El monasterio de San Juan de Duero en Soria

Los restos del monasterio de san Juan de Duero conforman uno de los monumentos más significativos del romántico castellano del que en la actualidad sólo se conservan la iglesia, que por sus dimensiones parece indicar que no fue un cenobio con especial trascendencia histórica, con una comunidad no muy amplia, y las arquerías del claustro, sin que apenas se sepa nada sobre cómo eran las dependencias anexas, que debían ocupar los lados norte, este y sur.

Ruinas de San Juan de Duero (1)

Aunque la fecha de su fundación no está constatada ni documental ni arqueológicamente, hay estudiosos que consideran que tuvo lugar en la primera mitad del siglo XII, cuando todavía este territorio estaba bajo la corona de Aragón, y que sería entregado a la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén en respuesta al testamento de Alfonso I el Batallador, fallecido en 1134, que para culminar su proyecto de repoblación, dejó los reinos de Aragón y Navarra a disposición de las Órdenes Militares, sabiéndose que la de San Juan estableció un priorato en estas tierras fronterizas con Castilla, con otros dos asentamientos en Ágreda y Almazán.

En este sentido, un documento fechado en 1152 indica que la Orden de San Juan de Jerusalén ya poseería ese enclave, extramuros de la ciudad de Soria, en la orilla izquierda del Duero, y cerca del “puente Pedrina”, una encomienda con su correspondiente iglesia, un enclave estratégico de acceso a la localidad desde Aragón y Navarra que concuerda con su carácter hospitalario y su vinculación con los caminos y la vías de peregrinación.

Otra vista de las ruinas con el puente que comunica con la ciudad de Soria al fondo (2)

Estuvo habitado hasta el primer tercio del siglo XVII y seguramente el culto continuó hasta el XVIII, aunque su semi ruina ya obligó a una temprana intervención para reparar el tejado de la iglesia porque en ella se celebraba la fiesta de los Jurados el día de san Juan. Pero el conjunto siguió degenerando, la iglesia terminó convertida en establo y en el claustro se habilitó un huerto, un deterioro que ni siquiera logro frenar su declaración como Monumento Nacional en 1882, primer edificio de la provincia de Soria que obtuvo dicho reconocimiento, pues aunque la Dirección General de Obras Públicas del Ministerio de Fomento aprobó un proyecto de obras para su reparación, estas se limitaron a desescombrar la iglesia, reparar el techo y explanar el claustro eliminando las plantas, continuando su uso como establo hasta que en 1902 empezaron varias obras de restauración y recuperación e incluso se aprobó un proyecto para cubrir las crujías del claustro que después no se materializó.

En 1934 se convirtió en Museo Epigráfico para exponer mosaicos e inscripciones procedentes del Museo Celtibérico. En 1973 se convirtió en una sección del Museo Numantino. En 1978 recibió los fondos medievales de ese museo y en 1992 se convirtió en Sección Medieval del mismo, hoy dependiente de la Junta de Castilla y León.

En una campaña arqueológica entre 1989 y 1990 en la huerta junto el muro sur del claustro se localizaron varios restos constructivos que se fecharon entre los siglos XIII y XIV y entre los siglos XV y XVII.

La iglesia muestra una estructura muy sencilla, repetida en más de veinte templos románicos castellanos cercanos, como los de Nafría de Llana, Castillejo de Robledo o Rejas de San Esteban, algo muy habitual en los hospitalarios, que acostumbraban a adoptar soluciones de acuerdo al tiempo y lugar en el que levantaban sus monasterios.

La portada, abierta en el centro del muro de la Epístola, muestra arco de ingreso y doble arquivolta de medio punto con jambas constituidas por pilastras que más bien son una prolongación de las dovelas, sin imposta o cimacio que las separe del arco. En el muro del Evangelio hay otra puerta compuesta por un simple arco de medio punto y un arcosolio de enterramiento empotrado en la pared y se conserva la lauda con difunto yacente con ropas sacerdotales, la cabeza apoyada en dos almohadones, las manos cruzadas y un cáliz sobre el pecho fechado a fines del siglo XV o comienzos del XVI.

Portada de la iglesia (1)

La fábrica es de encofrado de cal mezclado con pequeñas piedras calizas y cantos de río, reforzado en las esquinas y en los vanos con sillares de arenisca. Presenta planta rectangular irregular con nave única, muros en los que se conservan escasos restos de enlucido blanco con líneas negras que imitaban sillares, cubierta de madera y cabecera con fábrica más cuidada que destaca porque las dimensiones son algo mayores que lo habitual en templos tan sencillos. Recibe luz a través de las ventanas abiertas en el eje del ábside, en el muro sur del presbiterio y mediante la puerta, también en el muro sur.

La cabecera abre a la nave mediante arco de triunfo apuntado sobre pilastras con semicolumnas con capiteles de decoración vegetal derivada lejanamente de motivos silenses, y está compuesta por presbiterio cuadrado cubierto con bóveda de cañón apuntado y ábside semicircular con bóveda de horno también apuntado.

Cabecera de la iglesia

Capitel del arco de triunfo del ábside (1)

Sección de la iglesia. Planoteca IPCE.

En un momento posterior se añadieron dos baldaquinos de planta cuadrada elevados de la cota de la nave por tres escalones y formados por haces de cuatro columnas en sus cuatro esquinas que sustentan arcos de medio punto sobre los que se ubican sendas bóvedas, la del lado del Evangelio, esquifada al exterior y al interior, reforzada por gruesos nervios sobre ménsulas, y la de la Epístola, cónica al exterior y piramidal al interior, ambas cubiertas por capa de mortero sin decorar. Todos los capiteles presentan decoración.

Baldaquinos (1)

Interior de la bóveda del baldaquino de la Epístola

Interior de la bóveda del baldaquino del Evangelio (1)

Se sabe que el baldaquino del Evangelio estaba dedicado a San Juan Bautista, de ahí que uno de sus capiteles, el noroeste, represente la Decapitación de san Juan Bautista, con Herodes Antipas y Herodías de pie junto a la mesa en el banquete, su hija Salomé arrodillada ante su madre y un soldado con cota de malla y espada en alto agarrando al santo por el cabello. Por detrás hay un edificio almenado identificado con la fortaleza de Macheroo donde estuvo preso, y en otra cara hay un dragón del que le sale una mano de la boca.

Decapitación del Bautista

En el capitel suroeste vemos dos figuras quiméricas entre las que se ubican dos monstruos enseñando los dientes con alas y largas colas entrelazadas.

Capitel suroeste del baldaquino del Evangelio (1)

En cuanto al capitel sureste, muestra a un centauro disparando con su arco contra una hidra de siete cabezas cabalgado por un guerrero que parece agarrar por el cuello a otro dragón mientras un soldado intenta sujetar las alas de otro.

Capitel de la hidra de siete cabezas

Por último, el capitel noreste del baldaquino del Evangelio representa a dos dragones, uno enfrentándose a un ave con cabeza de fiera junto a una figura antropomorfa erguida mientras otro guerrero con cota de malla levanta una espada para atacar a algo que no se ve porque el capitel está embutido en el muro.

Capitel noreste del baldaquino del Evangelio (1)

Son todos temas negativos que acompañan a la ejecución del Bautista y que también protagonizan las cabezas que soportan los nervios de la bóveda, con dos monstruos con las bocas abiertas de forma amenazadora, una cabeza humana llevándose con desesperación las manos al rostro y un capitelito con decoración vegetal justo sobre la historia del Bautista.

En cuanto a los capiteles del baldaquino de la Epístola, dedicado a la Virgen María, desarrolla los Ciclos de la Infancia de Cristo y la Muerte de la Virgen. El capitel noroeste presenta cinco escenas: la Anunciación muestra a un ángel de rodillas sosteniendo una cruz apareciéndosele a la Virgen; la Visitación se representa con el habitual abrazo de las primas; la Natividad muestra a María acostada junto a la cuna con el niño y un buey y una mula, una comadrona y un ángel con una estrella; y el Anuncio a los Pastores representa al ángel indicándoles el camino para ir a adorar al Mesías y comparte espacio con la Epifanía, con los tres Magos con sus ofrendas presentándose ante la Virgen con el Niño.

Anunciación y Visitación (1)

Natividad

Anuncio a los pastores

En el capitel noreste aparece la Matanza de los Inocentes, con Herodes, espada en mano mesándose las barbas, escuchando a un demonio alado que le susurra al oído que ordene la muerte de los niños, una particularidad iconográfica soriana, con una madre arrodillada rogándole pos su hijo mientras un soldado se lo arrabata de las manos. Al otro lado otro soldado está descuartizando a otro niño ante otra madre que se araña las mejillas con desesperación.

Matanza de los Inocentes

En el capitel suroeste se representa la Huida a Egipto, con la Virgen sobre una mula con el Niño en su regazo mientras san José tira de las riendas y parece llamar a las puertas de una ciudad amurallada por la que asoma un pequeño personaje. Un ángel protege a los tres del acecho del mal, representado por una arpía.

Huida a Egipto

En el último capitel de este baldaquino de la Epístola, el sureste, aparecen los últimos días terrenales de la Virgen, con María flanqueada por dos ángeles que portan un vestido representando el anuncio de la muerte de la Virgen según los Evangelios Apócrifos, cuando un ángel le lleva las vestiduras para amortajarla. Otro de los ángeles porta una banda que se ha interpretado como el cinturón entregado a santo Tomás, que aparece arrodillado, como prueba de la Asunción de María al cielo.

Últimos días terrenales de la Virgen (1)

En cuanto a los soportes de los nervios, hay dos cabezas serenas, una de adulto barbado y otra de joven con largos cabellos, un monstruo que enseña los dientes y otro capitel vegetal.

Algunos autores explican la presencia de estos baldaquinos en relación con el incremento del culto en el monasterio con la llegada de los hospitalarios, a los que la iglesia que les habría sido entregada les resultó demasiado pobre y decidieron enriquecerla para satisfacer las necesidades del culto griego que traían desde el Mediterráneo oriental, colocando entre ambos templetes un velo que sirviera de iconostasis ante el altar mayor. Pero los documentos parecen corroborar que la iglesia que hoy conocemos fue levantada por los propios sanjuanistas a su llegada a la población a mediados del siglo XII, sin que se haya constatado la existencia de una edificación anterior. Además, tampoco se han localizado en los baldaquinos huellas que permitan saber dónde estuvieron sujetos los cortinajes.

Otros consideran que se levantaron para monumentalizar la cabecera, como forma de dignificación litúrgica, tomando como referente templetes o ciborios cuadrados con columnas y rematados con cúpulas abundantes en Tierra Santa, como el que corona el acceso al Calvario por la fachada sur del Santo Sepulcro de Jerusalén, la llamada Capilla de los Francos, o un baldaquino que remataba el edículo interior en la rotonda de la Anástasis, una fórmula de baldaquino que también fue utilizada en Europa Occidental.

Adosado a la fachada sur del templo se encuentra un atrio o claustro, que destaca, entre otras cosas, por sus grandes dimensiones en comparación con la iglesia, con unos veintisiete metros en su eje norte-sur y por unos treinta en su eje este-oeste. Conserva las arquerías pero no la cubierta, que debió ser de madera a un agua.

Crujía este

Comenzó a levantarse por la panda norte, la adosada a la iglesia, según lo habitual, al tiempo que se realizaba el primer tramo de la arquería oeste, por estar ahí el acceso al conjunto, en vez de continuar por la este, que era lo habitual por ser donde se alojaban la sala capitular y otras dependencias esenciales para la vida de la comunidad. Se adoptaron arcos de medio punto sobre columnas dobles con capiteles historiados, vegetales y animales que se asemejan a los del cercano claustro de san Pedro.

Panda norte, adosada a la iglesia (3)

Pero entre el último cuarto del siglo XII y las primeras décadas del XIII se decidió cambiar la traza concibiendo cada galería incluyendo dos tipos de arcos distintos, diferenciando cada mitad de cada panda. También se sustituyeron los habituales machones de las esquinas de los claustros por arcos en chaflán, algo que no estaba pensado desde el principio porque en el centro de la galería oeste hay una serie de arcos entrecruzados embutida en un machón preexistente, sin que las hiladas traben con la construcción previa, mientras que el machón de enfrente, en el centro de la panda este, que une arquerías de dos tipos, lo hace en perfecta trabazón y continuidad de hiladas, de lo que se deduce que estos dos últimos tipos de arcos formaron parte del mismo proyecto y campaña constructiva.

El resultado es un claustro que presenta cuatro soluciones distintas de arcos en cada dos mitades contiguas de galerías unidas por un ángulo.

Distintos tipos de arcos de San Juan de Duero (4)

Panda sur

Galería este (4)

Galería oeste (4)

Galería sur (4)

En el ángulo noroeste aparecen arcos de medio punto con columnas dobles sobre podio. Los cinco arcos del norte fueron reconstruidos en el siglo XX imitando las formas de los del oeste utilizando capiteles que habían sido usados para tapiar las puertas del recinto. La decoración de los capiteles es preferentemente vegetal, con acantos, hojas palmeadas o lobuladas, algunas composiciones antropomorfas y tres capiteles narrativos con la Parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, el Banquete de Herodes y la decapitación del Bautista, y la Visitatio Sepulcri.

Arcos oeste del ángulo noroeste, donde se conservan capiteles historiados (3)

Arcos norte del ángulo noroeste, reconstruidos en el siglo XX

Capiteles románicos del ángulo noroeste

Los arcos del ángulo noreste son de herradura apuntados, doblados y sin clave, con número de dovelas pares, con cimacios simulados y moldura vertical sobre los capiteles que parece corresponder a un alfiz aunque no se puede confirmar porque no se conserva ninguna de las piezas altas horizontales. Al ser arcos doblados, necesitan de soportes de sección cruciforme, de ahí que estos sean cuatro fustes yuxtapuestos sobre zócalos individualizados. El tramo norte tiene seis arcos y el este tiene cuatro.

Ángulo noreste

Los capiteles tienen decoración vegetal de palmas, palmetas y frutos que parecen repetir fórmulas tardorrománicas, uno de entrelazo geométrico y otro con arpías. Aquí ya se sustituye el machón de la esquina por el acto en chaflán, también de herradura apuntado.

En el ángulo suroeste se sitúan arcos apuntados entrecruzados cuyo despiece no es radial porque los encuentros entre arcos son incompatibles con la geometría normal de las dovelas, con tres tipos de piezas distintas, un tipo insólito de despiece, que hace pensar en que no se corresponde a tradición hispanomusulmana. Apoyan en zócalos individualizados, columnas gemelas y capiteles dobles con decoración vegetal y distintos tamaños que recuerdan a combinaciones del norte de Francia de fines del siglo XII y comienzos del XIII, como algún tallo esbelto a la manera de crochet.

Ángulo suroeste

En el centro de la galería meridional hay una puerta formada por un arco en el que se inscriben dos medios entrecruzados formando una pieza pinjante, otro elemento que llama mucho la atención y que suscita variadas interpretaciones en cuanto a su uso y significado.

Galería sur, con una puerta central que no se sabe para qué se utilizaba (3)

Puerta central de la galería sur (3)

Para terminar, los arcos del ángulo sureste son apuntados entrecruzados que arrancan más abajo que en el tramo C y presentan pilares con acanaladuras verticales en vez de columnas.

Ángulo sureste

Estas galerías se alejan de las fórmulas típicas de los claustros románicos por la diversidad de diseño de arquerías, la presencia de arcos en chaflán en las esquinas y la eliminación del podio. Además, la similitud de la traza en los tramos sureste y suroeste y de la presencia de fustes torsos flanqueando los machones centrales y los arcos de las esquinas hacen pensar en que fueron proyectados y ejecutados bajo la dirección de un mismo maestro y en la misma campaña.

De todos modos, los estudiosos no se ponen de acuerdo a la hora de calificar este curioso ámbito como claustro o como atrio, pues aunque sí existe constancia arqueológica y documental de la existencia de dependencias anexas propias de un claustro, la ausencia de podio de separación entre las crujías y el espacio central y de un acceso directo y público al templo desde el exterior, al que se entraba desde aquí, son características que más bien nos están hablando de un atrio o patio, aunque en las encomiendas sanjuanistas los patios ni son generalizados, a pesar de que en la encomienda de Almazán, también en Soria, también existió, ni las dependencias seguían unas pautas estrictas, como sí ocurría en los monasterios de regla benedictina.

Lo que sí se sabe del patio de san Juan de Duero es que su destino fue funerario, con estudios arqueológicos que demuestran que las galerías estaban completamente colmatadas de tumbas realizadas con lajas de piedra verticales con los cuerpos orientados con las cabezas hacia el este, incluso con un arcosolio en el muro meridional de la iglesia que algunos autores consideran que sería del patrocinador de la terminación del claustro.

Los mencionados capiteles historiados en el tramo suroeste, junto a la iglesia, van en esa línea. Estos son: el Banquete de Herodes con la decapitación del Bautista, que está muy deteriorado; la Parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, que representa el opíparo banquete del rico mientras a su lado unos perros están lamiendo las piernas llagadas del pobre; pero la muerte y el Juicio Final pondrán a cada uno en su sitio, de ahí que al lado aparezca un ángel que sostiene el alma de Lázaro y Abraham lo acoge en su seno mientras la cabeza del Leviatán se está tragando a Epulón; y la Visitatio Sepulcri, con un ángel junto al sepulcro y las tres Marías con sus frascos, un asunto usado en el arte románico como símbolo de la Resurrección de Cristo porque esta visita de las Marías sí está narrada en los Evangelios pero ninguno cuenta cómo salió Cristo de su tumba, de ahí que la representación de Cristo saliendo del sepulcro sea excepcional en esa época.

Capitel con la Parábola de Epulón y Lázaro (3)

Capitel con la Visitatio Sepulcri (3)

El tema de la Visitatio Sepulcri, además, fue muy frecuente en iglesias que evocaban el Santo Sepulcro de Jerusalén, como en uno de los ábsides de Torres del Río, en el relieve de la puerta de la Veracruz de Segovia o en el tímpano de la capilla bajo la torre en la iglesia de los santos Justo y Pastor también de Segovia.

Visitatio Sepulcri en la iglesia de los santos Justo y Pastor de Segovia

En este sentido, se sabe de la existencia de claustros funerarios en edificios románicos donde no parece muy normal que existieran porque no servían a una comunidad monástica o canónica, como en San Pedro de la Rúa de Estella, un priorato que funcionó como parroquia perteneciente al monasterio de San Juan de la Peña, que también se asemeja a San Juan de Duero en las relaciones de tamaño entre la iglesia y el patio.

El carácter ochavado que adoptan las tres últimas esquinas construidas, a partir del cambio de diseño, cuando los tradicionales machones son sustituidos por puertas en chaflán, se corresponden con el trazado del muro perimetral, lo que ha hecho pensar a algunos estudiosos que lo que se buscó es convertir el patio en una evocación del Santo Sepulcro de Jerusalén de igual manera que otras muchas iglesias románicas adoptaron la forma octogonal, como la del Santo Sepulcro de Torres del Río o la mencionada de la Veracruz de Segovia.

En cuanto a los arcos en las esquinas, también podrían relacionarse con el Santo Sepulcro. La reconstrucción de la rotonda de la Anástasis en el siglo XI, después de su destrucción, quedó conformada como un espacio circular con deambulatorio separado mediante tramos de cuatro arcos sobre columnas, y en el eje norte-sur y al oeste se abrieron tres arcos sobre pilares que comunicaban con altares secundarios, siendo quizá este esquema el que quisieron repetir los responsables de la segunda campaña de construcción de San Juan de Duero, haciendo que sus galerías funcionaran como una especie de deambulatorio alrededor de una Anástasis central. En este sentido, los arcos exteriores están adornados con un motivo geométrico de tres fajas en zigzag que no aparece en ningún otro edificio románico hispano y que, sin embargo, se parece mucho al motivo que enmarca las puertas y ventanas de la fachada sur del Santo Sepulcro de Jerusalén, con una sucesión de piezas a modo de dientes de sierra perpendiculares a los arcos, aunque no están dispuestas en serie zigzagueante, como en Soria, sino una encima de otra en composición radial.

Arco del chaflán del ángulo sureste

Las columnas torsas que flanquean los arcos en chaflán, dada su presencia en el edículo interior de la rotonda del Santo Sepulcro, también son elementos frecuentemente utilizados para evocar ese monumento.

Muchos estudiosos explican las arquerías apuntadas y entrecruzadas de la segunda fase de San Juan de Duero como recurso a una fórmula utilizada en el arte hispanomusulmán interpretado como evocación de Tierra Santa a ojos del comitente o alarife.

También los hay que hablan de la presencia de arcos apuntados y arcos de herradura apuntados en construcciones islámicas y en Tierra Santa, como en la Qubbat al-Miraj de Jerusalén, fechada inmediatamente antes o después de la toma de la ciudad santa en 1187, rematada por una linterna adornada con arcos entrecruzados. En este sentido, el Santo Sepulcro pudo contar con alguna construcción similar hoy desaparecida y que podría explicar la presencia de nervios entrecruzados de la bóveda de Torres del Rio o en la Veracruz de Segovia, tanto en la bóveda del piso inferior del edículo central como en el frente de altar del piso superior de dicho edículo.

Otros autores las ponen en relación con el claustro de los capuchinos de Amalfi e incluso con el de la catedral de la misma ciudad italiana, con arcos entrelazados con función arquitectónica y no sólo ornamental. En este sentido, fueron precisamente comerciantes de Amalfi los que crearon el hospital de Jerusalén que se convirtió en embrión de la Orden de los Hospitalarios de San Juan tras la toma de la ciudad santa en 1099, aunque tras la conquista de Saladino en 1186 se retiraran a Acre, en 1310 pasaran a Rodas y en 1530 se establecieran en Malta, cuando empezaron a conocerse como Orden de Malta.

Hay también que destacar que el entrelazo, en general, suele aparecer en obras románicas relacionadas con el Santo Sepulcro porque a veces se utilizaba en relación con el culto a la Santa Cruz. Así podría interpretarse en el arco que enmarca el tímpano de la Visitatio Sepulcri en la mencionada iglesia de los santos Justo y Pastor de Segovia, en uno de los adornos del tímpano de la iglesia hospitalaria de San Martín de Leache en Navarra o en las celosías de las ventanas de Torres del Río.

La diversidad de arcos no parece copiada de obra previa alguna sino más bien resultado de un proceso creativo propio en el que muy probablemente habría un comitente que quería evocar el Santo Sepulcro de Jerusalén, que conocería de primera mano, tanto con las arquerías como con los baldaquinos interiores, confiando la ejecución a un maestro de formación occidental tardorrománica sin influencias hispanomusulmanas, que no habría conocido personalmente Tierra Santa.

En este mismo sentido, la mención documental más antigua conocida de la iglesia soriana, de 1152, de la que ya he hablado, indica que ésta no estuvo dedicada inicialmente a san Juan Bautista sino que su titularidad correspondía al Santo Sepulcro:

“(…) facio cartam donacionis et textum firmitatis Deo et sancto Hospitali Iherusalem et ecclesie Sancti Sepulcri qua in Sauria [habet] de illa plaza que est ulta civitatem Saurie in ripa fluvii de illa ponte Pedrina [usque] ad ipsam ecclesiam supra nominatam” (5)

Aunque un segundo documento de 1190 en relación con las posesiones de la Orden en Soria identifica al prior de San Juan de Jerusalén en Castilla entre 1169 y 1185 con Pedro de Arias, un destacado personaje de su tiempo, no puede afirmarse que él fuera el ideólogo de la galería soriana. Además, hay autores que creen que más que el prior, el comitente sería un potentado que impulsaría la reforma de la iglesia y del claustro con el deseo de convertirlo en su panteón.

Imágenes ajenas:

(5) Transcripción tomada de BARQUERO GOÑI, C., “La repoblación hospitalaria en la Corona de Castilla (siglos XII-XVI)”, Instituciones. Documentos, nº 24, 1997, pp. 71-100.

Fuentes:

MARTÍNEZ DE AGUIRRE, J., “San Juan de Duero y el Sepulcrum Domini de Jerusalén”. En HUERTA, P. L. (coord.), Siete maravillas del románico español, Aguilar de Campoo, 2009.
MELERO MONEO, Mª L., “El diablo en la Matanza de los inocentes: una particularidad de la escultura románica hispana”, D'Art, 12, 1986, pp. 113-126.

Comentarios

enrique ha dicho que…
Soria es una pura delicia, tanto la provincia como la capital.
Tiene además ese regusto literario que le dan Bécquer, Machado y dos figuras tan atractivas para mi como Ridruejo y Julian Marías, que pasó los veranos en Soria del año 1946 al 1977.
Dentro de los numerosos tesoros que contiene la capital ( a falta de catedral, que ciertamente está en El Burgo de Osma), destaca sin duda ese claustro o atrio que impresiona en su desnudez y complejidad. Es casi sorprendente que lo poco que se conserva sea a la vez tan importante y tan enigmático.
Recuerdo cuando lo recorrí casi azorado y a mi memoria saltaban las leyendas de Bécquer, el cercano Monte de las Animas y ese aura tan especial que tiene Soria en cada rincón.
Frine ha dicho que…
pero, ¿Soria existe!,

Kissss
y Kisssss
Sira Gadea ha dicho que…
Hola Enrique. No sé cómo se me pasó tu comentario del 22 de febrero. Disculpa por la tardanza en contestarte. Es verdad que San Juan de Duero es de esos lugares que dejan una huella imborrable. Un abrazo.
horaciodaniel ha dicho que…
Bellísimas fotos y sumamente rico e instructivo el reporte gracias por llevarnos a pasear por el tiempo y espacio
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias a ti, horaciodaniel.
nacho san marcos ha dicho que…
Gracias por tu gran reportaje Sira. San Juan de Duero me parece un monumento excepcional, y su imagen de conjunto que reflejas en las dos primeras fotos me parecen fundamentales para explicar las generalidades del monumento y su organización funcional. Tiene una iglesia de gran interés por su simplicidad con nave única, pero con una cabecera muy interesante por los 2 edículos enfrentados. Pero lo mejor es sin duda el llamativo claustro. Un alarde de imaginación, insólita geometría, trabajo de cantería y ornamentación en cada uno de los cuatro pórticos. Me parece interesante la relación que estableces con elementos del Santo Sepulcro de Jerusalén y también los paralelismos con las arquerías de Amalfi y los Duomos de Sicilia. Aunque creo que en Soria ha aparecido esa genialidad propia del artista concreto que huye de la ortodoxia y que desbarata todas las hipotéticas relaciones contextuales, y que siempre surge en la Historia del Arte como caso aislado.
Sira Gadea ha dicho que…
Como bien sabes, Nacho, los edificios de la Edad Media (también muchos de la Edad Moderna) son resultado de múltiples mentes pensantes. Aunque puedan dar como resultado una genialidad, es difícil atribuírsela a un artista concreto, más si tenemos en cuenta la escasa libertad de movimientos con la que trabajaban, pues los verdaderos ideólogos no eran ellos. Resulta romántico pensar que San Juan de Duero pueda ser una excepción a la regla.
x
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