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lunes, 15 de junio de 2015

La historia y el templo de la Real Colegiata de san Isidoro, hoy basílica, de León

La Real Colegiata Basílica de san Isidoro en León, una de las paradas más relevantes en las peregrinaciones medievales a Santiago, es uno de los monumentos más destacados de la península, tanto por su historia como por su arquitectura y los objetos suntuarios que conserva, conocida, sobre todo, por contener el Panteón Real de los reyes leoneses a los pies del templo, decorado con pintura mural y obra excepcional del románico, aunque la larga trayectoria del conjunto ha hecho que se termine conformando como un crisol de estilos, con restos románicos, góticos, renacentistas y barrocos, declarado Monumento Histórico Artístico en 1910.

Fachada sur de la basílica de san Isidoro de León (1)

La primera edificación conocida, ubicada ya en el mismo solar que hoy ocupa, adosada a la muralla romana de la Legio VII Gemina en su lado noroeste, fue un monasterio fundado por el rey Sancho I de León hacia el año 956 para albergar los restos de san Pelayo, niño mártir en Córdoba en el año 925, construido junto a otro templo dedicado a san Juan Bautista para alojar la supuesta reliquia de la mandíbula del santo, seguramente un baptisterio, quizá fundado a mediados del siglo IX, durante el reinado de Ordoño I, sobre un solar en el que podría haber estado un templo romano dedicado a Mercurio.

Restos de la muralla romana, sobre los que sobresale el cuerpo del claustro procesional y desde
donde también se ve la torre campanario

De todos modos, Sancho I murió sin haber logrado el traslado de los restos del santo desde Córdoba a León, siendo su hermana, doña Elvira Ramírez, la que, por fin, lo consiguiera. Regente durante la minoría de edad de don Ramiro III, abadesa del monasterio femenino de San Salvador de Palat del Rey de la ciudad, sede del Infantado de León, opta por trasladar la comunidad al nuevo cenobio, momento en el que el Infantado cambia su denominación por el de San Pelayo.

(El infantado o infantazgo fue una institución medieval creada por Ramiro II de León a mediados del siglo X, un señorío independiente que abarcaba amplios territorios además del monasterio, con jurisdicción propia, tanto civil como eclesiástica, con una comunidad de canónigos en calidad de capellanes, y que entregó como dote a su hija, la infanta doña Elvira, que no había contraído matrimonio para dedicarse a la vida de oración, con el cargo de abadesa o dómina del señorío. De este mismo periodo data la fundación del Infantado de Covarrubias para las infantas del condado de Castilla que optaban por la vida religiosa).

Pero apenas unos años después, en el año 988, durante el reinado de Bermudo II, León sufrió las razzias de Almanzor y las dos pequeñas iglesias, tanto la antigua de san Juan Bautista, como la nueva de san Pelayo, quedaron arrasadas. De todos modos, ya antes, y en vista del peligro, doña Teresa Ansúrez, reina viuda de Sancho I, y abadesa tras la muerte de doña Elvira, había tenido la precaución de ordenar el traslado al monasterio de san Pelayo de Oviedo de la comunidad femenina, poniendo también a salvo los restos del santo niño cordobés, que ya nunca volvieron a León.

A comienzos del siglo XI la campaña de reconstrucción de León como urbe regia heredera del reino astur impulsada por Alfonso V, también afectó a la iglesia de san Juan Bautista y al monasterio de san Pelayo, levantados de nuevo con materiales pobres, tapial y ladrillo, y siguiendo todavía premisas constructivas prerrománicas, con testero tripartito recto, pues hasta avanzado el siglo XI la iglesia católica en el Reino de León practicó la liturgia visigótica o mozárabe aprobada en el Concilio de Toledo, sin que todavía se hubiera implantado la romana, que fue la que conllevó el cambio hacia el románico, impulsada desde el papado y que estaba experimentando una gran expansión gracias a la Orden benedictina de Cluny.

Ambas construcciones siguieron habitadas por una comunidad de canónigos, propia del Infantado, encargada de la iglesia de san Juan Bautista, y por otra de monjas que atendían el monasterio de san Pelayo, todos ellos bajo el mandato de la dómina la infanta doña Teresa, hermana de Alfonso V. Se cree que esta reconstrucción también incluyó dos cementerios, uno a la cabecera de la iglesia para obispos y otro a los pies a modo de atrio sin cubrir donde se depositaron los restos de Bermudo II y Elvira García, padres de Alfonso V, y donde él mismo también decidió que fuera su enterramiento.

En el segundo tercio del siglo XI doña Sancha de León, hija de Alfonso V y dómina del Infantado de san Pelayo antes de su matrimonio con Fernando I, último conde de Castilla y rey consorte de León aunque con poder efectivo, considerado el primer rey de Castilla y León, convenció a su esposo para que eligiera este templo como lugar de enterramiento en vez del monasterio de Arlanza o el de Oña, las otras dos posibilidades barajadas dado que su condado era el de Castilla.

Estos monarcas pronto decidieron sustituir la humilde edificación de Alfonso V por una nueva más acorde con las nuevas funciones del templo. Lo que podría deducirse de los estudios arqueológicos es que esta nueva iglesia sería de tres naves sin crucero, cabecera tripartita con testeros rectos escalonados y cubierta de madera, respondiendo todavía a la tradición prerrománica asturiana. Pero también se baraja la hipótesis de que el nuevo templo, al tener un alzado ya realizado en piedra bien labrada, fuera una construcción híbrida con elementos ya románicos como fruto de la alianza de Fernando I con Cluny en la implantación del rito romano en sustitución del mozárabe, la vía de expansión por toda Europa de las nuevas premisas artísticas románicas, coincidiendo con el hecho histórico de que a partir de estas fechas la comunidad de monjas se adscribió a la Regla benedictina aunque, como Infantazgdo que era, siguiera contando con un cabildo de canónigos.

Hipótesis de cómo sería la planta (señalada en rosa) de la iglesia mandada
construir por Fernando I y doña Sancha (2)

De todos modos, el templo todavía no estuvo abierto a los fieles sino que era una pequeña capilla palatina para uso de los monarcas, con el palacio, pegado a la muralla, adosado a la esquina suroeste de la iglesia, que fue consagrada a fines de 1062.

La iglesia desde el sotocoro

Siguiendo la costumbre, y como forma de prestigiar la fundación y fomentar las peregrinaciones, una gran fuente de ingresos en la época y en pleno Camino de Santiago, a fines de 1062 y durante la ceremonia de consagración, el templo recibió los restos de san Isidoro de Sevilla, y los de san Vicente y sus hermanas Sabina y Cristeta, que estaban en el monasterio de Arlanza procedentes de la iglesia de san Vicente de Ávila, que se unieron a la ya antigua reliquia de la mandíbula de san Juan Bautista. También se cambió la advocación a san Isidoro en exclusividad. Los reyes, además, dotaron la nueva fundación con un excepcional ajuar litúrgico, hoy conocido como Tesoro de León, e importantes propiedades.

En cuanto a la construcción del Panteón Real, los autores no se ponen de acuerdo. Unos lo datan en tiempos de Fernando I y doña Sancha mediante la modificación del espacio dedicado a enterramiento a los pies de la iglesia donde habían recibido sepultura Alfonso V y sus padres, cerrándolo mediante muros alineados con los de la iglesia, y en el que recibieron sepultura Bermudo II, hermano de doña Sancha, los propios reyes, tres de sus hijos, la infanta Urraca de Zamora, la infanta Elvira de Toro y el rey García de Galicia, y el tío de don Fernando I, don García Sánchez de Castilla, de quien él había heredado el condado. El conjunto se habría completado con una galería porticada en L adosada a los muros norte y oeste del panteón y con una tribuna real superior abierta a la iglesia, ámbito muy propio de una capilla palatina y a la que se accedía a través del palacio.

Panteón Real de San Isidoro de León (3)

Otros autores creen que tanto el Panteón Real como la galería fueron obra de la infanta doña Urraca de Zamora, dómina del Infantado e hija de Fernando I y Sancha, a fines del siglo XI, cuya intervención los primeros consideran que se centró solamente en la decoración pictórica. Esta infanta también enriqueció la iglesia con importantes donaciones entre las que destacan el famoso Cáliz de doña Urraca, últimamente identificado por algunos estudiosos con el Santo Grial, y un crucifijo de oro y marfil hoy desaparecido.

La infanta doña Urraca de Zamora en el Tumbo A
de la Catedral de Santiago de Compostela (4)

También sería en ese periodo, a fines del siglo XI o comienzos del XII, cuando se iniciara la construcción de un templo mucho más grande, ya plenamente románico, porque la pequeña capilla palatina se habría quedado pequeña para la gran afluencia de peregrinos que pasaban por León camino de Santiago y veneraban las reliquias de San Isidoro. Según recientes investigaciones arqueológicas este nuevo templo aprovecharía parte del trazado de los muros norte y oeste del anterior para conformarse con tres naves, transepto y tres ábsides semicirculares. Además, la galería porticada que rodeaba al panteón se prolongó por todo el muro del Evangelio de la iglesia hasta llegar al transepto.

San Isidoro a la altura del crucero

Otros autores, basándose en fuentes epigráficas que informan de una consagración de la iglesia en 1149, durante el reinando Alfonso VII y con su hermana la infanta doña Sancha Raimúndez como dómina del Infantado, han defendido que la adición del transepto no se produjo en tiempos de doña Urraca de Zamora sino que fue una decisión de la reina Urraca I, hija de Alfonso VI y madre de Alfonso VII y doña Sancha Raimúndez, en el primer cuarto del siglo XII, cuando también creen que se levantó una nueva cabecera en la que se reutilizarían elementos decorativos de la inmediatamente anterior, una obra que quedaría terminada ya en tiempos de sus hijos, de ahí la fecha de consagración.

Doña Urraca I de León en el Tumbo A de la Catedral
de Santiago de Compostela (5)

Pero las últimas investigaciones históricas y arqueológicas parecen descartar esta hipótesis y consideran que la lápida se estaría refiriendo a la culminación de unas reformas promovidas por Alfonso VII, guiado por el firme propósito de difundir el culto a san Isidoro buscando convertir León, con su iglesia, el panteón y los restos del santo, en claro referente de su dinastía, y de la mano del maestro de obras Pedro de Deustamben, que no consistieron en introducir el transepto, que estaría pensado desde el principio, en la obra de doña Urraca de Zamora, sino en elevar en altura la nave central para incluir un cuerpo de ventanas que proporcionara luz directa al templo y cubrirla con bóveda de cañón, con las naves laterales con bóvedas de arista en vez de techumbres de madera.

Altura de la nave central

Pero este cambio provocó rápidamente el colapso y ruina en la mitad occidental del templo, por lo que, ya en el reinado de Fernando II, fue necesaria una importante intervención en la que varias bóvedas, tanto en la nave central como en las laterales, se realizaron en ladrillo y se reforzaron los arcos fajones y sus soportes en las naves mediante semicolumnas. Incluso la última pareja de pilares adosados a los muros de las naves laterales discurre por delante de las ventanas.

Cubierta de cañón de la nave central. Las partes enfoscadas son las que se reconstruyeron en ladrillo

Nave del Evangelio desde el transepto. Se observan las dos primeras bóvedas en piedra y el resto
enfoscadas tapando el ladrillo. también se aprecia la deformación de los arcos fajones
por el empuje de la nave central

Columna que soporta un arco fajón de la nave del Evangelio y que discurre por delante de una ventana

En ese mismo proceso también tuvo que reconstruirse parte de la fachada sur, reforzada con gruesos contrafuertes, incluyendo la Puerta del Cordero, portada principal del templo, abierta al cuarto tramo de la nave de la Epístola. La fachada norte no se habría visto tan afectada por el colapso al estar protegida por las estructuras del claustro románico, del que sólo se conserva, precisamente, la crujía adosada a la nave del Evangelio. Aun así, la fábrica fue arrastrando problemas estructurales durante toda su existencia hasta una consolidación ya en el siglo XXI.

En cuanto a la comunidad que habitaba el cenobio, en la década de 1140, periodo de la infanta doña Sancha Raimúndez como dómina, el cenobio empezó a depender exclusivamente de un cabildo de Canónigos Regulares adscrito a la Regla de san Agustín, bajo el priorato de Pedro Arias, y las monjas abandonaron San Isidoro.

Durante el reinado de Fernando II, en la segunda mitad del siglo XII, el papa Alejandro III elevó a San Isidoro al rango de abadía, con una serie de privilegios entre los que estuvo la exención de la jurisdicción episcopal, siendo Menendo el primer prelado con dignidad abacial.

En 1191 se construye la capilla de la Santísima Trinidad adosada al ábside de la Epístola que, a efectos estructurales, evitó la ruina de esa zona.

Dejando de lado puntuales intervenciones provocadas por los continuos desajustes de la fábrica, la siguiente importante intervención en el templo tuvo lugar en el siglo XV, cuando el abad Simón Álvarez patrocinó la construcción de una tribuna gótica entre las tres primeras arcadas de la nave central.

A comienzos del siglo XVI Juan de Cusanza o Juan de León ordenó la construcción de la capilla gótica de santo Martino y el derribo del ábside románico para levantar el gótico con el que hoy cuenta el templo, una obra a cargo del arquitecto Juan de Badajoz el Viejo.

Según las investigaciones arqueológicas la siguiente planta indicaría la fecha de los restos constructivos localizados en la iglesia. El color amarillo señala lo que quedaría del templo que mandan erigir Fernando I y doña Sancha en el segundo tercio del siglo XI. El color beige marca la construcción de una iglesia de tres naves, tres ábsides y transepto a fines del siglo XI o comienzos del siglo XII durante el periodo de doña Urraca de Zamora, pero que cuando Alfonso VII decide elevar la altura de la nave central y cubrirla con bóveda de cañón, colapsa casi inmediatamente, ocasionando la ruina de la zona occidental del templo. El color rojo indica las labores de restauración de los cuatro últimos tramos occidentales introduciendo contrafuertes meridionales, bóvedas de ladrillo y reconstrucción de la Puerta del Cordero a mediados del siglo XII, durante el reinado de Fernando II. El color morado señala la construcción de la biblioteca a los pies del templo y del ábside mayor gótico. Finalmente, el color azul señala restauraciones menores en la fachada meridional entre los siglo XVII y XVIII y la adición de la peineta a la Puerta del Cordero.

Planta con las distintas intervenciones en la iglesia (6)

Durante el abaciato del arzobispo Juan Rodríguez Fonseca, entre 1519 y 1524, se construye un claustro procesional de ladrillo con cubiertas de combados y se tabica la galería porticada románica adosada a la nave del Evangelio de la iglesia.

Cubierta de combados del claustro procesional

A continuación don Pedro Suárez de Quiñones, comendador de san Isidoro, ordenó la transformación la sala capitular en su propia capilla fúnebre y en 1534 el Cabildo decidió transformar la tribuna real en sala capitular.

Ese mismo año el arquitecto Juan de Badajoz el Mozo demolió el primitivo palacio real románico en la esquina suroeste del conjunto para construir una biblioteca, un ámbito con acceso a través de una puerta también renacentista abierta en la antigua tribuna transformada en sala capitular que se cubrió con la primera bóveda elíptica del Renacimiento español.

En el siglo XVIII se modifica el claustro procesional añadiéndole grandes arquerías de medio punto y una segunda altura, pero la galería románica siguió quedando oculta tras el muro para contener los empujes que ejercía la nave central del templo, que ya habían provocado desplomes. También se construye un segundo patio en el que se ubica una hospedería, hoy reconvertida en hotel ocupando también parte de las crujías del claustro procesional.

Claustro procesional

Segundo patio, hoy hotel

El siglo XIX comenzó con la ocupación de la abadía durante la invasión francesa, el expolio de muchas de sus obras de arte y el incendio de la iglesia con la retirada de las tropas. A duras penas el monasterio fue ocupado de nuevo hasta la supresión de la comunidad en la desamortización de 1835, y aunque ésta fue restablecida en 1851 por bula del papa Pío IX, la restauración del edificio no comenzó hasta fines del siglo de la mano de los arquitectos Juan Bautista Lázaro y Juan Crisóstomo Torbado, extendiéndose hasta la década de 1920.

Durante la Guerra Civil el convento sufrió de nuevo saqueos y expolios. Terminada la contienda, el Cabildo volvió a ocupar el edificio y en 1942 la iglesia obtuvo el título de basílica menor. El arquitecto Luis Menéndez Pidal inició nuevas restauraciones bajo el la supervisión del Patronato Artístico Nacional, cuando se optó por demoler el muro de ladrillo que había dejado oculta durante varios siglos la galería románica. Pero en 1956 la decadencia del Cabildo Regular de San Isidoro era tal, con sólo el abad y tres ancianos canónigos, que fue necesaria una solución de urgencia, optándose por transformarlo en Instituto Secular Sacerdotal, encargado de mantener el culto en la basílica hasta la actualidad. Las campañas restauradoras se fueron sucediendo durante toda la segunda mitad del siglo XX afectando, sobre todo, a la basílica y al claustro procesional. En este periodo también se realizaron excavaciones arqueológicas que se han continuado en el siglo XXI junto al último plan restaurador entre 2004 y 2012 que ha afectado a casi todos los ámbitos del conjunto monumental que hoy forma San Isidoro, estando en curso una nueva restauración del claustro procesional, y quedando pendiente todavía una intervención en el museo y la restauración del Panteón Real.

Galería románica del claustro redescubierta en el siglo XX asomando por detrás la nave central del templo

La iglesia, orientada canónicamente con la cabecera hacia el este y los pies hacia el oeste, presenta toda su fachada sur despejada, con dos portadas, la Puerta del Cordero abierta al cuarto tramo de la nave de la Epístola y la Puerta del Perdón en el brazo del transepto de ese mismo lado, toda ella rodeada por un atrio abierto a una plaza desde la que puede observarse el edificio en todo su esplendor.

Fachada sur de la basílica (7)

Alzado de la fachada sur (8)

Planta de San Isidoro. Planoteca IPCE. Las indicaciones son mías

El resto del edificio está envuelto por otras construcciones, con la muralla hacia el oeste, donde sobresale la Torre del Gallo, y el claustro procesional y otro patio barroco adosados, sucesivamente, hacia el norte.

La Torre del Gallo se ubica a los pies del Panteón Real y está empotrada en la muralla romana. Es de planta cuadrada y sus dos primeros cuerpos tuvieron funciones defensivas, pertenecientes al siglo XI, en tiempos de Fernando I, mientras que los dos siguientes ya son del siglo XII y se corresponden con su función de campanario. Está coronada con un chapitel de pizarra y una veleta con un gallo que es la que da nombre a la torre, convertido en símbolo de la ciudad.

Torre campanario

Durante la importante campaña de restauraciones en la década de 1960 dirigida por el arquitecto Luis Menéndez Pidal se realizaron obras de restauración de esta torre que fueron continuadas a comienzos del presente siglo por otras de consolidación siguiendo los métodos más avanzados en este sentido. También se optó por sustituir la famosa veleta por una reproducción, y la origianl se exhibe en el museo.

La Puerta del Cordero está dividida en dos cuerpos, con una peineta ya barroca incorporada en el siglo XVIII compuesta por un escudo real central y rematada por una escultura de San Isidoro a caballo que sigue la iconografía del Pendón de Baeza, pieza conservada en el propio museo de la basílica, y una portada inferior que quedó configurada tal y como hoy la conocemos tras la reconstrucción del templo durante el segundo tercio del siglo XII después del colapso producido por la desproporcionada altura de la nave central y que afectó a esta parte de la fachada sur.

Puerta del Cordero

Peineta de la Puerta del Cordero, añadida en el siglo XVIII

Presenta un vano abocinado de medio punto con tres arquivoltas con escocias decoradas con palmetas, dos apoyadas en columnas sobre plintos muy altos que no son originales y capiteles decorados con figuras del bestiario medieval y una tercera dovelada que descansa sobre las jambas, todo ello rodeado de una moldura ajedrezada.

Arco de la Puerta del Cordero

En cuanto al tímpano, apoyado sobre jambas rematadas por cabezas de carneros, está formado por tres placas y muestra dos zonas diferenciadas relacionadas con la Redención. En la parte baja se representa el Sacrificio de Isaac, prefiguración de la Crucifixión en el Antiguo Testamento, asunto habitual en la Hispania mozárabe, justo cuando escucha la voz de Dios, representada en la Dextera Dei, flanqueado por la doble descendencia de Abraham, Sara a la puerta de su tienda con unos criados, a la derecha, e Ismael, representado como un arquero, y su madre Agar, esclava con la que Abraham tuvo el hijo antes que con su esposa, a la izquierda. En la parte la superior hay un Agnus Dei en roleo sustentado por dos ángeles flanqueados por otros dos portando los instrumentos de la Pasión. Las últimas investigaciones arqueológicas parecen indicar que esta decoración escultórica responde a dos épocas diferentes y que la escena con el Sacrificio se realizó durante el mencionado proceso de reconstrucción, reaprovechándose las tres placas superiores, que procederían de la anterior portada, para una nueva composición.

Tímpano de la Puerta del Cordero

Las enjutas también contienen relieves y figuras reutilizados colocados con cierto desorden. En la de la izquierda aparece san Isidoro, identificado mediante la inscripción “ISIDORUS” junto a su cabeza, bajo cuya advocación está el templo, los relieves de David y seis músicos y los símbolos del zodiaco. En el Museo de León se conserva otra escultura de san Vicente que se cree que haría pareja con san Isidoro, pues las reliquias de ambos santos fueron trasladadas al monasterio al mismo tiempo en 1063. En la jamba de la izquierda está la escultura de San Pelayo con los relieves de otros dos músicos y el resto de símbolos del zodiaco.

Enjutas del arco de la Puerta del Cordero

La fachada del transepto de la Epístola está dividida en dos cuerpos mediante una cornisa ajedrezada apoyada en canecillos. En el cuerpo superior se ubican tres arcos de medio punto, ciegos los dos laterales y el central cerrado por una reja románica y el cuerpo inferior contiene la que popularmente se conoce como Puerta del Perdón aunque en las fuentes medievales nunca aparece con ese nombre sino como Puerta de San Pedro porque era el acceso a la homónima parroquia ubicada en el ábside de la Epístola, suprimida en 1782 para unirse a la de Santa Marina. Por ella entraban los peregrinos del Camino de Santiago para conseguir las indulgencias en este templo, aunque ahora solamente permanece abierta en años de Jubileo Compostelano. Su ejecución es posterior a la del Cordero, perteneciente al románico pleno.

Fachada del transepto de la Epístola con la Puerta del Perdón

Con el conjunto rodeado por una moldura ajedrezada, el vano se compone de dos arquivoltas de medio punto ligeramente peraltadas que apoyan sobre sendas columnas acodilladas con plinto.

El tímpano, con dintel apoyado sobre dos cabezas de animales, quizá un león y un perro, girados como mirando al peregrino que accede al templo, se divide en tres dovelas con tres relieves con escenas de la Pasión de Cristo: el Descendimiento en el centro, flanqueado por la Ascensión y Las tres Marías ante el sepulcro vacío. Su tratamiento está ya muy alejado de la influencia mozárabe, atribuidos al maestro Esteban, que se cree que también trabajó en las catedrales de Pamplona y Santiago de Compostela, asuntos extendidos por el Camino de Santiago y después exportados a Francia, donde son de cronología posterior. En la rosca del arco se lee la inscripción “ASCENDO AD PATREM MEUM PATREM VESTRUM” (Asciendo a mi Padre, a vuestro Padre).

Tímpano de la Puerta del Perdón

Las esculturas de las enjutas sí muestran reminiscencias mozárabes, no por el asunto, con los dos patronos de Cluny y pilares de la Iglesia Romana, cuyo rito ya está completamente impuesto en la Península Ibérica, sino por la posición que ocupan, pues San Pablo se ubica a la derecha de la puerta, la izquierda para el espectador, el lado del Evangelio, el lugar preferente, porque en la liturgia hispánica es más venerado que San Pedro, colocado a la izquierda.

Detalle del arco de la Puerta del Perdón, con los santos Pedro y Pablo en las enjutas

La fachada del transepto del Evangelio contuvo la Puerta Norte o Capitular, que toma su nombre porque sólo funcionó como acceso público unas pocas décadas, pues en 1148 con la infanta doña Sancha Raimúndez como dómina del infantado, hermana de Alfonso VII, cuando en San Isidoro quedó instalado un cabildo de Canónigos Regulares adscrito a la Regla de san Agustín, se construyó una sala capitular lindante con este transepto y la portada pasó a ser el acceso a la misma, integrada dentro de la zona de clausura. Esta sala capitular después pasó a ser capilla funeraria de los Quiñones, zona no visitable en la actualidad, donde quedó integrada la portada aunque cegada.

Su composición sería muy similar a la de la Puerta del Perdón y aunque en la actualidad el tímpano es liso y antes estuvo pintado, en origen contendría un relieve sobre el que se ha planteado una hipótesis teniendo en cuenta el estudio de varios fragmentos escultóricos recopilados. Casi con toda seguridad en el centro figuraría una Maiestas Domini en mandorla rodeada de los símbolos del Tetramorfos flanqueado con un ángel girado hacia atrás para ofrecer la mano a un santo, quizá el propio San Isidoro, identificado con un abad u obispo porque porta báculo, al que presenta a la Divinidad, en actitud de mediador, y otro ángel al que, quizá, un hombre orante coge la mano ¿uno de los miembros de la familia real leonesa? Los fragmentos conservados son tan escasos que sólo es una conjetura, abierta a otras posibles interpretaciones si se localizaran más elementos.

Hipotética reconstrucción del tímpano de la Puerta Norte según T. Martin (9)

Contqría con una inscripción inferior que, según un fragmento localizado en el lapidario en el que puede leerse: [ ]NE MAIESTATIS ARCE + ADORAN[ ], Podría completarse como “SEDENTEM IN SUPERNE MAIESTATIS ARCE ADORANT” (“Sentado en la cima de la fortaleza de la Majestad, le adoran”), frase derivada de las alabanzas de los ángeles y las bestias que rodean el trono de Dios en el Apocalipsis.

Los dos tímpanos de las puertas de los transeptos podrían tener una lectura iconográfica conjunta en la que la sur resumiría la historia de la Muerte y Ascensión de Cristo como testimonio de Redención que da esperanza a los fieles animándolas a entrar al templo y en la norte se continuaría la historia con Cristo entronizado en el Cielo y preparado para juzgar a los hombres y ofreciendo la salvación a los peregrinos que visitaban las reliquias de san Isidoro, intercesor ante la Divinidad.

También se cree que en las enjutas de esta portada norte, igual que en la Puerta del Perdón aparecen los santos Pedro y Pablo, estarían, actuando como contrapunto, los santos Juan Evangelista y Santiago el Mayor, apóstoles y hermanos, creyéndose que un fragmento identificado con el Evangelista hoy conservado en el Museo de León, podría proceder de dicha portada.

Hipotética reconstrucción de la fachada norte del transepto según T. Martin (9)

En relación con la importancia de la Colegiata de San Isidoro en las peregrinaciones a Santiago, según consta en la llamada Guía del Peregrino, el libro V del Códice Calixtino, estos cuatro santos, los más importantes para Cluny, eran los que ocupaban la Portada de la Azabachería en la catedral compostelana, por la que, precisamente, entraban los peregrinos. Su introducción en ambas portadas del transepto de la Colegiata podría estar en relación con la intención de doña Urraca de Zamora de utilizarlas para resaltar los vínculos de la iglesia que prestigiaba su dinastía con los dos máximos poderes eclesiásticos del periodo, Cluny y Santiago.

En la fachada este destaca el cuerpo rectangular del ábside central gótico y sólo queda visible, a su derecha, parte del ábside románico de la Epístola, con sendos vanos, uno ciego y otro habilitado, organizados mediante arcos de medio punto apoyados sobre columnas con capiteles con decoración zoomórfica de románico pleno. Bajo la cornisa también destacan los canecillos, de variada decoración.

Ábside y transepto de la Epístola

Vano del ábside de la Epístola

Testero del ábside central gótico en la fachada este

Ya en el interior, el templo presenta planta de cruz latina con tres naves de seis tramos, coro alto a los pies y tres ábsides, los dos laterales, conservados de la construcción románica, cubiertos con bóveda de horno, y el central, fruto de una intervención gótica en el siglo XVI. Como las ampliaciones tuvieron que adaptarse a lo existente, el eje y la anchura de las naves laterales, muy estrechas, no coinciden con los de los ábsides.

Interior de la basílica de san Isidoro

Nave del Evangelio, con el ábside lateral al fondo, apreciándose cómo no coinciden en anchura ni eje

La nave central destaca por su altura, con pilares cruciformes con semicolumnas adosadas con capiteles vegetales e historiados, arcos doblados de medio punto peraltados, claristorio con grandes ventanas abocinadas también de medio punto y cubierta por bóveda de cañón con arcos fajones, unos apoyados sobre ménsulas, otros sobre semicolumnas y otros sobre pilares con semicolumnas y todos ellos reforzados por robustos contrafuertes exteriores.

Alzado de la nave central y de la del Evangelio desde el transepto de la Epístola

El crucero, con la misma altura que la nave central y también con cubierta de cañón, abre a los transeptos mediante arcos polilobulados que denotan influencia mozárabe, mientras que las cubiertas de las naves laterales presentan unos potentes arcos fajones pero entre los arcos se disponen unas tempranas bóvedas de arista.

El curcero desde el transepto del Evangelio, apreciándose los arcos polilobulados

Prestando atención a los capiteles, sus formas son muy diversas. Los hay de tradición clásica, con acantos, roleos, palmetas, con motivos vegetales, con representaciones inspiradas en el bestiario románico y otros que muestran escenas bíblicas.

Capitel del último pilar del lado del Evangelio, antes del transepto, con Sansón desquijarando al león

Capitel en el tercer pilar del lado de la Epístola con una escena de lucha entre hombres

Capitel del quinto pilar del lado de la Epístola con una Maiestas Domini

La capilla mayor es fruto de una intervención a partir de 1513 con el patrocinio del padre Juan de Cusanza y bajo la dirección de obras de Juan de Badajoz el Viejo en la que se sustituyó la antigua estructura románica de tiempos de doña Urraca de Zamora por otra gótica. Tiene planta rectangular, con testero plano, ventanas bíforas y cubierta de terceletes.

Cubierta de terceletes de la capilla mayor

Capilla mayor

El retablo mayor también es gótico y procede de la iglesia de santo Tomás de Pozuelo de la Orden de Valladolid, cuya parroquia, en 1920, cuando fue trasladado a San Isidoro, todavía pertenecía al obispado de León. Se realizó entre 1525 y 1531 con labores de talla y ensamblado todavía góticos de la mano del maestro Giralte, probablemente Giralte de Bruselas, con banco, tres cuerpos y siete calles, todo ello recorrido por un guardapolvo con decoración vegetal donde asoman animales, dragones y otros seres fantásticos.

La calle central está protagonizada por un ostensorio, que sustituye a una escultura de santo Tomás, titular de la iglesia de donde procede el retablo, y una talla de la Asunción bajo dosel que tampoco se considera original del retablo. Además, en la parte baja de la calle central se aloja una urna realizada por el orfebre leónes Antonio Rebollo en 1847 con los restos de san Isidoro.

Escultura de Santo Tomás que perteneció al retablo mayor
(la fotografía me la ha cedido para publicarla Juan
Carlos Álvarez Sánchez ¡Muchas Gracias!)

El resto muestra veinticuatro tablas de pintura realizadas por Lorenzo de Ávila, que quizá actuara como director artístico, Antonio Vázquez, ambos seguidores de Juan de Borgoña, y Andrés de Melgar, discípulo de Alonso Berruguete.

En el banco aparecen los apóstoles identificables por sus atributos y por parejas, una composición muy habitual en la época. Los del lado del Evangelio son san Mateo con san Judas Tadeo, san Simón Zelotes con san Bartolomé y san Andrés con san Pedro. En el de la Epístola se distribuyen san Pablo con san Juan Evangelista, Santiago el Menor con santo Tomás y Santiago el Mayor con san Felipe.

Retablo mayor

En el primer cuerpo se relata la Vida de santo Tomás, con seis escenas que toman la iconografía de la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine. El segundo cuerpo está dedicado al Ciclo de la Pasión de Cristo, con las escenas de la Oración en el huerto, el Prendimiento, Cristo ante Caifás (o Pilatos), la Flagelación, el Ecce Homo y Camino del Calvario. En cuanto al tercer cuerpo, se centra en el Ciclo de Vida de la Virgen, con el Abrazo ante la Puerta Dorada, la Natividad de la Virgen, los Desposorios, la Anunciación, la Circuncisión y la Asunción.

Escenas del lado del Evangelio del segundo y tercer cuerpo. Arriba se encuentran el Abrazo ante la Puerta Dorada,
la Natividad de la Virgen y los Desposorios; abajo vemos la Oración en el Huerto, el
Beso de Judas y Cristo ante Caifás (o Pilatos)

Escenas del lado de la Epístola del segundo y tercer cuerpo. Arriba se encuentran la Anunciación,
la Circuncisión y la Ascensión; abajo vemos la Flagelación,
el Ecce Homo y Camino del Calvario

La iglesia conserva muy poco de su decoración mueble, apenas reducida al retablo mayor, que ya se ha mencionado que no es el original, la sillería del coro que recorre el presbiterio y tres esculturas góticas: una de San Isidoro en el pilar de la Epístola ante el altar mayor y otra de la Virgen de la Concepción en el del Evangelio, que hace pareja con el Arcángel san Gabriel adosado al pilar del muro de la nave del Evangelio justo antes del Transepto.

Esculturas de la Virgen y el Arcángel san Gabriel

La Virgen de la Concepción y el Arcángel san Gabriel

Además, en ambos ábsides se exponen un Cristo del Sagrado Corazón y una Piedad.

Ábside de la Epístola con un Cristo del Sagrado Corazón y ábside del Evangelio con una Piedad

Detrás del ábside de la Epístola, con acceso mediante una puerta en el transepto, se ubica la capilla de la Santísima Trinidad, mandada construir hacia 1191 por Santo Martino, el canónigo de San Isidoro, para guardar las numerosas reliquias que había ido acumulando a lo largo de sus viajes y para que también sirviera de cementerio común de los canónigos en el ámbito del primitivo cementerio organizado durante el abaciato de doña Teresa, hermana de Alfonso V, dedicado a enterramiento de obispos.

A comienzos del siglo XVI fue ampliada por orden del abad don Juan de León adosándole otro espacio gótico de planta rectangular con cubierta de crucería y el conjunto cambió su denominación a Capilla de Santo Martino porque esta ampliación se construyó expresamente para alojar los restos de ese santo.

Cuenta con un retablo barroco del siglo XVII con la imagen del titular, la de santa Mónica, madre de san Agustín, la urna con los restos del santo y otras muchas reliquias atesoradas por el templo, obra de José de Margotedo, también autor del retablo mayor de la basílica, destruido en un incendio en 1811.

Capilla de Santo Martino (10)

El coro alto, que ocupa los tres primeros tramos de la nave central, es fruto de una intervención en la primera mitad del siglo XV por orden del abad Simón Álvarez, de ahí que su escudo se encuentra en una de las claves de la bóveda rebajada que lo sustenta.

Coro alto desde el crucero

En el sotocoro se conservan dos puertas, ambas tapiadas por el exterior. La de la izquierda es de medio punto con un crismón trinitario con el alfa y el omega invertidos y se cree que sería el primitivo acceso al palacio. La otra, casi en el centro, muestra reminiscencias mozárabes, formada por tres arcos de herradura con el interior polilobulado, abría directamente al panteón.

La iglesia desde el sotocoro

En el Panteón Real de san Isidoro, situado a los pies del templo, un ámbito cuadrado de poca altura dividido en tres naves de dos tramos mediante dos columnas centrales y cubierto con seis bóvedas de arista, reposan los restos de más de veinte reyes y reinas, doce infantes y nueve condes, conformado como uno de los ámbitos más importantes del románico, con un ciclo pictórico cuya datación más aceptada en la actualidad lo sitúa entre fines del siglo XI y principios del XII.

Panteón Real de San Isidoro de León (11)

Sobre el Panteón estuvo la Tribuna Real, un palco para uso exclusivo de los reyes, desde donde podían asistir a los oficios en el templo, compuesto por dos cuerpos rectangulares cubiertos con bóveda de cañón. Después se convirtió en dependencia del palacio de la infanta doña Sancha Raimúndez, dómina de la colegiata, y a fines del siglo XII el canónigo Santo Martino la convirtió en capilla de Santa Cruz, instalando allí su despacho. En el siglo XVI se habilitó como nueva sala capitular porque la antigua se había convertido en capilla funeraria de los Quiñones y desde 1962 es una de las salas del Museo de la Colegiata que se conoce como Cámara de doña Sancha.

La trascendencia histórico-artística del Panteón Real de la Basílica de san Isidoro de León, joya del Románico,  merece un artículo aparte junto al claustro procesional y al museo, dado que, además, en la visita turística estos ámbitos se ven juntos.

Otras COLEGIATAS en Viajar con el Arte:

La ex colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias, en Burgos

Referencias:

(6) UTRERO AGUDO, Mª Á. y MURILLO FRAGERO, J. I.: “San Isidoro de León. Construcción y reconstrucción de una basílica románica”, Arqueología de la Arquitectura, 11: e014. doi: http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2014.011
(9) MARTIN, T., “Una reconstrucción hipotética de la portada norte de la Real Colegiata de San Isidoro, León”. Archivo Español de Arte, LXXXI, 324, oct-dic 2008, pp. 377-378.

Fuentes:

CAVERO DOMÍNGUEZ, G., “El discurso de la Crónica silense: San Isidoro y el panteón real”, e-Spania, 14, décembre 2012 http://e-spania.revues.org/21612
MARTIN, T., “Una reconstrucción hipotética de la portada norte de la Real Colegiata de San Isidoro, León”. Archivo Español de Arte, LXXXI, 324, oct-dic 2008, pp. 377-378.
PARRADO, J. Mª, “Andrés de Melgar en el retablo de Pozuelo de la Orden. Las relaciones entre pintores en el medio castellano del primer tercio del siglo XVI”, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, BSAA, 1998, nºv64, pp. 255-277.
SILVAVERASTEGUI, Mª S. de, “Espacios para la penitencia pública y sus programas iconográficos en el Románico Hispano”. Clio y Crimen, 7, 2010, pp. 111-135.
UTRERO AGUDO, Mª Á. y MURILLO FRAGERO, J. I.: “San Isidoro de León. Construcción y reconstrucción de una basílica románica”, Arqueología de la Arquitectura,  nº 11,  2014: http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2014.011

8 comentarios:

nacho san marcos dijo...

Extraordinario reportaje sobre San Isidoro. Como siempre Sira, has elaborado la mejor guía posible del Monumento. Un trabajo perfectamente estructurado, y documentado con absoluta precisión y rigor. Te confieso nuevamente mi admiración por ti, pues cada trabajo tuyo es una exhaustiva tesis de las que aprendo muchísimo. Todos los monumentos cobran nueva vida tras tu certero análisis. Valoro especialmente el orden expositivo que va del acercamiento urbanístico, la descripción arquitectónica, al detalle artístico, recorriéndolo con tu propio ojo, que son tus impresionantes fotografías. El vocabulario exacto y docto que utilizas, además de ser un homenaje al idioma castellano, también lo es a la arquitectura. Me encanta y es para mi una fuente de conocimiento que no tiene precio. Mi felicitación, y agradecimiento sincero por tu sabiduría, y un fuerte abrazo.

๏jiт๏s dєl Gยคdiคภค dijo...

Qué preciosidad, Sira. Gracias por compartir tanta información.
Hace tiempo que te 'sigo', digo así porque para seguirte hacen falta dos vidas :)
Me encanta tu blog.
Estuve por primera vez en León hace medio año, será de los viajes que más he disfrutado. Me impactó muchísimo en todos los sentidos...su gente, sus monumentos.
Traje ( 'robada' ) una foto del Panteón Real; sin flash, claro.
Soy riojana y en mi pueblo -Nájera- tenemos el sepulcro de Bermudo III de León. Hay un monasterio muy bonito con panteón Real. Se da la circunstancia de que Nájera fue capital del Reino de Nájera-Pamplona, allá por el siglo XI; también campo de batalla de castellanos y navarros.
Mira, te dejo el sepulcro del que te hablo:
http://lavidadevezencuando.blogspot.com.es/2014/10/san-isidoro-de-leon-santa-maria-la-real.html

Un placer, Sira.
Blanca

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Nacho. De verdad que tus palabras me animan a seguir y me dan alas cuando, a veces, tengo dudas en mi obsesión de creer que son entradas demasiado largas y "sesudas" que no pueden interesar a nadie más que a mi. Te repito, las gracias siempre, a ti. Un fortísimo abrazo.

Pdt: disculpa mi tardanza en contestarte. No sé dónde tengo últimamente la cabeza.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias a ti, Blanca, encantada de acogerte entre los viajeros con el arte y espero que te "sigas" por mucho tiempo aunque sin agobios, que de lo que se trata es de disfrutar, como bien sabes. Yo también intenté "robar" alguna foto del Panteón pero me fue imposible, no sé si es que llevo retratado en la cara que soy "delincuente fotográfica" pero tuve a una de las vigilantes detrás de mí sin dejarme ni a sol ni sombra. De todos modos, en un ámbito tan maravilloso, después también me daría mucha pena solo tener malas fotos sacadas en despistes y sin poder encuadrar ni saber lo que verdaderamente va a salir. Tengo muchísimas ganas de visitar Nájera. Allí hubiera sido lo lógico que terminara enterrado Fernando I, aunque finalmente, y por influencia de su esposa, doña Sancha, eligió León. Muchas gracias por tu enlace. Un abrazo.

๏jiт๏s dєl Gยคdiคภค dijo...

Fernando I de León y su hermano García 'el de Nájera', batalla de Atapuerca. Crónica Najerense

https://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_I_de_Le%C3%B3n

Sira, por si vienes a Nájera ...
bgarcia.aldonza@gmail.com

Gracias a ti, por tu maravilloso blog.

Sira Gadea dijo...

¡Muchísimas gracias! Te tomo la palabra.

Benjamin montoliu dijo...

No esta mal la guia, pero creo que te deberias ver el libro de T. Martin "the queen as a king" y el articulo de gerardo boto "morfogenesis de san isidoro de leon", ademas de los estudios de J. Williams, que sin ellos son imposibles entender estos trabajos. Creo que hay fallos como que los restos de san isidoro vienen de arlanza (cuamdo vienen de sevilla) y que el monasterio en principio ya tenia advocacion doble a san pelayo y san juan bautista (solo era al santo cordobes). Seria interesange ddbatir ciertos temas, gracias por promocionar este gran templo!

Sira Gadea dijo...

Gracias por el comentario, Benjamín, pues me ha hecho darme cuenta del error en la redacción que había cometido en cuanto a la procedencia de los restos de san Isidoro, en una mezcla con los de los santos Vicente, Sabina y Cristeta. En el post del Panteón, sin embargo, sí estaba correcto. En cuanto a lo de la advocación, tienes razón, sería interesante debatir. De todos modos, el blog no pretende ser un lugar de publicación de investigaciones científicas sino un espacio de divulgación del patrimonio, pues considero que cuanto más se conozca, más se valorará y respetará. A cambio de tus consejos bibliográficos yo también me permito uno (mencionado en la bibliografía) que creo que es lo más reciente publicado y en el que ya se menciona el artículo de Boto: UTRERO AGUDO, Mª Á. y MURILLO FRAGERO, J. I.: “San Isidoro de León. Construcción y reconstrucción de una basílica románica”, Arqueología de la Arquitectura, nº 11, 2014: http://dx.doi.org/10.3989/arq.arqt.2014.011