Don Juan Pacheco, I marqués de Villena (mecenas y artistas)

Don Juan Pacheco, nacido en Belmonte, en la provincia de Cuenca, en 1419, era hijo de María Pacheco, hija de un emigrado portugués exiliado en Castilla tras la Batalla de Aljubarrota, y de Alonso Téllez-Girón, modesto señor rural de Belmonte, señorío que gobernaba en nombre de su mujer y al servicio de don Álvaro de Luna; pero gracias a sus maniobras políticas se convirtió en un noble poderoso e influyente, acumulando los títulos de marqués de Villena, que le fue otorgado por Juan II por su apoyo en la primera Batalla de Olmedo en 1445 y la derrota de los Infantes de Aragón, conde de Xiquena, duque de Escalona, gran maestre de la Orden de Santiago y Mayordomo mayor de Enrique IV, del que había sido doncel durante su infancia.

01Medallón barroco en San Marcos de León que representa a don Juan Pacheco, parte de 14 colocados en la fachada y que representan a algunos maestres de la Orden de Santiago (1)

Este fulgurante ascenso fue posible gracias a haber entrado como paje, junto a su hermano, Pedro Girón, en la casa de don Álvaro de Luna por propio consejo de éste a su padre, a continuación pasar a servir como donceles del príncipe don Enrique, futuro Enrique IV, y finalmente, ya por mandato regio, encargarse de su guarda y custodia, facilitando al joven e inteligente Pacheco una decisiva cercanía con el heredero, convirtiéndose en indispensable para él.

02Representación de Enrique IV de Castilla en una miniatura de un manuscrito del viajero alemán Jörg von Ehingen fechado ha. 1455 (2)

Así, a lo largo de su vida, un periodo de luchas y convulsiones internas en la península, desarrolló una frenética actividad, con un casi infinito poder de influencia en la toma de las decisiones políticas de Enrique IV, al que utilizó ya desde que era príncipe, apoyando unas veces a su padre, Juan II de Castilla y a su valido, el condestable don Pedro de Luna, o pasándose a la liga nobiliaria contra del poder real, según le convenía a sus propios intereses, sirviéndole para irse apoderando de dominios, señoríos y rentas cedidas una y otra vez por la Corona o don Álvaro como pagos a sus falsas promesas. Con la subida al trono del débil Enrique IV, su poder ya fue incontestable, pues el nuevo rey, sobre el que ejercía una casi infinita influencia fraguada desde la infancia, siempre le perdonó sus continuas traiciones y agasajó con nuevos títulos y rentas.

Otra de sus causas más famosas estuvo en relación la sucesión de la princesa doña Juana, hija de Enrique IV y apodada “La Beltraneja” porque en los mentideros de la corte se lanzó el rumor de que no era hija del rey sino de don Beltrán de la Cueva.

Y es que aunque en principio formó parte del bando opuesto a su sucesión, tras la designación de la princesa doña Isabel, hermana de padre del rey, hija de Juan II, como heredera a la corona en los Pactos de Guisando, y su matrimonio con el príncipe don Fernando de Aragón desoyendo la prohibición de su hermanastro y rey, optó por apoyar a la antes denostada doña Juana en contra del grupo nobiliario liderado por la familia Mendoza, que hasta ese momento habían defendido a la hija de Enrique IV pero que ahora se posicionaban a favor de doña Isabel quizá influenciados por el nombramiento de cardenal de don Pedro González de Mendoza y las promesas del cardenal Borgia, futuro papa Alejandro VI, a su paso por la península en cuanto a las grandes mercedes que recibiría por esta postura.

Pero don Juan murió en 1474, poco antes que el propio Enrique IV, sin llegar a ver cómo tras la guerra de sucesión que se desencadenó entre partidarios de una y otra princesa, fue doña Isabel la que finalmente se alzó con el trono de Castilla, comenzando a reinar como Isabel I.

El poderoso marqués casó tres veces, aunque el primer matrimonio, cuando tenía 17 años, con doña Angelina de Luna, prima del condestable don Álvaro de Luna, una maniobra de éste quizá ya adivinando sus extraordinarias dotes políticas y para tener controlado a un joven que ya mostraba el gran poder de influencia sobre el príncipe pero que le salió mal, propio Pacheco logró que se declarara nulo alegando que se había realizado bajo coacción y no haberse consumado. A continuación contrajo matrimonio con doña María Portocarrero Enríquez, con la que tuvo una abultada descendencia y enviudó. Finalmente, con doña María de Velasco, con quien tuvo una hija. Además, también tuvo varios hijos fuera del matrimonio.

Pacheco dividió sus posesiones entre sus tres hijos varones mayores, habidos con el matrimonio con doña María Portocarrero, instituyendo tres mayorazgos: don Diego López Pacheco heredó el primero, y los títulos de marqués de Villena y duque de Escalona; don Pedro Portocarrero el segundo; y don Alonso Téllez Girón el tercero, perpetuando así las tres ramas de su linaje: Pacheco, Portocarrero y Girón.

Las obras más importantes que gozaron de su patrocinio, ambas concluidas por don Diego, II marqués de Villena, fueron el castillo de Belmonte, tras nombrar a su villa de nacimiento capital de su marquesado hasta que finalmente le fue concedida la de Villena, que en un principio no iba asociada al título, y la capilla mayor de la iglesia del monasterio de Santa María del Parral en Segovia, lugar de enterramiento de su linaje según había dejado establecido en su último testamento, otorgado 1472.

03El castillo de Belmonte (3)

04Retablo de la capilla mayor de la iglesia de Santa María del Parral, con los sepulcros de don Juan Pacheco y doña María Portocarrero, a izquierda y derecha respectivamente

05Detalle de la sepultura de don Juan Pacheco, vestido con armadura decorada con finos grutescos y la Cruz de Santiago, arrodillado ante un reclinatorio y acompañado de un paje que le sostiene el casco y un escudo en el que también aparece la Cruz de Santiago. El fondo es un altorrelieve con un Llanto sobre Cristo muerto ambientado en la ciudad de Villena
 06Detalle de la sepultura de doña María Portocarrero, también orante pero sin reclinatorio, ante un almohadón con un libro abierto, acompañada de una dueña y con la escena del Santo Entierro también ambientado en la ciudad de Villena al fondo del arcosolio
  
La construcción del castillo de Belmonte se inició en 1456, probablemente según trazas de Hanequín de Bruselas y continuación de Juan Guas, que también trabajó para Pacheco en el monasterio del Parral, con una entrada aparte en este blog que puede consultarse.



Notas:
 
(1) http://elleoncurioso.blogspot.com.es/2008/08/medallones-de-san-marcos-2-prte.html
(2) http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_IV_de_Castilla
(3) http://castillodebelmonte.com/#&panel1-11
 
 
Bibliografía:

FRANCO SILVA, A., “Juan Pacheco. De doncel del príncipe de Asturias a marqués de Villena (1440-1445)”. Anuario de Estudios Medievales (AEM), 39/2, julio-diciembre 2009, pp. 723-775.
FRANCO SILVA, A., “Los testamentos de Juan Pacheco (1470-1472)”. Congreso de Historia del Señorío de Villena, octubre 1986. Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses, 1997, pp. 157-173. http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Pacheco
http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_IV_de_Castilla



Comentarios

Calamidad ha dicho que…
Después de haber vivido cinco años en Segovia y de haber intentado exprimir hasta el último rincón del arte de esa ciudad, me entero que el marqués de Villena fue el mecenas de El Parral (monasterio que me chifla). Hmmm, me parece que tendré que hacer una excursión en breve para ver de cerca esos arcosolios y oír a los benedictinos cantar gregoriano.

¡Muchas gracias, Sira!
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias a tí, Marisa. Espera un poquito y cuelgo la entrada dedicada al Parral porque lo de la visita tendrá que esperar, pues el jueves pasado lo cerraron por obras porque están construyendo en la propia iglesia una escalera de acceso al coro alto para que pueda admirarse la sillería del coro de Bartolomé Fernández, que antes estaba repartida entre el Arqueológico de Madrid y San Francisco el Grande y hace poquito fue recolocada en su sitio pero no se podía visitar porque no había acceso que no fuera desde la clausura. De todos modos podrás encontrarte benedictinos si están de visita:la comunidad es jerónima, jeje. Un beso.
selene ha dicho que…
Sira, hace unos días estuve haciendo un curso en el Instituto del Patrimonio Cultural de España sobre el traslado de diferentes estructuras y obras de arte. Una de ellas era la sillería que estuvo en el Arqueológico y en San Francisco el Grande, pero nos contaron que se había trasladado al Monasterio del Paular, ¿es el mismo? Por cierto el traslado y la restauración, increíble. MARISA (Arte en la Historia)
Sira Gadea ha dicho que…
Hola Marisa. Son diferentes, uno es la cartuja de Santa María del Paular(tengo reseña de este monasterio en el blog http://viajarconelarte.blogspot.com.es/2012/11/madrid-i-la-cartuja-de-santa-maria-de.html ), hoy regentado por una comunidad benedictina, y otro el monasterio jerónimo de Santa María del Parral. Bartolomé Fernández (también con pequeña reseña en el blog, http://viajarconelarte.blogspot.com.es/2012/10/bartolome-fernandez-mecenas-y-artistas.html ), fue el artífice de la sillería de monjes del Paular (para diferenciarla de la de conversos) y de la del coro alto del Parral, ambas desmontadas tras las exclaustraciones del siglo XIX y almacenadas por distintos lugares. Efectivamente, la del Paular, que según tenía entendido había estado en San Francisco, fue restaurada y restituida hace pocos años a la nave de la iglesia, su lugar de origen. En cuanto a la del Parral, después de otra restauración, ha sido recolocada en el coro alto creo que en mayo de este año. Espero haberte servido de ayuda. Un abrazo.

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