Los dos primeros recintos del Monasterio de Santa María de Poblet en Vimbodí, Tarragona

El Real Monasterio de Santa María de Poblet, una de las abadías cistercienses más grandes de Europa, se encuentra rodeado de viñedos y de un frondoso bosque de pinos, cedros, abetos, encinas, robles, castaños, olmos, chopos… en una zona rica en agua, tanto por las numerosas fuentes que brotan como por estar en la confluencia del río Sec, el barranco de Castellfollit y el río Pruners, que pasa muy cerca de los muros de la abadía, en la localidad tarraconense de Vimbodí, al pie de la Sierra de Prades, en la comarca de la Conca de Barberà.

Después de habernos detenido en su apasionante historia a lo largo de los siglos, a la que podéis acceder en este enlace, ahora toca pasearnos por el monumento en la actualidad, un conjunto monasterial con tres recintos diferenciados que se ubica en un solar de más de una hectárea parcialmente rodeado de un muro almenado.

El monasterio con la zona de huertas abarcada por el primer recinto (1)

El acceso al primero de los recintos se realiza a través de la denominada Puerta de Prades, con arco de medio punto y un nicho con una imagen de la Virgen María, advocación del monasterio, en la parte exterior, y arco apuntado en la cara interior. Fue mandada edificar por el abad Fernando Lerín en la primera mitad del siglo XVI, de ahí la presencia de su escudo en uno de los muros.

En este primer recinto de edificaciones se desarrollaba la vida industrial y agrícola del cenobio, alojando las viviendas de los obreros, legos y demás “familia” del monasterio, talleres, bebederos, pozos… En la actualidad conserva varias edificaciones del siglo XIX que hacían la función de almacén agrícola y que hoy acogen la recepción de visitantes.

Ámbito de recepción de visitantes

Al lado de la puerta de acceso al segundo recinto se encuentra la Capilla de sant Jordi, financiada en 1452 por Alfonso V de Aragón para conmemorar la conquista de Nápoles en 1442 y que también está bajo la advocación de la Virgen del Rosario y san Miguel porque se supone que los tres protegieron al rey en la contienda. Presenta una portada gótica apuntada flanqueada por columnillas rematadas en pináculos y en la fachada se encuentran los escudos de Alfonso V y del abad Bartomeu Conill, pues se levantó durante su abadiato, además de una cimera y un dragón alado, símbolos reales. El interior se cubre con una bóveda de crucería estrellada que descarga en contrafuertes exteriores en los ángulos.

Capilla de sant Jordi

El acceso al segundo recinto se realiza por la llamada Puerta Dorada, una construcción de tipo militar de fines del siglo XV, del tiempo de los abades Miguel Delgado (1458-78) y Juan Payo Coello (1480-98), con sus respectivos escudos en la fachada.

Puerta Dorada y Capilla de sant Jordi

Además, bajo la cornisa de matacanes y almenas también aparecen las divisas de las coronas de Aragón, Sicilia y Castilla en alusión a Juan II y Fernando el Católico. La puerta se convirtió en el escenario ante el que los reyes, en sus visitas al monasterio, descabalgaban y, arrodillados en ricos reclinatorios, besaban el lignum crucis que les ofrecía el abad para después, bajo palio, entrar en la iglesia acompañados de la comunidad y de su séquito mientras se entonaba el Te Deum. Los primeros monarcas que siguieron este protocolo fueron los Reyes Católicos que, acompañados de sus hijos, el infante don Juan y las infantas doña Juana, doña Isabel y doña Catalina, hicieron una larga visita a Poblet en 1493.

En cuanto a la denominación como “dorada”, le viene desde que en 1564, con motivo de una visita y estancia de Felipe II en el monasterio en la Semana Santa, las primitivas hojas de bronce (las actuales son de cobre) fueron doradas.

Traspasada la Puerta Dorada nos encontramos con una gran plaza irregular. A la izquierda se ubicaban los edificios de gobernación, los talleres de carpintería y herrería, administración o el hospital de pobres y peregrinos, donde hoy se alza una nueva Hospedería, obra de 2010, conservándose sólo la antigua portada y la Capilla de santa Catalina, una construcción de mediados del siglo XIII que daba servicio a los hospedados, pues la iglesia del monasterio estaba reservada a los monjes, además de servir de parroquia para los laicos que vivían en el entorno del monasterio. Es de planta rectangular con puerta y ventanales de gusto románico a pesar de lo avanzado de su fecha de erección y se cubre con bóveda de cañón apuntada.

Plaza del segundo recinto, con la Capilla de santa Catalina a la izquierda y la fachada de la iglesia al fondo

En medio de la plaza está la gran cruz en piedra del abad Joan de Guimerá, obra del siglo XVI sobre un podio de cuatro escalones.

En este segundo recinto también están los restos del palacio abacial, construido por el abad Francisco Oliver de Botaller en el último cuarto del siglo XVI, con una larga galería de acceso a la iglesia mayor que fue añadida durante los abadiatos de Félix Genover y Baltasar Sayol en el primer tercio del siglo XVIII.

Plaza del segundo recinto, con los restos del palacio abacial a la izquierda y la Puerta Dorada al fondo

Plaza del segundo recinto, con la cruz de Guimerá y la Puerta Real, la entrada al recinto claustral entre dos torres, a la izquierda y la fachada de la iglesia a la derecha, que ya forman parte del tercer recinto

El tercer recinto, que aloja la iglesia y la zona claustral, está protegido por la gran muralla construida durante el reinado de Pedro IV el Ceremonioso de más de seiscientos metros de longitud, más de once metros de altura y dos de espesor y que cuenta con almenas y matacanes, paso de ronda y diez torres poligonales (de las Hostias, junto a la sacristía nueva, del Prior, del Aceite, del Baño, de las Casas Nuevas, de Armas, de San Esteba, de Locos, del Cardenal y del Zapatero) además de las dos que flanquean la entrada al recinto claustral.

Planta del tercer recinto (2)

Nave central de la iglesia desde los pies

Capilla real (3)

Cimborrio sobre el crucero

Crujía sur del claustro

Sala capitular

Dormitorio de monjes de coro

Pero para conocer este recinto, el más espectacular del conjunto, donde se conservan ámbitos tan impresionantes como la iglesia con su panteón real, la sala capitular o el famoso dormitorio de monjes, habrá que esperar a la publicación de otro post.

Y si queréis ver otros MONASTERIOS CISTERCIENSES en Viajar con el Arte, podéis acceder a ellos abriendo este enlace.

Referencias:


Fuentes:

MASOLIVER, A., “La biblioteca de Poblet”. En CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, F. J. (coord.), Monjes y monasterios españoles, Actas del simposium (1/5-IX-1995), Vol. 3, 1995, págs. 373-394.
NAVASCUÉS PALACIO, P., Monasterios en España. Arquitectura y vida monástica. Barcelona, Lunwerg, 2000.
MOLINA FIGUERAS, J., “La memoria visual de una dinastía. Pedro IV El Ceremonioso y la retórica de las imágenes en la corona de Aragón (1336-1387)”, Anales de Historia del Arte, Vol. 23, Núm. Especial (II), 2013, pp. 219-241.

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