La zona conventual del Monasterio de Santa María de Oseira, en Ourense

El Monasterio cisterciense de Santa María la Real de Oseira se ubica en una zona abrupta en la Sierra Martiñá que se conocía como “Ursaria” por la abundancia de osos (derivación del latín Ursus), en la margen derecha del río Osera, perteneciente al ayuntamiento de San Cristovo de Cea, en el partido judicial de O Carballiño, al norte de la provincia de Orense, muy próximo a los límites con Lugo y Pontevedra, a unos 30 kilómetros de la capital y en un ramal de la Ruta Mozárabe a Santiago, de ahí su tradición de acogida de peregrinos, que se desviaban del camino para visitarlo.

El monasterio de Santa María de Oseira en su entorno (1)

El conjunto monumental, en el que se aúnan elementos románicos, góticos, renacentistas y barrocos, responde a la profunda remodelación que el monasterio experimentó a partir del siglo XVI tras su incorporación a la Congregación Cisterciense de Castilla o Regular Observancia de san Bernardo (para saber más podéis consultar el artículo La historia del Monasterio de Santa María de Oseira), que generó una tipología arquitectónica común acorde con un nuevo modo de vida, una vuelta a la observancia que precisó que las fábricas se ajustaran a las nuevas necesidades, entre las que destacó la aparición de celdas individuales que sustituyeron al dormitorio común, un cambio que surge por la importancia que se dio a la oración y la meditación individual a partir del espacio concreto de la celda, el que las sacristías, los refectorios y las habitaciones destinadas al abad se hicieran más grandes, la ampliación de las hospederías, que duplicaron su capacidad, e instalaciones necesarias para la función docente.

Los conjuntos monásticos experimentaron profundas reformas de sus construcciones medievales en las dependencias necesarias para el desarrollo de la vida en comunidad y también se añadieron nuevos edificios para adaptarse a los nuevos usos. Lo habitual es que se separaran las distintas actividades de la vida monástica mediante tres claustros, el reglar, heredero del medieval adosado a la nave de la Epístola de la iglesia, en torno al que se siguieron agrupando la Sala Capitular, la sacristía y el refectorio pero reformados; el grande, dedicado fundamentalmente a los dormitorios individuales, y al noviciado o colegio cuando éstos existían; y el de la hospedería, relacionado con el exterior y en el que se ubicaron las nuevas salas abaciales, que incluyeron una imponente escalera de representación.

Así, Oseira se compone de seis grandes cuerpos: la iglesia, románica de transición pero con fachada occidental barroca; el Claustro de los Caballeros, de la primera mitad del siglo XVIII, con la hospedería y las estancias del abad; el Claustro Reglar, de las Procesiones o de los Medallones, adosado a la nave de la Epístola de la iglesia, del siglo XVI, y en el que se ubican la sacristía y la sala capitular medievales; el Claustro de los Pináculos, de la segunda mitad del siglo XVI, donde se ubicaron las celdas individuales; un saliente hacia el norte prolongación de la crujía este del Claustro de los pináculos que alberga la biblioteca; y un saliente hacia el sur prolongación de la crujía este del Claustro Reglar que fue destinado a dormitorio de ancianos y que en la actualidad está ocupado por la comunidad. En total son unos 40.000 metros cuadrados.

Planta del monasterio (2). Las indicaciones son mías

En este artículo os invito a un “paseo” por la parte de la zona conventual que puede verse en la actualidad, pues al estar habitado por una comunidad cisterciense sólo se ven los claustros por fuera y algunas de las dependencias interiores. Dejo para otra publicación su impresionante iglesia.

El acceso al conjunto se realiza mediante un vano concebido como arco de triunfo clásico, con un medio punto enmarcado por dobles pilastras toscanas sobre el que aparece un escudo real, cornisa y remates moldurados con la Virgen de la Asunción en el eje flanqueada por dos ángeles músicos, obra fechada a fines del siglo XVII.

Acceso al compás del monasterio (3)

Esta portada da paso a un compás ante las fachadas del templo y de las dependencias monacales, conformadas en L, dejando a la izquierda el cementerio parroquial y monástico, con una portada del siglo XIX y en torno a la fachada norte del templo y con el edificio de las escuelas a la derecha, construido a fines del siglo XVIII.

Fachadas principales de la iglesia y de la zona conventual (4)

La fachada del monasterio se empezó a levantar en ángulo recto respecto de la iglesia repitiendo su composición de sillares almohadillados en los primeros años del siglo XVIII, durante el abadiato de fray Juan de la Torre. Francisco Castro y Canseco dio la traza y dirigió la obra en una primera fase en los primeros años del siglo XVIII en la que se construyeron dos cuerpos, y entre 1775 y 1779, durante el abadiato de fray Hermenegildo Pardo, el arquitecto benedictino de Celanova fray Plácido Iglesias construyó el tercero.

Así, presenta tres cuerpos separados por entablamentos, el primero con vanos rectangulares, el segundo con balcones y el tercero otra vez con vanos rectangulares. Los balcones del segundo cuerpo están sostenidos por ménsulas decoradas con ángeles, figuras grotescas, frutos… y sobre los vanos aparecen los escudos de las órdenes militares peninsulares de origen cisterciense.

Fachada de la zona conventual

El conjunto se remata con pináculos y las estatuas de los santos Benito, Roberto, Alberico y Esteban, en alusión a la protección que ejercen sobre el monasterio según las palabras del profeta Isaías:

“Sobre tus murallas, Jerusalén, he puesto centinelas que no descansan ni de día ni de noche”.

La portada tiene tres cuerpos de tres calles y frontispicio. El primer cuerpo presenta arco de medio punto sobre el que se sitúa el escudo de Oseira, dos osos ancaramados a un pino entre dos ángeles que portan símbolos pasionales, como el azote, la corona, la lanza, el hisopo… sobre sendas máscaras que simbolizan la tentación y el pecado, una alegoría del triunfo de la penitencia sobre el pecado y la muerte. El arco está flanqueado por columnas salomónicas pareadas entre las que se sitúan los relieves de la Visión navideña de San Bernardo y de San Benito en penitencia en la cueva de Subiaco.

Portada de la zona conventual

Primer cuerpo

Escudo de Oseira sobre el arco de entrada

San Benito en penitencia

Visión navideña de San Bernardo

Las columnas sustentan un entablamento sobre el que se levanta el segundo cuerpo, organizado mediante un balcón corrido con tres vanos rectangulares y sobre el central se ubica un gran escudo de la Casa de Borbón con corona volada que abarca hasta el tercer cuerpo y sobre el que aparece una hornacina con la Lactación de San Bernardo, una escena que relata un episodio de la vida del santo cuando todavía era niño en el que, cuando estaba orando ante la Virgen en la iglesia de Chatillón, al recitar el “Ave maris Stella” recalcando las palabras “muéstrate que eres mi madre”, la estatua respondió a su plegaria depositando tres gotas de su leche en sus labios. El frontispicio está rematado por una estatua de la Esperanza con un ancla.

Segundo y tercer cuerpo de la portada conventual

Escudo de la Casa Borbón

Hornacina con la Lactación de San Bernardo

Atravesando la portada se accede a un vestíbulo con bóveda casetonada que comunica con el espacio de recepción de visitantes y con el Claustro de la Hospedería o de los Caballeros, en el que estaban las caballerizas, la hospedería, como indica su nombre, la botica y las nuevas estancias del Abad. Realizado en la primera mitad del siglo XVIII, presenta planta rectangular con arcos de medio punto y ventanas rectangulares entre pilastras salvo los centrales de cada lado, que son escarzanos y sobre ellos se ubica un balcón. Las galerías bajas se cubren con bóvedas de arista y en el muro de la crujía occidental se ubican, de acuerdo a su uso como caballerizas, pesebres incrustados de cantería.

Claustro de los Caballeros

Crujía del Claustro de los Caballeros

Los nuevos aposentos del Abad respondieron al control administrativo que se ejerció a partir de la integración de Oseira a la Congregación de Castilla en el siglo XVI, que generó visitas institucionales y reuniones entre los delegados de las sedes y los abades que derivaron en una remodelación de los monasterios para incorporar salas de reunión, biblioteca, cocina privada, dormitorios… adoptando una estructura palaciega que incluía una monumental escalera para acceso de personalidades. En Oseira no se conservan los aposentos pero sí la Escalera de Honor de acceso a los mismos, realizada en la crujía occidental del Claustro Reglar, compartida con el de los Caballeros, durante el abadiato de fray Simón Rojo, entre 1644 y 1647, y quizá con trazas de Simón de Monasterio. Cuenta con veinticuatro escalones con frentes decorados con puntas de diamante.

Escalera de Honor (1)

Entre 1727 y 1730, durante el abadiato de fray Felipe Bravo, fue reformada y se construyeron hornacinas entre pilastras y cornisas dóricas que alojan las tallas de San Benito, San Bernardo, el beato Eugenio III, San Estaban Harding, San Martín de Hinojosa, fundador del Monasterio de Santa María de Huerta, y San Famiano, monje de Oseira, vestido de peregrino. Entre 1783 y 1787 se rehizo la bóveda, que es de arista con nervios, una obra que algunos autores atribuyen a fray Plácido Iglesias, monje benedictino de Celanova, igual que la fuente en uno de los ángulos del rellano con cuenco de venera, carátula grotesca en el grifo, el escudo del monasterio y decoración de placas.

Hornacinas y cubierta de la Escalera de Honor

San Famiano

Fuente en la Escalera de Honor

Desde el Claustro de los Caballeros se accede al Claustro Procesional, Reglar o de los Medallones, en el que se hacían muchas de las procesiones de la liturgia monástica, de ahí que se encuentre adosado al lado de la Epístola de la iglesia y que fuera el único claustro que tuvo el monasterio hasta su incorporación a la Congregación de Castilla en el siglo XVI, cuando fue reformado por primera vez, aunque lo que hoy vemos es fruto de una segunda reforma fechada ha. 1760. La fuente central es una copia realizada por el escultor Nicanor Carballo en 1997 de la original del siglo XV, que en la actualidad está en la Plaza del Hierro de Orense.

Las torres de la iglesia desde el Claustro de los Medallones

Crujía del Claustro de los Medallones cubierta con bóveda de arista

Las galerías bajas se cubren con bóvedas de arista y arcos fajones sobre ménsulas y abren al jardín central mediante arcos de medio punto. En la planta superior presenta vanos rectangulares que sobre el arco central de cada lado se convierten en balcones. Los arcos estuvieron tapiados hasta 1995. Flanqueando los vanos superiores aparecen medallones con bustos de personajes de la Orden, de la vida civil de la época, héroes de la antigüedad… que son los que dan uno de los nombres al claustro.

Claustro de los Medallones

Detalle de un medallón (4)

En la crujía occidental, que antes de la construcción del Claustro de los Caballeros alojaba la fachada del monasterio, se conservan tres salas abovedadas de crucería sencilla cuyos nervios arrancan de los ángulos y se unen en el centro en una clave circular sin decoración que son del siglo XIII, los únicos restos del claustro medieval, identificados con la zona de la portería antigua, no visitables porque todavía están pendientes de restauración. En esta crujía, compartida con el Claustro de los Caballeros, es donde después se construyó la mencionada Escalera de Honor de acceso a los nuevos aposentos del abad.

En la crujía sur del Claustro Reglar se ubica el refectorio de ha. 1572, un ámbito de planta rectangular de cuatro tramos con muros lisos, vanos de medio punto y cubierto con bóvedas de crucería cuyos nervios descansan en ménsulas. En el muro de la derecha se ubica el hueco del púlpito, cuya base está decorada con motivos renacentistas. La estancia quedó completamente arruinada tras las desamortizaciones del siglo XIX y fue reconstruida por el padre Juan María en 1978 recuperando nervios y claves y sustituyendo la plementería de piedra por otra de piezas prefabricadas de “viroterm”, un material aislante y ligero a base de viruta de madera y hormigón que da un aspecto similar a la piedra pero es mucho más barato y, además, aligera el peso.

La sala está presidida por un Cristo del siglo XVI, aunque la cabeza y las extremidades son del escultor Luciano Fernández realizadas en 1897 inspirándose en el Cristo de la Vega de Toledo.

Refectorio

Detalle de las cubiertas reconstruidas del refectorio

Al oeste del refectorio, ocupando el ángulo sureste del Claustro de los Caballeros, está la cocina del siglo XVI, reformada y ampliada en el XVIII conformando un gran espacio de dos grandes salones idénticos cubiertos con bóveda de medio cañón y separados por un muro de tres arcos, el primero destinado a obrador y fregadero, que hoy sirve de refectorio de la comunidad, y el segundo la cocina propiamente dicha, con una chimenea monumental que apoya en el muro divisorio y en dos columnas octogonales.

Cocina (1)

Debajo del refectorio hay una gran sala rectangular cubierta con bóveda de cañón que fue refectorio primitivo y en la que se ha dispuesto un Museo de piedra con restos pétreos medievales, renacentistas y barrocos aparecidos durante la restauración del monasterio, con laudas sepulcrales, pináculos, claves de bóvedas, y cañerías usadas para la conducción de aguas y saneamiento.

Museo de la piedra

Al lado del refectorio, en el ángulo sureste del Claustro Reglar se abre una puerta tardorrenacentista decorada con cabezas de querubines que abría al antiguo calefactorio, convertido en escalera en el siglo XVI tras el traslado de la chimenea al calefactorio del dormitorio de ancianos, y que es el acceso más directo a éste.

Portada del antiguo calefactorio, convertido en Escalera de Obispos

Se conoce como Escalera de los Obispos por las imágenes de santos obispos y otros de la orden que ocupaban las hornacinas aveneradas en los lunetos. Se cubre con bóveda octogonal sobre trompas que buscan también la apariencia de veneras y crucería de nervios sobre ménsulas decoradas con cabezas. Los peldaños y pasamanos fueron reconstruidos en el siglo XX.

Cubierta de la Escalera de Obispos

En la fachada exterior de la crujía sur de este Claustro Reglar está el solarium, de fines del siglo XVI, resguardado de los vientos del norte, abierto al sol de mediodía y a un amplio paisaje, una galería adintelada con columnas con capiteles en forma de zapata con decoración vegetal y antropomorfa.

Solarium

Vista desde el solarium (1)

Contiguo al solarium está el mencionado calefactorium del dormitorio de ancianos, construido en 1747, con una gran chimenea sobre pilastras cajeadas exteriormente rematada por un tubo cilíndrico de humos con cuerpo prismático.

Entre 1623 y 1635 se construyó un pabellón en perpendicular al ala sur del Claustro Reglar buscando una mejor orientación para recibir luz y calor para ubicar allí el mencionado dormitorio de ancianos. Tiene tres alturas con huecos adintelados rítmicamente dispuestos y en la planta superior, al lado del calefactorium, es donde duerme la comunidad en la actualidad.

Antiguo dormitorio de ancianos

Volviendo al Claustro de los Medallones, en la crujía oriental se ubicaban el locutorio, la escalera de subida al dormitorio común, la Sala Capitular y la Sacristía. En el ángulo sureste hay una estancia rectangular cubierta con dos tramos de bóveda nervada que sirvió de comunicación con el Claustro de los Pináculos y que también se utilizó como Sala Capitular cuando ésta pasó a desarrollar funciones de sacristía.

Crujía oriental del Claustro de los Medallones, con la Puerta de monjes de coro de entrada a la iglesia al fondo

Estancia de comunicación entre el Claustro Reglar y el Claustro de los Pináculos, que durante un tiempo sirvió de Sala Capitular

En esta panda oriental del Claustro Reglar también estaba la escalera de acceso al dormitorio común medieval, desaparecida. Sí se conservan los restos del locutorio, del siglo XVI o del XVII según los autores, que presenta una bóveda de ocho nervios y la curiosidad de que en la plementería se utilizaron laudas sepulcrales de los siglos XIV y XV procedentes de la iglesia, cuyo piso se renovó en los siglos XVI y XVII, del antiguo claustro románico, rehecho también en esas fechas, o del cementerio monástico en el entorno del lado del Evangelio de la cabecera del templo y en las que se pueden ver emblemas heráldicos nobiliarios e inscripciones. Por eso también se conoce como “bóveda de las laudas”.

Bóveda del locutorio con plementos realizados con laudas sepulcrales

La siguiente sala en esta crujía oriental es la antigua Sala Capitular, que se fecha entre fines del siglo XV y comienzos del XVI y es uno de los ámbitos más espectaculares del monasterio. Presenta planta cuadrangular y se cubre con nueve bóvedas nervadas que apoyan en ménsulas en los muros, unas con sencillas molduras y otras con decoración de arquitos, y en cuatro columnas centrales torsas y estriadas decoradas con flores cuadrifolias que recogen directamente los nervios, sin capitel. Las claves presentan decoración en relieve policromada con motivos vegetales y caricaturescos.

Sala Capitular

Clave en la Sala Capitular

Los muros presentan arcosolios de medio punto que acogieron retablos, y también contó con cajonerías y espejos, pues a partir de 1642, en tiempos del abad fray Simón Rojo, la estancia se convirtió en sacristía, de ahí que también se optara por cegar los vanos de comunicación con el claustro y tenga que accederse a ella a través de la iglesia y la sacristía, que se convirtió en antesacristía.

Arcosolios en el muro del fondo

La última estancia del Claustro Reglar, adosada a la cabecera de la iglesia, es la sacristía. La puerta de acceso desde el claustro es del siglo XVIII, con pilastras estriadas de orden jónico, entablamento decorado con tres ménsulas y dos florones de rica talla y frontón triangular con un tondo con las armas del Císter pintadas y rematado con acróteras terminadas en bolas en las esquinas, aunque también podría haber sido la solución que tuviera el vértice, hoy perdida. El ámbito es del primer tercio del siglo XVI y tiene planta rectangular de dos tramos cubiertos con bóveda de crucería bastante rebajada cuyos nervios descansan en ménsulas y claves decoradas y policromadas con escudos de la Orden, de los reinos de Castilla y León, formas geométricas, estrelladas… Conserva un armario con puertas con labores geométricas y policromadas que debió ser un relicario.

Sacristía

Posible relicario en la sacristía

En su muro sur cuenta con otra portada fechada en el siglo XVI avanzado que presenta columnas estriadas, capiteles con cabeza de angelote, entablamento y frontón triangular que contiene una venera rematado con carátula y dos candelabros y que comunica con la antigua Sala Capitular, abierta cuando ésta se convirtió en sacristía y la sacristía pasó a ser antesacristía.

La crujía norte del Claustro Reglar no tiene estancias porque es la que está adosada a la iglesia y en su ángulo noreste está la puerta de los monjes de coro, que abre al crucero de la Epístola. Fue realizada durante el abadiato de Antonio Fernández entre 1569 y 1572 y quizá sea obra del maestro Bartolomé de la Torre, documentado en Oseira en esas fechas. Tiene vano de medio punto y entablamento coronado por un relieve en forma de frontón con el Padre Eterno flanqueado por las alegorías de la Fortaleza y la Justicia.

Puerta de los monjes de coro de entrada a la iglesia desde el Claustro de los Medallones

Desde el Claustro de los Medallones se accede al Claustro de los Pináculos, construido a partir de mediados del siglo XVI para alojar las celdas individuales tras la incorporación del monasterio a la Congregación de Castilla. Es de grandes dimensiones, hasta esa fecha el mayor construido en Galicia, y sólo cuenta con alas en sus lados norte, sur y este, pues la oeste es la compartida con el Claustro de los Medallones y quizá no se quisieron dejar ciegas la sacristía y la sala capitular, ubicadas en esa crujía. La fuente central es obra de Nicanor Carballo realizada en la década de 1990 copiando la que se supone que sería la original, hoy en la Alameda de Orense.

Crujía norte y ala oeste, ésta sin crujía, del Claustro de los Pináculos (1)

Presenta una planta baja que pudo realizar Bartolomé de la Torre compuesta por galerías cubiertas con bóvedas de crucería sencilla que abren al jardín mediante arcos de medio punto muy esbeltos entre contrafuertes y una estrecha cornisa sobre la que se sitúan, en línea con los contrafuertes, los pináculos que le dan nombre.

Claustro de los Pináculos (4)

Bóvedas de crucería del Claustro de los Pináculos (4)

El piso superior, con ventanas de medio punto, se corresponde a una segunda fase constructiva en el último tercio del siglo XVI que quizá dirigiera Juan de la Sierra, que se sabe que estuvo trabajando en Oseira por esas fechas.

La crujía este se arruinó en el siglo XVII y fue reconstruida durante el abadiato de fray Bartolomé López a fines de ese siglo y vuelta a reconstruir ya en época contemporánea para alojar la hospedería monástica, con habitaciones dobles con cuarto de aseo individual. En el extremo sur de ese ala hay un torreón reconstruido tras su ruina en 1932 que acoge una pequeña capilla para los huéspedes.

Capilla de huéspedes (1)

Entre 1767 y 1771 el maestro de Celanova fray Plácido Iglesias construyó una nueva sala capitular en la galería superior norte de este Claustro de los Pináculos. Está cubierta con techo raso y presidida por una talla moderna de Cristo de R. Nogueira de 1952 y en la actualidad se usa como capilla de invierno y no es visitable.

Y para terminar con este paseo virtual, en el extremo noreste de este Claustro de los Pináculos en 1766 se construyó un ala nueva para alojar una espléndida biblioteca que, lamentablemente, no está abierta a las visitas turísticas. Es de planta rectangular de tres tramos cubiertos con bóvedas de arista y grandes ventanales con amplio derrame interior. Las librerías fueron realizadas en la década de 1770 por los maestros José Rodríguez Ledo y Santiago García y las que hoy lucen son fruto de una reconstrucción, pues tras las desamortizaciones desaparecieron casi por completo. Destacan los escudos y pináculos en los remates, diversos asuntos en relieve, como la Lactación de San Bernardo, y las dos puertas de los extremos, donde se representa al Salvador y a Nuestra Señora. En la actualidad la biblioteca se compone de 30.000 volúmenes de amplia temática adquiridos en época contemporánea.

Biblioteca (1)

Estos son el resto de artículos dedicados a Santa María de Oseira publicados en Viajar con el Arte:

La iglesia del Monasterio de Santa María de Oseira (en breve)

Imágenes ajenas:


Fuentes:

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