La iconografía de la Natividad

La Natividad es la primera escena y una de las más representadas de lo que en iconografía se conoce como “Ciclo de la Infancia de Jesús”, en el que también se incluyen el Anuncio y Adoración de los pastores, la Adoración de los magos o Epifanía, la Presentación en el templo, la Circuncisión, la Matanza de los inocentes, el Sueño de José, la Huida a Egipto y la Disputa con los doctores.

Detalle con la Natividad del capitel de la Infancia de Cristo y la Muerte de María en el baldaquino
de la Epístola de la iglesia de San Juan de Duero en Soria

Desde que a mediados del siglo IV el papa Liberio decretara oficialmente que el nacimiento de Jesús había tenido lugar el 25 de diciembre a medianoche, haciéndolo coincidir con el solsticio de invierno o la fiesta del Sol, la forma en la que el cristianismo aprovechó las culturas paganas para establecer sus conmemoraciones sin colisionar con creencias consolidadas, esa fecha se ha convertido en una de las más importantes del calendario litúrgico de la Iglesia Católica, mientras que la Iglesia Ortodoxa lo celebra el 7 de enero porque no aceptó el calendario gregoriano, fruto de una reforma del juliano romano.

Dentro del Nuevo Testamento el pasaje del nacimiento de Cristo sólo aparece en el Evangelio de Mateo y, sobre todo, en el Evangelio de Lucas, pues los de Marcos y Juan comienzan con la predicación. Ambos coinciden en que éste tuvo lugar en Belén a pesar de que José y María vivían en Nazaret, una incongruencia que explican a través de una orden de empadronamiento de Roma que les exigía ir a Belén porque José era de la familia de David, originaria de esa ciudad. Es cierto que César Augusto ordenó un empadronamiento, pero fue unos años después; además, en ningún caso una mujer debía empadronarse. Así, que el nacimiento se sitúe en Belén obedece a una profecía de Miqueas que decía que el Mesías nacería en la ciudad de David, por lo que la historia se fuerza para que dicha profecía se cumpla.

Como Lucas narra el nacimiento en sí de forma escueta, mencionando que tuvo lugar en un “pesebre” porque no encontraron otro alojamiento, la iconografía se fue enriqueciendo con otros textos como el Proto Evangelio de Santiago, el Pseudo Mateo o el Libro Armenio de la infancia, a su vez todos recogidos en la Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine, interpretando ese pesebre como un establo de animales, aunque en representaciones antiguas también puede aparecer en una cueva porque en la zona de Palestina éstas se usaban como establos.

Los teólogos han defendido dos teorías diferentes que han dado lugar a dos formas de representación: un parto natural o un parto milagroso, igual que la concepción, más propio de la Edad Moderna porque a partir del Concilio de Trento se establece como dogma que María parió sin dolor.

En la representación del parto natural, propio de Bizancio y de la Edad Media, María aparece tumbada y convaleciente en una cama tras el nacimiento. Viste de azul y/o rojo y en las obras más antiguas lleva toca, elemento propio de las mujeres casadas. La melena suelta no empieza a surgir hasta fines del siglo XV, lo mismo que ocurre en la Anunciación. A su lado está el Niño sobre un pesebre y fajado, algo típico en Bizancio.

Natividad en la cúpula del Battistero de San Giovanni de Florencia

Junto al Niño, en lugar destacado, están un buey y un asno o mula adorándole y calentándole con su aliento, una presencia que obedece a una profecía de Isaías que dice: “el buey conoció a su amo y el asno a su señor”. En algunos sermones estos animales incluso se consideran prefiguraciones de los dos ladrones en la Crucifixión. Su papel contrasta con el de san José, que siempre es anciano, con pelo y barba blancos, especie de padre, protector de María y en un papel secundario, muchas veces fuera de la escena, dormido o trabajando, para marcar claramente que no es el padre real. También pueden aparecer ángeles asistiendo al nacimiento.

El Proto Evangelio de Santiago menciona que María fue asistida por una partera y el Pseudo Mateo dice que fueron dos, de ahí que a veces aparezcan representadas bañando al Niño, una iconografía muy típica de Bizancio. El recipiente puede tener forma de pila bautismal como prefiguración del Bautismo en el río Jordán, aunque también puede interpretarse como un detalle anecdótico en relación con el concepto de parto natural. El Pseudo Mateo y la Leyenda Dorada las llaman Zelomi y Salomé. Zelomi sí cree que María es virgen pero Salomé no, y para comprobarlo intenta examinarla, pero cuando va a tocarla, la mano se le queda seca y se la agarra. Este es el tema de la Partera incrédula, que se pone en relación con la Incredulidad de Santo Tomás. A continuación se arrepiente, toca las ropas del Niño y se cura. 

Pero como la representación del parto natural terminó por considerarse indigna por los teólogos, a partir del siglo XIV la iconografía optó por representar el parto milagroso, centrándose en el momento posterior, el de la Adoración del Niño. El cambio fundamental está en la posición de María, que ahora aparece arrodillada o sentada adorando a su propio hijo, una escena que ya no suele aparecer sola, sino que va acompañada de la Adoración de los Pastores, de los Magos…

Pequeño altar hispano-flamenco en la capilla del Nacimiento de la Catedral de León en
el que ya se refleja la primera Adoración de la Virgen a su Hijo

La idea triunfa por influencia de las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia, mística cuyas visiones fueron de gran importancia para la iconografía porque cambiaron la forma de representar que venía utilizándose durante siglos. En esta época son fundamentales estos textos y los del Pseudo Buenaventura.

En 1370 Santa Brígida realizó una peregrinación a los Santos Lugares y en la Basílica de la Natividad tuvo una visión sobre el nacimiento de Jesús. Relata que María se descalza, deja caer su cabello dorado sobre las espaldas, símbolo de virginidad, y cuando llega el momento, se pone de rodillas y comienza a rezar al Niño, que nace en medio de una luz. Después le corta el cordón umbilical y lo faja. Como la primera persona que adora al Niño es su propia madre este asunto también se denomina Adoración. Cuando el niño está desnudo es que se está representando el primer momento, justo el del nacimiento. San José porta una vela porque así dice Santa Brígida que lo ve. Su figura comienza a adquirir importancia y empieza a aparecer arrodillado, adorando también al Niño.

Natividad de Robert Campin fechada hacia 1420-1422 y conservada en el Musée des Beaux-Arts de Dijon.
Ya es la Adoración según las visiones de santa Brígida pero todavía aparecen las parteras,
una de las muy abundantes "mezclas" iconográficas propias del arte (1)

Adoración de los pastores en el Trascoro de la Catedral de León

FELIZ NAVIDAD para todos, Viajeros con el Arte.

Sira

Imágenes ajenas:

Comentarios

enrique ha dicho que…
Feliz Navidad, cara Sira.
Blanca ha dicho que…
Feliz Navidad, Sira.
Un abrazo
Tawaki ha dicho que…
Que tengas una Navidad muy feliz y que el 2016 te traiga muchas cosas buenas. Gracias por compartir tanto arte.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Enrique. Un abrazo.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias, Blanca. Otro abrazo para ti.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias a ti, Tawaki. Nos "vemos" en 2016.
nacho san marcos ha dicho que…
Genial Sira... excelente nota histórica, y perfecta selección de imágenes, sobre todo la Natividad de la Cúpula de Florencia, cargada de "ternura". Pero me encanta el cuadro de Robert Campin, que plantea un universo iconográfico plagado de detalles, que necesitan de lupa. Me encanta. Por lo demás el "cocinado" del nacimiento y de otros dogmas, por parte de la jerarquía religiosa en los diferentes concilios, evidencia la artificialidad de algunos misterios básicos, lo que demuestra que la fe y la necesidad de creencias está por encima de la lógica y de la ciencia. Al final este conjunto de constructos han conformado nuestra cultura, y el arte ha sido su vehiculo.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchísimas gracias, Nacho. Supongo que ya lo conocerás, pero el libro de Panovsky sobre la pintura flamenca es todo un clásico y, a pesar de los años que tiene, parece que gana con el tiempo. Si no te lo has leído, podría ser una buena opción para pedirlo de regalo navideño. Un abrazo enorme y Feliz Navidad para ti y para Lola. http://masdearte.com/los-primitivos-flamencos/
enrique ha dicho que…
Sira, un año más nos juntamos los amantes d la historia del arte alrededor de tu blog, verdadera Biblia canónica de la historia de la arquitectura y mucho más.
Feliz Navidad a ti y a todos!
Sira Gadea ha dicho que…
Si. Un año más y aquí seguimos, Enrique. Espero que por mucho tiempo todavía disfrutando con el arte y la historia. Un abrazo y Feliz Navidad para ti y los tuyos.
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