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lunes, 5 de enero de 2015

La iglesia de san Sebastián de los Caballeros de Toro

La iglesia de san Sebastián de los Caballeros se ubica en el centro de la Plaza de la Paja, extramuros del primer recinto amurallado de la ciudad de Toro, al lado de la Puerta de san Sebastián, cerca de la Plaza Mayor.

Interior de la iglesia de san Sebastián de los Caballeros de Toro

Ubicación de la iglesia de san Sebastián de los Caballeros en el entramado de la ciudad de Toro. Planoteca IPCE

Apenas se tienen datos sobre su fundación, aunque se sabe que fue parroquia desde comienzos del siglo XII hasta 1896, con una primera fábrica de ladrillo que a comienzos del siglo XVI precisó de una reconstrucción de la mano de Juan Martínez de Revilla y bajo el patrocinio del dominico fray Diego de Deza, teólogo toresano, valedor de Colón ante los Reyes Católicos, profesor en la Universidad de Salamanca, preceptor del príncipe Juan, Inquisidor General, arzobispo de Sevilla…

La portada a los pies abre al sotocoro y las portadas laterales lo hacen directamente al cuerpo de la nave. Al exterior muestran sencillos arcos, el de los pies ligeramente apuntado y con alfiz y escudo del obispo Deza.

Portada a los pies de la iglesia (1)

Con acceso desde una puerta contemporánea a través de la antigua sacristía, construida adosada a la cabecera, es un robusto edificio, una fábrica en la que predomina el macizo sobre el vano, de planta rectangular, nave única de dos tramos con cubierta de terceletes con el escudo del obispo Deza en las claves y con nervios apoyados en ménsulas, gran presbiterio abierto a la nave mediante arco apuntado, coro a los pies y una sencilla torre adosada al muro del Evangelio, obra de Antonio de Villafaña terminada en 1573.

Cabecera de la iglesia, con el cuerpo de la sacristía y la torre (1)

La iglesia desde el presbiterio, con el coro al fondo

En época barroca fue redecorada pero en la actualidad sólo conserva de este periodo el retablo mayor, lo único que queda del amueblamiento con el que contaba. Y es que la iglesia sufrió un deplorable abandono en el siglo XX que hubiera significado su ruina total si en la década de 1970 no se hubiera decidido su uso, ya desacralizada, para exponer unas pinturas murales descubiertas veinte años antes en el coro del Real Convento de Santa Clara de la localidad.

La exposición se completó con el propio retablo mayor de san Sebastián y sus dos retablos laterales, fechados en la década de 1730 y dedicados, respectivamente, al Cristo de la Buena Muerte y a la Virgen de los Dolores.

En 1997 la Fundación González Allende, entidad gestora de la iglesia y las pinturas, solicitó licencia para convertirla en museo. Así, el arquitecto Joaquín Hernández se encargó de la adecuación del edificio al tiempo que se realizaron labores de restauración de las pinturas de Santa Clara proponiendo un montaje expositivo en el que fue necesario desmontar los retablos laterales, trasladados a la iglesia de santo Tomás Cantuariense, quedando solo in situ el retablo mayor.

Detalle del retablo lateral del Cristo de la Buena Muerte
procedente de la iglesia de san Sebastián de los
Caballeros, hoy en la de santo
Tomás Cantuariense (2)

El retablo mayor, según trazas de Carlos Carnicero a comienzos del siglo XVIII y dorado por Francisco Rico y Manuel Hidalgo varios años después, se compone de predela, cuerpo central con tres calles y ático, con lienzos con los santos Esteban y Lorenzo, obra de Alonso Domínguez, flanqueando una talla hispano-flamenca de san Sebastián, santo titular de la iglesia, reaprovechada de la época de fray Diego de Deza, y ático con una Ascensión también de Domínguez.

La decoración del testero del altar completa con trampantojos laterales que simulan otras dos calles más del retablo.

Retablo mayor

Las pinturas murales del coro de Santa Clara salieron a la luz de forma casual en la década de 1950 al caer parte del encalado del muro que las cubría en el transcurso de unas obras de restauración en el convento, realizadas por el arquitecto Pons Sorolla, en el que se decidió el cambio de emplazamiento la sillería coral. Aunque tiene partes muy dañadas, seguramente por la apertura de una puerta y la instalación de un retablo relicario y de un órgano, las partes bajas, protegidas durante siglos por el guardapolvo de la sillería, han llegado a nosotros en relativo buen estado de conservación.

Se exhiben en la iglesia de san Sebastián después de que la Dirección General de Arquitectura las comprara a la comunidad clarisa, procediéndose a su posterior arranque para pasarlas definitivamente a lienzo, un trabajo que estuvo a cargo de Antonio Llopart Castells.

Las escenas se presentan de forma individualizada, a modo de viñetas separadas por cenefas que parecen querer imitar la forma de los tapices de la época, y se observa afán didáctico, pues sobre ellas se ubican rótulos que las clarifican.

El Ciclo de santa Catalina de Alejandría, en un panel de unos 320 x 435 cms., está dedicado a una figura que encarnaba las virtudes cristianas, modelo de intercesión entre la comunidad y Dios.

Panel con del Ciclo de santa Catalina de Alejandría

Estaba compuesto de veintiuna escenas y entre ellas se distinguen la Disputa teológica con el Emperador, Santa Catalina en prisión, un castillo medieval, con la emperatriz y el general Porfirio, convertidos al cristianismo gracias a sus argumentos, arrodillados ante la puerta de la cárcel, La santa convence a los filósofos, el Martirio de los filósofos, muertos por asfixia por orden del emperador por haberse convertido al cristianismo, sobre la que puede leerse “COMO MANDÓ QUEMAR LOS SABIUS”, el Martirio de Santa Catalina, con una inscripción en la que se lee “E COMO LA MANDÓ ÉL EN EL TOROMENTU DE LAS RUEDAS”, la Decapitación, con una inscripción que dice “COMO LA [MA]NDÓ EL REY DESCABEÇAR”, o el Traslado de su alma al cielo y de su cuerpo al Monte Sinaí para darle sepultura.

Martirio de los santos convertidos

Martirio de santa Catalina

Decapitación de santa Catalina y Traslado de su cuerpo al Monte Sinaí

El panel con el Ciclo del Bautista, de 275 x 417 cms., destaca por la escena del Banquete de Herodes, con Salomé a la derecha con la cabeza de san Juan y un texto en el que se lee “COMO LA FIJA LE PEDIÓ LA CABEÇA”. En la escena del Entierro del santo aparecen grandes gestos de dolor, recogiendo la costumbre de los “llorones” en las representación de entierros de distinguido linaje en la época.

Panel con el Ciclo de san Juan Bautista

Banquete de Herodes

Decapitación del Bautista

Gestos de dolor ante el cuerpo del Bautista

En cuanto al Ciclo de la Vida de Jesús, se conservan cinco pasajes. En la parte superior se adivinan, muy deteriorados, una Última Cena y una Presentación en el Templo. En cuanto a la inferior, reflejan una Epifanía, sobre el que se lee “COMO VAN OFERECER LOS TRES MAGOS A SANTA M(a)RIA E A IESUXP(isto)”, un Bautismo de Cristo, completada con la inscripción “COMO BAUTIÇA SAN IHOAN A IESUXPO”, y el Noli me tangere, con Marta, la hermana de Magdalena, a caballo, adoptando la iconografía de san Jorge, matando al dragón ante las murallas de Nerluco o Tarascón, con la inscripción en la orla superior en la que se lee “A IESU XPO. COMO APARECE IESU XPO. A LA MADA LENA [...]”.

Ciclo de la Vida de Jesús

Epifanía

Bautismo de Cristo

Noli me tangere

Un tercer mural, muy mutilado, cuenta con cuatro paneles con imágenes de santa Ágata, santa Lucía y otros dos santos no identificados.

Panel con cuatro santos, los dos de abajo identificados con santa Ágata y santa Lucía

Además, es muy importante un fragmento con las piernas de un San Cristóbal en el que se localiza una inscripción en la que se lee: “TERESA DIEÇ ME FECIT”, hallazgo que dio lugar a que hubiera autores que consideraran a esta Teresa Díez como la primera mujer pintora que firmaba su obra, mientras que otros concluyen que no fue su autora sino su promotora, de ahí la presencia de su escudo de armas, todavía no identificado.

Fragmento de San Cristóbal

Detalle de la inscripción en la que se lee “TERESA DIEÇ ME FECIT”

En cuanto al panel dedicado a los santos franciscanos, se puede deducir la presencia de santa Clara y de san Francisco, con los estigmas.

Santos franciscanos

Son pinturas realizadas con la técnica del fresco secco o falso fresco, en una escala cromática de ocres rojos, sienas y tonos terrosos y azules desvaídos, y datadas entre 1316 y 1320, justo al terminar una reconstrucción del convento en tiempos de doña María de Molina, esposa del rey don Sancho y señora de Toro desde 1283, después de que quedara arruinado tras una de las revueltas sucesorias de fines del reinado de Alfonso X, y quizá bajo el patrocinio de la infanta doña Berenguela, hermana del rey. Los que defienden que Teresa Díez no fue su autora se las atribuyen al pintor Domingo Pérez, activo en Toro en esa época.

El estilo denota un eclecticismo en el que se mezclan la miniatura con los rasgos de la pintura gótica lineal francesa y el Trecento italiano, dando como resultado unas escenas con perspectiva escalonada e isocefalia con las que se representan figuras elegantes, de movimientos suaves, paños movidos por líneas curvas y un naturalismo que destaca al mostrar escenas de la realidad histórica del momento.

La colección del pequeño museo que hoy alberga la iglesia de san Sebastián se completa con otro fragmento de pintura mural de estilo hispano-flamenco fechado a fines del siglo XV representando a San Bernardino de Siena  y procedente de la misma estancia conventual que el resto, varias tallas en madera y tablas de retablos de distintas procedencias.

Fragmento mural de San Bernardino de Siena también procedente
del coro del convento de santa Clara de Toro

Tallas de madera policromada de santa Catalina de Alejandría y san Juan Bautista fechadas en el último tercio 
del siglo XVI atribuidas a un taller toresano y procedentes, respectivamente, de las ermitas de la Virgen 
de la Vega y de la Virgen del Canto, ambas de Toro

Talla colosal de San Cristóbal, obra de Gil de Ronza de comienzos del siglo XVI repolicromada en el XVII 
procedente del convento de san Francisco de Zamora

En el sotocoro se exponen cinco tablas del pintor toresano Jacome Fernández Cavero datables a comienzos del siglo XVI, una de los santos Francisco y Clara con el Niño en el pasaje de la bendición de ramos por el obispo de Asís, procedente también del convento de santa Clara, y otras cuatro procedentes de un retablo desaparecido de la iglesia de san Martín de Pinilla de Toro con una Virgen con Niño, un Cristo entronizado, una Epifanía y una Resurrección

Cinco tablas del pintor toresano Jacome Fernández Cavero de comienzos del siglo XVI

La Fundación González Allende también ha patrocinado la restauración de una colección de exvotos dedicados al Cristo de las Batallas, la advocación de uno de los retablos laterales que se retiraron en la remodelación del museo y patrón de la ciudad de Toro, que han quedado expuestos en la antigua sacristía.

Colección de exvotos expuestos en la antigua sacristía (3)

Otras IGLESIAS en Viajar con el Arte:

San Miniato al Monte de Florencia
San Esteban de Salamanca
"La Clerecía" de Salamanca
San Vicente de Ávila
San Ildefonso de Toledo
San Román de Toledo
San Sebastiano en Venecia
San Zaccaria en Venecia
San Giacomo da l’Orio en Venecia

Referencias:


Fuentes:

DÍEZ FERNÁNDEZ, R. y ALONSO VILLAS, Mª P., “Teresa Díez "me feçit" o la aproximación a un misterio”. En II Congreso virtual sobre historia de las mujeres, 2010, p. 22 y ss.
YZQUIERDO PERRIN, R., “Sillerías de coro gótico-mudéjares: de santa Clara de Toro a santa Clara de Palencia”, Abrente, 40-41 (2008-2009), pp. 113-148.

10 comentarios:

nacho san marcos dijo...

Muy buen reportaje Sira. Me encanta el espacio de esta Iglesia, desprovisto de la bancada y convertido en sala de exposiciones. Es muy acogedor en materiales, dimensiones, escala y luz. Impresionante la colección de maravillosas pinturas murales, realistas y expresivas, como el sacrificio del Bautista, el San Bernardino de Siena y su referencia a la, supongo, Scala Santa de Jerusalén, de San Juan de Letrán, que conoces muy bien. También es curiosa la pintura de Teresa Fecit... Toro es una población muy interesante, con buen arte, y gastronomía. Pero esta joya no la conocía, y la apunto para una futura visita. Gracias por tu exposición, como siempre rigurosa y precisa.

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Nacho. A mí también me gustó el espacio desnudo. Deja admirar los murales. Creo que fue un absoluto acierto aprovechar esta iglesia desacralizada y en ruinas para exponerlos. Toro está, en los últimos años, haciendo un esfuerzo muy interesante por poner en valor su patrimonio. Merece mucho la pena. San Bernardino habla de una escala para llegar al paraíso con escalones muy altos, para los que es necesario tener piernas largas, pero que Dios puede ayudar a subirlas a quien, a su vez, ayude a sus hijos a hacerlo. Su asociación con la Scala Santa de Letrán resulta sugerente.

Antonio Banus Pascual dijo...

Fantastico, Sira. Me ha gustado la forma de exponerlo pues a mi, que sabes que no soy muy ducho en todo esto, me ha encantado.
Espero que despues de este trabajo, esos tres Reyes Magos de la Adoracion, recapaciten y te dejen unos regalos estupendos.
Un besico

Sira Gadea dijo...

Muchas gracias, Antonio. Parece que han recapacitado. Un beso fuerte.

Boro dijo...

Lo primero, Feliz Año y bienvenida a casa después de tu periplo romano.
Las pinturas murales parecen fantásticas, con esa mezcla entre elegante y un poco naif del gótico lineal y que muestran perfectamente las vestimentas y los usos y costumbre de la época en que fueron pintadas, sin la menor tendencia anticuaria en la recreación de la antigüedad. Aunque me parece un absoluto desacierto la desubicación de las pinturas del lugar para el que fueron creadas (cosas de la época), al menos el lugar en el que se encuentran ahora, sigue siendo un lugar de arquitectura sacra donde entonan perfectamente, como si hubieran sido hechas para el mismo y no un museo norteamericano (o de donde sea) donde se encontrarían desubicadas en un espacio frío.
Un abrazo.

Sira Gadea dijo...

Feliz Año también para ti, Boro, encantada de reencontrarme contigo. Las pinturas son espectaculares. Es verdad que lo perfecto para admirarlas sería en el lugar para el que fueron hechas. Pero teniendo en cuenta que el monasterio todavía está habitado y es de clausura, me temo que si se hubieran quedado ahí, su visión habría sido tan restringida que serían contadas las personas que tendrían acceso a ellas, además dependiendo de la buena (o mala) voluntad de la comunidad, como pasa en otros muchos lugares todavía en uso y en manos de la iglesia. Además, se mataron dos pájaros de un tiro, porque parece ser que la iglesia estaba en un estado lamentable, desacralizada y semiabandonada, y las pinturas le dieron nueva vida. Yo ya, cuando veo estas cosas, lo que pido, ya que las obras están descontextualizadas, es que se sepa elegir dónde y crear el ambiente que quizá, con el tiempo, termine contextualizándolas de nuevo. Donde están ahora, desde luego, lo que no dejan es indiferente. Un abrazo fuerte.

enrique dijo...

Da un poco de pena el ver iglesias o edificios privados de su función primigenia, aunque al menos se mantengan como museos o -horror- como parlamentos o conserjerías de CCAA.
Muy feliz año, querida Sira!
Tenemos un año entero por delante para disfrutar y aprender con tus entradas!

Sira Gadea dijo...

Feliz Año también para ti, Enrique. Aquí seguiremos (espero) compartiendo y disfrutando juntos. Un abrazo fuerte.

emilio dijo...

Gracias Sira; me ha sobrecogido este reportaje. Es una lástima no haberlo conocido antes de nuestra parada en Toro, a la vuelta de un fin de semana en Zamora, pero es que en dos horas y con tanto por ver, es imposible llegar a todo lo que tiene esta localidad. En relación con el arte mural gótico, bien merece otra escapada.

Sira Gadea dijo...

Gracias a ti, Emilio. Así ya tienes excusa para volver a Toro ¿verdad?