental de san Pedro de Arlanza

La portada es una estructura adintelada flanqueada por pilastras cajeadas que soportan un arquitrabe con la fecha de finalización de las obras: "AÑO DE, SOLI DEO HONOR ET GLORIA, 1643”, rematado por cuatro pináculos con bolas y hornacina también adintelada que aloja una escultura ecuestre de Fernán González adoptando la iconografía de Santiago Matamoros, en alusión a las batallas contra el avance del califato cordobés en el siglo X. El conjunto se remata con frontón curvo partido y el escudo del monasterio.

Detalle de la portada con la escultura ecuestre de Fernán González

Otros MONASTERIOS en Viajar con el Arte:

Santa María de Moreruela en Granja de Moreruela, de Zamora
San Pedro de Cardeña en Castrillo del Val, en Burgos
San Benito el Real de Valladolid
San Esteban convento e iglesia, de Salamanca
San Martiño Pinario en Santiago de Compostela
Convento de las Bernardas de Alcalá de Henares, en Madrid
Santa María del Paular en Rascafría, de Madrid
Santo Tomás de Ávila
San Antonio el Real de Segovia
San Miniato al Monte de Florencia
Convento da Madre de Deus, hoy Museu Nacional do Azulejo en Lisboa
Santa-Clara-a-Velha de Coímbra
Santa Cruz de Coímbra
Santa María de Celas de Coímbra
Santa María de Alcobaça

Referencias fotográficas:
(2) HERRÁEZ ORTEGA, Mª V. y  TEIJEIRA PABLOS, Mª D., “El cuerpo occidental de la iglesia de San Pedro de Arlanza. Propuesta de reconstrucción histórica”. De arte: revista de historia del arte, nº 2, 2003, pp. 7-28.
(4) AMADOR DE LOS RÍOS, R., Las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza en la provincia de Burgos: estudio histórico-arqueólogico, Madrid, 1896.
(5) GONZÁLEZ de CASTRO, V. y CARRERO SANTAMARÍA, E., “Arquitectura clasicista en Burgos: noticias documentales de la obra de Pedro Díaz de Palacios en San Pedro de Arlanza (1629-1659)”. Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, nº 5, 1993, pp. 111-120.

Fuentes:

AMADOR DE LOS RÍOS, R., Las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza en la provincia de Burgos: estudio histórico-arqueólogico, Madrid, 1896.
GONZÁLEZ de CASTRO, V. y CARRERO SANTAMARÍA, E., “Arquitectura clasicista en Burgos: noticias documentales de la obra de Pedro Díaz de Palacios en San Pedro de Arlanza (1629-1659)”. Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, nº 5, 1993, pp. 111-120.
HERRÁEZ ORTEGA, Mª V. y  TEIJEIRA PABLOS, Mª D., “El cuerpo occidental de la iglesia de San Pedro de Arlanza. Propuesta de reconstrucción histórica”. De arte: revista de historia del arte, nº 2, 2003, pp. 7-28.
PALOMERO ARAGÓN, F., San Pedro de Arlanza: de las formas románicas, al mundo gótico y a la modernidad, s.f.
PALOMERO ARAGÓN, F., “Ermita de San Pelayo o San Pedro el Viejo”. En Enciclopedia del románico en Castilla y León. Burgos, Vol. IV, CER-Caja Duero, Salamanca, 2002, pp. 2353-2358.
SERNA GABRIEL Y GALÁN, J., “Monasterio de San Pedro de Arlanza”. En Enciclopedia del románico en Castilla y León. Burgos, Vol. IV, CER-Caja Duero, Salamanca, 2002, pp. 2359-2377.

17 comentarios:

Ray dijo...

Magnífico articulo, Sira. Gracias por compartir tanto y tan buen trabajo.

Un abrazo.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Ray. Encantada de poderlo compartir contigo. Me alegra mucho saber de vez en cuando de ti. Espero que todo vaya bien. Un beso.

Anónimo dijo...

No has dicho nada sobre las preciosas y tristemente mutiladas esculturas fúnebres de la sacristía nueva.

Sira Gadea dijo...

No he dicho nada de muchas cosas. Es un artículo en un blog, no una tesis doctoral.

Boro dijo...

Como siempre un paseo muy completo por uno de esos lugares imprescindibles aunque no demasiado conocidos de nuestra geografía. A pesar de lo dicho (imprescindible) yo no he estado por ahí y por eso a lo mejor erro con mi apreciación y es que me parece que a pesar de la importancia del conjunto su situación no parece la mejor para la visita. La ruinas parecen no estar del todo consolidadas o musealizadas e incluso la ermita originaria, parece esta en proceso de degradación y no en el de ruina consolidada. Por ejemplo el monasterio de Carracedo (que te animo a visitar si no lo conoces), también en ruinas, no da la triste sensación de abandono que transmiten las imágenes de este de Arlanza y tampoco el de Moreruela (http://viajarconelarte.blogspot.com.es/2014/09/el-monasterio-de-santa-maria-de.html), que ya nos mostraste, aunque los solados siguen siendo una mezcla de malas hierbas tan diferente de las imágenes de las ruinas de las abadías inglesas que a falta de solado de piedra pareces estar cubiertas de vegetación cuidada con mimo (entiendo que el clima de España hace complicado esto, pero se hecha de menos un mayor cuidado de esa vegetación)
Muchas gracias por tus viajes y un abrazo.

Sira Gadea dijo...

Es cierto que la impresión general es de ruina y me temo muy mucho que tienes razón en cuanto a lo de no consolidada. Es más, hay bastantes zonas que están cerradas al turismo porque no son, en absoluto seguras. El primer emplazamiento en lo alto del cerro está prácticamente abandonado, y desde el monasterio nadie te explica qué es aquello, con lo esencial que resulta para conocer su evolución. La excusa de la falta de presupuesto, que como todos sabemos es siempre para según que cosas, yo creo que ha convertido San Pedro de Arlanza en un monumento fallido y avergonzante. Creo, aunque no estoy segura, que desde hace poco ya está gestionado por la Junta de CyL, lo mismo que Moreruela, que a mí no me da, ni mucho menos, tanta sensación de abandono. Esperemos que se empiece a notar y además de consolidar lo que se está cayendo se puede planear un buen programa de visitas con paneles explicativos y planos, tan necesarios para entender el monumento en su conjunto. Un abrazo fuerte, Boro, que ya se te echaba de menos por estos lares.

Boro dijo...

No se que porque será pero hay determinados monasterios que quedan en un estado de semiruina "romántica" y en deterioro progresivo sin que parezca que se haga nada , y esto en algunos públicos, cuando pertenecen a particulares mejor ni hablar. La crisis afecta mucho pero ya antes de la crisis hubo bastantes años de bonanza en que tampoco se hizo gran cosa.
Ahora estoy como el Guadiana, y tengo unas entradas tuyas atrasadas y deseando leerlas, porque veo que tu ritmo no para (y por muchos años ;-).
Un abrazo

Sira Gadea dijo...

Los que pertenecen a particulares ya sabemos que se puede hacer de ellos la capa un sayo.También hay ejemplos de buenas intenciones particulares, como el caso del de Santa María la Real de Valdeiglesias, mantenido a duras penas por un arquitecto que lo compró por 10 millones de pesetas y trató de rehabilitarlo durante muchos años (con la licencia de convertir una de sus torres en vivienda particular, todo hay que decirlo) hasta su donación al ayuntamiento de Pelayos y que aunque en 2011 se aprobó un plan, después, alegando falta de presupuesto, el dinero quedó reducido a una cifra ridícula. Con todas y eso, se está intentando consolidarlo para abrirlo a las visitas, pero no tengo yo tan claro que eso llegue a suceder.

La falta de presupuesto estatal para patrimonio viene de largo. Antes quedaba el recurso de las fundaciones de las cajas, pero como éstas también han desaparecido, no sé yo quién va a invertir en su conservación. Me temo que nos quedan por ver todavía muchos desastres irremediables en ese sentido.

Las entradas van a estar siempre ahí, a tu disposición para cuando quieras. Un abrazo fuerte.

Cayetano Sánchez dijo...

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Anónimo dijo...

Felicidades por la excelente labor de documentación y gran trabajo. Gracias una vez más de todo corazón por mostrarnos tan bellos monumentos llenos de historia y arte que quitan el sentido. Una pena que no fuese consolidado en su momento, pero tenemos que contentarnos con los bellos vestigios que han llegado hasta nosotros, además de cuidarlos.
Un fuerte abrazo desde Bilbao,
Unai

Sira Gadea dijo...

Muchísimas gracias Unai. Es un monumento importantísimo y tendría que haberse cuidado mejor. Pero ahora ya no sirve lamentarse, y tienes razón, mejor dedicarse a buscar cómo conservar lo que queda, que todavía es mucho. Un abrazo de vuelta desde Madrid.

Susana Redondo dijo...

Enhorabuena por el trabajo de investigación que hay detras de todo esto, me ha servido muchísimo para informarme sobre el monasterio. Mi interés radica en que mi Proyecto Fin de Grado de la carrera va a estar implantado en esta obra de arte, y estoy verdaderamente interesada en conseguir planos del lugar. Al pasarme por tu blog y ver los que has publicado me ha llamado la atención, y me gustaría saber, si no es mucha indiscreción, cómo o dónde los has conseguido para poder obtenerlos, y si son estos los únicos planos que existen o hay más documentación.

Muchísimas gracias por adelantado, y de nuevo enhorabuena!

Susana

Sira Gadea dijo...

Hola Susana. Muchas gracias por tus palabras. Todos los planos que publico están referenciados a pie de foto. Estos de Arlanza, lo mismo que otros muchos en otros artículos, en su mayoría proceden del IPCE, el Instituto del Patrimonio Histórico Español. Están en red y son de uso público. Aunque no sé si hay más planos, lo más seguro es que sí existan. Las labores de restauración que se han llevado a cabo desde la Junta de Castilla y León han tenido que generar muchos planos, digo yo, lo que no sé es si están digitalizados y si son de acceso público, pero teniendo en cuenta de que los necesitas para un proyecto universitario, supongo que poniéndote en contacto con el organismo adecuado, si son accesibles, se te podrá dar acceso a ellos. Yo que tú lo comentaba con tu director de proyecto, que seguramente podrá asesorarte en ese sentido. ¡Muchísima suerte con tu trabajo! Un saludo.

Susana Redondo dijo...

Millones de gracias! No se me había ocurrido mirar en el IPCE. Hay muchísimos planos, estoy que no me lo creo!
Muchísimas muchísimas gracias otra vez! y enhorabuena por tu excelente trabajo!

Sira Gadea dijo...

Encantada de haberte podido echar una mano. Mucha suerte con tu trabajo.

Anónimo dijo...

Magnífica aportación, estupendas fotos, documentación y explicaciones.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias.