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lunes, 13 de octubre de 2014

El Museo Catedralicio de Zamora y los tapices de la Guerra de Troya

Después de pasearnos por la catedral de Zamora, nos quedaba detenernos en lo que allí denominan Museo Catedralicio, que ocupa la crujía norte del claustro.

Una de las tres salas donde se exponen los tapices de Zamora

En sí, no tendría que llamarse“museo” sino simplemente “exposición” de piezas de arte sacro de la catedral, con esculturas, pinturas, objetos litúrgicos, muebles, instrumentos musicales y una limitada muestra de arqueología, unidas a una excepcional colección de tapices que, paradójicamente, proceden la mayoría del ámbito civil y que son la parte más importante del conjunto.

Vitrina con piezas de orfebrería litúrgica

La idea de abrirlos al público surgió en el Cabildo después de tomar conciencia de la importancia de su colección de tapices tras la expectación que estas piezas habían provocado en una exposición a comienzos de la década de 1920. Y aunque al principio se pensó venderlos, una Orden de 1923 sobre enajenación de obras artísticas de la Iglesia, que ponía muchas trabas a la venta de las mismas, haría que en 1924 se abandonara esa idea para explotarlos turísticamente, por lo que en 1926 se optó por colocarlos en la segunda planta de la crujía norte del claustro, donde todavía pueden verse, cobrando 2 pesetas por la entrada.

Sala con escultura en piedra

Detalle con una Anunciación fechada en el siglo XIV procedente de un arcosolio
tapiado y recientemente descubierto en la capilla de san Juan Evangelista

Con el tiempo, varias de las piezas dispersas entre los tapices y todavía conservadas, pues muchas de ellas se fueron vendiendo, sin que en ningún momento hubiera idea de “colección” o de “preservar”, algo propio de un museo, pasaron a ocupar la planta baja de la misma crujía del claustro, y aunque con motivo de la celebración de Las Edades del Hombre en Zamora en 2001 las salas experimentaron una remodelación y en 2010 se hizo una renovación de contenidos para mostrar una ordenación temática, su estado a junio de 2014 deja mucho que desear.

Entre sus obras más destacadas está una impresionante custodia procesional de Pedro de Ávila de 1515 a la que a fines del siglo XVI el platero Antonio Rodríguez añadió un basamento, una Virgen con el Niño y San Juanito atribuida a Bartolomé Ordóñez procedente del monasterio de san Jerónimo de Zamora, o las tablas con Noli me tangere y Pentecostés del taller de Fernando Gallego procedentes del antiguo retablo mayor de la catedral.

Custodia procesional del siglo XVI

Virgen con Niño y san Juanito atribuida a Bartolomé Ordóñez

A lo largo de su historia, la catedral ha contado con varios retablos mayores. El más interesante quizá fuera uno gótico hispano-flamenco de fines del siglo XV con unas treinta y cinco tablas pintadas por Fernando Gallego que en 1715 fue vendido a la parroquia de Arcenillas y que con las desamortizaciones de la primera mitad del siglo XIX fue de nuevo desmontado y parcialmente vendido. Diecinueve de sus treinta y cinco tablas fueron adquiridas por don Manuel Ruiz-Zorrilla y poco a poco se les han ido perdiendo la pista a casi todas. En 1925 dos descendientes de don Manuel donaron las del Noli me tangere y Pentecostés a la catedral, hoy expuestas en su museo. Recientemente también parece que se ha localizado una tercera con la Epifanía en el Museo de Bellas Artes de Asturias procedente de la colección Masaveu. Once todavía se conservan en Arcenillas.

Tablas con Noli me tangere y Pentecostés procedentes del retablo mayor de
Fernando Gallego, hoy en el Museo Catedralicio

Pero la verdadera razón de ser del museo es su colección de Tapices Flamencos, compuesta por unas veinte piezas, aunque en las salas habilitadas, en la segunda planta de la crujía norte del claustro, no están expuestas todas, con ausencias lamentables.

Escalera del claustro de acceso a las salas de tapices

Los cuatro paños de los doce que formaban la serie de La Guerra de Troya, de grandes dimensiones, son quizá los más estudiados de la colección. El acontecimiento histórico entre aqueos y troyanos del segundo milenio aC. que representan fue recogido a partir de la tradición oral por primera vez en La Ilíada del siglo VIII aC. y ha sido reelaborado a lo largo de la historia del hombre en sucesivas leyendas que fueron enriqueciendo los hechos y terminaron convirtiéndose incluso en más conocidas que el propio poema homérico, como es el caso de Le roman de Troie de Bernoít de Sainte-Maure de 1184, que inspiró famosas representaciones medievales en lujosos libros miniados y en tapices.

Se cree que fue Carlos el Temerario, duque de Borgoña, el que en 1472 encargó la primera serie de tapicería sobre la Guerra de Troya, no en vano su estirpe afirmaba que Príamo, el último rey de Troya y padre de Héctor y Paris, era uno de sus antepasados. Pero rápidamente fue emulado por otras relevantes figuras de la época, como Federico de Montefeltro, duque de Urbino, Enrique VII de Inglaterra, Matías Corvino de Hungría, Carlos VIII de Francia, Ferrante I de Nápoles o Ludovico Sforza, duque de Milán .

Y es que, dada la envergadura del encargo, una serie tan grande y costosa, sólo estos grandes señores podían permitirse semejante lujo, encajando, además, a la perfección, dentro del concepto de magnificencia que tan bien empezaron a utilizar a partir de la segunda mitad del siglo XV estos príncipes europeos en relación con el esplendor y la grandeza que eran capaces de mostrar estas espléndidas piezas a quienes visitaban sus cortes.

Los cuatro paños de Zamora fueron donados a la catedral en 1608, junto al de Tarquinio Prisco, por don Antonio Enríquez de Guzmán y Toledo, VI conde de Alba y Aliste. Tres de ellos, lo mismo que el de Tarquinio, presentan bordados los blasones de don Íñigo López de Mendoza y Quiñones, II conde de Tendilla, una estrella de ocho puntas con la divisa “buena guía”, concedidas por el papa Inocencio VIII en 1486 para él y sus descendientes, al que en 1512 Fernando el Católico le concedió también el marquesado de Mondéjar.

Los escudos están ubicados entre las cartelas explicativas superiores pero sin ir incorporados a la trama del tapiz, lo que indicaría que él no fue su primer propietario. Hasta 1925 estuvieron cubiertos por los escudos de armas del condado de Alba y Aliste de fines del siglo XVI, también sobrecosidos y retirados en una restauración en 1926.

Quizá estos cuatro paños pertenecerían a la serie que encargó Ferrante I de Nápoles y llegarían a manos de don Íñigo por donación de ese monarca como recompensa por su labor diplomática. De todos modos, es sólo una hipótesis, pues hay investigadores que apuntan, por el análisis de forma de la heráldica, que ésta sería añadida por el III conde de Tendilla, don Luis Hurtado de Mendoza, como una forma más de honrar la memoria de su padre, abriendo la puerta a la idea de que fuera éste, y no su padre, el dueño de los tapices.

Escudo de los Tendilla en el paño de la Tienda de Aquiles y
portada del Libro de la Anathomia del hombre del doctor
Bernardino Montaña de Monserrate, 1551, dedicado
a don Luis Hurtado de Mendoza, III conde
de Tendilla y II marqués de Mondéjar

Sobre cómo llegaron después a los Alba y Aliste, entre las muchas ramificaciones genealógicas de los Mendoza se sabe de su vinculación con esta familia, a la que las piezas pudieron ser heredadas, aunque sin que pueda descartarse la adquisición. Lo que sí está constatado es que ya figuran en el inventario redactado en 1562 a la muerte del IV conde, don Enrique Enríquez de Velasco, decorando varias salas de su palacio en Zamora, hoy Parador Nacional.

La serie completa de doce paños representaba desde los prolegómenos de la guerra hasta la destrucción de Troya. La teoría más aceptada en la actualidad es que fueron realizados entre 1475 y 1485 en un taller de Tournai, en ese momento ciudad borgoñona, quizá en el del afamado tapicero Pasquier Grenier, que es quien realizó la primera serie para Carlos el Temerario en 1472 y otro conjunto para Enrique VII de Inglaterra en 1488, a partir de cartones diseñados por el Maestro de Coëtivy, pintor, iluminador de manuscritos y diseñador de tapices y vidrieras flamenco que se ha identificado con Herni de Vulcop y al que se le atribuyen nueve dibujos preparatorios de la serie, unos enteros y otros parciales, conservados en el Louvre, y otros dibujos recientemente localizados en el Victoria & Albert de Londres.

Los tapices están realizados con urdimbre y trama de lana en los colores azul marino, azul, rojo, rosa, violeta, verde, blanco, gris, crema y pardo, y seda en oro, crema, azul y verde, dominando los colores claros y el rojo intenso.

No hay separación entre escenas, con gran cantidad de personajes en cada tapiz, la mayoría identificados con el nombre. La lectura es de izquierda a derecha y de arriba abajo, concentrando los temas más importantes en la parte inferior y dejando la superior para lo más anecdótico. También presentan inscripciones en francés en la parte superior y en latín en la inferior en las que se va narrando la historia, con letras en amarillo sobre fondo rojo.

El paño del "Rapto de Helena" es el único conservado de este asunto de las series conocidas. La historia se desarrolla de izquierda a derecha, con Príamo en su palacio escuchando de sus hombres cómo los aqueos se niegan a devolver a su hermana Hesione, a la que tienen secuestrada, la expedición saliendo de Troya, llegando a Citerea y saquéndola, el encuentro de Paris y Helena en el templo de Afrodita y la llegada de ambos a Troya, donde Helena recibe la bendición de Príamo.

Paño del "Rapto de Helena" (1)

Helena recibe la bendición de Príamo (2)

Lamentablemente, en junio de 2014 no pude verlo. Parece ser que está en la sala capitular de la catedral porque no cabe en las salas del claustro, que no estaba abierta a la visita.

El paño de la "Tienda de Aquiles" de Zamora está incompleto, pues en un incendio se perdió una cuarta parte por la izquierda en la que, según los dibujos preparatorios de la serie conservados en el Louvre y otras ediciones de tapices, sobre todo un fragmento en The Cloisters del Metropolitan de New York, representaba la quinta batalla, en la que se narra la muerte del centauro Sagitario a manos de Diomedes, la de un guerrero a manos de Héctor y la de Hupón el Grande a manos de Aquiles.

Fragmento del paño de la "Tienda de Aquiles" en The Cloisters de Nueva York
en el que aparece lo que falta en tapiz de Zamora (3)

En la parte conservada en Zamora se relata la entrevista entre Héctor y Aquiles en el campamento de los aqueos en el que el primero propone un combate singular que los aqueos no aceptan, la lucha entre aqueos y troyanos mientras las mujeres observan desde las murallas y la preparación de Héctor para el combate con Aquiles.

Paño de la "Tienda de Aquiles" fotografiado in situ, con un tabique en perpendicular
a la escena de la tienda que impide cualquier otra perspectiva

Paño de la "Tienda de Aquiles" (6)

Detalle de la entrevista entre Héctor y Aquiles

Mujeres observando la batalla desde las murallas

Héctor preparándose para el combate y acudiendo a caballo a la batalla

El paño de la "Muerte de Aquiles" también es otro de los que sólo se conservan en Zamora de las series conocidas y el único que no lleva los escudos de la casa de Tendilla. En él sólo aparecen batallas. Destaca la muerte de Troilo, al que Aquiles corta el cuello, la muerte de Aquiles a manos de Paris, que le clava un dardo en el talón, su única parte vulnerable, y le remata con flechas en el pecho y la frente, y la muerte de Paris por un tajo en el rostro propinado por Ayax, a su vez herido mortalmente por una flecha que ya le había lanzado Paris.

Dibujo preparatorio para el paño de la "Muerte de Aquiles" atribuido
al Maestro de Coëtivy conservado en el Louvre (4)

Paño de la "Muerte de Aquiles"

Detalle de la muerte de Troilo, decapitado por Aquiles

Detalle de la muerte de Aquiles

Detalle del combate entre Paris y Ayax

El paño de la "Destrucción de Troya" es el último de la serie y narra cómo los aqueos utilizaron la estrategia del caballo ideada por Ulises, ubicado en la parte izquierda, para entrar en la ciudad, la muerte de Príamo a manos de Pirro y la captura de Polixena, Hécuba y Casandra por Ayax, que se dispone a decapitarlas.

Detalle del caballo (2)

Además del relato histórico, este último paño de la serie muestra, en el extremo derecho, separado de la historia troyana, un escritorio en un ámbito gótico en el que un personaje barbado representa al autor del relato, que culmina en la última inscripción: “Ansi fine li store miserable de la cite digne de grantrenom” (así termina la miserable historia de una ciudad digna de gran nombre).

Lo mismo que el paño del "Rapto de Helena", en junio de 2014 no pude verlo porque también está en sala capitular, cerrada.

Paño de la serie de Aníbal de frente y paño de la "Destrucción de Troya" a la derecha,
ambos en la sala capitular, no abierta al público en junio de 2014.
© Juan Luis Menéndez (5)

El tapiz de "Tarquino Prisco" es también obra flamenca, fechada en 1475, un único paño de una serie que estaría centrada en la Historia de Roma y otro de los donados a la catedral en 1608 por el VI conde de Alba y Aliste, con la misma heráldica bordada, sin formar parte de la trama, de don Íñigo López de Mendoza y Quiñones, II conde de Tendilla.

Tapiz de "Tarquinio Prisco"

La escena parece seguir, con ciertas licencias, y seguramente a partir de una de las traducciones francesas del texto clásico realizadas en la Edad Media, el relato de Tito Livio de la historia del quinto rey de Roma, Lucio Tarquinio Prisco, también conocido como Tarquinio el Viejo, al que la tradición considera fundador de la ciudad.

Como era habitual en los tapices de esta época, no tiene bordura pero presenta en la parte superior tres inscripciones que relatan los acontecimientos representados mediante abundantes figuras separadas en tres escenas: Lucio Tarquinio avanzando a caballo hacia Roma, la Coronación de Tarquinio y la Batalla de Tarquinio y los sabinos.

Tarquinio y su cortejo avanzando hacia Roma

Detalle de la Coronación de Tarquinio Prisco

Aunque denota horror vacui, con las figuras abigarradas, cierta sensación de tres dimensiones y la separación clara de los episodios hace que algunos especialistas consideren que podría haber salido de algún taller de Bruselas, aunque es un dato todavía no contrastado documentalmente.

Detalle de la Batalla de Tarquinio y los sabinos

La serie de la Parábola de los obreros de la viña se encuadra dentro del primer renacimiento. Está basada en un pasaje del Evangelio de San Mateo quizá tamizado por los escritos de San Jerónimo, sin que se tengan muchas noticias sobre el uso de este asunto como motivo en el arte. El Colegio del Patriarca de Valencia conserva otra serie muy similar que debió partir de los mismos cartones.

Está compuesta por dos paños, con "La llamada a los trabajadores" y "El pago del denario", y se cree que es una serie completa porque no hay lagunas en la historia. Muestran escenas plagadas de personajes entre algunas formas arquitectónicas y vegetales y tienen bordura de unos veinticinco centímetros. Fueron realizados en Bruselas en torno a 1500 pero no se sabe ni el autor de los cartones ni el licero, aunque hay especialistas que apuntan al taller de Pieter van Aelst, tapicero de Felipe el Hermoso.

"La llamada a los trabajadores" muestra a los elegidos antes de la llegada del Mesías para trabajar por la Redención. Entre todas las figuras se distingue al pater familias, el dueño de la viña, en la parte inferior dirigiéndose a unas mujeres, al mismo personaje invitando a Noé y a sus hijos a trabajar o a las alegorías de la Caridad y el Trabajo conduciendo a Abraham, Isaac y Jacob hacia el pater familias. La presencia de una mujer con los ojos vendados portando las Tablas de la Ley es una alusión al judaísmo que representa el Antiguo Testamento. La última salida en busca de trabajadores aparece en la parte inferior derecha, con el dueño encontrándose con los profetas Daniel, Jeremías, Ezequiel, Isaías… con un joven vestido de blanco señalando a Cristo derramando abundante sangre en barricas de las que un papa y un cardenal sacan vino, alegoría de la Redención.

"La llamada a los trabajadores" (6)

"El pago del denario" muestra cómo todos los trabajadores, tanto los que empezaron al comienzo del día como los incorporados a última hora, reciben el mismo jornal, un denario, simbolizando que todos los cristianos serán recibidos en el Paraíso. Una larga fila de trabajadores se dirigen a la casa del pater familias, una estructura gótica, donde reciben el pago del administrador. En la parte inferior el señor es coronado por dos ángeles en presencia del Espíritu Santo mientras algunos trabajadores se quejan por lo injusto del reparto. La historia termina en la parte superior, con el administrador y los elegidos dirigiéndose al Paraíso, simbolizado por la fuente de la vida.

"El pago del denario"

La serie de la Historia de Aníbal se compone de cinco de los ocho paños con los que debió contar, con las escenas del "Juramento de Aníbal", el "Paso de los Alpes", "Aníbal en Italia", el "Botín de Cannas" y "Magón, mensajero de Aníbal, en Cartago". Se conoce un sexto paño con la "Toma de Sagunto" conservado en el castillo de Chaumont que debía formar parte de una serie réplica de la de Zamora.

Los paños fueron realizados en un taller de Bruselas, con la marca de la ciudad en el orillo inferior, a la izquierda. Según las características de la bordura se fechan hacia 1570, sin que se sepa ni quién fue el licero, aunque su marca aparece no ha podido descifrarse, ni el autor de los cartones, atribuidos a un pintor flamenco formado en Italia, quizá del círculo de Michel Coxcie. Muestran grandes figuras y animales enmarcados por una ancha bordura de frutos y vegetales y con un cartucho superior con una inscripción en latín referido al acontecimiento representado.

En cuanto a su entrada en las colecciones catedralicias, se cree que pertenecieron al chantre don Jacinto Varas y Vázquez, que según un documento de 1772 entregó a la catedral ocho tapices de historia. De todos modos, en las colecciones se documentan “veyntetapiçces de lana fina de yistorias antiguas” ya desde 1620.

El "Juramento de Aníbal" toma la escena del relato de Tito Livio y muestra el sacrificio al Dios de la Guerra y el juramento del guerrero de luchar contra los romanos teniendo como testigo a su padre, Amílcar Barca.

El "Juramento de Aníbal"

El "Paso de los Alpes" muestra esa mítica hazaña en un segundo plano, a la izquierda, con los guerreros a caballo bajando las montañas y en un plano más próximo dos elefantes con un castillete con hombres armados, y está protagonizada por el campamento cartagines con Aníbal de pie mostrando el bastón de mando a tres de sus capitanes.

El "Paso de los Alpes"

"Aníbal en Italia" muestra al general cartaginés a caballo junto a varios guerreros levantando el brazo en señal de protección ante las personas que salen a su encuentro implorándole su favor mientras un anciano le ofrece las llaves de la ciudad.

"Aníbal en Italia"

"El botín de Cannas" relata el momento posterior a la victoria más importante de Aníbal, cuando los cartagineses recogen las pertenencias de los cadáveres, amontonados y van echándolas en un recipiente.

"El botín de Cannas" (6)

"Magón, mensajero de Aníbal, en Cartago" es el último paño de la serie conservado en Zamora. Narra cómo el cartaginés envió a su hermano para que relatara la Victoria de Cannas al senado cartaginés, representado mediante nueve personajes sorprendidos que levantan las manos en señal de júbilo, mientras Magón muestra un cofre con el botín.

"Magón, mensajero de Aníbal, en Cartago"

Otros dos tapices fechados en la segunda mitad del siglo XVI están dedicados a David y Goliat y a Saúl y David. Finalmente, la colección se completa con seis tapices barrocos del siglo XVII de Alegorías de las Artes realizados en un taller de Bruselas. Ninguno de estos ocho tapices podían verse en junio de 2014.

Un último apunte personal: los que estáis habituados a leerme, sabéis que no utilizo VceA como lugar de quejas sobre la lamentable situación que sufre muchas veces el patrimonio histórico-artístico, pues me planteo el blog como un lugar en el que disfrutar, en el que realizar pausados y placenteros paseos por el arte con los que poder contagiar mis pasiones. Pero en este caso me es imposible no mencionar la impotencia que me produjo ver esta magnífica colección expuesta como está, sin espacio para poder contemplar mínimamente los paños y sin que pueda admirarse toda la colección, pues no están todos expuestos. Desde aquí me pregunto para cuándo Zamora contará con unas salas museográficas dignas de semejantes obras. Creo que es absolutamente imprescindible.

Otros MUSEOS en Viajar con el Arte:

Museo Provincial de Palencia
Museo Cerralbo de Madrid

Referencias:

(1) YARZA LUACES, J., La Nobleza ante el Rey. Los grandes linajes castellanos y el arte en el siglo XV, Madrid, El Viso, 2003.

Fuentes:

GARCÍA MARTÍNEZ, J., Historia de la Santa Iglesia Catedral de Zamora, Zamora, 1904.
GÓMEZ MARTÍNEZ, A. y CHILLÓN SAMPEDRO, B., Los tapices de la catedral de Zamora, Zamora, 1925.
GÓMEZ MORENO, M., “La gran tapicería de la guerra de Troya”, Arte Español, Revista de la Sociedad de amigos del arte, nº 6, tomo IV, 1019, pp. 265-281.
GONZÁLEZ ZYMLA, H., “Tapices de tema troyano en la catedral de Zamora”. Revista de arqueología del siglo XXI, nº 319, 2007, pp. 46-57.
GONZÁLEZ ZYMLA, H., “Tapices del siglo XV de tema troyano. Catedral de Zamora (II)”. Revista de arqueología del siglo XXI, nº 321, 2008, pp. 46-57.
HERNÁNDEZ CASTELLÓ, Mª C., Don Íñigo López de Mendoza, II conde de Tendilla, y las Artes: ¿entre España e Italia? Tesis Doctoral en la Universidad de Valladolid, Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras, 2014.
HERNÁNDEZ LUIS, J. L., “El Museo Catedralicio de Zamora. Pasado, presente y futuro”. Stvdia Zamorensia, Vol. V, 1999, pp. 57-79.
YARZA LUACES, J., La Nobleza ante el Rey. Los grandes linajes castellanos y el arte en el siglo XV, Madrid, El Viso, 2003.

10 comentarios:

Boro dijo...

Es triste pero es habitual que las colecciones de tapices no cuenten con lugares adecuados para su exposición, ni para su almacenaje. Supongo que un cierto menosprecio dado a estos objetos habituales en cualquier catedral española frente a otras obras como pintura o escultura, junto al gran tamaño de los mismos impedían su exposición. Hoy día muchas de estas carencias deberían estar subsanadas, pero parece que si bien durante los años de derroche se llego a realizar la restauración de alguna de estas obras (gracias a lo cual pude verlos en la catedral de Salamanca), la crisis llego antes de poder acondicionar lugares para su exhibición (y casi prefiero no saber las condiciones de almacenamiento en las que se encuentran las obras no colgadas). Esperemos que en algún momento aunando recursos se puedan ir sacando adelante estas necesarias instalaciones.
Por otro lado es casi milagroso que dado el uso continuo que se daba a estas obras, poniéndose y retirándose en función de estaciones y festividades y exponiéndose habitualmente en las fachadas de los edificios durante las festividades religiosas muchos de estos tapices hallan llegado a día de hoy, hallan llegado hoy en día en condiciones más o menos aceptable.
Para acabar comentar que dos tapices de la catedral de Zamora, atribuidos a los talleres de Tournai, fueron vendidos en 1945 al Ayto. de Madrid y hoy, imagino que cuelgan en la Casa de la Villa en espera de su musealización. Al menos estos quedaron en España aunque fuera de su residencia secular, a diferencia de muchas obras de ese mismo siglo XV que salieron de España para hacer las Américas.
Saludos y un abrazos

Boro dijo...

Que me olvido. Un artículo sobre los tapices guardados en Madrid
http://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/853114.pdf (No se abre en otra ventana, se descarga automaticamente)

Sira Gadea dijo...

Es muy curioso el cambio en los gustos y las valoraciones de los objetos artísticos a lo largo de la historia, pues en "su tiempo" estas piezas eran infinitamente más valoradas que un cuadro, y no me extraña. Pero dado que ahora se sabe de su esencial importancia histórica y artística, ya sería momento de revalorizarlas como se merecen. Lamentablemente, yo no creo que sea cuestión de presupuesto, pues ha existido, y existe, para otras muchas cosas, sino de nulo deseo de colaboración entre las instituciones con poder de decisión en ese sentido. Gran parte de estas piezas están en manos de los obispados, que rara vez demuestran capacidad de diálogo para casi nada. Un abrazo fuerte, Boro.

Pdta: Muchas gracias por el artículo sobre los tapices en el Ayuntamiento de Madrid. Lo consulté para hacer la entrada pero no saqué nada de él. Por cierto, conozcom a una de sus autoras, Laura Rodríquez Peinado, profesora mía en la UCM en Arte Hispanomusulmán.

Boro dijo...

Pues eso también (lo de la falta de colaboración de los obispados). Como seguramente pudiste leer en el facebook de la Fundación Carlos de Amberes, con la catedral de Zaragoza no llegaron a un acuerdo para meterles en la página de Flandes en Hispania por motivos de desacuerdos sobre las imágenes (imagino que cosa de derechos). Me pregunto que pretenderían, les dan un altavoz gratuito para que la gente conozca el lugar y ponen pegas. Yo estuve y al menos el museo estaba en buenas condiciones pero era el único visitante (durante un puente) de una una colección que la factoría de Witt (lideres en la restauración de tapices) considera "leading medieval collection of tapestries in the world". Espero que hayan hecho algo de difusión, porque si no se podían haber ahorrado el gasto en las instalaciones y mantenerlos guardados que seguro que se estropean menos que colgados, y pongo fin al fervorín.
Un abrazo.

Sira Gadea dijo...

A veces los intereses ocultos de los obispados se me escapan. Ya he dejado hace tiempo de intentar entenderlos. Lo malo es que los "sufrimos" todos. En fin...

enrique dijo...

Los tapices resultan sencillamente impresionantes y dignos de un museo a la altura de su importancia.
Resulta patético recordar las peripecias del retablo mayor de la catedral. De la lectura de tu entrada nos damos una idea de que se perdió una admirable obra de arte.
Tan sólo una precisión, cara Sira: el título nobiliario es de Alba de Liste, tal como se puede comprobar en el Elenco de Títulos y Grandezas o en el libro de Jaime de Salazar y Acha sobre los Grandes de España.
El VI titular fue Antonio Enríquez, mayordomo mayor de la reina y Montero mayor del rey.
Gracias de nuevo por una entrada llena de enseñanzas.

Sira Gadea dijo...

Tengo un poco de confusión en ese sentido, Enrique, pues aunque el condado es el de Alba de Liste, como efectivamente dices, el título viene reseñado, tanto en documentos como en historiografía, como "conde de Alba y Aliste", y es así como se denomina su palacio en Zamora, hoy parador, una calle a su nombre en la misma ciudad o su castillo en Losacino. De ello deduzco que podría denominársele de ambas formas ¿no crees?

enrique dijo...

En efecto el castillo se llama de Alba y Aliste, pero el título se refiere siempre como Alba de Liste.
Te doy otras referencias bibliográficas:
Nobleza Obliga, de Ricardo Mateos.
Nobleza Española. grandeza Inmemorial 1520, de Juan Miguel Soler Salcedo.

Sira Gadea dijo...

Ya te comento que yo también lo he visto referenciado como Alba y Aliste, Es más, mucho más así que de la otra forma. Habrá evolucionado desde Alba de Liste. Así es como se los conoce, desde luego, en Zamora.

Anónimo dijo...

Hola Sira y Enrique. Os escribo porque yo también he admirado y admiro esos impresionantes tapices , pero no los he visto en persona y creo que sabieno lo que en otras época ha hecho el cabilo y obispo de Zamora , tener ta poco respeto y consideración por unas valiosísimas obras regaladas a su templo... ¿ y qué hicieron ellos ? Pues ya lo sabéis. Pero antes de la venta de los dos tapices, también vendieron dos objetos , " botes " de marfil y de época califal . Los descubrió allí en el museo o relicario de la catedral don Manuel Gómez-Moreno y les advirtió del valor de esas piezas. Pues bien, ya podéis imaginar la acción deplorable que hizo el cabildo. Hoy una de esas piezas está en el museo Arqueológico de Madrid y el otro Dios sabe. Posiblemente todas esas ventas tuvieran coñmo única misión el conseguir dinero para hacer una nueva custodia moderna , realizada en estilo neogótico y eso sí, toda de oro macizo, un despilfarro en toda regla y sobre todo por el deshacerse de unas piezas antiguas por el simple hecho de adquirir algo moderno. Así que al cabildo de Zamora, que les den por ahí.