La historia del antiguo Hospital de los Venerables de Sevilla

El Hospital de los Venerables, nombre popular con el que se conoce a esta institución en Sevilla, que fue residencia de sacerdotes ancianos y enfermos, ubicado en pleno barrio de Santa Cruz, un lugar privilegiado por su cercanía a la catedral, es uno de los edificios más interesantes de la arquitectura hispalense de la segunda mitad del siglo XVII, declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento desde 1971, y en la actualidad es la sede de la Fundación cultural hispalense Focus-Abengoa.

Bóveda de la iglesia del Hospital de los Venerables

Los orígenes de esta institución de caridad se inician en 1627 cuando la Hermandad de penitencia de Jesús Nazareno, actualmente conocida como la de El Silencio, con sede en el convento de San Antonio Abad, y gracias a la ayuda de don Antonio Álvarez de Toledo, VII duque de Alba de Tormes, pudo alquilar una casa en la calle de las Palmas, actual Jesús del Gran Poder, para dar cobijo y manutención a sacerdotes ancianos, pobres e impedidos, pues la situación del clero secular en esta época reproducía una estructura estamental similar a la del resto de la población, con un alto clero equiparable en honores y privilegios a la nobleza, un clero medio con ingresos suficientes para subsistir y un grupo formado por beneficiados, capellanes y curatos en general con muy pocos ingresos que incluso tenían que mendigar, en consonancia con el empobrecimiento paulatino que la ciudad experimentó a lo largo del siglo XVII, una Sevilla acosada por el hambre, la escasez, las riadas, las plagas, como la terrible peste que asoló la ciudad en 1649, los motines… Hay que tener en cuenta que con el término “hospital” se definían establecimientos no exclusivamente destinados a curar enfermos sino, más bien, casas de hospedaje en las que se socorría y amparaba a personas necesitadas.

Patio del Hospital de los Venerables Sacerdotes de Sevilla (1)

A partir de esta iniciativa se buscó fundar una Hermandad dedicada en exclusividad a ello, pero la falta de medios lo imposibilitó, pasando por otras casas hasta terminar en la ermita de San Blas, demasiado alejada de la ciudad para poder dar una buena asistencia, de ahí que la Hermandad sacerdotal de san Bernardo, una institución de mediados del siglo XIV formada por un número reducido de eclesiásticos que mantenían el conocido como Hospital de los Viejos para ancianos desvalidos, en 1659 decidiera acoger a los sacerdotes, aunque ésta no fuera la solución definitiva porque la institución carecía de medios para mantenerlos, viéndose la necesidad de crear una institución independiente que mantuviera un hospital exclusivamente dedicado a la asistencia de sacerdotes.

El principal valedor del proyecto fue don Justino de Neve Chaves, canónigo de la catedral hispalense, responsable del mantenimiento del edificio y de sus obras de arte como “mayordomo de fábrica de la catedral” y miembro de la Hermandad de san Bernardo, una de las personalidades sevillanas más carismáticas de la segunda mitad del siglo XVII, famoso por sus dotes diplomáticas, su devoción, su elocuencia, su cultura y su honradez, una persona respetada y querida por su generosidad, miembro también de la Hermandad Sacramental de Santa María la Blanca y gran impulsor de las reformas que se produjeron en esa iglesia en la década de 1660. Coleccionista de obras de arte, llegó a poseer ciento sesenta cuadros, dieciocho de ellos de su gran amigo Bartolomé Esteban Murillo, como el retrato que el pintor le hizo en 1665 en agradecimiento por haberle encargado las pinturas de Santa María la Blanca y que Neve dejó como legado al hospital, aunque durante la Invasión Francesa fue incautado y hoy está en la National Gallery de Londres. Además, y como mayordomo de fábrica, también encargó a Murillo la Inmaculada de la sala capitular, el Bautismo de Cristo para la capilla bautismal o de San Antonio y ocho pinturas de los santos sevillanos Isidoro, Fernando, Leandro, Hermenegildo, Laureano, Pío, Justa y Rufina.

Retrato de don Justino de Neve de Murillo en la National Gallery de Londres (2)

“Fundador de la Casa Hospital de Venerables Sacerdotes...Canónigo durante cuarenta años, Juez de Cruzada y Diputado para las fiestas de la canonización de San Fernando. Toda su vida la ilustró con obras de caridad, siendo los sacerdotes pobres los que más le llamaban la atención: por lo que todos los días comía con uno. No fue menos su esmero y celo para el culto de Dios, cuyos efectos se vieron en las obras que mandó hacer para adornar el templo de Santa María la Blanca, cuya devoción a esta imagen conservó hasta la muerte. Al señor Neve se debe la gran colección de pinturas del célebre Murillo, y otros autores que se hallan en la Sala Capitular de la Santa Iglesia; al mismo la restauración de las Hermandades de las Doncellas de la Santa Iglesia, y la de la Cátedra de San Pedro de Santa María la Blanca; en una palabra todas sus acciones se encaminaban a la mayor gloria de Dios y bien del próximo, cuyas virtudes le granjearon la mas general estimación”. Ortiz de Zúñiga en Annales eclesiásticos y seculares de la muy noble, y muy leal ciudad de Sevilla, metropoli de Andalucia (1677) (3)

Así, y gracias al impulso de don Justino, en 1676 el cabildo general decidió la fundación de la nueva Hermandad de los Venerables Sacerdotes de Sevilla, separada definitivamente de la de San Bernardo y dedicada exclusivamente a la acogida de sacerdotes ancianos, enfermos o pobres y también a dar hospedaje a los transeúntes. Para este nuevo proyecto don Justino contó con el apoyo del arzobispo de Sevilla, el cardenal don Ambrosio Ignacio de Espínola y Guzmán, que fue quien aprobó sus primeras constituciones y también fue nombrado Hermano Mayor perpetuo de la misma, oficio que quedó sujeto a la silla arzobispal desde el principio.

Retrato de don Ambrosio Espínola de Núñez de Villavicencio en el Ayuntamiento de Sevilla (4)

Como todavía quedaba buscar nuevo acomodo, don Justino entró en contacto con don Pedro Manuel Colón Portugal de la Cueva, Almirante de las Indias, duque de Veragua y conde de Gelves entre otros títulos, y en 1675 la negociaciones concluyeron con la cesión por parte del duque del llamado Corral de doña Elvira, en pleno corazón del barrio de Santa Cruz, que estaba abandonado desde que a principios de siglo se prohibieran todas las representaciones de comedias en la ciudad, y en la permuta de alguna casa colindante para lograr el solar necesario. Don Pedro Manuel se convirtió en patrono perpetuo de la institución con el privilegio de poder ser enterrado en la capilla mayor de la futura iglesia del hospital, aunque tras su muerte en Madrid en 1710 recibió sepultura en la parroquia de San Luis de la capital española.

“(…) damos y adjudicamos a S.E. el patronato de dicha yglesia que así se a de labrar en dicho ospicio, su entierro y bóbeda en toda la capilla mayor, donde no se an de poder enterrar sino sólo los herederos de S.E. y sus parientes y los sacerdotes que murieren en dicho ospicio, diuiviéndose, como se a de diuidir dicha bóbeda, en dos mitades, y toda la mitad que coge el lado de la Epístola a de ser, como es, y quedar y, desde luego la dexamos para los dichos sacerdotes, y toda la del lado del Euangelio a de ser y la dexamos para S.E. y sus sucessores y parientes” (5)

Inscripción en la galería baja del patio que recuerda la donación del solar por don Pedro Manuel Colón (6)

Ese mismo año de 1675 ya empezaron las obras del nuevo Hospital. El primer arquitecto que las dirigió fue el maestro alarife Juan Domínguez, uno de los más prestigiosos constructores sevillanos del último tercio del siglo XVII, aunque hay autores que consideran que las trazas serían de Esteban García, Maestro Mayor de la catedral y del arzobispado “y de los hospitales sujetos al Ordinario”, al que después Domínguez sustituyó en ambos cargos. En 1686 comenzó a trabajar en los Venerables Leonardo de Figueroa, aunque con una interrupción al año siguiente por un traslado a Carmona, y no vuelve a intervenir hasta 1695, quedando la obra concluida en 1697, de lo que se deduce que su labor debió ser muy limitada, quizá con una función de supervisor mientras se realizaban las labores de decoración, en las que intervinieron los artistas más relevantes de la época, con el maestro carpintero Juan García, el herrero Pedro Muñoz, el arquitecto José Tirado o los pintores Juan Valdés Leal y su hijo Lucas Valdés, que se encargaron de toda la decoración mural de la iglesia y de la realización de alguna otra pintura de caballete.

La institución, que se puso bajo la doble advocación de los santos Fernando y Pedro, se mantuvo gracias a la financiación de la hermandad fundadora, las limosnas y las donaciones reales, pero en 1805 casi no tenía medios para mantenerse. Además, durante la Invasión Francesa se derribó la iglesia de Santa Cruz y la parroquia pasó a la iglesia del hospital. Con las desamortizaciones de 1820 el edificio fue convertido en fábrica de tejidos y fósforos y aunque después la institución lo recuperó, en 1840 hubo un nuevo traslado de los sacerdotes a una sala del Hospital de la Caridad habilitada especialmente para ellos hasta que en 1848 las quejas de la hermandad fundadora consiguieron que les fueran devueltos sus bienes para que los sacerdotes regresaran a su hogar, manteniendo su función hasta la década de 1970.

En 1991, después de una restauración integral iniciada cuatro años antes y financiada por la Fundación Focus-Abengoa, el edificio se convirtió en sede de esta institución gracias a la cesión temporal del mismo por parte de sus propietarios, la Hermandad de los Venerables y el Arzobispado de Sevilla, y en él se celebran exposiciones, conciertos, conferencias y seminarios. En 1993 la restauración recibió el premio Europa Nostra.

La fundación tiene sus orígenes en 1972 a través de la edición de obras relacionadas con la cultura sevillana y la creación de un fondo de documentos, libros y grabados de ese mismo tema y en 1982 ya se conforma, gracias a don Javier Benjumea Puigcerver, fundador de Abengoa, como Fundación Fondo de Cultura de Sevilla (Focus) con el objetivo de contribuir a la conservación, difusión y desarrollo del patrimonio histórico y cultural de la ciudad y su proyección iberoamericana.

Desde 2007 el edificio también acoge el Centro Velázquez, una colección permanente de dieciseis pinturas de Herrera el Viejo, Bartolomeo Cavarozzi, Francisco Pacheco, Martínez Montañés, Francisco Varela, Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo o Velázquez, pintores vinculados a la Sevilla del Siglo de Oro, conformada a partir de la adquisición por parte de la fundación del cuadro Santa Rufina, atribuido a este último pintor, y del depósito de las otras, que son propiedad del Museo del Prado, del Ayuntamiento de Sevilla, del Arzobispado y de colecciones particulares.

Santa Rufina de Velázquez en la Fundación Focus-Abengoa (7)

Sala de exposiciones del Centro Velázquez (8)

En próximos artículos podremos pasearnos por la magnífica iglesia del Hospital y el resto de sus dependencias.

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Imágenes ajenas y otras referencias:

(5) MESTRE NAVAS, P. A., Los Libros de Protocolo de Bienes de las Instituciones Hospitalarias Sevillanas durante la Edad Moderna, Tesis doctoral, Universidad de Sevilla, 2015.

Fuentes:

FALCÓN MÁRQUEZ, T., “Algunas puntualizaciones sobre los hospitales de los Venerables y la Caridad”, Laboratorio de Arte, nº 11, 1998, pp. 183-193.
MESTRE NAVAS, P. A., Los Libros de Protocolo de Bienes de las Instituciones Hospitalarias Sevillanas durante la Edad Moderna, Tesis doctoral, Universidad de Sevilla, 2015.
VICENTE RABANAQUE, T., “Entre el rescate y el olvido. La querella que determinó la historia de unas pinturas murales, de Lucas Valdés, en la Sevilla del siglo XIX”, e-rph, nº 15, diciembre 2014, pp. 55-76.

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