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lunes, 18 de mayo de 2015

El Colegio Imperial de la Compañía de Jesús en Madrid y su iglesia, hoy colegiata de san Isidro

Los orígenes de la primera fundación de la Compañía de Jesús en Madrid comenzaron en 1558 cuando don Gómez III Suárez de Figueroa y Córdoba, V conde y I duque de Feria, a instancias del padre jesuita Pedro de Rivadeneyra, uno de los más allegados a san Ignacio de Loyola, sabiendo ya que Felipe II tenía previsto ubicar una Corte permanente en Madrid, decidió que dicha fundación era una prioridad y acudió a la ayuda de la noble portuguesa doña Leonor Mascarenhas, dama de la emperatriz doña Isabel, aya de Felipe II, que había conocido en persona al propio Ignacio de Loyola en Valladolid, para que cediera a la Orden unos terrenos cercanos a la puerta del Balnadú que sólo un año antes había adquirido a don Bernardino de Mendoza buscando fijar allí su residencia y establecer una fundación religiosa.

Colegiata de san Isidro en la actualidad

Pero este primer intento fracasó, se cree que por la propia oposición de Felipe II al considerar que el lugar estaba demasiado cercano al Alcázar y la fundación entorpecería el proyecto de ampliación que tenía previsto en su propia residencia regia. 

Hubo que esperar tres años para que la propia doña Leonor adquiriera otra propiedad en pleno centro de la ciudad, en la colación de San Justo, a espaldas del monasterio de la Concepción Jerónima, hoy desaparecido, que de nuevo cedió a los jesuitas.

Así, entre 1560 y 1567 se erigió una iglesia, puesta bajo la advocación de san Pedro y san Pablo. Con trazas del padre Bartolomé de Bustamante, sería de planta rectangular de una sola nave con una pequeña capilla dedicada a san Ignacio. A continuación, y bajo la dirección del arquitecto jesuita Juan García, se levantó la Casa de los monjes, que quedó terminada en 1581.

Pero a partir de 1590, y dada la evidente falta de una infraestructura educativa acorde con el nivel que había adquirido Madrid como corte de un Imperio, sería el propio General de la Compañía, san Francisco Javier, el que empezaría a pensar en la necesidad de crear un colegio con un templo más grande, para lo que fue necesario ir comprando distintas casas y huertas aledañas.

Aunque al principio los jesuitas se enfrentaron a la oposición del propio Ayuntamiento, que consideraba que ese nuevo colegio jesuita iba a entrar en competencia con los Estudios de la Villa, instaurados en 1346 y dependientes del propio concejo, la influencia que la Compañía tenía en ese momento obligó al consistorio a tener que ceder e incluso a aceptar que pocos años después dichos Estudios fueran absorbidos por la nueva fundación.

El colegio empezó a levantarse en 1596 siguiendo trazas del arquitecto Francisco de Mora. Pero la construcción del vasto complejo en el que terminó convirtiéndose el conjunto atravesó por serias dificultades por falta de presupuesto hasta la muerte, en 1603, de la emperatriz doña María de Austria, esposa de Maximiliano II e hija de Carlos V, retirada tras su viudedad en el convento de las Descalzas de Madrid, que aceptó el patronato del colegio y dejó en herencia a la institución jesuita gran parte de sus bienes, incluyendo unos terrenos anexos al primitivo edificio en la calle Toledo que permitieron la erección, tras la demolición parcial del antiguo complejo, de otro colegio de nueva planta que adquirió la denominación de “Imperial” en honor a su patrona y que terminó por convertirse en el establecimiento docente jesuita más importante de España, ofreciendo los estudios de Gramática, Retórica y Teología y contando entre sus estudiantes a Lope de Vega, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo o los hijos de las familias más ilustres de la Corte.

Juan Pantoja de la Cruz. La emperatriz doña María de
Austria
, ha. 1600. Convento de las Descalzas
Reales, Madrid (1)

La solemne ceremonia de colocación de la primera piedra de la iglesia tuvo lugar, con la asistencia del propio Felipe IV y toda la corte, en 1622, poniéndose bajo la advocación de san Francisco Javier, canonizado ese mismo año por el papa Gregorio XV junto a san Ignacio de Loyola, los dos fundadores de la Compañía.

El arquitecto jesuita Pedro Sánchez, autor de las trazas, dirigió la obra y llegó hasta la cornisa al tiempo que trabajaba en el Colegio de san Ildefonso de Toledo y el Noviciado de Madrid, sucedido a su muerte, en 1633, por uno de sus discípulos, el también jesuita Francisco Bautista (al que ya conocemos en Viajar con el Arte por ser el autor del tabernáculo del ábside de las Bernardas de Alcalá de Henares), que culminó el alzado, la cúpula, las cubiertas y la fachada en 1643. Él también fue quien se encargó de rematar la iglesia de la Compañía en Toledo iniciada por su maestro.

En 1646 el padre Ignacio Raeth comenzó la decoración interior del templo con la pintura al fresco en las pechinas y los plementos de la media naranja. Después se instalan las vidrieras en todas las ventanas, se construye la Capilla Mayor, se pavimentan las capillas laterales y las tribunas, se coloca la rejería… y en 1651 el nuncio apostólico de la Santa Sede en la Corte, Giulio Rospigliosi, futuro Clemente IX, preside la solemne ceremonia de consagración.

En años sucesivos se construyó la capilla del Buen Consejo, se transformó la primitiva iglesia de los santos Pedro y Pablo en sacristía, se finalizó la capilla del Cristo de los Dolores…

En cuanto al colegio, la enorme influencia en el mundo docente que empezó a ejercer la Compañía despertó la oposición de las universidades de Salamanca, Valladolid y, sobre todo, Alcalá, a la creación de un centro universitario en Madrid. Así, aunque en 1625 los jesuitas aceptaron la propuesta del propio Felipe IV para fundar unos Estudios Reales con carácter de superiores, creyendo necesario un centro de docencia jesuítico en el que se formaran los hijos de la nobleza, y del Conde-Duque de Olivares, que buscó convertirlos en la Universidad que creía que la ciudad necesitaba después de que Madrid recuperara su capitalidad respecto de Valladolid tras el reinado de Felipe III, estos Estudios no fueron acompañados del derecho a otorgar títulos oficiales, obligando a sus alumnos a terminar marchando a una de sus tres rivales para poder obtenerlo.

El plan quedó establecido con estudios menores de gramática latina y estudios mayores compuestos por diecisiete cátedras: erudición, griego, hebreo, caldeo y siríaco, historia cronológica, súmulas y lógica, filosofía natural, metafísica, dos de matemáticas, ética, políticas y económicas, “de re militari”, historia natural, “sectas, opiniones y pareceres de los antiguos filósofos acerca de todas las materias de filosofía moral y natural”, teología moral y casos de conciencia y Sagradas Escrituras.

Según el plano de Texeira de 1656, la iglesia se destaca como una majestuosa construcción dentro del entramado urbano de la ciudad y las torres muestran un remate copulado cuya construcción no ha podido constatarse documentalmente. En cuanto al resto de edificios de la Compañía con las aulas para la enseñanza, no se sabe hasta qué punto el plano podría ser fiable. Muestra un cuerpo edificado adosado al muro sur de la iglesia que podría corresponder al denominado Cuarto Viejo, las primeras estancias de habitación del primitivo convento de los santos Pedro y Pablo, y un gran vacío ajardinado tras el ala construida en la calle del Estudio, a la que parece adosado un volumen que podría corresponder a lo que después se convirtió en capilla de la Concepción, aunque aparece girado 90 grados en relación con la actual, y de la que hablaré cuando nos detengamos en las estancias conservadas de la parte dedicada a colegio.

Detalle de la Topographia de la Villa de Madrid de Pedro de Texeira de 1656 con el Colegio Imperial
en esas fechas resaltado en negro, cuando todavía no se ha construido el Patio Principal (2)

La construcción del nuevo Colegio en torno a un patio principal y a otros secundarios, tuvo lugar durante el reinado de Carlos II, a fines de la década de 1670, según trazas de Melchor de Bueras, quedando así culminado el dilatado proceso de construcción del conjunto.

Patio Principal del Colegio, con la cúpula de la iglesia al fondo

Pero aunque en el siglo XVIII la Compañía se había convertido en la Orden más influyente y mejor organizada de España, su monopolio docente y su ferviente antirregalismo no hizo más que aumentar sus enemigos, una situación que en 1767 desembocó en su expulsión de todos los territorios de la corona española y la expropiación de todos sus bienes decretada por Carlos III, en línea con la corriente antijesuítica generalizada que recorría todas las cortes ilustradas europeas. El edificio se dividió en tres partes: iglesia, zona de viviendas y colegio.

Reconstrucción en plano basada en la Planimetría General de Madrid de 1762 de cómo sería el Colegio Imperial
en su conjunto antes de la expulsión de los jesuitas (3). Las indicaciones son mías

Alzado de la fachada de la iglesia y del colegio (4)

En 1769 Carlos III decidió trasladar a la iglesia, desde la parroquia de San Andrés, quizá intentando borrar la presencia de los jesuitas, los restos de san Isidro Labrador, el patrón de la ciudad, y de su esposa, santa María de la Cabeza. El arquitecto Ventura Rodríguez proyectó un nuevo presbiterio en el que acoger los restos de los dos santos y un nuevo retablo mayor, aunque hoy solo se conoce mediante pinturas y grabados antiguos porque quedó muy dañado durante la Guerra Civil.

Joaquín Muñoz Morillejo. Misa mayor en la Catedral de Madrid, 1921, Museo de Madrid.
La pintura muestra la decoración del presbiterio y el retablo de Ventura Rodríguez
antes de los destrozos de la Guerra Civil (5)

El templo pasó a ser parroquia pero reteniendo el título de Capilla Real que le había sido concedido en el reinado de Felipe IV, y una bula de Pío VI de 1788 transformó a sus capellanes en canónigos con iguales prerrogativas que los de una iglesia catedral, y aunque dicha bula no convirtió al templo en colegiata, lo cierto es que, por el hecho de contar con un cabildo, terminó denominándose “Real Colegiata de San Isidro”.

Durante el primer tercio del siglo XIX, los canónigos se suprimieron y restablecieron dependiendo del regreso o la expulsión de los jesuitas de San Isidro durante ese periodo tan complicado de la Historia de España. Pero con la expropiación definitiva tras la desamortización de 1836-37, como la Real Capilla nunca había sido disuelta, los capellanes en San Isidro reclamaron y obtuvieron, dado que la bula de Pío VI no había sido derogada, el uso de su condición de canónigos. El Colegio se convirtió en sede de los Reales Estudios Superiores de San Isidro.

En aquella convulsa primera mitad del siglo XIX también se decidió el cierre de varias universidades consideradas obsoletas. Una de ellas fue la Universidad de Alcalá, que por Real Decreto de Isabel II de 1836 se estableció su desmantelamiento mediante la integración de sus rentas y profesorado en la recién creada Universidad Central de Madrid, germen de la Universidad Complutense, que incluso terminará adoptando el nombre de la de Alcalá, y que a falta de infraestructuras propias, comenzó utilizando varios edificios entre los que se encontró el antiguo Colegio Imperial, donde quedaron instaladas la Facultad de Filosofía y Letras, la Escuela de Arquitectura, la de Artes y Oficios y la de Diplomática.

Manzana del colegio con la iglesia en 1860 (3)

En 1885 otra bula creó la Diócesis de Madrid-Alcalá y fue precisamente este documento que convirtió a San Isidro en su catedral el que “oficializó” la denominación al referirse a la misma como “Colegiata”. Lo que en realidad hizo dicha bula fue transformar en cabildo catedralicio el cabildo de capellanes con el título de canónigos ya existente, que permaneció en San Isidro hasta el fin de las obras de Nuestra Señora la Real de la Almudena, trasladándose a la catedral definitiva de la diócesis de Madrid en 1993, cuando San Isidro se queda sin cabildo pero recupera, sólo a efectos honoríficos, el título de “Colegiata” que, en realidad, nunca tuvo de derecho.

Procesión del Corpus en 1915 en el momento de la salida desde San Isidro cuando el templo
ejercía funciones de catedral (6)

En 1936, al estallar la Guerra Civil, un incendio había afectado gravemente al templo destruyendo gran parte de los retablos de las capillas y la mayoría de las cubiertas terminaron por hundirse, siendo reconstruidas por el arquitecto Javier Barroso en la posguerra, que también decidió culminar las torres de la fachada que habían quedado en su día inacabadas. La iglesia fue declarada bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en 1995.

En cuanto a la parte del colegio, cuando las facultades de la Universidad encontraron nuevo acomodo, se convirtió en Instituto de Segunda Enseñanza San Isidro, el primero de esta categoría en la capital junto con el Cardenal Cisneros, y que todavía sigue activo. Pero en la década de 1960 el edificio experimentó una profunda reforma en la que sólo se conservaron la fachada, el patio, que puede visitarse por el buen hacer del portero del instituto (aprovecho la ocasión para darle las gracias por su amabilidad), y la escalera imperial, cerrada a las visitas.

La fachada de la iglesia está realizada en piedra berroqueña y cuenta con un único cuerpo, dividido en tres calles por cuatro semicolumnas gigantes de orden corintio que sustentan una potente cornisa rematada por una balaustrada, todo ello enmarcado por los cuerpos bajos de las torres, definidos mediante pilastras del mismo orden. Las torres son de planta cuadrada y ya he comentado que no quedaron concluidas hasta la década de 1960, cuando los primitivos tejados a dos aguas fueron sustituidos por las cúpulas que lucen en la actualidad.

Exterior en la actualidad

Postal de la década de 1920 de la calle Toledo desde la Plaza Mayor, con la iglesia al fondo.
Las torres todavía presentaban cubierta a dos aguas (5)

Desde la fachada se accede, mediante una escalinata, a tres grandes vanos que ocupan cada una de las calles, el central más alto y rematado por arco de medio punto, y los laterales, adintelados. Están cerrados por sendas rejas conservadas desde el siglo XVII y la central luce el escudo imperial de doña María de Austria.

Cuerpo central de la fachada de la iglesia

Sobre el vano central se ubica una hornacina con las esculturas de los santos Isidro y María de la Cabeza, obra de Juan Pascual de Mena, aunque reconstruidas después de los sucesos de 1936. Sobre las puertas laterales se ubican, sucesivamente, una hornacina adintelada y un balcón, correspondiéndose en las torres a dos ventanas y un balcón.

Hornacina con los santos Isidro y María de la Cabeza

Las puertas abren a un atrio, una excepción en las iglesias jesuíticas, que responde a la necesidad de aislar el interior del ruido de la calle Toledo, una de las más transitadas de la ciudad desde sus inicios, y a la de dar cabida a los criados, que se quedaban fuera.

En cuanto al interior, Pedro Sánchez siguió el modelo de la iglesia del Gesù en Roma para erigir un templo monumental dedicado a la predicación y a la congregación masiva de la Corte, el más grande que tuvo Madrid durante el Antiguo Régimen, con planta de cruz latina, de nave única, espacio que busca concentrar la atención de la feligresía durante los oficios, capillas laterales conectadas entre sí para dar cabida a patronatos privados y fundaciones de misas, fuente de ingresos para la orden, sin alterar los oficios realizados en la nave, transepto y crucero cubierto con cúpula.

Nave de la iglesia

Pero la alternancia en la nave de tramos anchos y estrechos dieron lugar a capillas laterales alternas de dos tamaños diferentes, y otra de sus características es la singularización de las capillas centrales, la del Buen Consejo y la del Cristo, esta última con mayor desarrollo en profundidad mediante la adición de un ámbito con planta de cruz griega.

Planta de la iglesia. IPCE. Las indicaciones son mías

Ya se ha comentado que la sacristía se ubicó detrás del presbiterio, en el ámbito de la primitiva iglesia de nave única de los santos Pedro y Pablo.

Los distintos tramos están organizados mediante pilastras corintias y sobre las capillas se ubica una galería que alterna vanos adintelados sobre las de menor tamaño, con otros de medio punto sobre las de mayor dimensión. Este espacio estaba reservado a la comunidad y a los visitantes más ilustres, convirtiendo el templo en un auténtico salón con balcones a modo de palcos abiertos a la nave y desde los que observar pero también ser observado, una demostración del estatus de privilegio de los “elegidos”. Sobre la galería se desarrolla una potente cornisa desde la que arranca la cubierta, una bóveda de medio cañón con lunetos.

Nave hacia los pies, con  la cubierta de bóveda de cañón con tramos de dos tamaños que se traduce
en alternancia de capillas grandes y pequeñas, sobre las que se ubican los balcones de la
galería a modo de palcos teatrales

La primera capilla del Evangelio es la capilla de los santos Cosme y Damián, con reja del siglo XVII y retablo barroco tardío además de una talla del Santo Cristo de las Siete Palabras, obra contemporánea del imaginero sevillano Manuel Ramos Corona, en el testero de la izquierda.

Capilla de los santos Cosme y Damián

Cristo de las Siete Palabras

A continuación se ubica la capilla de san Antonio de Padua, en la que destaca una lápida de mármol fechada en 1622 dedicada al nuncio J. Rospigliosi y su sobrino Jerónimo.

Capilla de san Antonio de Padua, con una Virgen de procesionar a la izquierda

La tercera es la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo, diseñada por Sebastián Herrera Barnuevo con mayor desarrollo que el resto, de planta de cruz latina, con tribunas laterales y cúpula sobre pechinas en el crucero, haciendo las veces de parroquia y capilla bautismal con la denominación de “Capilla del Santísimo”. El retablo barroco tardío está presidido por una Virgen del Buen Consejo realizada para sustituir a la talla original, destruida en el incendio de 1936.

Capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo

Cùpula de la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo

A continuación, y abierta en uno de los tramos cortos, está la capilla de la Virgen el Carmen.

Capilla de la Virgen del Carmen

La última capilla de este lado del Evangelio es la capilla de santa Rita de Casia. Tras la Guerra Civil fue restaurada gracias a donaciones de la comunidad británica en Madrid, de ahí que el escudo del país ocupe el ático del retablo, obra contemporánea.

Capilla de santa Rita de Casia

La primera capilla de la Epístola es la capilla de Nuestra Señora de los Reyes, con un retablo con su imagen.

Capilla de Nuestra Señora de los Reyes

A continuación se ubica la capilla de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena, sede de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y de María Santísima de la Esperanza desde la década de 1940. La talla, contemporánea, es del imaginero Antonio Eslava Rubio.

Capilla de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena

La tercera capilla de la Epístola, la capilla de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder aunque antes lo fuera del Cristo de la Buena Muerte, con una talla de Juan de Mesa y Velasco del siglo XVII hoy en la catedral de la Almudena, es una de las más interesantes del templo, milagrosamente salvada en el incendio de 1936.

Capilla de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder

En pendant con la del Buen Consejo en el lado del Evangelio, presenta una cubierta con cúpula encamonada (más información sobre este tipo de solución en este magnífico artículo de InvestigArt) decorada por Claudio Coello, con los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel en las pechinas y ángeles con los instrumentos de la pasión en los gallones.


Cúpula de la capilla de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder

Decoración de la cúpula con los ángeles con los instrumentos de la Pasión

El retablo está formado por grandes columnas salomónicas que enmarcan un Cristo con la cruz a cuestas con un relieve del Padre Eterno Bendiciendo en la parte superior.

Cristo con la cruz a cuestas

Los dos cuadros de los laterales son de Francisco Rizzi, con Jesús camino del Calvario en el lado del Evangelio y Cristo ante Caifás en el de la Epístola. El óvalo con Las lágrimas de san Pedro sobre la puerta lateral izquierda también es de Rizzi.

Le sigue la capilla de san José, con un retablo barroco del siglo XVII con la talla del titular, dos pinturas de Herrera el Mozo que representan a San Antón y San Antonio de Padua y ático con otro lienzo con la Virgen y el Niño.

Capilla de san José

Los laterales están cubiertos de pinturas de santos realizadas por los pintores de Cámara del siglo XVIII Pablo Pernícharo y Benavente y Juan Bautista Peña.

Pinturas del lateral del Evangelio de la capilla de san José

Pinturas del lateral de la Epístola de la capilla de san José

La última capilla de la Epístola es la capilla de las Dos Trinidades, aunque antes estuvo dedicada a la Sagrada Familia. En ella destaca el retablo, que unos autores atribuyen a Sebastián Herrera Barnuevo, discípulo de Alonso Cano, y otros al padre Bautista. Las pinturas de la predela, los santos de los estilóbatos y el soberbio cuadro central de la Sagrada Familia sí son de Herrera Barnuevo. En el ático se representa el Martirio del santo jesuita san Pablo Miki y sus compañeros crucificados en Nagasaki a fines del siglo XVII, obra de Diego González de la Vega. La decoración de la bóveda se piensa que sería obra de Dionisio Mantuano.

Capilla de las Dos Trinidades, antes de la Sagrada Familia

Sagrada Familia de Sebastián Herrera Barnuevo

En el pavimento de la nave hay varias lápidas de obispos de Madrid de la época en la que el templo fue catedral, como las de los arzobispos Eijo y Garay, Casimiro Morcillo o el cardenal Vicente Enrique y Tarancón.

El transepto tiene un gran desarrollo. El brazo del Evangelio se conforma como capilla de san Francisco de Borja, presidido por un retablo con un gran lienzo de Francisco Rizzi con la Conversión de san Francisco de Borja.

Vista del transepto del Evangelio

Retablo con la Conversión de san Francisco de Borja de Francisco Rizzi

A la derecha del retablo se abre la pequeña capilla de la Dormición, con un conjunto escultórico con la Dormición de la Virgen del siglo XVII procedente de la capilla de los santos Cosme y Damián.

Dormición de la Virgen del siglo XVII

Desde el mismo brazo también se accede a la capilla de San Isidro de Naturales, un ámbito adosado al ábside de planta ovalada quizá un añadido posterior a la fábrica primitiva, cerrado por una verja y con un altar barroco presidido por una talla de la Inmaculada Concepción flanqueado por las tallas de los santos Isidro y María de la Cabeza.

Capilla de san Isidro de los Naturales

El brazo de la Epístola está presidido por una imagen contemporánea de Nuestra Señora de la Fuensanta, patrona de Murcia, que sustituye a otra perdida de la Virgen de la Almudena.

Vista del transepto de la Epístola

En cuanto al crucero, estuvo cubierto con una cúpula encamonada realizada por Bautista, la primera de este tipo que se construye en Madrid, con plementos de yeso y trabazón de madera, permitiendo así la ausencia de grandes machones portantes que hubieran condicionado negativamente la visibilidad del presbiterio desde la nave. Así, se apoya sobre pilastras dobles entre las que aparecen hornacinas con las tallas de los doce Apóstoles y otros santos de especial devoción para la Orden. La actual cúpula es una reconstrucción posterior a la Guerra Civil realizada por Javier Barroso siguiendo el modelo de Bautista.

Cúpula del crucero

Lamentablemente, las pinturas que decoraban la bóveda y la cúpula, realizadas por Ignacio Raeth, también se perdieron en el incendio de 1936. Y lo mismo ocurrió con otras decoraciones pictóricas según la técnica de la quadratura en las que intervinieron Francisco Rizzi, Claudio Coello, José Jiménez Donoso, Antonio Palomino o Teodoro Ademans.

El presbiterio es ancho y profundo y está elevado sobre cuatro gradas para permitir observar con facilidad lo que en él se desarrollaba, en una concepción muy similar a la de un escenario teatral.

Presbiterio desde la nave

En cuanto al retablo mayor hoy es un remedo de lo que fue. El original, realizado por el padre Bautista, presentaba grandes semejanzas con el del santuario de La Fuencisla de Segovia, del mismo autor. Formaba una estructura unitaria en la que destacaba la hornacina central con tabernáculo en forma de templete con columnas gigantes que sostenía un friso decorado continuación del entablamento que recorre toda la iglesia. Entre los pedestales de las columnas, había puertas que daban acceso a la sacristía y que arquitectónicamente se correspondían con hornacinas con las imágenes de bulto policromado de la Virgen y los santos Ignacio, José y Francisco Javier. El conjunto se completaba con un trasparente tras la custodia, aunando arquitectura, pintura y luz para resaltar el presbiterio.

Fue modificado por Ventura Rodríguez cuando la iglesia se convirtió en colegiata y lo que hoy queda tampoco responde al proyecto de este último, con una restauración de José Lapayese Bruna después de la Guerra Civil y esculturas inspiradas en las anteriores de José Luis Vicent Llorente. En el cuerpo central aparece san Isidro rodeado de ángeles apoyado sobre las arcas que contienen los restos de los santos Isidro y María de la Cabeza.

Altar mayor en la actualidad

Aguafuerte de James Bayle Alles del Altar Mayor de San Isidro según un dibujo de David Roberts,
publicado en Picturesque Sketches in Spain taken during the years 1832.1833, London, 1837 (5)

El Colegio, a la derecha de la iglesia, se organiza mediante una fachada con un cuerpo bajo de sillares, otro cuerpo superior con dos alturas y un ático, con ventanas cuadradas y dos portadas.

Fachadas del colegio y de la iglesia desde la confluencia de las calles Toledo y Estudios

Portadas del antiguo Colegio Imperial. La de la derecha es ahora la de acceso al IES San Isidro

Placa conmemorativa que recuerda la importancia del edificio

Utilizado hoy como instituto, sólo es visitable el llamado Patio Principal, al que se accede a través de la portada más alejada de la iglesia y tras atravesar la portería. Es una construcción levantada a fines de la década de 1670, durante el reinado de Carlos II, según trazas de Melchor de Bueras con planta cuadrada y dos cuerpos superpuestos. El primero está compuesto por arcos de medio punto entre pilastras y, a pesar de lo tardío, denota influencias herrerianas, de fuerte repercusión durante todo el siglo XVII en Madrid. Estas crujías inferiores están cubiertas con bóvedas de arista.

Patio Principal, con el pozo en medio

Cubierta de bóvedas de arista en las crujías inferiores

La decoración se reduce a las claves de los arcos, donde figura un águila bicéfala con un medallón en el que aparecía el anagrama JHS de la Compañía, todavía visible en alguno de ellos. A continuación se ubica un entablamento sobre la que descansa el segundo cuerpo, compuesto por balcones adintelados con balaustradas de hierro sobre los que se desarrollan pequeñas cornisas y que están rodeados de un sistema rítmico de molduras con un adorno escultórico central. El conjunto se remata con una cornisa y en el centro del patio se ubica un pozo.

Detalle del patio

En la crujía este se levanta la Gran Escalera de distribución de las distintas dependencias del Colegio Imperial y que en la actualidad no conduce a ningún sitio, congelada en el tiempo y el espacio tras las reformas que sufrió el edificio en la década de 1960. Además, lamentablemente, no está abierta a las visitas.

Crujía este

Escalera del Patio Principal (7)

En la crujía oeste, enfrentada a la escalera, se ubicaba la biblioteca, de gran fama por la cantidad y calidad de sus libros, sobre todo tras la orden dada por Carlos III de reunir en ella los fondos bibliográficos de todos los centros jesuíticos de Madrid, que en el primer tercio del siglo XX fueron traspasados a la nueva Facultad de Letras de la Universidad Complutense.

Otra de las estancias importantes del conjunto, aunque, lamentablemente en la actualidad no es visitable dado el pésimo estado de conservación en el que se encuentra, es la capilla de la Real Congregación de Nuestra Señora de la Concepción, institución aprobada a comienzos del siglo XVII por Claudio Acquaviva, el 5º General Superior de la Compañía, e integrada por seglares, muchos de ellos estudiantes o antiguos estudiantes de colegios de la Orden, con el propósito de propagar el culto mariano, especialmente la defensa del misterio de la Inmaculada Concepción de María, en el que los jesuitas estuvieron especialmente involucrados porque consideraban que la devoción a la Virgen era la forma más rápida y segura de llegar a Cristo, además de que estas congregaciones también funcionaban como difusoras del mensaje de la contrarreforma de culto a las imágenes.

Grabado con el retrato del padre Claudio Aquaviva y sus años de generalato (8)

El ámbito, aunque no como capilla de la Inmaculada, existía antes que el patio principal y después quedó integrado en el conjunto. Se sabe poco de los artífices, lo más lógico parece vincularla, o a los artífices de la propia iglesia, los arquitectos jesuitas Sánchez y Bautista, o al autor del propio patio principal, Melchor de Bueras.

Tiene planta rectangular y la decoración arquitectónica está realizada en yeso mediante pilastras cajeadas pareadas de orden compuesto que soportan un entablamento sobre el que se apoya una bóveda encamonada.

El testero principal está presidido por un retablo con una pintura de la Inmaculada Concepción de Juan Carreño de Miranda y el resto de la decoración pictórica se concentra en la bóveda, decorada por Juan Delgado siguiendo un diseño pictórico de su  maestro, Antonio Palomino, artista cordobés especializado en decoraciones arquitectónicas (al que ya conocemos en Viajar con el Arte porque fue el artífice de la decoración del Sagrario de la iglesia de la Cartuja de Granada).

La base de la bóveda está compuesta por una arquitectura fingida de columnas salomónicas azules que sostienen un entablamento también fingido, quebrado y rematado por frontones curvos, composición que recuerda a lo pintado por Rizzi y Carreño en la iglesia de san Antonio de los Alemanes, y entre los que aparecen diecisiete grandes fundadores de las principales órdenes religiosas, incluyendo las dos santas Teresa y Clara, representadas en la cabecera.

Decoración de la bóveda de la capilla de la Concepción sobre el altar, con las santas Clara
y Teresa a los lados y los Evangelistas Mateo y Juan por encima (7)

En el centro del lado del Evangelio, enfrente de la puerta de acceso a la capilla, está la Virgen del Rosario adorada por los cuatro fundadores de las principales órdenes mendicantes, los santos Agustín, Francisco, Domingo de Guzmán y, mirando directamente al espectador, Ignacio de Loyola.

Virgen del Rosario. Foto InvestigArt

En los ángulos se encuentran los cuatro Evangelistas con sus respectivos símbolos y la zona central muestra una visión del Apocalipsis de San Juan, con el Trono Vacío y el Cordero Místico sobre el libro de los Siete Sellos rodeado de una corte de ángeles, la mujer del Apocalipsis, imagen de la que deriva la iconografía de la Inmaculada, en el centro de la bóveda, con Dios Padre infundiéndole el Espíritu Santo a su derecha, y debajo hay una representación de la Jerusalén Celeste y San Miguel Arcángel y otros ángeles soldados luchando contra el Dragón de las Siete Cabezas que intenta devorar el niño que lleva en el vientre la mujer.

Trono vacío en la parte superior, Cordero místico a la izquierda y Mujer del Apocalipsis con Dios Padre
infundiéndole el Espíritu Santo en forma de paloma más abajo. Foto InvestigArt.

Detalle de la Mujer del Apocalipsis (7)

San Miguel Arcángel con otros ángeles soldados luchando contra el Dragón y la representación
de la Jerusalén Celeste a la izquierda (7)

Tras la expulsión de la Compañía se convirtió en capilla de los nuevos Estudios Reales.

Quiero terminar dándole las gracias a Ramón García Gómez, profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca, por su inestimable aportación al explicarme los complicados entresijos que rodean a la denominación como “Colegiata” a San Isidro.

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Referencias:

(3) ORTEGA VIDAL, J. y MARÍN PERELLÓN, F. J., “La conformación del Colegio Imperial de Madrid (1560-1767)”. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo LIII, Madrid, CSIC, 2013, pp. 135-175.

Fuentes:

FUENTES LÁZARO, S., ““Un Dios en tramoya”. Influencia de la fiesta teatral en la arquitectura del Colegio Imperial de Madrid”, Anales de Historia del Arte, 2011, Volumen Extraordinario, pp. 167-182.
ORTEGA VIDAL, J. y MARÍN PERELLÓN, F. J., “La conformación del Colegio Imperial de Madrid (1560-1767)”. Anales del Instituto de Estudios Madrileños, tomo LIII, Madrid, CSIC, 2013, pp. 135-175.

8 comentarios:

Boro dijo...

Definitivamente tengo que volver a echar un vistazo a la Colegiata. Siempre me ha causado un cierto rechazo por ese aspecto tan oscuro y un poco plomizo de la gran nave, pero creo que lo conservado tras el incendio merecen una nueva visita, especialmente ese estupendo cuadro de Herrera Barnuevo, un pintor, escultor , arquitecto con cuya obra se cebo la desgracia y del que apenas nos han llegado obras pictóricas (como off topic, el otro día encontré este Cristo suyo y me parece estupendo, un poco rubesiano y un poco Pereda https://www.flickr.com/photos/albtotxo/16720531430/sizes/l ) .
Gracias por redescubrir Madrid.
Un abrazo.

Sira Gadea dijo...

El lado de la Epistola merece una visita sosegada de la que no te arrepentirás y la Sagrada Familia de Herrera Barnuevo luce espléndida después de su restauración en 2001 y su recolocación el en retablo original, pues durante tiempo parece que estuvo en la sacristía. El Cristo me gustaría verlo in situ, pues en la foto, aunque parece que debe ser por el efecto de haberla tomado un poco en picado, me da la impresión de mostrar un canon algo chaparro. Un abrazo, Boro.

Cipriano García-Hidalgo Villena dijo...

Hola Sira,
Lo primero darte mi enhorabuena por el fantástico y documentado post. Lo segundo confirmarte que el lienzo de Barnuevo de las "Trinidades" estuvo hasta el año 2001 en la sacristía, en su lugar había una imagen moderna de la Virgen del Pilar, la capilla estaba bastante sucia y apenas se apreciaban las pinturas de la predela ni del ático, todas obra segura de Barnuevo, al que también se puede atribuir las pinturas de la bóveda.
Gracias por compartir, un abrazo. Cipriano

Sira Gadea dijo...

Muchísimas gracias, Cipriano. por tus palabras y por corroborar el dato de dónde estuvo ese magnífico cuadro de Herrera Barnuevo. Un abrazo de vuelta.

enrique dijo...

Interesantísimo y completísimo y todos los ísimos habidos y por haber.
Tan sólo añadir que el Colegio o Instituto de San Isidro pasaban sus exámenes públicos los varones de la Real Familia, incluido D. Juan Carlos.
Citas el Santuario de La Fuencisla, espero que hagas un día una entrada sobre esa pieza arquitectónica a las orillas del Eresma.
Me quito el cráneo una vez más, Sira!!

enrique dijo...

Item más, ¿este Gómez Suárez de Figueroa no fue el que se casó con una dama inglesa, siendo gentilhombre de Felipe II cuando siendo príncipe se casó con Maria Tudor y residió en Inglaterra?

Sira Gadea dijo...

Tengo muchas ganas de hacer una entrada del santuario, pero no tengo fotos. Es una de las pendientes de Segovia que no tardará mucho en caer. Y por el amor al arte ¡el cráneo no te lo quites! Un abrazo, Enrique.

Sira Gadea dijo...

El mismo que vistió y calzó. La dama en cuestión se llamaba Jane Dormer: http://www.fundacionmedinaceli.org/casaducal/fichaindividuo.aspx?id=533