La Abbazia di Sant'Antimo en Castelnuovo dell'Abate

La abadía de san Antimo, un complejo monástico en el valle Starcia, a las afueras de Castelnuovo dell’Abate, en la comuna de Montalcino de Siena, es uno de los monumentos románicos conservados más importantes de la Toscana, se dice que fundado personalmente por el propio Carlomagno. En estado de abandono durante más de quinientos años, en la década de 1990 fue de nuevo habitado por una comunidad premonstratense, bajo la Regla de san Agustín, que el año pasado se vio obligada a dejarlo, pasando a depender de la cercana abadía benedictina de Monte Oliveto Maggiore.

Vista de la abadía de san Antimo desde el sureste (1)

La hagiografía tradicional menciona dos santos con ese nombre. Conocemos la vida legendaria de uno de ellos por el Acta Sancty Anthimi, que informa de que fue un presbítero del siglo IV encarcelado en época de Diocleciano y Maximiliano, que en el año 304 primero fue arrojado al Tíber con una piedra atada al cuello de donde salió sano y salvo y después decapitado y sepultado en el oratorio donde acostumbraba a rezar, con sus reliquias veneradas desde 1658 en una iglesia bajo su advocación cerca de Nápoles. El otro san Antimo fue un diácono aretino mencionado en la Passio Donati porque fue perseguido junto al también diácono san Donato en el año 352, en tiempos de Juliano, y que se refugió en el Valle Starcia, donde terminó martirizado y sepultado. Así, el núcleo primitivo de esta abadía se remontaría al culto a este último en el primitivo oratorio levantado en su honor en el lugar del martirio, donde las excavaciones arqueológicas parecen demostrar que también hubo una villa romana, con restos de la misma en el campanile, con un relieve de una cornucopia en el lado norte, o algunas columnas en una cripta bajo el ábside, aunque el hallazgo de una inscripción que dice “VENITE ET BIBITE” también hace pensar en una fuente con propiedades terapéuticas que habría justificado la fundación temprana de un cenobio que habría estado bajo la advocación de san Sebastián, aunque la pérdida de todos los archivos de la abadía no permiten confirmarlo.
  
Vista de la abadía de san Antimo desde el noreste (1)

Una de las primeras referencias documentales data del año 715 y menciona la existencia de un pequeño templo bajo la custodia de un sacerdote de la diócesis de Chiusi, aunque sería algo más tarde, hacia el 770, cuando los lombardos promoverían la construcción de un monasterio, ya quizá bajo la regla benedictina, en este enclave, junto a la Vía Francigena, la calzada franca que unía la Europa central, sobre todo Francia, con Roma, una importante fuente de riqueza y de intercambio cultural, para que acogiera en ese viaje a peregrinos, mercaderes, soldados o diplomáticos, aunque la tradición diga que fue el propio Carlomagno el fundador tras su paso por el lugar de vuelta de Roma en el 781.

Tramo de la Via Francigena entre Siena y San Quirico d'Orcia respecto a Sant'Antimo (2)

Lo que sí es cierto es que bajo el impulso carolingio, con abundantes dones y privilegios concedidos por Luis I el Piadoso, hijo de Carlomagno y heredero del Sacro Imperio Romano Germánico, con evidencia documentada fechada en el año 814, la abadía pasó a considerarse a todos los efectos fundación imperial, iniciando un periodo de gran apogeo, con el abad nombrado conde palatino, consejero del Sacro Imperio Romano, y entregándose a la jurisdicción de la abadía abundantes propiedades en castillos, terrenos, poderi, molinos, otros monasterios, parroquias, hospitales… repartidos por la Toscana, siendo su principal posesión el castillo de Montalcino, residencia del abad. A lo largo del siglo XI la abadía también recibió el apoyo del papa y gozó de gran prestigio entre la nobleza local, favorecida por múltiples donaciones y elegida como lugar de enterramiento.

Vista de la abadía desde el este (3)

Entorno de la abadía

En este sentido algunas esculturas en las puertas norte y sur, los estípites de la sacristía, algunos capiteles y otros fragmentos decorativos remiten a un edificio precisamente del primer tercio del siglo XI del que todavía se conservaría el campanario, exento de la iglesia según la tradición italiana, y algunos restos del claustro y la sala capitular, además de la capilla carolingia u otomana.

Distintos elementos decorativos aprovechados de la construcción anterior y reubicados en el campanile

Pero la mayor parte de la construcción que queda en pie empezaría a levantarse entre 1125 y 1130, después de que en 1118, bajo el abadiato de Guidone, San Antimo recibiera un importante legado del conde Bernardo degli Ardengheschi del que hay constancia en una inscripción en las gradas del altar. El nuevo templo tomaría como referencia las construcciones benedictinas, para lo que se solicitaría la intervención directa de artífices franceses. Una inscripción en la contrafachada nos informa de la importancia del abad Azzo dei Porcari como promotor de la obra.

VIR BONUS IN CHRISTO MAGNIS VIRTUTIBUS AZZO CENOBII MONACHUS PATER POSTIQUE DECANUS ISTIUS EGREGIÆ FUIT AUCTOR PREVIUS AULAE ATQUE LIBENS OPERIS PORTAVIT PONDERA TANTI PROGENIE TUSCUS POCORUM SANGUINE CRETUS PRO QUO CHRISTICOLE CUNCTI DEUM ROGITATE DET SIBI PERPETUE CUM SANCTIS GUDIA VITE MARTIR ET EXIMUS SIT CUSTOS ANTIMUS EIUS

De esta manera, la construcción habría partido del pie forzado de tenerse que adaptar a otra anterior que condicionó su desarrollo. Se cree que para poder seguir con los ritos, la nueva iglesia se habría empezado por los pies procediendo a demoliciones parciales de una iglesia abacial anterior para levantar un templo no tan grande como el que terminó surgiendo, que sería fruto de un momento posterior en el que se decidiría alargarlo añadiendo un deambulatorio y capillas radiales, lo que, forzosamente, obligó a renunciar al canónico crucero benedictino y a adaptarse al espacio existente estrechando el cuerpo a partir del sexto tramo para poder encajarlo entre lo que sí se quiso conservar, un campanile y la capilla carolingia, esta última convertida en sacristía. La nueva construcción, a falta de la fachada, que nunca se concluyó, se dio por terminada a mediados de siglo.

Capitel con la Virgen  y el Niño rodeados del Tetramorfos en el campanario

Elemento decorativo aprovechado de la construcción anterior

Elemento decorativo aprovechado de la construcción anterior

Pero la abadía, en medio de un territorio estratégico para las ansias expansionistas de la ciudad de Siena, frenadas hacia el norte por Florencia, su gran rival, fijó sus objetivos hacia el sur sometiendo a la zona a constantes luchas y pérdidas de posesiones que en 1212 desembocaron en una obligada cesión a Siena de un cuarto del territorio de Montalcino, lo que supuso la pérdida del centro más importante de jurisdicción propia de la comunidad benedictina y la sucesiva de otros bienes, de ahí que a fines del siglo XIII sus antiguas posesiones estuvieran reducidas a una quinta parte.

El cenobio entró en una fase de decadencia que en 1291 el papa Nicolás IV intentó frenar ordenando la fusión de su comunidad con los Guglielmi, orden religiosa fundada en el siglo XII en Castiglione della Pescaia por Alberto, un discípulo del eremita san Guglielmo di Malavalle, y que se regía bajo su propia regla basada en la reforma Císter. Pero el declive parecía imparable y entre 1397 y 1404 la administración pasó a a manos del franciscano fra Bartolomeo di Simone, obispo de Cortona, en 1462 tuvo lugar la última reunión de capítulo de los guillermitas, y ese mismo año el papa Pío II, nacido Eneas Silvio Piccolomini en la cercana Corsignano, ciudad que buscó convertir en un paradigma del renacimiento cambiando su nombre por el de Pienza, suprimió la abadía transfiriendo sus territorios y dominios a la recién creada diócesis de Montalcino-Pienza, poniendo como obispo al frente de la misma a su sobrino Giovanni Cinunghi.

Proclamación del papa Pío II en la decoración de Pinturicchio de la Libreria Piccolomini del Duomo de Siena

Pasan siglos de abandono y a mediados del XIX se sabe que la abadía estaba en manos de un agricultor que vivía en el apartamento del obispo y que utilizaba la cripta como bodega, la iglesia como almacén y el claustro como corral.

Tras la unificación de Italia en 1866 la abadía de San Antimo pasó a ser propiedad del Estado Italiano bajo la administración de la Dirección de Bellas Artes de Siena, iniciándose una serie de campañas de restauración en las que se buscó eliminar todo lo que alteraba la estructura originaria y se abrió una gran ventana ajimezada que ilumina la iglesia, pero el templo siguió en semi abandono, utilizado ocasionalmente por la comunidad parroquial de Castelnuovo dell’Abate para la celebración de funciones esporádicas.

Pero a fines de la década de 1970 el obispo de Siena decidió reinstalar una comunidad monástica en San Antimo y encomendó la tarea a una comunidad de jóvenes monjes franceses premonstratenses de la Orden de Canónigos Regulares de San Agustín, emprendiéndose una tarea de rehabilitación de las dependencias necesarias para la vida diaria financiada por Bellas Artes de Siena y los ayuntamientos de Monalcino y Castelnuovo dell’abate que posibilitó que en 1992, después de más de quinientos años de abandono, la abadía volviera a ser habitada por una comunidad que estuvo formada por algo menos de diez monjes, sobre todo franceses e italianos, que seguían una vida monástica tradicional celebrando los ritos de la regla cantados en gregoriano y latín original en la iglesia y desarrollando una intensa actividad parroquial como sacerdotes de las parroquias cercanas dirigida, principalmente, a la juventud y las familias.

Pero en 2015 la ausencia de vocaciones en Francia obligó, a propuesta del abad general de la orden, al traslado de la mayoría de los monjes a Saint Michel de Frigolet, cerca de Avignon, y desde enero de 2016 san Antimo está habitada por un grupo formado por premonstratenses y benedictinos, estos últimos procedentes de la cercana abadía de Monte Oliveto Maggiore, de la que San Antimo ha pasado a depender.

El conjunto se componía de iglesia, claustro, en torno al que estaban los ámbitos más representativos, una hospedería y otras dependencias anejas de servicio y su aspecto actual es el resultado de varias fases constructivas, destrucciones, reconstrucciones y múltiples campañas de restauración que hacen muy complicada la correcta lectura de un monumento tan ecléctico fruto de la influencia de las grandes iglesias de peregrinación, del románico meridional francés, del monaquismo benedictino, sobre todo la abadía de Fleury, o de construcciones toscanas.

El templo, orientado canónicamente con el ábside al este, hacia la salida del sol, muestra cabecera circular en la que sobresalen el deambulatorio y las tres capillas radiales, donde destacan algunos historiados canecillos, como el de la cabeza de un monje o un águila. La cabecera está enmarcada por el campanario adosado al norte y la antigua capilla carolingia al sur.

Cabecera de la iglesia

El campanario es una de las partes más antiguas conservadas, datado en el siglo XI, y aunque se construyó exento, según la costumbre de la época, con la ampliación de la iglesia iniciada a fines de la década de 1110 quedó adosado a los dos últimos tramos de la nave del Evangelio, convirtiéndose en un caso excepcional en la Toscana.

Fachada norte de la iglesia, con el campanario adosado a la cabecera

Presenta planta cuadrada al exterior y destaca por sus treinta metros de altura divididos en cuatro cuerpos adornados con arcos lombardos, el primero ciego, el segundo y el tercero con pequeños vanos de medio punto centrales y el último, con el cuerpo de ventanas, con vanos geminados. Desde fines del siglo X la abadía tuvo derecho a administrar el bautismo y, en este sentido, quizá la fuente de celebración del rito habría estado en el cuerpo bajo del campanario, un espacio centralizado enriquecido con tres ábsides y techo cónico puesto en relación con el Santo Sepulcro de Jerusalén, una constante referencia en la construcción de baptisterios.

La fachada occidental cuenta con portada central adelantada formando un pequeño porche que aloja un vano de medio punto sobre columnas y dintel decorado con vides, piezas que parecen ser reaprovechadas, como si su aspecto actual hubiera sido resultado de una reconstrucción. Algunos estudiosos apuntan a que en origen pudo contar con una portada doble.

Estado actual de la fachada occidental

Detalle de la portada

Hipótesis de cómo podría haber sido la portada doble (4)

Además, las huellas que recorren todo el muro parecen indicar que contó con un pórtico de cuatro arcos que colapsó en un momento dado o que hubo intención de construirlo.

Hipótesis de cómo podría haber sido la fachada (4)

Datalle del arco y del dintel de la portada (5)

Los dos leones que custodian la portada desde el interior del templo, atribuidos al Maestro de Cabestany y fechados en el siglo XII, casi con seguridad habrían estado destinados a ser colocados en ese exterior que no se culminaría.

Leones a la entrada (5)

La iglesia tiene planta rectangular de tres naves de nueve tramos y ausencia de crucero. La nave central se organiza mediante dos series de tres grandes columnas monolíticas de capiteles corintios y alguno historiado separadas por pilares cruciformes que soportan arcos de medio punto sobre los que se ubica la tribuna o matroneo de grandes vanos ajimezados de medio punto, el cuerpo de ventanas y una cubierta de madera a dos aguas con las armas de Pio II, el papa que confió la abadía al primer obispo de Montalcino, Giovanni Cinughi, en la década de 1460. La presencia de los pilares entre las columnas se ha puesto en relación con una separación jerárquica de la iglesia en tres ámbitos respectivamente destinados a laicos, el más cercano a la puerta, comunidad monástica, en el intermedio, y diáconos, ubicados en el presbiterio.

Nave central

Matroneo y claristorio de la nave central

Cubierta de madera de la nave central (5)

Las naves laterales presentan bóvedas de crucería y contienen varias obras de arte, como una pila bautismal de piedra en el primer tramo de la del Evangelio o una pintura mural con un Crucificado flanqueado un santo obispo mártir, san Sebastián, quizá antigua advocación de la abadía, y el comitente de la obra en actitud orante en el primer tramo de la de la Epístola. Además, en el pilar cruciforme central del lado del Evangelio se conserva una pintura mural con un San Cristóbal.

Nave de la Epístola
Crucificado (5)



San Cristóbal

Los capiteles presentan decoración vegetal y zoomórfica y sólo uno, el capitel de Daniel en el foso de los leones en la segunda columna del lado de la Epístola, atribuido al Maestro de Cabestany, es narrativo, con Daniel orando en medio de los leones hambrientos, a los leones despedazando a los acusadores, a Habacuc llevado por un arcángel de los pelos y a Habacuc ofreciéndole alimento a Daniel envuelto en un paño, las principales escenas de la historia bíblica del Libro de Daniel, una asunto relacionado con la importante función funeraria que debió cumplir la abadía.

Detalle del capitel de Daniel en el foso de los leones

Detalle del capitel de Daniel en el foso de los leones

Dibujo de la escena principal del capitel de Daniel en el foso de los leones (6)

El presbiterio de Sant’Antimo ocupa el último tramo rectangular de la nave central, con el altar mayor y un Crucifijo medieval, y otro ámbito semicircular con siete columnas monolíticas que soportan arcos de medio punto tras las que se ubica la girola, un elemento francés y esquema excepcional en Italia, con muy pocos ejemplos, todos relacionados con las iglesias de peregrinación por la necesidad de circular alrededor del martyrium sin interrumpir la liturgia, y tres capillas radiales, intercaladas entre arcos de medio punto ciegos sobre semicolumnas adosadas, que cuentan con altares de piedra en respuesta a la necesidad de cubrir la obligación de oficiar misas diarias a cada uno de los monjes-sacerdotes de una comunidad creciente y la obligación de oficiar las misas a los difuntos que habían realizado donaciones al monasterio para ser enterrados en el recinto. En los arcos que flanquean la capilla radial central hacia el lado de la Epístola se conservan dos frescos parciales datados entre los siglos XV y XVI atribuidos a Spinello Aretino o al taller de Taddeo Bartolo que representan a San Gregorio Magno y a San Sebastián, los únicos restos conservados de una posible decoración mural que cubriría gran parte de la iglesia.

Presbiteiro y girola

San Sebastían y san Gregorio Magno en los arcos de la girola

Detalle de la girola (3)

Bajo el presbiterio se ubica la cripta, fechada en época carolingia u otoniana para alojar la tumba con las reliquias de San Antimo aunque con modificaciones posteriores. Se compone de dos ábsides contrapuestos en sentido este-oeste sustentados por cuatro columnas que dividen el espacio en tres naves, conserva una pintura mural del siglo XV con un Entierro de Cristo y se accede a ella mediante una escalera en el último tramo de la nave de la Epístola, ante la puerta de la capilla carolingia, después sacristía.

Detalle de la cripta

La capilla carolingia, adosada a la cabecera por el lado de la Epístola y a la que se accede desde la iglesia mediante una portada al comienzo de la girola con jambas y dintel altomedievales de aprovechamiento, convertida en sacristía tras la construcción de la iglesia románica, es un ámbito de planta rectangular de nave única con pequeño ábside semicircular en el que se conserva parte de una decoración mural con la vida de San Benito de Nursia fechada en el siglo XIV atribuida a Giovanni d'Asciano.

Ábside de la capilla carolingia, encajado entre la cabecera de la iglesia y la antigua sala capitular (5)

Planta de la capilla carolingia (7)

Cuenta con dos accesos a las tribunas, con una estrecha e incómoda escalera de caracol en el muro entre la iglesia y la capilla y otra escalera más cómoda de madera construida por el obispo de Montalcino Agostino Patrizi Piccolomini para facilitar la subida al apartamento episcopal que pocos años antes su antecesor, Giovanni Cinughi, había habilitado sobre la capilla carolingia y parte de la sala capitular. La tribuna sur, sobre la nave de la Epístola, fue muy modificada entre los siglos XV y XVI mediante tabiques para dividirla en estancias y ampliar el apartamento, utilizado por el obispo en sus retiros en la abadía o para audiencias privadas y desde donde también podía asistir a los oficios celebrados en la iglesia, pues su residencia oficial estaba en Castelnuovo dell’Abate. La tribuna norte, sobre la nave del Evangelio, sin embargo, está diáfana, conservando, en parte, su estructura románica.

Vista del presbiterio desde la tribuna del Evangelio, convertida en apartamento episcopal (5)

El claustro, del que sólo se conserva la traza, adosado a la nave de la Epístola, era de planta rectangular con crujías abiertas al jardín central mediante vanos geminados. En su panda este, a continuación de la capilla carolingia, están los restos de la sala capitular, incorporados al palacio episcopal construido en tiempos del primer obispo de Montalcino, Giovanni Cinughi, en la década de 1460 y del que apenas quedan vestigios, destacando un vano ajimezado con sencillos capiteles.

Ruinas del claustro, con el cuerpo de la capilla carolingia y los restos de la sala capitular al fondo (5)

Imágenes ajenas:

(4) RASPI-SERRA, J., “The Preromanesque and Romanesque Sculptural Decorations of S. Antimo”, Gesta, vol. 5, 1996, pp. 34-38
(7) GABBRIELLI, F., “La cappella di Sant’Antimo e le tecniche murarie nelle chiese altomedievali rurali della Toscana (sec. VII-inizi sec. XI)”. En VV.AA., Chiese e insediamenti nei secoli di formazione dei paesaggi medievali della Toscana (V-X secolo), Firenze, 2008, pp. 337-368.

Fuentes:

ANGELELLI, W,, GANDOLFO, F. y POMARICI, F., L’abbazia di Sant’Antimo e la scultura del XII secolo nella Toscana meridionale, 2009.
GABBRIELLI, F., “La cappella di Sant’Antimo e le tecniche murarie nelle chiese altomedievali rurali della Toscana (sec. VII-inizi sec. XI)”. En VV.AA., Chiese e insediamenti nei secoli di formazione dei paesaggi medievali della Toscana (V-X secolo), Firenze, 2008, pp. 337-368.
LEONCINI, G. y TUCCI, G., Nuovi studi sulla Basilica di Sant’Antimo, Firenze, 2008.
PERONI, A. y TUCCI G. (eds.), Nuove ricerche su Sant’Animo, Firenze, 2008.

Comentarios

Ray ha dicho que…
Impresionante de veras, muchas gracias por dármela a conocer, Sira. Fascinante el capitel de Daniel en el foso... Un artículo magistral, como siempre. Enhorabuena.
Sira Gadea ha dicho que…
Muchas gracias a ti, Ray. Fue uno de nuestros descubrimientos en el último viaje a la Toscana. Un lugar absolutamente mágico. Un abrazo.

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